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Las superbacterias te matarán (probablemente)

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Hace ya tiempo contaba en este mismo blog la triste historia de Albert Alexander, un policía inglés que murió a consecuencia de un accidente de jardinería: se pinchó con una rosa. Suena un poco raro ¿no? En general, no pensamos que la jardinería sea una actividad de alto riesgo. Bueno, esto ocurrió  en el año 1941, justo antes de la Era de los Antibióticos. La trágica muerte de Albert contribuyó precisamente al desarrollo de la penicilina, ya que Florey y Chain (los verdaderos descubridores de la misma) utilizaron todas sus existencias para tratar la septicemia de Albert, el cual mejoró notablemente al principio, y luego empeoró rápidamente al cesar el tratamiento. Un resultado perfecto para la Ciencia aunque trágico para Albert, ya que hizo que se redoblasen los esfuerzos en el proceso de obtención del antibiótico.

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El problema es que en el mismo momento que empezaron a utilizarse los antibióticos se inició un proceso de selección natural que favore a las bacterias resistentes. El propio Fleming advirtió de este proceso, que por otra parte es “inescapable”. La Evolución actuando delante de nuestras narices. Parte del problema está en que la llegada de superbacterias resistentes a los antibióticos es un proceso insidioso, que está entrando de forma callada, sin provocar muchas muertes de golpe (de hecho está provocando muchas muertes pero de una en una y en muchas partes del mundo). No es una pandemia que se presenta de repente, como la gripe aviar o el zika. En un goteo. Así es difícil estar en los titulares y en las agendas de los políticos. Pero el problema es muy grave y es altamente probable que acabe afectando a todo el mundo. A usted, también.

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Algunos datos. El número de muertes por sepsis bacteriana en USA ha aumentado un 35% en los últimos 8 años. La lista de villanos es amplia: Staphiloccocus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumanni y Pseudomonas aeruginosa ya campan por sus respetos por los hospitales de todo el mundo. Clostridium difficile y diversas enterobacterias acechan en los productos alimenticios.La gonorrea, una enfermedad de transmisión sexual considerada hasta hace poco como relativamente leve, resulta cada vez más difícil de controlar. La tuberculosis ha vuelto a ser un problema de salud pública de primera magnitud (incluso en países ricos) y cada vez es más resistente a los fármacos que solían ser eficaces. La lista es larga. Ya están aquí.

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¿Quiénes serán los más afectados? Aquellos cuyo sistema inmunológico no funcione al 100%, niños, ancianos y enfermos con inmunodepresión. Está claro que las superbacterias se cebarán en las residencias de tercera edad y también -trágicamente- en las guarderías infantiles. La muerte de un ser querido siempre es un asunto serio; pero es evidente que morir a los 80 es menos trágico que hacerlo a los 8. Para los padres modernos, acostumbrados a que sus hijos sobrevivan prácticamente en el 100% de los casos, la vuelta a una mortalidad infantil elevada será sencillamente inimaginable. Por otra parte, muchos de los procedimientos hoy considerados rutinarios en medicina pasarían a ser de alto o riesgo o simplemente tendrán que descartarse. Estoy pensando en una implantación de una prótesis de cadera o en un simple transplante de riñón ¿Se imagina un mundo sin cirugía?

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¿Qué podemos hacer? No podemos evitar la evolución de las bacterias, pero sí podemos retrasar el proceso. Para empezar, usando los antibióticos en pacientes humanos de forma responsable, es decir, no utilizándolos si no es estrictamente necesario y, una vez iniciado un tratamiento, siguiéndolo meticulosamente hasta el final. España ha sido uno de los países líderes en irresponsabilidad; los antibióticos se conseguían sin receta médica hasta hace poco y el control de la dosis sigue siendo muy pobre. En otros países, sólo es posible conseguir la dosis exacta que haya prescrito un médico preparada por el farmaceútico de forma personalizada. Otro problema relacionado es que, al parecer, existe una curiosa des-información sobre cómo funciona la resistencia a antibióticos. Según un estudio reciente, mucha gente piensa que la resistencia se genera en las personas no en las bacterias. Es decir, si yo abuso de los antibióticos éstos dejarán de hacer efecto en mi organismo. Evidentemente esta idea es totalmente errónea, pero incita a las personas a abandonar el tratamiento en cuanto se ha producido una mejora, en la creencia errónea de que así no dejarán de funcionar.

Otro importante campo de batalla en la lucha contra la resistencia a antibióticos está en costumbre del sector ganadero de emplearlos de forma masiva para estimular el crecimiento y evitar la proliferación de bacterias en las condiciones de hacinamiento típicas de la producción animal. Estas prácticas han sido denunciadas repetidas veces por la comunidad científica (unánime en este asunto). Es evidente que la producción de carne debe adaptarse a la no-utilización de antibióticos, admitiendo que esto puede incrementar los costes. En la Unión Europea se han hecho importantes avances en la legislación en este sentido, pero el problema es global.

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Algunos problemas son de índole económico. Es posible que las compañías farmaceúticas tengan pocos incentivos para desarrollar nuevos antibióticos. Deben ser los Estados, por tanto, los que intervengan. Sería particularmente importante que las intstituciones públicas desarrollasen nuevos antibióticos y no los pusieran inmediatamente en uso, reservándolos como “última línea” de defensa; y es evidente que no puede esperarse que las compañías privadas lleven a cabo una acción como esta.

Y por supuesto, hace falta mucha más investigación en este campo. Los avances en genómica podrían permitit a los médicos saber rápidamente las características del agente infeccioso al que se enfrenta, permitiendo una toma de decisiones mucho más inteligente sobre qué tipo de antibiótico se debe recetar (si es que se debe recetar). Aunque cada vez resulta más difícil encontrar nuevas sustancias antibióticas, esto no es descartable. Ni es descartable que se encuentren nuevas estrategias para combatir las infecciones. Políticos: hace falta dinero para esto.

Mi última reflexión es que a pesar de los posibles avances de la Biología, es probable que la Época de los Antibióticos esté a punto de acabarse y en un futuro próximo nuestra relación con las enfermedades bacterianas será mucho más problemática ¿Se acabó la fiesta?

 

 

 

 

 

 

 

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Desastre en Lascaux

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Constituyen una de las primeras obras de Arte (con mayúscula) conocidas, han sobrevivido más de 16.000 años y están a punto de perderse definitivamente. Se trata de las super-famosas pinturas rupestres de Lascaux (Francia).

Los culpables directos son diversos microorganismos que habitan (hoy día) en la cueva y que proceden en su mayor parte de los fluidos corporales de los visitantes. La responsabilidad civil de esta situación corresponde a los conservadores de la cueva, según un artículo reciente publicado en la revista Naturwissenshaften (premio si lo pronuncia bien a la primera) El resumen aquí

Según los autores, el “manejo” de la cueva ha sido un catálogo de despropósitos. Las bacterias empezarona llegar en los años 40, con las miriadas de visitantes que entraban a diario. El empleo de aire acondicionado y las nuevas condiciones de iluminación modificaron la mricrobiota de la cueva de forma radical, según Cesareo-Saiz Jiménez del Instituto Nacional de Agrobiología y Recursos Naturales de Sevilla, y responsable del trabajo.

En 2001 hizo su aparición un hongo Fusarium solani, famoso por ser una importante plaga del cultivo de patatas. Entre 2001 y 2004 se aplicó fungicida “a carros” para combatir el hongo, lo que no hizo sino empeorar las cosas. Los científicos están ahora estudiando la posibilidad de emplear agua oxigenada para eliminar la materia orgánica de la que se alimentan hongos y bacterias.

¿La solución más práctica? Cerrar la cueva al públic0 y hacer una réplica exacta en una cueva cercana.

Sí, ya sé. No es lo mismo.

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Chocolate en peligro

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En los últimos tiempos, parece que las catástrofes se ciernen sobre nosotros. El cambio climático expandirá los desiertos e inundará las zonas bajas; la gripe A y luego la gripe aviar causarán millones de muertos; y la crisis económica… ¡Uf! La crisis económica.

En este blog no nos tomamos estas cosas en broma ni tampoco en serio. El objetivo es tratar de evaluar la mejor evidencia científica disponible, con independencia de que los medios de comunicación sean más o menos alarmistas o tengan intereses de algún tipo. Por supuesto, este objetivo es sumamente difícil de cumplir con nuestros pobres medios materiales (esencialmente un ordenador portátil y acceso a algunas revistas científicas). Pero merece la pena intentarlo.

Lo malo es que el tema de hoy se refiere a una amenaza muy real y de consecuencias verdaderamente graves para muchos humanos; se trata  del virus CSSV. Este patógeno puede hacer algo mucho peor que barrernos de la faz de la tierra: puede dejarnos sin chocolate.

El así llamado “cacao swollen shoot virus” infecta los árboles de cacao y está haciendo estragos en los principales países productores. Por ejemplo, en Costa de Marfil, se estima que un tercio de la cosecha se perderá esta año. Y como a perro viejo todo son pulgas, un hongo (Crinipellis perniciosa) está haciendo lo propio en las plantaciones de Brasil.

En el caso de la enfermedad africana, es muy posible que el modo de producción haya contribuído al problema. Originalmente, los árboles de cacao se plantaban junto a otros árboles que proporcionaban algo de sombra, lo que resulta beneficioso para el cultivo. Al parecer, este sistema también proporcionaba protección frente a otras amenazas. En los últimos años, la intensificación del cultivo ha llevado a plantar cacao en “monocultivo” y es muy posible que en las nuevas circuntancias los insectos que transmiten el virus tengan mejor acceso a los árboles del cacao.

Podría decirse que la “avaricia rompe el saco”, pero hay que reconocer que que la mayoría de los productores de cacao son agricultores pobres, los cuales reciben típicamente una parte muy pequeña del precio de venta final. De lo que no hay duda es de que tienen un problema.

Algunos laboratorios se han puesto en marcha para estudiarlo. El genoma del virus se ha secuenciado y el genoma del propio cacao están en proceso. Seguramente se encontrarán genes de resistencia y alguna manera de utilizarlos en campo. Entretanto, tal vez sería una buena idea volver a cultivar el cacao junto con “árboles protectores”.

Por último, si es usted adicto al chocolate quizá debería pensar en hacerse con una pequeña reserva para el año próximo.

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Elogio de la roña

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Reconozco que soy un tipo un tanto guarro para los estándares modernos. Entiéndanme, suelo ducharme todos los días, pero podría pasar sin ello sin demasiado sufrimiento. Tampoco soy excesivamente escrupuloso en cosas tales como beber a morro y compartir la botellas con otros humanos (algo inevitable, por otra parte, si sales al campo). Y creo que para hacer (casi) cualquier cosa uno tiene que mancharse las manos.

Estas costumbres no concuerdan bien con los tiempos que vivimos, donde parece que se ha declarado una guerra sin cuartel a la suciedad de todo tipo. Tenga cuidado, señora, las bacterias acechan en su cocina, en el cuarto de baño, en el jardín, en la calle, en los pomos de las puertas, en la ropa…

Aparentemente, nos hemos creído el mensaje y lo estamos aplicando con inusitada eficacia. El otro día mientras hacía la compra en el súper, encontré un producto (Amukina, se llama) para lavar las verduras y eliminar todo tipo de gérmenes. El producto en cuestión era bastante caro, a pesar de que se trata de una solución diluída  de hipoclorito sódico (lejía), que cualquiera puede preparar en su caso por un precio 100 veces menor.

Pero el problema no es el precio de la amukina, sino la obsesión malsana que tenemos con la limpieza. Créanme, acabar con las bacterias no sólo es imposible sino que intentarlo es contraproducente. La falta de suciedad puede perjudicar su salud y la de los demás. Y esto no lo digo sólo porque sea un guarro, sino porque además existen razones muy sólidas que lo apoyan. Veamos dos.

1) El exceso de limpieza puede provocar enfermedades alérgicas. Las alergias han aumentado mucho en los últimos años y la hipótesis más aceptada para explicar este hecho se basa justamente en que nuestros sistemas inmunológicos no están los suficientemente estimulados (por vivir en un ambiente demasiado limpio) y acaban “sobre-reaccionando” frente a proteínas inofensivas, como las que tiene el polen de gramíneas o los ácaros del polvo.

2) El uso excesivo de  desinfectantes domésticos puede estar contribuyendo a la generación de bacterias resistentes a desinfectantes. Cada año tiramos por la pila toneladas de productos desinfectantes domésticos, particularmente compuestos cuaternarios de amonio. Buena parte de estos productos, aunque muy diluídos, acaba en los suelos agrícolas. Justamente ahí está el problema; las concentraciones bajas proporcionan el ambiente óptimo para favorecer la selección de bacterias resistentes a los mismos, las cuales (lógicamente) se multiplican más rápido que los genotipos sensibles. Una vez generada la resistencia, los genes que la provocan pueden pasar de una especie bacteriana a otra, incluyendo a aquellas con son patógenas de humanos. El salto de los suelos agrícolas a la cadena alimentaria no es demasiado difícil.

Las bacterias no son seres primitivos, como solemos pensar, sino seres altamente evolucionados después de miles de millones de años de pelear  contra condiciones adversas y de competir ferozmente con sus congéneres. Por otra parte, la inmensa mayoría de las bacterias no nos causa ningún daño. Tiene sentido que evitemos el contacto con las bacterias peligrosas, pero tratar de evitar el contacto con todas las bacterias es totalmente insensato.

Gaze WH. 2008. Is pollution driving antibiotic resistance? Planet Earth (quarterly magazine of the Natural Environment Research Council), Winter 2008, p14-15.

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Bacteria feminista contra mosquito transmisor

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Supongo que todos odiamos a los mosquitos, no sólo por las molestas picaduras sino también por su “aterrador” zumbido en las noches de verano. Sin embargo, para los habitantes de los países mediterráneos, estos animales son solamente una molestia.  Una situación muy distinta de la de numerosas países más cálidos, donde los mosquitos, además de picar, transmiten enfermedades como la malaria o el dengue.

Por tanto, la lucha contra estos insectos es algo bastante serio. Recordemos que la malaria es una de las enfermedades infecciosas más importantes a nivel planetario. En el pasado, las campañas de erradicación se basaban en uso masivo de insecticidas; un método que aunque pueda ser localmente eficaz tiene considerables inconvenientes para el medio ambiente.

Otras estrategias han sido consideradas -aunque ninguna se ha llevado a la práctica- tales como el suelta masiva de mosquitos transgénicos que no pueden ser portadores de malaria. En un artículo aparecido este mes en la revista Science, describen otro sistema que puede resultar muy prometedor.

El método se basa en una curiosa bacteria del género Wolbachia, que infecta  numerosas especies de artrópodos. Wolbachia es un endoparásito, esto es, habita normalmente en el interior de las células del insecto y se transmite exclusivamente por vía materna, como la mitocondrias. No es extraño que esta bacteria haya desarrollado diversos mecanismos para distorsionar el ratio entre machos y hembras, de manera que éstas últimas estén super-representadas en la población, lo que favorece enormemente la dispersión de la bacteria. Uno de estos mecanismos  es la incompatibilidad citoplásmica, en la cual las hembras no-infectadas que se aparean con machos infectados no producen descendencia. En otros casos se produce el aborto selectivo de los embriones machos. Si añadimos la circunstancia de que la infección bacteriana no produce efectos graves en el insecto, tenemos al perfecto patógeno feminista: mantiene en mínimos el número de macho sin causar demasiado daño a las hembras.

La pena es que Wolbachia no es un patógeno natural de los mosquitos que transmiten la malaria o el dengue en humanos. La buena noticia es que las infecciones artificiales que se han realizado en laboratorio parecen funcionar bastante bien, lo que abre la posibilidad de emplear esta estrategia en la lucha contra las mencionadas enfermedades.

Bien. Supongamos que podemos introducir Wolbachia en el mosquito ¿qué hacemos ahora? La idea de los investigadores es bastante sutil. En vez de tratar de matar al hospedador, el objetivo ha sido buscar una cepa de la bacteria que acorta la vida del mosquito, porque este factor el clave para la transmisión de las enfermedades en humanos. Se necesita un tiempo relativamente largo para que el virus (dengue) o el Plasmodium se desarrollen dentro del insecto, lo que significa que sólo los mosquitos de “avanzada edad” (unas dos semanas aproximadamente) son potencialmente infectivos.

En resumen, la infección de Wolbachia podría extenderse en las poblaciones de mosquito gracias a la incompatbilidad citoplásmica y esto no acabaría con los insectos; pero al acortar su periodo de vida serían incapaces de trasmitir las enfermedades. De modo que esta estrategia no libraría a los humanos de las molestas picaduras ni del aterrador zumbido, sino solamente de las consecuencias realmente graves: malaria y dengue Por otro lado, las poblaciones de mosquitos no desaparecerían, para regocijo de aves insectívoras, murciélagos y otros seres vivientes.

No puede descartarse que este método genere presiones selectivas en los patógenos para desarrollarse en un tiempo menor. Pero se ha señalado que dichas presiones ya deben existir en las actualidad, por lo que los patógenos de desarrollo precoz deben tener también menor fitness. De modo que si los patógenos lograran saltarse esta barrera, al menos serían (probablemente) menor virulentos.

Supongo que los puristas se opondrán a que se utilice un método de este tipo, invocando la posibilidad de efectos imprevistos. Por otro lado, muchas personas mueren todos los años (en países pobres) por causa de estas enfermedades (de forma absolutamente previsible). Tampoco puede garantizarse que vaya a funcionar. La cosa es: ¿debe intentarse?

El trabajo aquí

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