El hombre multiorgásmico

El Paciente: Doctor, antes podía hacer el amor 20 veces en una noche y ahora sólo llego a 15 ¿es eso malo?

El Médico: Eso no es ni malo ni bueno, eso es mentira


Pues bien, de acuerdo con estudio realizado por una investigadora de la Universidad de Rutgers (USA), no siempre es mentira. Existe al menos un caso científicamente probado de hombre multiorgásmico (más info aquí). El estudio fue publicado en la revista Journal of Sex Education and Therapy hace ya algunos años.

A finales de los años 90 un tipo se puso en contacto con la doctora Beverly Whipple, una sexóloga de gran prestigio, asegurando que era perfectamente capaz de tener orgasmos múltiples y que tal vez sería interesante realizar un pequeño proyecto de investigación al respecto. La doctora frunció el ceño al leer el mensaje. Es sabido que muchas mujeres tienen tal capacidad, sin embargo, en hombres se suponía imposible. La descarga hormonal que se produce después de una eyaculación hace imposible otra erección mientras no transcurra cierto tiempo (denominado Tiempo de Retardo). Seguramente se trataba de otro fanfarrón.

¡Nada de eso! El individuo misterioso insistía en que era capaz de tener una eyaculación tras otra sin perder la erección. Una y otra vez. Y estaba dispuesto a demostrarlo en condiciones de laboratorio cuando ella quisiera. Beverly lanzó una mirada al cielo, suspiró profundamente y aceptó la propuesta. Al fin y al cabo, lo más que podía perder era un día de trabajo experimental.

Sin embargo, el tipo no defraudó para nada. Y eso que las condiciones experimentales resultaban (¿cómo decirlo?).. muy poco estimulantes. El sujeto se encontraba en el laboratorio recostado en una camilla, siendo observado desde una ventana por los investigadores. Una cámara de vídeo grababa todo el proceso. Además, un medidor de presión sanguínea colocado en su brazo  se accionaba automáticamente cada cierto tiempo y otro aparato acoplado a un dedo del pie registraba el ritmo cardiaco. Más aun, tenía instrucciones precisas para medir el volumen de sus eyaculaciones.

En esas condiciones, y sin ningún tipo de ayuda de ninguna clase, el misterioso sujeto tuvo 6 orgasmos 6, sin pérdida apreciable de erección. Más tarde comentó que de no ser por la alta temperatura de la sala (al parecer, sin aire acondicionado) hubiera podido llegar fácilmente a 10.

Me temo que no queda más remedio que aceptar que el hombre multiorgásmico no es un mito y que ha existido al menos un caso en la Historia de la Humanidad científicamente comprobado. Los simples mortales debemos estar agradecidos a que dichos casos sean extraordinariamente infrecuentes.

Whiple, B. (1998) “Male Multiple Ejaculatory Orgasms: A case Study”. Journal of Sex Education and Therapy 23:157-162.

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Científicos españoles secuencian el genoma de la bacteria responsable de la tuberculosis del olivo

La agricultura del siglo XXI se enfrenta a una serie de retos acuciantes, relacionados con la necesidad de producir alimentos suficientes para la creciente población mundial y además, hacerlo de forma sostenible, más respetuosa hacia el medio ambiente y con mayores niveles de seguridad. Las enfermedades vegetales causadas por microorganismos patógenos no sólo disminuyen la producción sino que pueden alterar la calidad de los alimentos y disminuir drásticamente el valor comercial de las cosechas. El diseño de nuevas estrategias de control de enfermedades, requiere indispensablemente el manejo de la información contenida en el genoma de los organismos patógenos. De forma similar a lo que ha ocurrido con el genoma humano, esta tecnología está abriendo nuevas puertas para la identificación, control, y desarrollo de variedades resistentes a enfermedades.

Pseudomonas savastanoi pv savastanoi, es el agente causal de la tuberculosis del olivo, una importante enfermedad productora de pérdidas en olivo en España. Los árboles afectados muestran tumores (conocidos como verrugas) que llegan a alcanzar varios centímetros de diámetro en troncos, ramas, tallos y brotes. En general, los árboles enfermos muestran menor vigor y reducción del crecimiento; cuando el ataque es muy intenso, los árboles terminan siendo improductivos. Hasta la fecha, y debido a la ausencia de métodos eficaces de control, se hace necesario establecer una estrategia de lucha preventiva, reduciendo las poblaciones de bacterias mediante tratamientos fitosanitarios con cobre y utilizando variedades poco sensibles.

La secuenciación del genoma de este patógeno abre las puertas a la identificación de genes responsables de la supervivencia en hoja y la virulencia de esta bacteria, facilitando el diseño de estrategias específicas de lucha contra esta enfermedad y la elaboración de programas de mejora genética del olivar. Este proyecto supone la primera secuenciación del genoma de una bacteria patógena de plantas llevada a cabo en España, y aporta el primer genoma conocido de una Pseudomonas patógena de un árbol frutal, el olivo,  a nivel mundial.

El trabajo, incluido en el número de junio de la revista Environmental Microbiology, ha sido realizado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (CBGP), Universidad de Málaga, Universidad Pública de Navarra, Universidad de Wisconsin (USA) e IVIA (Valencia).

Rodríguez-Palenzuela P, Matas IM, Murillo J, López-Solanilla E, Bardaji L, Pérez-Martínez I, Rodríguez-Moskera ME, Penyalver R, López MM, Quesada JM, Biehl BS, Perna NT, Glasner JD, Cabot EL, Neeno-Eckwall E, Ramos C. Annotation and overview of the Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi NCPPB 3335 draft genome reveals the virulence gene complement of a tumour-inducing pathogen of woody hosts. Environ Microbiol. 2010 Apr 1. [Epub ahead of print] PubMed PMID: 20370821.

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El puente del amor

Los filtros de amor siempre han tenido un lugar destacado en el repertorio tecnológico de brujas y hechiceras; y es lógico que sea así ¿acaso no sería muy conveniente disponer de una pócima que nos entregase directamente el corazón de la persona amada? Por desgracia, los filtros de amor habituales tienen el pequeño inconveniente de no funcionar en absoluto. Sin embargo, los amantes despechados pueden mirar a la ciencia en busca de ayuda ¿existe un filtro de amor probado científicamente? No exactamente. Lo más parecido en este sentido podría considerarse  el Viagra, pero está claro que no es lo mismo. En condiciones normales, para que el Viagra tenga alguna utilidad necesitamos primero un verdadero filtro de amor.

Lo que sí tenemos es el curioso y sorprendente experimento del “puente del amor”, publicado en 1974 en el Journal of Personality and Social Psychology por Donald  Dutton y Arthur Aron.  Este experimento se realizó en el mundialmente famoso puente Capilano, que es una de las principales atracciones turísticas de Vancouver. Se trata de un puente de cuerdas de 136 m de largo y con una caída de 70 m. El puente Capilano lo cruzan unos 800.000 turistas al año (supongo que no todos al mismo tiempo).

Dutton y Aron pensaban que los hombres podían sentirse más atraídos por una mujer (atractiva) si se encontraban en una situación de “estimulación debida a un peligro moderado”. En este caso, una atractiva mujer interpelaba a los (¿temerosos?) turistas masculinos que se aventuraban en el puente y les pedía su participación en un sencillo experimento psicológico. Básicamente tenían que hacer un breve comentario sobre una foto que se les mostraba; una tarea bastante fácil, pero no tanto si estás a 70 m de altura en un puente que se tambalea y cruje. Al final, la chica les daba su número de teléfono garabateado en un papel… por si tenían alguna pregunta adicional. Naturalmente, la variable dependiente aquí era el porcentaje de tipos que acababa llamándola. Como control, repitieron la misma pantomina en un ambiente más tranquilo (un parque público).

Para regocijo de los investigadores, los sujetos del puente Capilano telefonearon en mayor proporción que los del parque. Los psicólogos se han referido a este fenómeno como el paradigma de la atribución errónea. En esencia, el cerebro confunde la excitación debida al miedo con excitación por la chica (El experimento del puente ha sido repetido con algunas variantes y resultados variables).

Independientemente de que la teoría psicológica subyacente sea más o menos sólida, los aprendices de Romeo (o Julieta) pueden tratar de sacar partido al fenómeno intentando aterrorizar a sus potenciales parejas, aunque yo les recomendaría encarecidamente que no se les vaya la mano… Tu enamorad@ debe tener miedo de la situación, no de ti,

Dutton, D. G., & Aron, A. P. (1974). Some evidence for heightened sexual attraction under conditions of high anxiety. Journal of Personality and Social Psychology, 30(4), 510-517.

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Hablar con los muertos

Ser enterrado vivo es, sin ningún género de duda, el más terrorífico extremo que jamás haya caído en suerte a un simple mortal.

Así expresaba Edgar Alan Poe una de sus más terribles pesadillas en su famoso relato “El entierro prematuro”. Al parecer, el miedo a ser enterrado vivo era algo corriente en la época victoriana e incluso se diseñaban ataúdes con “medidas de seguridad” para que el infortunado pudiera pedir auxilio en tal caso.  En nuestros días, este miedo parece haber disminuido mucho o al menos no es un tema que esté particularmente de modoa Y sin embargo, en la actualidad podría existir un situación similar, padecida por miles de personas en todo el mundo, y que es aun más terrorífica. Al fin y al cabo, el enterrado vivo moriría a las pocas horas de asfixia, mientras que en el otro caso puede prolongarse años o incluso décadas.

Imaginemos la situación. Tenemos un accidente de coche y nos “despertamos” en la cama de un hospital. El problema es que no podemos movernos, ni hablar, ni abrir los ojos, ni realizar ningún tipo de acción. Los médicos certifican que estamos en “estado vegetativo” (E.V.) y ahí nos quedamos, ni vivos ni muertos… pero somos conscientes de lo que nos está pasando. Los años van pasando; nos tratan como si estuviéramos muertos. pero estamos ahí, encerrados en nuestro propio cuerpo.

Hasta hace poco, se suponía que los pacientes en estado vegetativo estaban completamente inconscientes. Podía debatirse si tenía o no sentido mantenerlos en este estado, pero nadie dudaba de su incapacidad para pensar o sentir. Sin embargo, según trabajos recientes de varios equipos de neuro-biólogos, la realidad es mucho más aterradora. Algunos pacientes parecen mantener al menos un cierto grado de consciencia y los investigadores han sido capaces de comunicarse con ellos.

Para ello conectaron a un número de pacientes en E.V.a un escáner cerebral, lo que les permitía observar qué áreas particulares se activaban cuando les hacían determinadas preguntas. Para responder “sí” los pacientes debían pensar en “jugar al tenis”;  para responder “no” debían pensar en “estar andando por su casa”. Las áreas cerebrales que se activan en cada caso son muy diferentes y fácilmente distinguibles en el escáner.

Los familiares de los pacientes certificaron luego que las respuestas eran correctas (información que no tenían los médicos durante el experimento). Por ejemplo, uno de ellos fue capaz de contestar que el nombre de su padre era Thomas.

Desgraciadamente, esta técnica es muy cara y difícil de realizar, por lo que no puede constituir un medio de comunicación rutinario. Los científicos están trabajando en desarrollar un método que pueda aplicarse más fácilmente. Es evidente, que las consecuencias de estos experimentos son muy perturbadoras para la práctica clínica.

La “vida” y la “consciencia” no son cuestiones de blanco o negro. Más sobre el tema  aquí

“Willful Modulation of Brain Activity in Disorders of Consciousness.”
Monti, Martin M., Vanhaudenhuyse, Audrey, Coleman, Martin R., Boly, Melanie, Pickard, John D., Tshibanda, Luaba, Owen, Adrian M., Laureys, Steven.
N Engl J Med Published online 3 February 2010.
DOI: 10.1056/NEJMoa0905370

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Savater se equivoca

Extremadamente floja, aunque -hay que reconocerlo- algo ambivalente, la defensa que hace  Savater de las corridas de toros en EL PAIS de hoy  (El artículo aquí) que -significativamente- acaba con la frase “Fernando Savater es escritor”, imagino que para dejar claro que habla a título estrictamente personal y no como miembro de comunidad académica.

Pero vayamos por partes.  El principal hilo argumental está reflejado en la frase “la civilización humana se basa en el maltrato de los animales” ¡Falacia Naturalista Pura y Dura! Vale que los humanos hemos sido cazadores primero y agricultores después, y que durante toda nuestra historia como especie el maltrato animal haya sido una constante, pero eso no significa que deba seguir siéndolo y que debamos aprobarlo. El transporte ya no se realiza (fundamentalmente) a caballo, son los tractores los que aran la tierra y los tanques -y no los elefantes- los que acompañan a los soldados. Análogamente se podría argumentar que la violencia y las guerras han formado parte constante de nuestra historia (La civilización humana se basa en la guerra), así como la esclavitud, o la  marginación y violencia contra las mujeres. Es evidente que tenemos el derecho (y el deber) de romper con las tradiciones que consideremos aberrantes o simplemente inadecuadas ¿o no?

Sin solución de continuidad, Savater utiliza el conocido argumento de “es una salvajada, pero existen otras salvajadas“, como la caza, la experimentación animal y la misma producción ganadera. Curiosamente,  la agenda completa de los defensores de los animales se emplea como una razón para no abolir las corridas. Es evidente que cada una de las situaciones mencionadas plantea problemas morales, me parece muy raro defender las corridas de toros por el hecho de que algunos animales sean maltratados de otras formas. Es como decir que nos oponemos a que se acabe con el hambre en Mali si no acaba con ella simultáneamente en Etiopía.

Pero las corridas de toros son diferentes a las otras actividades mencionadas. En ellas no se hace una Fiesta pública (¡incluso televisada!) de un acto de innegable tortura. En los mataderos, señor Savater, los animales mueren pero sufren lo menos posible, al menos con la legislación vigente en Europa.

¿Y eso de que un Parlamento no es lugar para hablar de moral? Los Parlamentos hacen las leyes y sobre éstas tiene que haber (necesariamente) un planteamiento moral. Si la violencia machista fuera considerada algo aceptable no se habrían promulgado leyes para evitarla. Si los Parlamentos de muchas naciones no hubieran pensado que la esclavitud era inmoral no la habrían abolido en el siglo XIX.

Tampoco aclara  a quién alude con la frase “Existen más razonamientos éticos en el cielo y la tierra de lo que la filosofía de Peter Singer supone”. No sé a qué filósofo se refiere, pero en este sentido, el consenso parece ser aplastante: a la inmensa mayoría de los habitantes de los países de nuestro entorno las corridas les resultan un espectáculo degradante, e incluso en España el interés por ellas es minoritario (Encuesta Gallup sobre el interés por las corridas en España).

La mención de que Hitler fuera vegetariano y “promulgara leyes para proteger la naturaleza” es otra salida de pata de banco ¿es malo ser vegetariano porque lo fuera Hitler? ¿Deberíamos cargarnos la naturaleza más deprisa para llevarle la contraria a su espectro?

Y acaba con una frase lapidaria “[las posturas abolicionistas]no reflejan un acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de dos instancias desconocidas en ella: la compasión y la hipocresía”. De acuerdo en la primera parte: la oposición a las corridas no tiene nada que ver con el ecologismo y es perfectamente posible ser pro-taurino y ecologista; tiene que ver con el problema moral que nos plantea a algunas “almas delicadas” (en palabras del propio Savater) que la tortura de un ser capaz de sentir dolor sea objeto de diversión y regocijo para algunos.

Y lo de la hipocresía ¿de quién es la hipocresía?

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Diversidad genética y éxito sexual

En los mamíferos parte de nuestra capacidad para combatir infecciones  está ligada a un grupo de genes del denominado Antígeno Mayor de Histocompatibilidad, cuyas siglas en inglés son MHC. Éstos constituyen un grupo complejo de genes diferentes implicados en la regulación de la respuesta inmunológica y presentan un enorme grado de polimorfismo, es decir, en las poblaciones existen numerosos alelos para cada gen. Por ejemplo, en el ratón suele haber del orden de 100 alelos distintos, por lo que existe un número altísimo de posibles combinaciones. Las proteínas codificadas por estos genes cumplen un papel importante en el reconocimiento de proteínas extrañas por parte de un tipo particular de células inmunológicas, los linfocitos T. Por tanto, las diferencias entre los MHC de distintos individuos se asocian a la capacidad de reconocer y responder ante distintos patógenos, de manera que la “cantidad” de variabilidad genética presente en los MHCs de un individuo está relacionada con su capacidad de combatir infecciones. Simplificando mucho, individuos con alta variabilidad poseerían “mejores genes” (en este aspecto) que individuos con menos variabilidad.

Además, la variabilidad de los MHC juega un papel en la determinación del olor corporal de cada individuo, debido a que afectan a la producción de proteínas solubles capaces de unirse a sustancias volátiles, y por ello responsables del olor. Estas proteínas afectan al tipo de bacteria que puede crecer en la piel, lo que también tiene un efecto indirecto en el olor corporal por lo que  pueden ser percibidos por las parejas potenciales. Por tanto, es razonable pensar que los individuos con alta variablidad en sus MHCs podrían resultar más atractivos como parejas.

Para probar esta hipótesis, Hanne Lie y sus colaboradoras de la University of Western Australia analizaron la diversidad genética en buen número de voluntarios (estudiantes universitarios, como suele ser habitual), a los que también pasaron un cuestionario acerca de sus costumbres sexuales y de su éxito en estos asuntos. Después de ajustar algunas variables (como la actitud frente al sexo y la edad de la primera relación) los investigadores encontraron que la diversidad del MHC estaba positivamente relacionada con la frecuencia de compañeros sexual. Este efecto no se observaba con la variabilidad genética en general, lo que sugiere que la este carácter ha podido ser objeto de selección sexual en nuestra especie. Curiosamente, el efecto tampoco se observaba en los chicos, sin que exista una explicación aparente para ello.

La verdad es que squedan muchas preguntas sin constestar ¿cómo perciben las potenciales parejas la variabilidad de los MHC? Posiblemente, a través del olfato, pero eso también hay que demostrarlo ¿Tiene un valor adaptativo este fenómeno? Es posible, pero tampoco hay una prueba irrebatible. En otros artículos se ha visto que los individuos, en muchas especies de mamíferos (incluidos los humanos), tienden a aparearse con individuos con alelos MHCs diferentes a los propios; lo cual es una cuestión distinta, aunque también tiene como consecuencia una descendencia con mayor variabilidad en dichos genes ¿son compatibles ambos fenómenos? En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que el MHC no constituye el único (ni remotamente el más importante) “criterio de apareamiento” en humanos.

M.I.S.N. (Más Investigación Será Necesaria)

El trabajo aquí

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Los últimos torturadores

Durante la Edad Media, los espectáculos en los que se torturaban animales eran muy frecuentes en toda Europa: peleas de perros, gallos, ratas y, por supuesto, corridas de toros. En Inglaterra eran muy populares las llamadas bull-baitings en las que se torturaba a los toros con la ayuda de perros especialmente adiestrados. También había bear-baitings, aunque los osos eran mucho más escasos y difíciles de mantener. Naturalmente, eran otros tiempos. Las ejecuciones públicas y los Autos de Fé constituían un entretenimiento popular muy apreciado. La última ejecución pública en Madrid tuvo lugar en 1890.

A partir del siglo XVIII las ideas de los filósofos de la Ilustración fueron calando poco a poco en la sociedad, y este tipo de actos empezaron a ser considerados brutales e inaceptables. En Inglaterra fueron abolidos en el siglo XIX, de manera que el debate que está empezando a producirse estos días en España sobre la abolición de las corridas de toros lleva un retraso de más de un siglo con respecto al resto de Europa. La única razón que nos hace especiales a los españoles es que somos los únicos que permitimos que la tortura de un animal sea un espectáculo público. Hace doscientos años lo hacía todo el mundo.

Es evidente que la “tradición” no puede invocarse como un argumento suficiente en sí mismo para defender la salvajada que suponen las corridas ¿Acaso no es tradicional la ablación femenina en muchos países africanos? ¿O en “sati”, esa costumbre hindú de quemar a la viuda en la pira del marido? Seguramente, las peleas de gladiadores se habrían considerado parte de la “tradición hispano-romana”. Aunque no lo parezca, el mundo ha evolucionado bastante en el sentido moral, para lo cual ha sido necesario romper con diversas “tradiciones”. La afirmación de que “los toros son cultura” juega con el doble significado de la palabra. Por un lado, cualquier cosa que ocurra con frecuencia en una sociedad puede considerarse parte de su cultura. Por otra parte, el término tiene una connotación positiva de “actividades de orden superior que ennoblecen a quienes las practican” como el arte, la literatura o la ciencia. Si se acepta que “los toros son cultura” podríamos aplicar el mismo argumento a la violencia machista, y ¿quién va a negar que el machismo tiene una larga tradición en España?

Algunos pro-taurinos argumentan que no tiene sentido prohibir las corridas si no se prohíben también las matanzas de focas o la caza en general. El argumento viene a reconocer que sí, que las corridas son una burrada pero también hay otras burradas. Por las mismas, si a alguien le acusan de un crimen podría defenderse diciendo que… ¡más crímenes cometió Hitler! Y es muy posible que también deberían prohibirse otras atrocidades. Pero eso es un asunto completamente distinto.

La posible extinción del toro de lidia es otro de los argumentos comúnmente empleados para defender el tinglado taurino, aunque  tampoco es un argumento válido. El toro de lidia es una raza de una especie doméstica (Bos taurus) y naturalmente, el número de ejemplares depende de las decisiones que tomen los humanos al respecto. Su extinción, si se prohibieran las corridas no sería inevitable (aunque la conservación tendría un coste). El caso quedaría englobado en la problemática general de conservar la biodiversidad de animales y plantas domésticas que caen en desuso. Un problema sin duda urgente y que afecta a especies tan emblemáticas como el burro. Análogamente, las dehesas dedicadas a la ganadería brava no tendrían por qué convertirse al instante en urbanizaciones o centros comerciales. Deberían ser protegidas debido a la riqueza de estos ecosistemas, pero sin duda, otras formas de aprovechamiento, respetuosas con el medio  son posibles.

Algunos pro-taurinos radicales han llegado a argumentar que los toros no sufren, a pesar de que la violencia y crueldad de la “fiesta” es evidente. Existen razones neurológicas para pensar que sí lo hacen. Para empezar, su sistema límbico es muy parecido al nuestro. Para seguir, el dolor tiene un fuerte valor adaptativo en los animales superiores. Curiosamente, no aparece ningún trabajo de investigación publicado sobre este tema en PubMed, la principal base de datos de investigaciones biomédicas. Búsqueda en PubMed (aquí)

En resumen, las corridas de toros hacen un espectáculo de la tortura de un animal capaz de sufrir y son por lo tanto una “salvajada” doble, por la tortura en sí y por el hecho de hacer un espectáculo público de ello y (frecuentemente) televisado. Al elevarlo a la categoría de Bien de Interés Cultural, nuestros gobernantes han dado un paso más en la “apología de la tortura”, hurtando además un debate público que debería producirse con urgencia.

Hace doscientos años todo el mundo en Europa hacía estas cosas. Ahora sólo las hacemos los españoles. Somos los últimos torturadores. Un dudoso honor.

Más info:

“¡Vivan los animales!”J. Mosterín. 1998. Editorial Debate. Madrid.

“Animal Liberation” P. Singer. 1975. Ed. Harper Collins. New York.

“Animals and why they matter” M. Midgley. 1983. University of Georgia Press. Athens, US.

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