Archivo de la categoría: Medio Ambiente

El bosque ignorado

acacia_fumosa

No es que los árboles no les dejasen ver el bosque, es que no vieron ni el bosque ni los árboles. La especie de la foto corresponde a un árbol de hasta 6 metros de alto y que acaba de ser descubierto por los botánicos, que lo han denominado Acacia fumosa.

La descripción de una nueva especie no es en sí mismo algo especialmente raro. Todos los años se descubren una 10.000, de las cuales más de 2.000 suelen ser plantas con flor. Sólo en África se describe una nueva planta (como promedio) cada día ¿Por qué tanto alboroto por la Acacia fumosa? Lo normal es que las nuevas especies sean poco abundantes y su hábitat esté restringido a unos pocos lugares (cuya localización se suele mantener secreta). Sin embargo, este árbol cubre una superficie nada menos que  de unos 8.000 Km cuadrados, equivalente a toda la Comunidad de Madrid.

¿Cómo es posible que a los botánicos se les pasara por alto una cosa así? Hay que decir, en su descargo, que esta especie habita en la región etíope de Ogaden; una zona árida, pobre y poco poblada. Además, la guerrilla independentista (Frente Nacional de Liberación de Ogaden) lleva varios años activa en la zona y viajar por ella se ha convertido en algo bastante peligroso.

Naturalmente, este árbol no era desconocido para los escasos habitantes de Ogadén, pero ni siquiera tiene un nombre vernáculo, ni parece que tenga tampoco ningún aprovechamiento particular. No obstante, siendo el árbol dominante en una zona árida, no cabe duda de que esta especie tiene una enorme importancia ecológica. A falta de otra utilidad para los humanos, sus flores de color rosa deben dar un aspecto imponente al paisaje durante algunas semanas.

Aunque  la descripción de esta especie se hizo en 2008, la noticia ha saltado a los “medios” después de que apareciera un artículo en Science (aquí)

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La rebelión de los objetos

dormitorio

“Son las siete de la mañana. Es horra de levantarrse. Tienes que ir a trabajarr…”

Le tiro la almohada al despertador, pero sigue hablando desde el suelo, con su desagradable voz metálica y su acento alemán.

“¿Acaso carreces por completo de prrincipios morales?”

Acabo dándome por vencido y me dispongo a ducharme.

“Buenos Días, mi señor; No hay nada como el agua caliente para empezar el día”

En cambio, la ducha tiene la buena costumbre de hacerme la pelota. Le pido 10 minutos de sauna, seguidas de agua fría y masaje.

Evito cuidadosamente a la báscula porque sé que me va a echar otra bronca.

Cuando entro en la cocina me recibe una algarabía de sonidos. La cafetera está echando humo en anticipación y el tostador no puede parar de dar chispazos de emoción.

“¡Café calentito!” “¡Tostadas!”

Las dos sillas comienzas su habitual pelea para ver en cuál de las dos me siento.

“¡Me toca a mi!” “¡No, a mí!”

“Creí que ya habíamos zanjado esta cuestión: los días pares a la derecha ¿qué día es hoy?”

“¡Ventiuno!” “¡Ventidós!”

El reloj de la pared indica que estamos a 22 de abril, pero ¡horror! ya son las nueve menos cuarto. Un segundo después aparece la hora correcta -siete y media- junto con otro mensaje: Ja ja ja.

Cuando acabo el desayuno, la nevera me informa que los contramuslos de pollo llevan 3 días y deberían ser cocinados con carácter urgente. Al mismo tiempo, la lavadora y la secadora han empezado un dúo “Colada, colada, no la dejes para mañana… no la dejes para mañana”.

Algunas veces pienso que las cosas  han ido demasiado lejos, pero qué puedo hacer. Les he cogido cariño a mis electrodomésticos.

Material awarenes in everday life. J.Pierce (2009).

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Elogio de la roña

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Reconozco que soy un tipo un tanto guarro para los estándares modernos. Entiéndanme, suelo ducharme todos los días, pero podría pasar sin ello sin demasiado sufrimiento. Tampoco soy excesivamente escrupuloso en cosas tales como beber a morro y compartir la botellas con otros humanos (algo inevitable, por otra parte, si sales al campo). Y creo que para hacer (casi) cualquier cosa uno tiene que mancharse las manos.

Estas costumbres no concuerdan bien con los tiempos que vivimos, donde parece que se ha declarado una guerra sin cuartel a la suciedad de todo tipo. Tenga cuidado, señora, las bacterias acechan en su cocina, en el cuarto de baño, en el jardín, en la calle, en los pomos de las puertas, en la ropa…

Aparentemente, nos hemos creído el mensaje y lo estamos aplicando con inusitada eficacia. El otro día mientras hacía la compra en el súper, encontré un producto (Amukina, se llama) para lavar las verduras y eliminar todo tipo de gérmenes. El producto en cuestión era bastante caro, a pesar de que se trata de una solución diluída  de hipoclorito sódico (lejía), que cualquiera puede preparar en su caso por un precio 100 veces menor.

Pero el problema no es el precio de la amukina, sino la obsesión malsana que tenemos con la limpieza. Créanme, acabar con las bacterias no sólo es imposible sino que intentarlo es contraproducente. La falta de suciedad puede perjudicar su salud y la de los demás. Y esto no lo digo sólo porque sea un guarro, sino porque además existen razones muy sólidas que lo apoyan. Veamos dos.

1) El exceso de limpieza puede provocar enfermedades alérgicas. Las alergias han aumentado mucho en los últimos años y la hipótesis más aceptada para explicar este hecho se basa justamente en que nuestros sistemas inmunológicos no están los suficientemente estimulados (por vivir en un ambiente demasiado limpio) y acaban “sobre-reaccionando” frente a proteínas inofensivas, como las que tiene el polen de gramíneas o los ácaros del polvo.

2) El uso excesivo de  desinfectantes domésticos puede estar contribuyendo a la generación de bacterias resistentes a desinfectantes. Cada año tiramos por la pila toneladas de productos desinfectantes domésticos, particularmente compuestos cuaternarios de amonio. Buena parte de estos productos, aunque muy diluídos, acaba en los suelos agrícolas. Justamente ahí está el problema; las concentraciones bajas proporcionan el ambiente óptimo para favorecer la selección de bacterias resistentes a los mismos, las cuales (lógicamente) se multiplican más rápido que los genotipos sensibles. Una vez generada la resistencia, los genes que la provocan pueden pasar de una especie bacteriana a otra, incluyendo a aquellas con son patógenas de humanos. El salto de los suelos agrícolas a la cadena alimentaria no es demasiado difícil.

Las bacterias no son seres primitivos, como solemos pensar, sino seres altamente evolucionados después de miles de millones de años de pelear  contra condiciones adversas y de competir ferozmente con sus congéneres. Por otra parte, la inmensa mayoría de las bacterias no nos causa ningún daño. Tiene sentido que evitemos el contacto con las bacterias peligrosas, pero tratar de evitar el contacto con todas las bacterias es totalmente insensato.

Gaze WH. 2008. Is pollution driving antibiotic resistance? Planet Earth (quarterly magazine of the Natural Environment Research Council), Winter 2008, p14-15.

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Cambio climático: de mal en peor


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El pasado mes de marzo tuvo lugar el Congreso Mundial sobre Cambio Climático, en el que se reunieron unos 2000 científicos de todo el mundo. El mensaje que nos envían los participantes es muy claro: malas noticias. Los datos muestran sin ningún tipo de ambigüedad que el calentamiento está aquí y que las peores predicciones del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) puede que se hayan quedado cortas. En Junio se publicará el libro de resúmenes del Congreso y tendremos más detalles, pero para que vayamos digiriendo la cosa, las malas noticias pueden resumirse así:

1) La predicción hecha en 2006 de un aumento de temperatura de 2C para el 2100 es casi con seguridad errónea. Parece probable que el aumento sea de 4C, tal vez 6.

2) El hielo de los polos (particularmente el Ártico) está fundiéndose más rápido de lo previsto, lo que significa un aumento correspondiente en el nivel medio de los océanos. El verdadero problema es que este proceso de fusión provoca cambios que, a su vez, incrementan la velocidad de fusión. En primer lugar, al desaparecer el hielo la superficie del planeta absorbe mucho más calor (el hielo refleja el 90% de la luz solar). Además, una vez que comienza el deshielo, la entrada de agua por las grietas que se forman contribuye a que la se funda más deprisa.

3) Otro círculo vicioso como el descrito parece estar en marcha en el Ártico. El permafrost, suelo helado permanentemente, está dejando de estarlo; al descongelarse, el suelo libera grandes cantidades de carbono a la atmósfera. Más CO2, más calentamiento, más deshielo del permafrost…

¿Las consecuencias? Olvídense de los osos polares. Con una subida de 4C los problemas van a afectar a todo el planeta. Cientos de millones de personas verán cómo sus hogares peligran por la subida del nivel del mar, el rendimiento de las cosechas puede disminuir un 15-35% y la disponibilidad de agua en el Sur de África y el Mediterráneo puede verse afectada. Según los expertos, un aumento de 5-6 C provocaría una catástrofe mundial, con hambrunas y cientos de millones de desplazados. Nunca hemos experimentado una cosa así.

La pregunta del millón ¿si las cosas están tan claras (negacionistas aparte), por qué no se hace algo? La respuesta es que seguramente no basta con reciclar los tetrabriks y echarle bio-diesel al coche; para llegar a una situación de sostenibilidad tendríamos que cambiar radicalmente nuestro modo de vida, la estructura de las ciudades, la forma de producción y de transporte. Y además tendríamos que hacerlo de forma coordinada todos los habitante del planeta (o al menos la mayoría) ¿Cómo podríamos llegar a un acuerdo con la tremenda desigualdad actual?

Un estadounidense medio produce emisiones de CO2 unas 200 veces mayores que un habitante Chad (las emisiones per capita de los diferentes países pueden consultarse aquí) ¿Quién le va a decir a los africanos, a los chinos, a los hindúes que no pueden industrializarse para proteger el clima? No creo que sea fácil convencerlos (con toda la razón).

Aunque hubiese voluntad política para arreglar las cosas, seguiría siendo bastante difícil. Haría falta una hoja de ruta global que fuera lo suficientemente “justa” para recibir el apoyo de la mayoría de los países y lo suficientemente “radical” para que pudiera funcionar. En mi opinión, esto es bastante improbable.

¿Se acabó la fiesta?

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El incidente Carrington

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En una soleada mañana, a finales del verano de 1859, el astrónomo Richard Carrington se encontraba estudiando unas manchas solares, en su (bien equipado) observatorio privado. En ese momento, según su propio relato, sucedió un hecho sin precedentes: las manchas solares se convirtieron en una inmensa bola de fuego que sobresalía en la superficie del Sol. El astrónomo, consciente de que estaba asistiendo a un suceso realmente notable, corrió a buscar a un testigo. Por desgracia, cuando regresó al observatorio la mancha incandescente casi había desaparecido. Unos minutos después, un torbellino de plasma chocaba contra el campo magnético de la Tierra, lo que provocaría en los días sucesivos auroras boreales, que pudieron observarse en latitudes nunca vistas.

En España, el diario El Clamor Público comentaba este hecho en su edición del 6 de septiembre (puede consultarse online  aquí). Las auroras boreales eran tan intensas que se podía leer un libro de letra pequeña en plena noche. El temporal magnético duró unos cuantos días y cesó tan misteriosamente como había comenzado. En general, los efectos no fueron demasiado adversos excepto en un importante detalle: las líneas de telégrafo quedaron inutilizadas durante varios días.

¿Qué ocurriría si se repitiese este fenómeno hoy día? Según un estudio de la NASA, los efectos serían devastadores ya que, paradójicamente, el mundo que habitamos es muchísimo más sensible a este tipo de perturbaciones magnéticas. Tratemos de imaginarlo.

La cosa empezaría posiblemente un día de primavera o de otoño, digamos, cerca del anochecer. Las luces de las auroras boreales (o australes) nos dejarían maravillados y saldríamos a la calle a contemplarlas. De repente –ping- se va la luz. Improvisamos una cena a la luz de las velas, todavía encandilados con la belleza del meteoro.

A la mañana siguiente, el suministro eléctrico no se ha restablecido. Hay pocas noticias. La tele no funciona y la radio (de pilas) hace unos ruidos extraños. Por inercia nos empeñamos en ir a trabajar, lo que no resulta ser una buena idea: los semáforos están apagados y hay un atasco de narices. De todas maneras, sin luz, ni teléfono ni ordenadores, tampoco hay gran cosa que hacer.

Regresamos a nuestra casa (atasco de nuevo) y la situación empieza a resultar irritante. Los alimentos de la nevera y el congelador están empezando a estropearse. Y seguimos sin noticias. Las auroras boreales siguen ahí, pero ya no nos parecen tan bonitas. Se ven algunas columnas de humo negro en el horizonte; corren de rumores de que varios aviones se estrellaron la noche pasada. Nos las arreglamos para preparar la comida utilizando un aparato de camping-gas.

Al día siguiente, los nervios están a flor de piel. Para colmo de males, tampoco hay agua. Sin electricidad, las estaciones de bombeo no funcionan y cuando se acaban los depósitos locales no pueden rellenarse. No podemos ducharnos, ni lavar la ropa y…¿qué vamos a beber? Decidimos ir al centro de la ciudad a ver si nos enteramos de algo, pero el depósito del coche está casi vacío. Al llegar a la gasolinera nos llevamos otro disgusto: se les ha acabado el combustible y tampoco llegan los camiones cisterna.
¿Qué está pasando?

Para empezar, las partículas procedentes del Sol han inhabilitado temporalmente la radio y el GPS, provocando bastantes accidentes aéreos. Pero este no es –ni por asomo- lo más grave. La variación brusca del campo magnético de la Tierra tiene un curioso efecto: toda la red eléctrica se ha convertido en un gigantesco generador, lo que a su vez ha provocado la fusión del núcleo de los trasformadores. Esta avería es imposible de reparar, hay que cambiar el transformador. Pero aquí viene el verdadero problema: se ha fundido la mayoría de los trasformadores del planeta y sólo hay un pequeño número en reserva. Habrá que construir transformadores nuevos. Y aquí viene el segundo problema: es muy difícil hacer esto si no hay corriente eléctrica en ningún sitio. La luz no va a volver en bastante tiempo.

Cierto, los hospitales y algunos edificios importantes disponen de generadores eléctricos y pueden seguir operando (bajo mínimo) durante unas 72 horas. Pasado este tiempo ¡adiós medicina moderna! Tampoco es posible mantener el suministro de alimentos o medicinas en las grandes ciudades. Las personas dependientes de medicamentos (p.e. insulina) serán los primeros en tener un verdadero problema. Al cabo de tres días una marea individuos asustados y confundidos sale de las ciudades como una mancha de aceite en busca de bebida y comida.

Bien, el relato es clavado a una película de ciencia-ficción, pero ¿hasta qué punto se trata de un peligro real? Según el informe de la NASA, una tormenta magnética comparable al incidente Carrington tendría consecuencias terribles, dado que nos hemos vuelto muy, muy dependientes de algunas tecnologías, como la red eléctrica, la radio o el GPS. Paradójicamente, los efectos serían mucho peores en países desarrollados situados en latitudes altas y comparativamente leves en sitios como Sudán o Nueva Guinea.

Es cierto que no estamos preparados para un hecho así ¿Y cómo íbamos a estarlo? Es muy difícil que los gobiernos o las empresas estén dispuestos a gastar fuertes sumas para prevenir una catástrofe que no ha ocurrido jamás y que probablemente no ocurra en los próximos años. La buena noticia es que algunos estudios sugieren que fenómenos de la magnitud del Carrington suceden una vez cada 500 años, aunque esta estadística es muy poco fiable. Pero no se preocupen. Ni este año, ni el que viene está previsto que haya una gran actividad solar.

El próximo año con actividad solar intensa será el 2012.

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Sembrando la mar

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IOF, Iron Ocean Fertilization. La idea es –en principio- sencilla. Se sabe que la disponibilidad de hierro es uno de los principales factores que limitan el crecimiento del plancton marino. Ergo, si pudiéramos aumentar la concentración de este elemento, el crecimiento resultante de estos microorganismos retiraría CO2 de la atmósfera. El CO2 fijado de esta forma no es devuelto enteramente al ciclo del carbono; una parte (entre el 20 y el 30%) se hunde en el mar a profundidades lo bastante grandes como para que lo pueda ser reutilizado por otros seres vivos. Este CO2 se deposita en el fondo donde queda efectivamente “secuestrado” a efectos de cambio climático. C.q.d.

Como pueden imaginarse, la idea no es tan sencilla y parece que la polémica está servida. Y aunque aun es pronto para decirlo, los contedientes parecen ser científicos, por un lado y ecologistas por otro. Hay que decir que ambos “colectivos” se han mostrado de acuerdo en algunas cuestiones y no en otras (aunque en el caso de los científicos no existe algo parecido a un portavoz oficial). Por ejemplo, la mayoría de los científicos piensa que el cambio climático constituye un problema serio, que las capturas de pesca son generalmente excesivas, y que no es una buena idea utilizar antibióticos en las granjas ganaderas. En cambio, existe un razonable consenso respecto a la no-peligrosidad de las plantas genéticamente modificadas y la relativa seguridad de las centrales nucleares modernas.

Los datos presentados un artículo publicado la semana pasada en Nature, realizado por investigadores de 11 Instituciones diferentes, se basan en un caso de fertilización natural en las islas Crozet (Suráfrica), donde un volcán proporciona hierro a las aguas circundantes en la parte Sur pero no en la Norte. Según los científicos, la diferencia de magnitud en el proceso de secuestro de carbono es lo bastante grande como para pensar que el método podría tener un impacto considerable sobre el nivel mundial de CO2 si se implementara a gran escala.

Los críticos argumentan que existen demasiadas incertidumbres al respecto como para que el riesgo sea aceptable. Para los ecologistas, el principio de precaución exige no continuar en esa dirección, hasta el punto de proponer una moratoria que impida los experimentos de fertilización a pequeña escala, los cuales permitirían obtener información sobre la efectividad y las posibles consecuencias del método. Irónicamente, el volcán de las islas Crozet añade hierro en cantidades muy superiores a las propuestas por los experimentadores, sin que se le pueda achacar ningún perjuicio en el ecosistema antártico.

Personalmente, creo que es demasiado pronto para tomar una postura sobre este asunto, por lo que sería partidario de continuar con la experimentación a pequeña escala. El problema es que “experimentos” como este los estamos haciendo inintencionadamente todos los días a escala mucho mayor. Nunca en la historia del planeta se han utilizado tantos combustibles fósiles, ni ha habido más de 6.000 millones de habitantes, ni tantos aviones por la estratosfera, etc.. Para mí es evidente que vivimos en un mundo no-sostenible, pero el verdadero reto consiste en encontrar formas de salir de esta situación sin volver a la Alta Edad Media.

Nuestro mundo es un autobús cuesta abajo y sin frenos, pero saltar en marcha no en una opción.

El trabajo aquí

Informe de Greenpeace iron_fertilisation_critique

Respuesta al informe de Greenpeace: climos_response_to_greenpeace_oif_may2008_final


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Especie extinguida y resucitada (por unos segundos)

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Se llamaba Celia. En enero de 2000 un árbol se desplomó accidentalmente sobre ella aplastándole el cráneo. La noticia recorrió los telediarios. Con Celia desaparecía el último bucardo del Pirineo (Capra pyrenaica pyrenaica). Todas las personas de buen corazón sacamos el pañuelo y derramamos unas lagrimitas ese día.

Sin embargo, no estaba todo perdido. Científicos del CITA (Centro de Investigación y Tecnología Agraria) de Aragón habían tomado muestras de tejido (de la propia Celia) y las habían conservado congeladas. A partir de estas células, los investigadores pudieron recrear un embrión de bucardo (o algo parecido) empleando una técnica similar a la utilizada en el caso de la famosa Dolly. En esencia, se combina una célula enucleada de cabra doméstica a la cual se le inserta el núcleo de una célula de bucardo. Así obtuvieron unos 1000 embriones, de los cuales 30 fueron implantados en cinco cabras. Un embrión logró llegar a término y nació.

Desgraciadamente, el animal sólo sobrevivió unos pocos segundos, debido a que sus pulmones no estaban bien desarrollados, al parecer, un problema frecuente en los intentos de clonar animales. Con todo, los investigadores del equipo lo consideran un éxito –si bien parcial. Hay esperanzas de que en los próximos intentos logren animales viables.

Probablemente algunas personas estarán en contra de este tipo de iniciativas, por aquello de que la clonación de cualquier ser vivo siempre desata polémicas. A mi personalmente no produce ningún problema, al menos este caso. El bucardo del Pirineo se extinguió por razones absolutamente artificiales: exceso de caza. Las medidas de protección empezaron a tomarse mucho más tarde de lo que era elemental hacer (hacia 1973 cuando la población ya estaba muy mermada). Me parece razonable emplear métodos artificiales para enmendar el entuerto.

Sin embargo, no estoy seguro de que la repoblación con los (posibles) clones de Celia sea la mejor estrategia para recuperarla. En primer lugar, al menos un macho tendrá que venir necesariamente de otra subespecie. En segundo lugar, una población con muy poca variabilidad genética es -en principio- muy susceptible a enfermedades y parásitos. Tal vez una estrategia mixta que emplease individuos de otras subespecies y los animales procedentes de la clonación podría funcionar. Si la clasificación en especies es controvertida en muchos casos, la distinción entre “subespecies” lo es mucho más.

La otra subespecie ibérica (Capra pyrenaica hispanica) está consiguiendo expandirse por el Sistema Central sin demasiada ayuda (basta con no dispararla). En la sierra Guadarrama me topo con estos animales con cierta frecuencia. Seguramente también podría establecerse en las montañas del Pirineo. Después de todo ambas subespecies son (eran) muy cercanas genéticamente. Lo raro es que se suelen emplear nombres diferentes (bucardo/cabra montés).

¿Qué hay en un nombre?

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