Nuestros antepasados

The Journey of Man: a genetic Odissey.

Spencer Wells, 2003, Random House

Deep Ancestry: Inside the Genographic Project.

Spencer Wells, 2007, National Geographic.

Cro-magnon: How the Ice Age gave birth to the first modern humans

Brian Fagan, 2011, Bloomsbury Press

 

Nuestra especie, Homo sapiens, apareció hace relativamente poco tiempo (desde la perspectiva de la Evolución), entre 200.000 y 150.000 años, en algún lugar del Este de Africa. Al principio, nuestro modo de vida no debió ser muy diferente del de las otras especies del género Homo: H. heidelbergensis (nuestro probable antecesor directo) y H. erectus (mucho más antigua). Paradójicamente, en esa primera etapa nuestro aspecto físico debió ser muy semejante al de los humanos actuales pero los utensilios que fabricábamos eran casi indistinguibles de las especies anteriores.

Hace algo más de 70.000 años ocurrió algo que nos puso al borde de la extinción: la erupción del volcán Mount Toba, en Indonesia. Esta erupción, de una magnitud 1000 veces superior a la del Krakatoa, lanzó ingentes cantidades de gases y ceniza a la atmósfera. En consecuencia, un “invierno volcánico” se abatió sobre el planeta provocando un cambio climático a gran escala. A los H. sapiens no les pudo afectar la erupción directamente, pero las sequías y las bajas temperaturas hicieron que el número total de individuos descendiera peligrosamente. Se estima que tan sólo quedaron entre 1000 y 4000 hembras reproductoras; esto provocó un “cuello de botella genético” y es una de las razones por las que somos una especie con poca variabilidad genética.

Pero no nos extinguimos. Durante los siguientes 20.000 años nos fuimos recuperando lentamente y ocupando prácticamente la totalidad de continente africano. Debió llegar un momento en que la presión demográfica se hizo muy fuerte. Hace unos 55.000 años (la fecha es incierta) los humanos modernos salimos de Africa y comenzamos un viaje que nos llevaría a colonizar incluso los ambientes más duros del planeta. No era la primera vez que un grupo de homínidos abandonaba Africa, su patria ancestral. Homo erectus colonizó Eurasia hace 1,8 millones y Homo heidelbergensis hizo lo propio más tarde, dando lugar a los neandertales europeos. Pero a la postre, ninguna de estas especies ha sobrevivido.

Hace 40.000 años ya habíamos alcanzado Australia, Asia y Europa. Y 20.000 o 25.000 años después llegamos a América a través del estrecho de Behring. Muy probablemente, este viaje se realizó en buena parte siguiendo la línea de costa,  que entonces era  muy diferente de la actual. Las pruebas arqueológicas de esta migración deben de estar hoy día sumergidas bajo el agua, pero el estudio del DNA humano en combinación con los datos arqueológicos, paleoclimáticos y lingüísticos nos ha permitido reconstruir la imagen, aunque borrosa, de nuestro primer y definitivo viaje.

Aunque muy simplificado y con alguna licencia poética, este podría ser el relato que hace la Paleontología actual sobre el origen de los humanos modernos, una especie de Génesis con base científica, aunque seguramente no definitivo. El relato ha cambiado bastante en las últimas décadas y es muy probable que nuestro conocimiento sobre el tema siga aumentando. Esta historia fascinante sobre nuestros orígenes constituye el tema principal de los tres libro que he querido reseñar en esta entrada.

Spencer Wells, autor de los dos primeros, es uno de los científicos destacados en el estudio del DNA humano y líder del proyecto Genographics, cuyo objetivo es justamente obtener un mapa detallado de las migraciones humanas basado en la diversidad genética. Es, asímismo, un prolífico escritor de divulgación científica. Como suele ocurrir, ninguno de los libros está realmente disponible en español, a pesar de que ambos han sido traducido. “El viaje del Hombre” está descatalogado y “Nuestro Antecesores” agotado. Una muestra más de lo raquítico del mercado de libros de divulgación científica en nuestro idioma.

En “El viaje del Hombre”, Wells empieza por contarnos la historia de su particular campo de investigación. Tradicionalmente, la Paleontología se basaba sobre todo en el estudio de restos fósiles y artefactos de piedra. Sin embargo, en los últimos 25 años disciplinas muy dispares están haciendo contribuciones importantísimas; fundamentalmente la Genética Molecula, la Paleoclimatología y la Lingüística. Seguramente el gran pionero de gran fusión multidisciplinaria fue Luigi Cavalli-Sforza, el cual estaba convencido que el estudio combinado de la diversidad genética humana y la lingüística podía resolver muchos misterios históricos. Su trabajo, realizado en los años 60 y 70 empleó los marcadores genéticos que estaban disponibles en aquel momento, así que no es extraño que los métodos iniciales y algunas de sus conclusiones hayan sido superadas. No obstante, se le puede considerar como el fundador del campo.

Como casi siempre que se pronuncian juntas las palabras “genética” y “humana”, surge la polémica. Cavalli-Sforza y otros científicos (incluído Wells) son anti-racistas declarados. Aun así, el mero hecho de estudiar las diferencias genéticas humanas ha sido (y sigue siendo) un tema tabú. Todavía hay personas que piensan que hablar de diversidad genética en humanos es políticamente incorrecto. Paradójicamente, los estudios indican muy claramente que los humanos somos una especie con muy poca variabilidad genética comparada con otras especies, seguramente debido a lo reciente de nuestra evolución y al cuello de botella antes mencionado. Esto no significa que no pueda evaluarse el grado de parentesco genético entre individuos. Las nuevas tecnologías del DNA permiten distinguir muestras a nivel de individuo /pariente cercano, como las que se emplean en investigación forense. Técnicas similares permiten descifrar la genealogía de los indivuos de la población general. Esto es particularmente interesante si se trata de “nativos” (nativos son personas cuyos antecesores han vivido muchas generaciones en el mismo lugar); estos datos contribuirán en un futuro próximo (ya lo hacen) a  reconstruir nuestra historia.

Los dos libros de Wells tienen algunos puntos débiles ( particularmente el segundo). En primer lugar son algo desordenados. En ellos se  mezclan anécdotas personales varias con cuestiones de genética de poblaciones bastante especializadas (aunque no demasiado claramente expuestas) y, en cambio se trata otros asuntos de una forma muy elemental. En definitiva, no está claro a quién está dirigido el libro: el lector generalista puede quedarse in albis mientras que al lector especializado le puede llegar a aburrir. Otro aspecto negativo es el momento de la publicación. El Proyecto Genographics se encontraba a mitad de camino en el momento de escribir “Deep Ancestry” y el propio Wells no deja de recordarnos el carácter preliminar de los resultados ¿no hubiera sido mejor publicar el libro un poco más adelante? Con todo, ambos tienen un considerable valor para el lector interesado por este tema, siendo bastante  más compacto el primero que el segundo. De este último encuentro particularmente interesante los apéndices y figuras, que constituyen un resumen excelente y actualizado.

Cro-Magnon, de Brian Fagan es un libro mucho más logrado desde el punto de vista de la divulgación científica. Se centra un tema más concreto: los origenes de los europeos modernos ( o sea, lo Cro-Magnon), aunque de paso trata con bastante profundidad a los neandertales. Integra muy bien las diferentes fuentes de datos en las que se basa la paleonotología moderna, con particular énfasis en la paleo-climatología. También cuenta los avances en marcadores de DNA, de forma más sucinta y más eficaz que en los libros de Wells. Brian Fagan es, por otra parte un conocidísimo escritor en este campo que ha publicado varias obras de enorme éxito.

Cro-Magnon es un libro de divulgación que mantiene en todo momento el interés pero que muestra una vocación de libro de texto. El inconveniente es que el “tempo” resulta algo premioso, en su afán de ser didáctico. El autor no duda en repetir, resumir y volver a aclarar las cosas. Sin embargo, al final, el lector se queda con una clara imagen de Prehistoria europea, lo cual es más complicado de lo que parece ya que para ello tiene que manejar una cantidad notable de datos de fuentes diversas. En este sentido, las  figuras y esquemas ayudan mucho a retener y organizar la información. Sin duda, Cro-Magnon merece estar en la lista de best sellers del Los Angeles Times. La pregunta es: ¿cómo no se ha traducido todavía al español?

Si tuviera que elegir entre los tres me quedaría con este último, aunque (por supuesto) no son mutuamente incompatibles.

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Sonríe o Muere

Smile or Die (How Positive Thinking Fooled America & The World)

Barbara Ehrenreich. 2009. Granta Publication. London

Publicado en español. “Sonríe o Muere”. 2011. Turner.

Me topé con este libro en la magnífica librería Blackwells de Oxford, hace aproximadamente un año, y lo leí inmediatamente con muchísimo gusto y avidez. Unos meses más tarde, y recién vuelto de una larga temporada en USA (y por tanto, después de una cieta exposición a los efluvios del “Pensamiento Positivo”) encuentro que el libro se ha revalorizado notablemente a mis ojos. Diría que es un libro inteligente -brillante a veces- cómico y trágico a la vez, desmitificador y vivificante. La mayor pega es que su discurso no resulta (todavía) demasiado aplicable al ambiente cultural de la Península Ibérica; por lo que es posible que un lector que no haya vivido en Estados Unidos no sepa muy bien de qué le están hablando (en tal caso, el lector puede considerarse afortunado). Pero los tiempos cambian y la “letanía” del Pensamiento Positivo (en adelante, PP) ya está siendo exportada a todo el mundo, sobre todo dentro del mundo de “Business Management”.

Vayamos al grano. El PP se define en primer término como una “actitud positiva ante la vida”, con la implicación de manifiestar constantes signos externos de felicidad personal y autoconfianza. Hasta aquí la cosa no va demasiado mal; es innegable que un cierto grado de optimismo puede ayudarnos a conseguir nuestros fines. Pero el PP, según la autora, va mucho más lejos, constituyendo una verdadera ideología, a menudo opresiva, y una especie de pensamiento mágico del siglo XXI. Se espera que las personas mantengan, en general, este tipo de actitud positiva y no es imposible que alguien pierda su empleo si incumple esta norma no escrita. Aunque a los españoles nos pueda parecer raro, quejarse estámuy  mal visto en USA.

Barbara Ehrenreich, conocida escritora y activista social, comienza su exploración del universo PP a través de su propia experiencia como enferma de un cáncer de mama. Desde el momento del diagnóstico, nos cuenta que se vio presionada por todo el entorno social a mantener una actitud positiva, a llevar en todo un momento un lazo rosa ya  manifestar su determinación a luchar contra la enfermedad. En realidad, lo que le pedía el cuerpo era manifestar su cabreo, dado que muy probablemente su enfermedad había sido de origen iatrogénico,  una consecuencia del tratamiento hormonal para combatir los efectos de la menopausia ¿No sería más saludable mostrar nuestros verdaderos sentimientos en lugar de sonreir todo el rato? Un problema añadadido es que (en contra de la creencia común) la supervivencia al cáncer tiene poco que ver con la “actitud” del paciente y mucho con el tratamiento y el momento en que se detecte. El símil de la “batalla” contra el cáncer es un mal símil, porque nos hace pensar que el éxito depende de la “voluntad de luchar”. Según la autora, la evidencia experimental muestra claramente que tal cosa no es cierta. Y además tiene un lado oscuro: si pierdes la batalla es porque tu actitud no es lo suficientemente positiva. Nos cuenta la autora que algunas enfermas terminales eran expulsadas del grupo de apoyo (obviamente cuando más lo necesitaban)  porque su mera presencia “desmoralizaba” a las demás, al hacer patente que el PP no estaba funcionando.

El relato del PP continúa en el mundo de los negocios, particularmente en las escuelas de  MBA (Master in Business and Administration), donde la letanía del pensamiento positivo ha sido ascendida a Dogma. Recuerdo que hace ya algunos años, un compañero que cursaba uno de estos famosos MBA me comentó (con admiración) una especie de lema que le habían dado en clase: Lo importante no es tomar una decisión buena o mala; lo importante es tomar una decisión y hacer que sea un éxito. Creo que fu mi primera exposición al PP (corrían los años ochenta del siglo pasado) y la frase se antojó como una completa estupidez. Si no recuerdo mal, lo que hacen las personas que administran negocios es tomar decisiones; si estas decisiones no son importantes, ¿qué es lo que hace que el negocio vaya bien o mal? ¿Cómo hacemos que una mala decisión sea un éxito? Al parecer, la respuesta es simple: basta mantener una actitid en línea con el PP.

En la cuestión económica, el lado oscuro del PP es particularmente sangrante: si usted es pobre la culpa es suya por no tener una actitud sufcientemente positiva. En definitiva, coincido con Barbara Ehrenreich en que la Ciencia que se practica en las Escuelas de Negocios tiene poco que ver con la Ciencia de verdad y se trata más bien de una colección de anécdotas barnizadas con términos pomposos (p.e. método del caso). Sin embargo, creo que la autora llega demasiado lejos cuando culpa al PP de la actual crisis económica global.

La autora sigue explorando la influencia del Pensamiento Positivo en otros rincones de la sociedad norteamericana: las Iglesias, que según ella constituyen su origen, las Universidades, la Psicología, etc… En Resumen, “Sonríe o Muere” me ha parecido un libro brillante, ilustrativo y radicalmente no-convencional. La editorial Turner ha tenido la buena idea de traducirlo al español en 2011, aunque en este caso le costará casi 20 eurazos, frente a las 3.3 libras + gastos de envío del original en Amazon.uk.

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Por qué cometemos errores

Why We Make Mistakes. Joseph T. Hallinan. Broadway Books, New York.

Un estudio post-mortem realizado sobre pacientes de cáncer de pulmón mostró que un porcentaje elevadísimo de los tumores ya eran claramente visibles en radiografías que habían sido tomadas meses antes y que los especialistas habían pasado por alto. En otro estudio sobre la eficacia de los anestesistas, hecho en Estados Unidos en los años 70, se vio que los errores en la mesa de operaciones eran frecuentes, a veces con consecuencias letales para el paciente. Las  cifras mejoraron muchísimo cuando se tomaron medidas tan elementales como utilizar válvulas “a prueba de errores” o adoptar la costumbre de emplear un “check-list” antes de iniciar el proceso.

Es evidente que los humanos cometemos errores con frecuencia, ya sean leves o catastróficos, en todos los ámbitos de nuestra existencia. Errar es humano. Sin embargo, reconocer este hecho es un pobre consuelo cuando sufrimos las consecuencias de los errores propios o ajenos  ¿Por qué cometemos errores? ¿Y hay alguna forma de evitarlos (o al menos minimizarlos)? Estas son las dos preguntas que aborda el periodista, ganador de un Pulitzer, Joseph T. Hallinan y con las que nos introduce al fascinante mundo de la “errorología” científica. Para ello no duda en utilizar fuentes tan diversas como la Psicología, la Neurobiología, la Economía e incluso la Aviación Civil.

Según Hallinan, existen diversos factores que tienen una gran influencia a la hora de hacernos meter la pata. El primero de ellos es lo que los psicólogos denominan “sesgo perceptual”: la manera parcial y sesgada con la que observamos el mundo que nos rodea y que deriva sencillamente de la forma en que está organizado nuestro sistema nervioso. Aunque nos parezca que la vista es una especie de cámara de fotos, en realidad se parece más a un gigantesco software de reconocimiento de imágenes, no superado hasta el momento por los verdaderos ordenadores. Pese a su enorme potencia, nuestro sistema visual es susceptible de ser engañado, como demuestran las ilusiones ópticas. Miramos pero no vemos y vemos menos de lo que creemos ver. En un experimento ya clásico, realizado en la Universidad de Cornell, un investigador preguntaba a un (involuntario) sujeto de la investigación cómo llegar a cierto sitio; mientras éste se explayaba, unos falsos operarios que transportaban una enorme mampara se interponían entre ambos. En esos segundos, el experimentador que había preguntado era sustituido por otro individuo, sin que hubiese un parecido especial entre ambos. En la mayoría de los casos, la persona a la que se preguntaba siguió dando explicaciones al nuevo, sin percatarse de que se trataba de una persona diferente.

Otra fuente de errores se debe a nuestra tendencia (difícil de superar) a aferrarnos a nuestras primeras impresiones y a dejarnos llevar por nuestra intuición. Además, las circunstancias que nos rodean y el estado fisiológico en el que nos encontremos parecen tener una importancia mucho mayor de los que solemos pensar. Por ejemplo, en un divertido estudio sobre hábitos de consumo se vio que la música de fondo que sonaba en el supermercado tenía una notable influencia sobre el tipo de vino que los clientes tendían a comprar: p. e. si sonaba música francesa compraban vino francés con mucha mayor frecuencia, a pesar de que los sujetos negaron vehemente esta conexión cuando fueron preguntados. Otra investigación (nada tranquilizadora) realizada en Israel mostró que la severidad de la condena que imponían los jueces de un tribunal estaba relacionada con el tiempo que quedaba para la hora de comer (jueces hambrientos solían ser más severos que cuando sus señorías estaban bien desayunados).

La imagen que tenemos de nosotros mismos tampoco ayuda. Numerosos estudios muestran que la mayoría de nosotros nos consideramos por encima de la media (algo estadísticamente imposible) y que  tendemos a sobrevalorar nuestras capacidades y probabilidades de éxito. Curiosamente, algunas investigaciones apuntan a que las personas diagnosticadas con depresión  tienen parámetros de realidad mejor calibrados que personas sin esta condición. Al parecer, esta tendencia a minimizar los riesgos está más acentuada en hombres que en mujeres y, sin duda, el exceso de confianza es la fuente principal de error en nuestras vidas.

¿Qué podemos hacer? Hallinan no duda en “mojarse” y dar algunos consejos, bien apoyados por la literatura científica. Podemos hacer algunas cosas, aunque nunca eliminaremos por completo la posibilidad de cometer errores. Tratar de ser consciente de nuestros sesgos y limitaciones; comer y dormir bien antes de tomar una decisión importante; intentar que alguien compruebe lo que hacemos; incluso adoptar protocolos de actuación, como hacen los pilotos de avión antes del despegue.

En definitiva, se trata de un libro ameno y riguroso a la vez, que trata de ayudarnos a manejar nuestras vidas con la ayuda de las últimas investigaciones en este campo. En este sentido, “Why we make mistakes” se encuentra en la misma línea que el famosísimo “Freakconomics”. Irónicamente, el libro no está libre de error. Un lector de Chicago señaló una falta de gramática, ¡en el mismo título!, debería llamarse “Why we do make mistakes”. Ni el autor ni los editores se dieron cuenta.

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Recuerdos desde Cornell

Pido disculpas por haber dejado de postear con regularidad. La razón es que estoy pasando unos meses en la Universidad de Cornell, en el estado de Nueva York, y necesito todavía algún tiempo para asimilar los cambios. Sin duda, volveré a la carga en unos días.

Saludos

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Cómo ser feliz cuando estás muerto

Imagine que se encuentra totalmente paralizado, pero sus facultades mentales siguen intactas. Es lo más parecido a estar muerto sin estarlo ¿no? Siga imaginando. Podría decirse que su “calidad de vida” no es muy alta ¿verdad? Su vida social sería, lógicamente, muy reducida. Nada de gimnasio ni spa. Sexo sólo con la imaginación. Nada de restaurantes ni de vacaciones en el Caribe. En esas condiciones, es lógico pensar que usted sería tremenda infeliz ¿correcto?

Pues no. O al menos esa es la conclusión a la que llega un estudio reciente sobre pacientes que sufren el denominado “síndrome de enclaustramiento” (locked-in syndrome). Estos pacientes han perdido el control de los músculos voluntarios debido a una lesión en el tálamo cerebral, y sólo puede comunicarse utilizando los músculos oculares, es decir, guiñando un ojo o señalando con la mirada en una determinada dirección.  Podríamos pensar que este colectivo debería sentirse bastante desgraciado, y sin embargo,en  la encuesta realizada sobre 168 de ellos, casi el 80% se declaró razonablemente feliz.

Sólo un 7% de los pacientes declararon desear la eutanasia y, en general, éstos llevaban relativamente poco tiempo sufriendo esta condición. Los autores concluyen que el paciente debería tener tiempo para establizarse psicológicamente antes de considerar esta opción (en los países donde la eutanasia el legal).

Lógicamente, algunos pacientes expresaron su deseo de tener una mejor vida social y mejores opciones de entretenimiento. En este punto, la tecnología puede cambiar radicalmente la vida de los lis ante el desarrollo de tecnologías de acceso a internet para pesrsonas con discapacidad. La posibilidad de leer un libro o navegar por intenet debe suponer una gran diferencia en estos casos.

El resultado de esta encuesta me parece una muestra sorprendente de la capacidad de adaptación de la mente humana a circunctancias desfavorables. Sin embargo, los resultados requieren cierta cautela. No todos los encuestados respondieron a la encuesta y puede pensarse que esto introduce un sesgo: seguramente los que se tomaron el (considerable) trabajo de responder tenían una actitud más positiva. Más aun, un porcentaje elevado de los que sufre lis muere en los primeros meses de la enfermedad. de nuevo, puede pensarse que los supervivientes están hechos de “una pasta diferente” a la de la población normal. Otro fuente posible de sesgo.

Me pregunto si este grupo de optimistas impenitentes tendrá algo en sus genes que les facilite adaptarse a su destino.

El artículo aquí

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¿Las chicas difíciles son más deseadas?

¿Resultan más desables las mujeres difíciles de conseguir? ¿O por el contrario, las chicas fáciles tienen más éxito?

Por un lado, muchos autores se han inclinado por la primera  idea; en palabras de Ovidio: “nadie quiere las cosas fáciles, pero lo prohibido siempre es tentador“. Naturalmente, este era el consejo estándar que nuestras abuelas daban a nuestras madres y (supongo) esto sigue ocurriendo en algunos casos.

Sin embargo, esta idea de la preferencia masculina por mujeres que se muestran inaccesibles tampoco tiene una aceptación universal.Por ejemplo, la escritora Sor Juan Inés de la Cruz pensaba que los hombres viven en una constante contradicción al respecto:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por Qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad
decís que fue liviedad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Podríamos recorrer la Literatura con citas y opiniones al respecto, pero como este es un blog centrado en la ciencia experimental, la cuestión es: ¿alguien se ha puesto ha investigar esto? La respuesta (un tanto sorprendente) es: sí. Elaine Walster, de la Universidad de Wisconsin, USA  y colaboradores publicaron en 1973 sus resultados sobre esta cuestión.

Y como suele ocurrir en esto casos, el método experimental resulta un tanto heterodoxo. Estos investigadores convencieron a una prostituta que ejercía en un burdel de Nebraska para que jugase dos posibles roles y lo hiciera de forma aleatoria con cada cliente. En el rol nº 1, la chica sometía previamente al cliente a una “manipulación experimental” consistente en un discurso de aproximadamente un minuto acerca de ella misma del tipo “no creas que te va a resultar fácil volver a verme/ voy a  estar muy ocupada los próximos meses/ yo no le doy número de teléfono a cualquiera” y cosas por el estilo. En el rol nº 2, la chica omitía el discurso y entraba directamente en faena.

Los investigadores estimaron el interés de los clientes por la chica de varias formas: número de intentos posteriores de contacto, si dió o no dinero adicional y el grado de satisfacción expresado; la idea era ver si existían diferencias entre el  rol 1 y el 2, lo que (supuestamente) contestaría la pregunta de si las chicas difíciles eran más deseadas.

Y hubo diferencias. La hipótesis de  las chicas difíciles eran más deseadas resultó ser totalmente errónea. Aparentemente, a los clientes no les hacía demasiada gracia que la prostituta jugara el papel de inaccesible. Lo cual tiene bastante sentido y era, en realidad, fácilmente predecible.

Sin embargo, experimentos posteriores realizados con agencias de citas sugirieron que esta idea no sólo aplicaba a la relación cliente-prostituta sino también a relaciones de tipo romántico. Walster y colaboradores llegaron a la conclusión de que lo que les gusta a los hombres  son mujeres selectivamente inaccesibles, es decir, frías y distantes con otros tipos, pero fáciles y accesibles para ellos.

Pensándolo bien, esto también tiene bastante sentido.

Por desgracia, no sé de ninguna investigación que se haya centrado en las preferencias de las mujeres sobre la accesibilidad de los hombres.

Walster et al., 1973

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Test de salud mental

Definición de “salud mental” basada en el protocolo de diagnóstico psicológico  SWAP-200

(Shedler&Western (2007) Journal of Personality Assesment 89:41-55)

Una persona goza de salud mental si:

1) Es capaz de emplear sus talentos, capacidades y energía de forma efectiva y productiva.

2) Le gusta asumir retos; le complace alcanzar sus metas.

3) Es capaz de mantener una relación amorosa basada en el cariño y la complicidad.

4) Se siente realizad@ por el hecho de pertencer y contribuir a la comunidad (p.e. ONGs, asociaciones vecinales, parroquias, etc).

5) Le gusta ayudar, aconsejar y proteger a otras personas.

6) Tiene empatia; percibe y responde a los sentimientos y necesidades de los demás.

7) Es capaz de mantener una actitud asertiva de forma efectiva y apropiada cuando las circunstancias lo requieren.

8)Aprecia y responde al sentido del humor.

9) Es capaz de escuchar palabras con alto contenido emocional (por ejemplo, que sean contrarias a creencias o percepciones importantes,  o que atenten a la imagen de uno mismo) sin perder la calma, y de sacar provecho de las mismas.

10) Ha superado las experiencias desagradables del pasado; las ha asumido y ha reforzado su personalidad a consecuencia de ello.

11) Es articulad@; es capaz de comunicarse apropiadamente a través de la palabra.

12) Tiene una vida sexual satisfactoria.

13) Se encuentra cómodo en cualquier ambiente social.

14) Generalmente encuentra placer y felicidad en las actividades cotidianas.

15) Tiende a expresar sus afectos de forma apropiada, en calidad e intensidad, en la situación que sea.

16) Tiene la capacidad de reconocer puntos de vista alternativos, incluso en asuntos emocionalmente cargados.

17) Tiene principios éticos y morales, e intenta vivir de acuerdo con ellos.

18) Es creativ@; tiene la capacidad de ver y abordar problemas con soluciones originales.

19) Tiende a ser meticulos@ y responsable.

20) Tiende a ser activ@ y extrovertid@.

21) Tiene don de gentes; es capaz de entender las interacciones entre el “yo” y los “otros” de forma inteligente y sutil.

22) Es capaz de encontrar sentido y satisfacción en la persecución de fines y ambiciones a largo plazo.

23) Es capaz de formar y mantener relaciones amistosas a largo plazo, basadas en la comunicación y el apoyo mutuo.

PS, en el caso hipotético de que haya alguien que considere que tiene una salud mental normal, de acuerdo con esta definición, ruego dé señales de vida (el mundo necesita un líder).

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