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Descubierta una nueva “especie” afín al Neanderthal

Denisovianos (o denisovanos). Ese es el nombre que se ha asignado a esta nueva especie? descubierta en la cueva de Denisova (en la foto), en las montañas Altai, al sur de Siberia. El hallazgo ha sido publicado en la revista Nature por el archiconocido equipo de Svante Pääbo (y otros colaboradores) del Instituto Max-Planck. Según este trabajo, los denisovianos fueron una especie cercana al Nenderthal que habitó en zonas del centro y este de Eurasia hasta una fecha tan cercana como 30.000 años.

Muy pocos restos han sido encontrados hasta la fecha; tan sólo un molar (de un adulto) y un meñique (de una niña), así que de momento es imposible ponerle cara a este nuevo miembro de nuestra familia. Sin embargo, se ha podido purificar DNA a partir del dedo y se ha obtenido una secuencia del genoma completo, que tiene una calidad bastante buena. Los análisis genéticosindican que la poseedora del meñique tenía una cercanía genética con el neaderthal mayor que la nuestra. El árbol filogenético de la figura adjunta nos muestra a los denisovianos como una especia hermana del Neanderthal

Sin embargo, el descubrimiento más sorprendente se produjo al comparar cuidadosamente las secuencias comunes entre el genoma denisoviano y los humanos modernos. Los datos indican sin lugar a dudas que se produjo un intercambio de material genético entre éstos y algunas poblaciones de humanos modernos, cuyos descendientes habitan en la actualidad en Nueva Guinea. Esta situación es paralela a la que ocurrió con los neanderthales, los cuales también tuvieron intercambiaron material genético con los humanos modernos en Europa Occidental. Se calcula que una pequela parte del genoma de los europeos (1-4%) proviene del neanderthal.

En definitiva, la hipótesis out of Africa, según la cual se produjo un desplazamiento de las especies humanas que habitaban Eurasia por los humanos modernos procedentes de Africa, parece que es un poquito más complicada. Al menos en dos ocasiones, los humanos modernos pillaron genes de dos especies pre-establecidas en Eurasia. No puede descartarse que haya otros parientes en nuestro álbum de familia por descubrir.

Los autores del trabajo prefieren no entrar en la polémica de si se trata de una especie diferente del neanderthal o no, amparándose en que ya hay bastante discusión sobre si los neanderthales constituyen una especie diferente a la nuestra.

¡Démos la bienvenida a nuestros primos denisovianos!

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Concierto para flauta y pedruscos

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De acuerdo. Es un chiste fácil. No sabemos nada del tipo de música que se hacía en la Prehistoria, aunque el hecho de que todas las sociedades tengan algún tipo de actividad musical nos permite suponer que algo tocarían ¿golpeando piedras o maderas? seguramente. Pero el reciente hallazgo de una auténtica flauta de hueso (en la foto), datada entre 35.000-40.000 BP  nos indica que las habilidades musicales de nuestros antepasados debieron ser más sofisticadas.

El objeto en cuestión fue construido con un hueso de buitre y tiene cuatro agujeros delicadamente realizados, así como un quinto agujero incompleto. Procede del yacimiento de Hohle Fels y fue encontrado cerca de una estatuilla femenina de exagerados atributos, a la que dedicamos un post no hace mucho (El origen de la pornografía).

Otras flautas de hueso has sido datadas entre 19.000 y 30.000 años, por lo que el instrumento de Hohle Fels obliga a adelantar la fecha de este invento en más de 10.000 años. Pertenece a la cultura auriñaciense, que corresponde con la entrada de los primeros humanos modernos en Europa. Se ha encontrado un artefacto de mayor antigüedad que podría haber sido construido por los neanderthales, pero esta afirmación es muy controvertida (las incisiones de esta “flauta” parecen deberse a los colmillos de un carnívoro).

La noticia ha circulado por internet y el artículo aparecerá en la revista Nature próximamente.

La coincidencia de la escultura “pornográfica” y la flauta es sugestiva ¿Acaso los virtuosos de la Prehistoria tendrían tanto éxito con el sexo opuesto como las estrellas de rock?

Post dedicado a Pablo J. Vayón, gran musicólogo, cuyo blog (El martillo sin sueño) sigo con devoción.

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Out of Catalonia

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Hoy día, la mayoría de los paleontólogos acepta la denominada hipótesis “out of Africa”, según la cual nuestros ancestros evolucionaron en Africa desde hace (al menos) 6 millones de años y nuestros antecesores directos (los primeros sapiens) salieron de este continente hace tan sólo 60,000 años. Sin embargo, es posible que nuestros antecesores lejanos, muy anteriores a los australopithecus procedieran de Eurasia, más concretamente de Cataluña.

Al menos eso creen los autores de un artículo publicado recientemente en PNAS por Moyà-Solà del Institut Català de Paleontologia (ICP) y colaboradores de diversas instituciones. Esta hipótesis se basa en un fósil de unos 12 millones de años antigüedad, al que se le ha dado el nombre de Anoiapithecus brevirostris, y del que sólo se encontrado algunos fragmentos de mandíbula, dientes y huesos faciales. Los restos han sido encontrados en la comarca barcelonesa de l’Anoia.

Este nuevo escenario “out of Catalonia” será probablemente controvertido. El problema no es la existencia de antecesores humanos en el Mioceno eurasiático, sino el hecho de concluir que éstos emigraron de Eurasia a Africa. Es cierto que tales fósiles no se han encontrado en el continente africano, pero también es cierto que la “densidad de excavaciones” en Europa es mucho mayor, lo cual introduce un sesgo.

El tiempo y los datos dirán

Un resumen del trabajo aquí

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Los orígenes de la moral y la cultura

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Sin duda, “moral” y “cultura” son dos características eminentemente humanas. No es que estén totalmente ausentes en otras especies, pero entre los Homo sapiens han alcanzado muchísima más importancia y complejidad. No cabe duda de que ambas características han evolucionado en nuestra en especie y por tanto, deben tener una base biológica (que me perdonen lo ambientalistas fanáticos). Tampoco puede negarse la más que probable co-evolución entre genes y cultura (que me perdonen los biologicistas radicales). En cualquier caso, estoy seguro de que los dos artículos publicados en el último número de Science sobre el origen de (respectivamente) moral y cultura va a dar mucho que hablar a todos los interesados por estas cuestiones.

En ambos artículos, los autores llegan a explicaciones sorprendentes, atrevidas, contra-intuitivas y políticamente incorrectas, aunque (y esto es lo importante) las apoyan con datos y modelos matemáticos. No obstante, no creo que las dos cuestiones se vayan a zanjar aquí, sino más bien lo contrario. Entrando en materia, la hipótesis de Samuel Bowles (Bowles, S. 2009) afirma que el origen de la cooperación y la camaradería entre los humanos estriba justamente en…¡la guerra! Y para apoyar esta hipótesis ha “resucitado” una de las teorías más descalificadas en Biología Evolutiva en los últimos tiempos: la selección de grupo. Se trata, pues, de un tabú encima de un sacrilegio. Sin inmutarse, Bowles afirma que en el conflicto inter-tribal prolongado y letal puede promover la selección de genes “altruistas”. Pero antes de seguir comentando el artículo, conviene dar un pequeño rodeo.

Para empezar, la hipótesis de Bowles se mete de lleno en un pozo de “incorrección política”. Hasta hace pocos años, el Modelo Estándar en Ciencias Sociales favorecía la idea de Rousseau del “Buen salvaje” (el hombre es bueno por Naturaleza pero la sociedad lo hace malo), por lo que la mera sugerencia de que esta actividad forma parte de nuestro pasado evolutivo basta (o bastaba) para ser declarado indeseable. Aunque sea doloroso, hay que reconocer que el “Mito del Buen Salvaje” es notoriamente falso, como han puesto de relieve estudios antropológicos recientes. Por ejemplo, el arqueólogo Lawrence Keeley ha estimado la tasa de homicidios en diferentes sociedades. Veamos los datos: el récord de violencia lo tienen los legendarios jíbaros de Perú, donde cerca del 60% de los varones son víctimas de homicidio a manos de sus congéneres. Entre los yanomami, la tasa de homicidios varían entre el casi 40% de los ‘belicosos’ shamatari y el 20% de los más ‘pacíficos’ namowei. La mayor parte de las culturas estudiadas, procedentes sobre todo de Sudamérica y Nueva Guinea oscilaba entre estos valores. Incluso entre los pacíficos !Kung, el homicidio es más frecuente que entre los barrios considerados peligrosos de Los Ángeles. En contraste, la frecuencia de muerte por homicidio en Europa y Estados Unidos durante el siglo XX no pasa del 1%, y eso que incluye dos guerras mundiales con ‘armas de destrucción masivas’ y otros conflictos armados. En la actualidad y en algunos países, como Japón, la tasa frecuencia de homicidio es inferior al 0.1%, 100 veces menor que en la mayoría de los cazadores-recolectores y 600 veces menor que entre los jíbaros. O sea, que podemos reconocer que nuestro pasado evolutivo está plagado de conflictos inter-tribales, frecuentemente letales, sin hacer por ello una apología de la violencia y sin afirmar que ésta es inevitable. Pero los datos son los datos.

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El segundo berenjenal en el que se mete Bowles estriba en tratar de resucitar la teoría de selección de grupo, según la cual en animales sociales la unidad básica sobre la que opera la selección natural es el grupo, no el individuo. Por ejemplo, si pensamos en una manada de lobos, en una banda de macacos o en una bandada de grajillas, ninguno de estos animales puede sobrevivir por su cuenta, de manera que su destino individual se encuentra inevitablemente unido al del grupo. Si éste tiene éxito, aumentará de tamaño y si no lo tiene desaparecerá; por tanto, la selección natural puede mantener conductas que favorezcan al grupo en conjunto, aunque sean negativas para el animal que las ejecuta. Por poner un símil futbolístico, la selección natural estaría operando con equipos y no con jugadores individuales. Esta teoría es considerada poco plausible ya que incluso un flujo de genes moderado entre los grupos destruiría rápidamente las diferencias genéticas necesarias para que la teoría funcione; la mayoría de los biólogos acepta hoy día que la selección natural transcurre fundamentalmente a nivel de individuo.

Pero no todo el mundo está de acuerdo. Algunas publicaciones recientes han reabierto el debate al afirmar que, en algunos casos muy determinados, la selección de grupos puede ser importante. En este caso, Bowles hace una hipótesis realmente atrevida: que la estructura poblacional de los cazadores-recolectores del Paleolítico pudo permitir la selección (vía grupo) de genes que favorecen conductas altruistas. Bien es verdad que el modelo asume que la guerra entre tribus era frecuente y que ésta suponía un coste notable en vidas en todos los casos y, muy particularmente para los vencidos. Importa señalar que Bowles también admite la posibilidad de que el altruísmo se deba no sólo a los genes, sino a la aparición de memes relacionados con este tipo de conducta. Tanto los genes como los rasgos culturales son heredables (aunque no de la misma forma) y están sometidos al proceso evolutivo. El trabajo de Bowles se ha basado en datos arqueológicos previos según los cuales, como promedio, la guerra causó el 14-16% de las muertes en sociedades de cazadores-recolectores, tanto históricas como recientes. De acuerdo con el modelo matemático de Bowles, el coste de perder un conflicto armado es lo suficientemente alto como para equilibrar los riesgos individuales de la guerra, particularmente si el grupo es relativamente endógamo y sus miembros comparten muchos alelos comunes. Es evidente que construir un modelo matemáticamente correcto no es suficiente por sí mismo para demostrar una hipótesis. Y la validación de este modelo es, al menos, complicada. Los aficionados a las discusiones tendrán un filón aquí.

Además, el modelo deja algunos cabos sueltos. Muy notablemente no distingue entre los sexos a pesar de que las consecuencias de la guerra eran generalmente muy diferentes en cada caso; p.e. las mujeres no solían participar directamente y en caso de derrota podían ser “absorbidas” por los vencedores (eufemismo para “violación sistemática, esclavitud y eventual integración tras varias generaciones). El problema es que el apareamiento entre los hombres del grupo vencedor y las mujeres del vencido tendería a diluir los genes altruistas, y no a concentrarlos. Bowles argumenta que a pesar de todo, el modelo predice la selección de genes altruistas, aunque de forma más lenta respecto a la alternativa radical de liquidar a todos los vencidos.

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El segundo trabajo, firmado por Powell y colaboradores (Powell et al., 2009), aborda el misterio del rápido desarrollo de la tecnología y el arte en el Paleolítico superior (hace unos 45.000 años) a pesar de que los humanos genéticamente modernos habían surgido en África en un periodo muy anterior (tema tratado aquí recientemente). Según estos autores, el factor clave para que se produjera el Gran Salto Adelante fue la densidad demográfica. Por supuesto, las capacidades cognitivas necesarias va estaban allí, pero sin este elemento clave todavía podríamos estar empleando una tecnología no muy diferente de la del neanderthal.

Thomas y colaboradores también se basan en modelos matemáticos que tratan de explicar el patrón de “idas y venidas” en la aparición de la moderna cultura y tecnología. Aunque los humanos aparecimos hace 150-200.000 años, los primeros vestigios de cultura moderna (tales como collares, arpones, o el empleo de pigmentos) aparece brevemente en Africa hace unos 90.000 años. Después estos vestigios desaparecen y no volverán hasta la Edad de Oro del Paleolítico superior europeo, alrededor de 35.000 BC y coincidiendo con las pinturas rupestres del Cantábrico. La idea central de estos investigadores es que es necesario un número mínimo de personas para mantener tal nivel de conocimientos y destrezas en una población. Si no se alcanza el mínimo, la capacidad tecnológica tiende a fluctuar. Es posible que algunos avances se pierdan por que sus poseedores desparezcan sin trasmitirlos. Además, el avance tecnológico es más rápido cuando hay más personas tratando de resolver los mismos problemas. El modelo matemático establecido sugiere que cuando el número de grupos que interaccionan llega a 50, la capacidad tecnológica no aumenta con el número de grupos, sino con la densidad de población. Los autores sugieren que la tímida “revolución africana” de hace 90.000 años se vio truncada por una disminución de la población debida –seguramente- a un cambio climático.

Curiosamente, ambos trabajos plantean escenarios de evolución humana bien distintos, incluso contrapuestos. Por un lado, los humanos debían masacrarse unos a otros con frecuencia para ser altruistas; por otro lado, habría sido necesario la interacción cooperativa y el intercambio entre grupos humanos bastante amplios para que pudiera surgir la cultura moderna ¿O tal vez no? Una vez leí que durante la Guerra Civil española los soldados de las trincheras organizaban intercambios entre los dos bandos; tabaco por papel de fumar (vale lo de matarse unos a otros, pero… ¿quedarse sin fumar?).

Somos animales complicados.

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El origen de la pornografía

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Decir que a los humanos nos interesa mucho el sexo es una afirmación poco arriesgada. Por supuesto, a todas las especies les interesa (con algunas excepciones de “asexuales”) o si no, no estarían aquí. En general, los seres indolentes en esta materia no dejan sus genes (indolentes) a generaciones venideras.

Pero a nosotros parece interesarnos más, en comparación con otras especies. Entre nuestros primos los orangutanes (Pongo spp.),  la actividad sexual se limita a una corta temporada al año. En cambio, nosotros no tenemos una época de celo -cualquier momento es bueno, en principio. En eso nos parecemos a nuestros otros  parientes los bonobos  (Pan paniscus), famosos por la frecuencia y variedad de sus actividades. En muy posible que tanto en el bonobo como el humano, el sexo tenga otras funciones aparte de la reproducción.

Las representaciones sexualmente explícitas son algo bastante antiguo. un buen ejemplo son los graffiti encontrados en la ciudad romana de Pompeya; inscripciones de ese tipo podemos encontrarlas pintadas en las puertas de los servicios de cualquier ciudad moderna. Lo que no sabíamos es que este tipo de cosas fuesen tan antiguas. Alrededor de los 35.000 años, según se desprende del hallazgo reciente de una estatuilla en Hohle Fels,  Alemania, publicado en el último número de Nature.

La obra antecede a la famosa venus de Willendorf en unos 7000 años y se parece a ésta en la exageración de los “atributos femeninos”, aunque -personalmente- la de Willendorf me parece mucho más interesante como obra de arte. La estatua de Hohle Fels pertenece al periodo auriñacense y corresponde a la entrada en Europa de los primeros sapiens modernos (y con la desaparición simultánea -aunque lenta- de los neanderthales).

Aunque tosca y algo brutal, la venus de Hohle Fels es una de las primeras representaciones artísticas que se conocen. Durante ese periodo debió producirse una rápida expansión de las capacidades simbólicas de nuestra especie, aunque paradójicamente, los humanos modernos se origininaron mucho antes. Estas primeras representaciones artísiticas coinciden con un impresionante desarrollo tecnológico y una rápida expansión de los humanos por todo el planeta. A este proceso se le ha llamado “El Gran Salto Adelante”.

¿Qué produjo este cambio? ¿mutaciones genéticas? ¿nuevos memes? ¿un poco de todo?

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Retratos de familia

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Aragai, Kenia, 6 millones de años antes del presente

En una luminosa mañana de abril, este Orrorin tugenensis, acaso el primero de nuestra estirpe en caminar erguido, se adentra en la selva ecuatorial.

The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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Retratos de familia

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Sangiran, Java; hace un millón de años.

Este Homo erectus prepara sus armas a la luz de la hoguera para la cacería del día siguiente. Su grupo sólo lleva una generación en la pequeña isla, pero su número esta creciendo rápidamente. Cada vez es más difícil encontrar alimento. Los más jóvenes miran inquietos hacia el Levante, donde se distingue la silueta de otra isla, no demasiado lejos. Tel vez sea el momento…

The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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Retratos de familia

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Isla de Flores, Indonesia. 12.000 años antes del presente.

Esta diminuta hembra de Homo floresiensis tiene el dudoso honor de ser la última representante de su especie. Una extraña enfermedad acabó con los demás miembros del pequeño grupo. Contempla el mar con ojos tristes porque sabe que su destino está sellado.

The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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Retratos de familia

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Lago Malami, Tanzania. 2 millones de años antes del presente.

Armado con sus robustas mandíbulas, este Paranthropus boisei no tiene grandes dificultades para encontrar alimento en la espesa pradera de gramíneas que habita.

The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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La primera penetración sexual de la Historia

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Aunque la mayoría de las especies de peces realizan el sexo sin penetración mediante fertilización externa de los huevos, algunas especies son realmente vivíparas. En este caso, las crías nacen “vivas” del cuerpo de la madre, y la fertilización es, por supuesto, interna. Una pregunta interesante es cuándo apareció en la Evolución esta forma de reproducción, mayoritaria entre los mamíferos. Un equipo australiano ha descubierto un fósil que demuestra que el viviparismo es mucho más antiguo de lo que se pensaba.

El fósil en cuestión pertenece al grupo de los placodermos, peces acorazados, que vivieron entre 430 y 360 millones de años. Al visualizar el interior del fósil en tres dimensiones, se encontraron en el interior otros peces de pequeño tamaño y que tenían las características típicas de los placodermos. Al principio, se pensó que constituían restos de la última comida del pez, pero al examinarlos con más detalle se vio que no tenían marcas de mordiscos ni restos de erosión por los ácidos del estómago. Esto sugiere que los pececitos no eran restos de comida sino embriones.

Además, el examen de otros fósiles de placodermos ha revelado la existencia de unos pequeños apéndices pélvicos que probablemente facilitaban la copulación, tal como ocurre en los tiburones actuales.

Este descubrimiento nos dice que el “acto sexual” ya se practicaba hace unos 380 millones de años. Hay pocas cosas nuevas bajo el sol.

Long, J., Trinajstic, K. & Johanson, Z. Nature 457, 1124–1127 (2009).

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La primera huella del hombre

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Un equipo científico describe en el último número de Science el descubrimiento de huellas humanas en Ileret (Kenia) con una antigüedad de aproximadamente 1.5 millones de años. No son las más antiguas que se conocen; las famosas “pisadas de Lucy” en Laetoli (Tanzania) tienen 3.5 millones de años. Sin embargo, éstas últimas corresponden a un diminuto (o diminuta) Australophithecus afarensis mientras que las primeras corresponden a alguno de los primeros representantes del género Homo. Por ello pueden considerarse propiamente como las primeras huellas humanas de las que se tiene noticia.

Los investigadores han comparado las huellas de Ileret con las de Laetoli empleando herramientas estadísticas sofisticadas. La principal conclusión es que las pisadas de los primeros Homo son difícilmente distinguibles de las de los humanos actuales, pero muy diferentes de las de Laetoli y de las de los chimpancés actuales. El dedo gordo es más corto y tiene una posición paralela a los otros, mientras que en el chimpancé está torcido hacia fuera. Además, las huellas de Ileret muestran que el “puente” del pie ya existía hace 1.5 millones de años.

El hallazgo es particularmente importante dado que nuestra forma de caminar erecta constituye una de las adaptaciones más características del ser humano. Podría decirse que las huellas encontradas en Kenya son lo más parecido a una “conducta fosilizada”.

M. R. Bennett et al., Science 323, 1197 (2009).

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Nacidos para la fiesta

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Es evidente que hay personas tremendamente sociales y otras que no lo son tanto. Entendámonos, todos los humanos somos bastante sociales comparados con las especies realmente solitarias. Este hecho en sí mismo clama por una explicación biológica. Los únicos humanos que podríamos considerar verdaderamente no-sociales serían los autistas y el autismo está considerado (con lógica) una enfermedad y no simplemente un tipo de personalidad “diferente”. No debería extrañarnos que el autismo tenga una importante base genética, como demuestran los estudios con gemelos idénticos.

Pero dentro de las “personas normales” existe una gran variabilidad individual en este carácter. De nuevo, la sospecha de que los genes tienen algo que ver está justificada. Más difícil es pasar de la sospecha a la demostración. Sin embargo, Nicholas Christakis, de la Harvard Medical School, y sus colaboradores han dado un paso importante en este sentido a juzgar por el artículo recientemente publicado en la prestigiosa revista PNAS.

Muy sucintamente, lo que hacen los autores del artículos son dos cosas. En primer lugar, establecen una forma objetiva de medir la sociabilidad de los individuos. Para ello analizaron las redes sociales de un buen número de adolescentes y contaron el número de veces en que un individuo particular era citado como “amigo cercano”. En segundo lugar, estudiaron estas redes sociales en el contexto genético, esto es, estudiando gemelos idénticos/gemelos no-idénticos. El resultado, no por esperable menos importante, fue que la posición de cada persona en las redes sociales en un carácter genéticamente heredable en buena medida.

¿Cómo pueden los genes determinar nuestro lugar en una red social? Los genes pueden tener una gran influencia sobre el tipo de personalidad y ésta es clave para determinar si estamos en el centro en los bordes del universo social. Este conexión entre genes -> neurotransmisores -> conducta la hemos visto ya varias veces (p.e. Serotonina y control de las emociones y Polimorfismo genético ligado a la aversión al riesgo). De nuevo, no quiere decir esto que con los genes esté todo el pescado vendido. Muy probablemente, si exponemos a un adolescente a experiencias particularmente traumáticas es probable que su personalidad se aleje bastante de un hermano gemelo criado en un ambiente normal.

Algunos científicos le han buscado una explicación “adaptativa” a este fenómeno, según la cual el hecho de estar en el centro de la red tendría ventajas (p.e. mayor cooperación de otros individuos) e inconvenientes (p.e. mayor probabilidad de contraer enfermedades infecciosas). La variabilidad individual que se observa sería el resultado de dichas presiones selectivas. Personalmente no estoy convencido. Un carácter puede manifestar variación individual en una población y ser más o menos “neutral” con respecto a la selección natural.

Nadie duda (entre los biólogos evolutivos) que la selección natural sea una pieza clave, pero no es la única ni lo ve todo. Y desde luego, no podemos invocarla siempre sin pruebas.

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Retratos de familia

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Sterkfontein, Sudáfrica, 2.5 millones de años antes del presente

Esta cría de Australophitecus africanus parece que está disfrutando del aire fresco de la mañana, sin percartarse de que un ave rapaz de gran tamaño está apunto de echársele encima. Lástima…

Retrato: The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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Secuenciado el genoma del neanderthal

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Para un blog interesado en la Evolución (y particularmente en la de los humanos), la noticia de la semana es, sin duda, la secuenciación del genoma (bastante) completo de nuestro querido primo Homo neanderthalensis. El anuncio lo realizó Svante Päabo (Instituto Max Planck, Leipzig, Alemania) en un congreso de la “American Association for the Advancement Science” en Chicago y se espera que los datos se publiquen en unos seis meses. La mayor parte del DNA utilizado proviene de un fragmento fósil encontrado en Vindija (Croacia); tiene unos 38.000 años de antigüedad y perteneció a una mujer.

No es la primera vez que se obtienen datos procedentes del DNA del neanderthal. En 1997 se secuenciaron 400 bases de la mitocondria y en 2008 se completó la secuenciación de este orgánulo. Los investigadores han conseguido lo que se denomina una secuencia 1x, lo que significa que el número de bases leído es similar al número de bases total del genoma (unas 3.000 megabases). El problema es que algunas bases son leídas varias veces y otras ninguna. En general, se requiere un recubrimiento de 10x o mayor para tener una seguridad razonable de que las bases están bien leídas. En definitiva, el genoma del neanderthal es, de momento, una especie de “borrador”, muchos menos seguro que los del chimpancé o el humano. Pero puede esperarse que se pueda obtener DNA de otros fósiles y con el tiempo y mucho esfuerzo, probablemente acabaremos teniendo una idea razonablemente buena de cómo eran los genes neanderthales.

¿Y qué nos dicen estos datos (aunque sean incompletos)? Para empezar, que las diferencias genéticas entre nosotros y nuestros primos son pequeñas; entre 1000 y 2000 aminoácidos diferentes (más un número desconocido de cambios en zonas no codificantes); en comparación, nos separan unos 50.000 cambios de aminoácidos del chimpancé. Otra cuestión que debería aclarar este proyecto es la vieja cuestión de si los neandertales han contribuido significativamente a nuestro pool genético. Para muchos, esta cuestión está razonablemente zanjada con secuenciación de la mitocondria. En fin, la respuesta sigue siendo: no, los neandertales no son nuestros antecesores directos y si hubo hibridación entre las dos especies, ésta debió ser mínima.

Los investigadores tratarán de encontrar posiciones en el DNA donde la secuencia del DNA neanderthal sea ancestral y difiera de la humana; tales sitios podrían identificar genes que hayan sufrido selección positiva durante la historia evolutiva reciente. Estos cambios serían los factores genéticos que nos hacen humanos. De momento, algunos estudios nos permiten “deducir” algunas características de los neandertales aunque no con una seguridad del 100%. Por ejemplo, Carles Lalueza-Fox, de la Universidad de Barcelona, encontró una variante del gen mclr, implicado en pigmentación, lo que sugiere que los neandertales podrían haber sido pelirrojos y de piel clara.

El genoma del neanderthal será una herramienta muy valiosa para escudriñar nuestro pasado; no obstante, no lo va a aclarar todo. Muchos aspectos de esta especie seguirán sin desvelarse. Aunque podamos acceder a su información genética, será imposible correlacionar cambios en los genes con características morfológicas o de conducta, cosa que sí puede hacerse con las especies vivientes.

Nuestros primos seguirán envueltos en la niebla

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Retratos de familia

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Koobi Fora, Kenia 1.750.000 años antes del presente.

Este Homo habilis lleva varios días sin comer. Los leones han abatido una presa y el olor de la carne resulta irresistible. No obstante, sabe bien lo que le pasa a los que molestan a los leones. También sabe que se irán tarde o temprano. Tal vez le de tiempo a llegar antes que las hienas…

Retrato: The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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Cova Negra, Xátiva, Valencia. 30.000 años antes del presente

Este hombre de neanderthal escruta ansiosamente los alrededores de su cueva, para asegurarse que nadie le ha seguido hasta aquí. La caza había sido buena. Abatieron a un uro joven no lejos del río. Pero cuando estaban empezando a descuartizarlo aparecieron esos extraños seres de caras largas, arrojando sus azagayas que se mueven a la velocidad del rayo. Dos hombres cayeron; los demás lograron huir esta vez. Pero, ¿hasta cuando lo conseguirán?

Retrato: The Last Humans. G.J.Sawyer and V. Deak. 2007. Yale University Press.

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