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Infanticidas condicionales y el “efecto Bruce”

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Seguramente usted ha contemplado miles de asesinatos en la pantalla (basta ver un ratito la tele), sin embargo, es improbable que en esa misma pantalla haya visto muchas escenas explícitas de infanticidio. Quiero decir, en plan bestia, recreándose en los detalles. Naturalmente. la imagen de un adulto cargándose a un niño pequeño da muy mal rollo y sería considerado “hard core”. El infanticidio es tabú.Y sin embargo ha estado presente en todas las sociedades pasadas y presentes. Pero no es mi inteción hablar hoy de este fenómeno en nuestra especie sino en otros mamíferos.

Resulta que en muchas especies de mamíferos, el infanticidio es muy, muy frecuente, tal como demostró un largo y meticuloso estudio publicado en Science (el trabajo aquí). Un caso bien estudiado es el de los monos langures (Semnopithecus), un género que habita en la India y muchas áreas de la cordillera del Himalaya. Naturalmente, la matanza de crías no es el resultado de una conducta caprichosa, sino que es una estrategia deliberada. Los perpetradores son siempre machos y las víctimas nunca son los hijos biológicos de éstos. Cuando un grupo de machos se apodera de un grupo de hembras, desplazando a los anteriores machos dominantes, comienza la matanza sistemática de las crías. Por supuesto, las madres se resisten todo lo que pueden. Nada es más contrario a los intereses reproductivos de una madre que la destrucción de su crianza. El problema es que el tiempo juega en contra de la cría; tarde o temprano el macho asesino encontrará una oportunidad.

Por mucho que esta conducta ofenda nuestras convicciones morales, constituye una buena estrategia reproductiva para los machos. Evidentemente, los perpetradores no pueden ser los padres biológicos; la muerte de las crías acelerará el siguiente celo de las hembras y los nuevos dominadores tendrán la opción de aparearse y engendrar ellos nuevas crías. Crimen perfecto. El problema es que (en la medida en que esta conducta está controlada por genes, y debe estarlo) la reacción de las hembras perpetúa el instinto infanticida en los machos. En buena lógica ellas no deberían aparearse con los asesinos de sus hijos. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen , porque las hembras tienen que atender a sus intereses reproductivos aquí y ahora, y no pueden permitirse el lujo de hacer una huelga sexual como las mujeres de Lisístrata. Es una pena que las crías hayan sido asesinadas pero eso ya no tiene remedio y hay que mirar hacia adelante. Un comentario. Esto no tienen nada que ver con el bien de la especie. Tiene que ver con que los intereses reproductivos de ambos sexos son en este caso muy diferentes hasta el punto de chocar de manera dramática. La lista de infanticidas es larga. Ocurre, por ejemplo, entre los leones y los gorilas. En estos últimos se han dado cifras de hasta un 14% de mortalidad en las crías a manos de machos externos al grupo y entre los langures tan altas como el 33%.

Las hembras de langur no pueden, la mayoría de las veces, salvar a sus crías. Sin embargo, si aparece un grupo de machos deambulando, se ha visto que las hembras tienden a solicitar sus atenciones y a aparearse con ellos, incluso hembras que ya están preñadas, lo que a primera vista no tiene mucho sentido. Es posible que la conducta de estas hembras sea “preventiva”. Si la banda de machos deambulantes llega a desplazar a los residentes, éstos no podrán estar seguros de que las crías no son suyas si se han apareado previamente. Si las hembras no pueden evitar el infanticidio, al menos pueden manipular la información que tienen los machos acerca de la paternidad de las crías. Y esto es clave. Conductas similares han sido descritas en chimpancés. Por ejemplo, cuando los científicos del famoso bosque de Gombe pudieron estudiar la paternidad de las crías mediante análisis del DNA, descubrieron que una alta proporción de padres eran individuos externos al grupo y completamente desconocidos incluso para los científicos, que seguían a los chimpancés 24/7. Y mira por dónde, que un buen número de hembras se las ha  arreglado para despistar a los machos residentes, y a los científicos, con objeto de realizar actividades extracurriculares con machos desconocidos ¿Se trata de una estrategia de prevención de infanticidios o es mera atracción por lo desconocido?

Debora Cantoni y Richard Brown (el trabajo aquí) estudiaron a una especie de ratón californiano que nos proporciona una historia mucho más constructiva. En esta especie los dos sexos trabajan hombro con hombro para sacar adelante a las crías. Los machos son fieles (por lo que sabemos) y pueden estar razonablemente seguros de su paternidad, ya que no dejan a la hembra ni a sol ni a sombra y practican el sexo cientos de veces al día. Y claro, en esas condiciones uno puede estar seguro. Ni que decir tiene que aquí el infanticidio es impensable. Y la virtud es recompensada: el porcentaje de supervivencia de las crías es cuatro veces mayor que en especies que practican la crianza monoparental. No todos los roedores son así ni mucho menos. Y lo que resulta fascinante son las variaciones entre especies en la conducta de los machos a este respecto. Más aun, en algunos casos empezamos a conocer los fundamentos genéticos y moleculares del este comportamiento y tiene que ver con la distribución de los receptores de la hormona vasopresina en el cerebro de los machos. Sí señores, sí. La distribución de estas proteínas cerebrales es lo que separa a un padre amantísimo de un incurable Don Juan. Pero  eso es tema para otro post.

En las especies con machos desaprensivos, el problema no se limita a la falta de colaboración de éstos, sino -una vez más- a sus intentos pertinaces de controlar la reproducción de las hembras por la vía del infanticidio. De nuevo, la pregunta clave para el ratón infanticida es: ¿es mío o no? Para resolver este conudro algunas especies han desarrollado una estrategia curiosa. Por defecto, un macho devora a cualquier cría que se encuentre, pero si se aparéa con alguna hembra, se pone en marcha un reloj biológico que inhibe esta conducta durante 21 días. Pasado este plazo, retornará a sus hábitos caníbales. La cosa es que al cabo de 21 días las crías que haya podido engendrar estarán criadas, destetadas y emancipadas y si se encuentra con alguna ¡seguro que no es mía! ¡me la como! Evidentemente, el ratón macho no necesita tener una idea explícita de su estrategia reproductiva. Lo único que necesita es una inquina sin límites contra todas las crías a menos que se haya apareado dentro del plazo de seguridad. La Naturaleza es sabia.

De nuevo, las ratonas necesitan estrategias para contrarestar esto, o al menos para limitar los daños. Necesitan saber qué machos tienen altas probabilidades de devorar a su prole y cuáles están dentro del periodo de gracia. En otras especies, no todos los machos son infanticidas (sólo los machos alfa) y el resto es más o menos de fiar. Tener esta información es de capital importancia. En este sentido, la hembra puede verse en la necesidad de decidir si merece la pena o no seguir invirtiendo recursos en la crianza. Si la probabilidad de que ésta acabe en el estómago de algún macho es muy alta, a lo mejor merece la pena abandonar y esperar a que las circunstancias mejoren para reproducirse. Y aquí es donde entra el efecto Bruce, así nombrado por su descubridora, la zoóloga británica Hilda Margaret Bruce. Lo que observó esta científica es que las hembras inducían una reabsorción de los embriones si eran expuestas de forma persistente al olor de ratones macho distintos del padre biológico. Puede pensarse que el efecto Bruce es una estrategia defensiva frente al más que probable infanticidio de la camada no-nacida. Resulta irónico que en esta especie las hembras provoquen el aborto de toda la camada en aras de maximizar su eficacia reproductiva a largo plazo. Así que en esta especie, “pro-choice” es “pro-vida”. Las cosas son complicadas.

 

 

 

 

 

 

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Las superbacterias te matarán (probablemente)

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Hace ya tiempo contaba en este mismo blog la triste historia de Albert Alexander, un policía inglés que murió a consecuencia de un accidente de jardinería: se pinchó con una rosa. Suena un poco raro ¿no? En general, no pensamos que la jardinería sea una actividad de alto riesgo. Bueno, esto ocurrió  en el año 1941, justo antes de la Era de los Antibióticos. La trágica muerte de Albert contribuyó precisamente al desarrollo de la penicilina, ya que Florey y Chain (los verdaderos descubridores de la misma) utilizaron todas sus existencias para tratar la septicemia de Albert, el cual mejoró notablemente al principio, y luego empeoró rápidamente al cesar el tratamiento. Un resultado perfecto para la Ciencia aunque trágico para Albert, ya que hizo que se redoblasen los esfuerzos en el proceso de obtención del antibiótico.

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El problema es que en el mismo momento que empezaron a utilizarse los antibióticos se inició un proceso de selección natural que favore a las bacterias resistentes. El propio Fleming advirtió de este proceso, que por otra parte es “inescapable”. La Evolución actuando delante de nuestras narices. Parte del problema está en que la llegada de superbacterias resistentes a los antibióticos es un proceso insidioso, que está entrando de forma callada, sin provocar muchas muertes de golpe (de hecho está provocando muchas muertes pero de una en una y en muchas partes del mundo). No es una pandemia que se presenta de repente, como la gripe aviar o el zika. En un goteo. Así es difícil estar en los titulares y en las agendas de los políticos. Pero el problema es muy grave y es altamente probable que acabe afectando a todo el mundo. A usted, también.

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Algunos datos. El número de muertes por sepsis bacteriana en USA ha aumentado un 35% en los últimos 8 años. La lista de villanos es amplia: Staphiloccocus aureus, Klebsiella pneumoniae, Acinetobacter baumanni y Pseudomonas aeruginosa ya campan por sus respetos por los hospitales de todo el mundo. Clostridium difficile y diversas enterobacterias acechan en los productos alimenticios.La gonorrea, una enfermedad de transmisión sexual considerada hasta hace poco como relativamente leve, resulta cada vez más difícil de controlar. La tuberculosis ha vuelto a ser un problema de salud pública de primera magnitud (incluso en países ricos) y cada vez es más resistente a los fármacos que solían ser eficaces. La lista es larga. Ya están aquí.

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¿Quiénes serán los más afectados? Aquellos cuyo sistema inmunológico no funcione al 100%, niños, ancianos y enfermos con inmunodepresión. Está claro que las superbacterias se cebarán en las residencias de tercera edad y también -trágicamente- en las guarderías infantiles. La muerte de un ser querido siempre es un asunto serio; pero es evidente que morir a los 80 es menos trágico que hacerlo a los 8. Para los padres modernos, acostumbrados a que sus hijos sobrevivan prácticamente en el 100% de los casos, la vuelta a una mortalidad infantil elevada será sencillamente inimaginable. Por otra parte, muchos de los procedimientos hoy considerados rutinarios en medicina pasarían a ser de alto o riesgo o simplemente tendrán que descartarse. Estoy pensando en una implantación de una prótesis de cadera o en un simple transplante de riñón ¿Se imagina un mundo sin cirugía?

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¿Qué podemos hacer? No podemos evitar la evolución de las bacterias, pero sí podemos retrasar el proceso. Para empezar, usando los antibióticos en pacientes humanos de forma responsable, es decir, no utilizándolos si no es estrictamente necesario y, una vez iniciado un tratamiento, siguiéndolo meticulosamente hasta el final. España ha sido uno de los países líderes en irresponsabilidad; los antibióticos se conseguían sin receta médica hasta hace poco y el control de la dosis sigue siendo muy pobre. En otros países, sólo es posible conseguir la dosis exacta que haya prescrito un médico preparada por el farmaceútico de forma personalizada. Otro problema relacionado es que, al parecer, existe una curiosa des-información sobre cómo funciona la resistencia a antibióticos. Según un estudio reciente, mucha gente piensa que la resistencia se genera en las personas no en las bacterias. Es decir, si yo abuso de los antibióticos éstos dejarán de hacer efecto en mi organismo. Evidentemente esta idea es totalmente errónea, pero incita a las personas a abandonar el tratamiento en cuanto se ha producido una mejora, en la creencia errónea de que así no dejarán de funcionar.

Otro importante campo de batalla en la lucha contra la resistencia a antibióticos está en costumbre del sector ganadero de emplearlos de forma masiva para estimular el crecimiento y evitar la proliferación de bacterias en las condiciones de hacinamiento típicas de la producción animal. Estas prácticas han sido denunciadas repetidas veces por la comunidad científica (unánime en este asunto). Es evidente que la producción de carne debe adaptarse a la no-utilización de antibióticos, admitiendo que esto puede incrementar los costes. En la Unión Europea se han hecho importantes avances en la legislación en este sentido, pero el problema es global.

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Algunos problemas son de índole económico. Es posible que las compañías farmaceúticas tengan pocos incentivos para desarrollar nuevos antibióticos. Deben ser los Estados, por tanto, los que intervengan. Sería particularmente importante que las intstituciones públicas desarrollasen nuevos antibióticos y no los pusieran inmediatamente en uso, reservándolos como “última línea” de defensa; y es evidente que no puede esperarse que las compañías privadas lleven a cabo una acción como esta.

Y por supuesto, hace falta mucha más investigación en este campo. Los avances en genómica podrían permitit a los médicos saber rápidamente las características del agente infeccioso al que se enfrenta, permitiendo una toma de decisiones mucho más inteligente sobre qué tipo de antibiótico se debe recetar (si es que se debe recetar). Aunque cada vez resulta más difícil encontrar nuevas sustancias antibióticas, esto no es descartable. Ni es descartable que se encuentren nuevas estrategias para combatir las infecciones. Políticos: hace falta dinero para esto.

Mi última reflexión es que a pesar de los posibles avances de la Biología, es probable que la Época de los Antibióticos esté a punto de acabarse y en un futuro próximo nuestra relación con las enfermedades bacterianas será mucho más problemática ¿Se acabó la fiesta?

 

 

 

 

 

 

 

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Nuestros antepasados

The Journey of Man: a genetic Odissey.

Spencer Wells, 2003, Random House

Deep Ancestry: Inside the Genographic Project.

Spencer Wells, 2007, National Geographic.

Cro-magnon: How the Ice Age gave birth to the first modern humans

Brian Fagan, 2011, Bloomsbury Press

 

Nuestra especie, Homo sapiens, apareció hace relativamente poco tiempo (desde la perspectiva de la Evolución), entre 200.000 y 150.000 años, en algún lugar del Este de Africa. Al principio, nuestro modo de vida no debió ser muy diferente del de las otras especies del género Homo: H. heidelbergensis (nuestro probable antecesor directo) y H. erectus (mucho más antigua). Paradójicamente, en esa primera etapa nuestro aspecto físico debió ser muy semejante al de los humanos actuales pero los utensilios que fabricábamos eran casi indistinguibles de las especies anteriores.

Hace algo más de 70.000 años ocurrió algo que nos puso al borde de la extinción: la erupción del volcán Mount Toba, en Indonesia. Esta erupción, de una magnitud 1000 veces superior a la del Krakatoa, lanzó ingentes cantidades de gases y ceniza a la atmósfera. En consecuencia, un “invierno volcánico” se abatió sobre el planeta provocando un cambio climático a gran escala. A los H. sapiens no les pudo afectar la erupción directamente, pero las sequías y las bajas temperaturas hicieron que el número total de individuos descendiera peligrosamente. Se estima que tan sólo quedaron entre 1000 y 4000 hembras reproductoras; esto provocó un “cuello de botella genético” y es una de las razones por las que somos una especie con poca variabilidad genética.

Pero no nos extinguimos. Durante los siguientes 20.000 años nos fuimos recuperando lentamente y ocupando prácticamente la totalidad de continente africano. Debió llegar un momento en que la presión demográfica se hizo muy fuerte. Hace unos 55.000 años (la fecha es incierta) los humanos modernos salimos de Africa y comenzamos un viaje que nos llevaría a colonizar incluso los ambientes más duros del planeta. No era la primera vez que un grupo de homínidos abandonaba Africa, su patria ancestral. Homo erectus colonizó Eurasia hace 1,8 millones y Homo heidelbergensis hizo lo propio más tarde, dando lugar a los neandertales europeos. Pero a la postre, ninguna de estas especies ha sobrevivido.

Hace 40.000 años ya habíamos alcanzado Australia, Asia y Europa. Y 20.000 o 25.000 años después llegamos a América a través del estrecho de Behring. Muy probablemente, este viaje se realizó en buena parte siguiendo la línea de costa,  que entonces era  muy diferente de la actual. Las pruebas arqueológicas de esta migración deben de estar hoy día sumergidas bajo el agua, pero el estudio del DNA humano en combinación con los datos arqueológicos, paleoclimáticos y lingüísticos nos ha permitido reconstruir la imagen, aunque borrosa, de nuestro primer y definitivo viaje.

Aunque muy simplificado y con alguna licencia poética, este podría ser el relato que hace la Paleontología actual sobre el origen de los humanos modernos, una especie de Génesis con base científica, aunque seguramente no definitivo. El relato ha cambiado bastante en las últimas décadas y es muy probable que nuestro conocimiento sobre el tema siga aumentando. Esta historia fascinante sobre nuestros orígenes constituye el tema principal de los tres libro que he querido reseñar en esta entrada.

Spencer Wells, autor de los dos primeros, es uno de los científicos destacados en el estudio del DNA humano y líder del proyecto Genographics, cuyo objetivo es justamente obtener un mapa detallado de las migraciones humanas basado en la diversidad genética. Es, asímismo, un prolífico escritor de divulgación científica. Como suele ocurrir, ninguno de los libros está realmente disponible en español, a pesar de que ambos han sido traducido. “El viaje del Hombre” está descatalogado y “Nuestro Antecesores” agotado. Una muestra más de lo raquítico del mercado de libros de divulgación científica en nuestro idioma.

En “El viaje del Hombre”, Wells empieza por contarnos la historia de su particular campo de investigación. Tradicionalmente, la Paleontología se basaba sobre todo en el estudio de restos fósiles y artefactos de piedra. Sin embargo, en los últimos 25 años disciplinas muy dispares están haciendo contribuciones importantísimas; fundamentalmente la Genética Molecula, la Paleoclimatología y la Lingüística. Seguramente el gran pionero de gran fusión multidisciplinaria fue Luigi Cavalli-Sforza, el cual estaba convencido que el estudio combinado de la diversidad genética humana y la lingüística podía resolver muchos misterios históricos. Su trabajo, realizado en los años 60 y 70 empleó los marcadores genéticos que estaban disponibles en aquel momento, así que no es extraño que los métodos iniciales y algunas de sus conclusiones hayan sido superadas. No obstante, se le puede considerar como el fundador del campo.

Como casi siempre que se pronuncian juntas las palabras “genética” y “humana”, surge la polémica. Cavalli-Sforza y otros científicos (incluído Wells) son anti-racistas declarados. Aun así, el mero hecho de estudiar las diferencias genéticas humanas ha sido (y sigue siendo) un tema tabú. Todavía hay personas que piensan que hablar de diversidad genética en humanos es políticamente incorrecto. Paradójicamente, los estudios indican muy claramente que los humanos somos una especie con muy poca variabilidad genética comparada con otras especies, seguramente debido a lo reciente de nuestra evolución y al cuello de botella antes mencionado. Esto no significa que no pueda evaluarse el grado de parentesco genético entre individuos. Las nuevas tecnologías del DNA permiten distinguir muestras a nivel de individuo /pariente cercano, como las que se emplean en investigación forense. Técnicas similares permiten descifrar la genealogía de los indivuos de la población general. Esto es particularmente interesante si se trata de “nativos” (nativos son personas cuyos antecesores han vivido muchas generaciones en el mismo lugar); estos datos contribuirán en un futuro próximo (ya lo hacen) a  reconstruir nuestra historia.

Los dos libros de Wells tienen algunos puntos débiles ( particularmente el segundo). En primer lugar son algo desordenados. En ellos se  mezclan anécdotas personales varias con cuestiones de genética de poblaciones bastante especializadas (aunque no demasiado claramente expuestas) y, en cambio se trata otros asuntos de una forma muy elemental. En definitiva, no está claro a quién está dirigido el libro: el lector generalista puede quedarse in albis mientras que al lector especializado le puede llegar a aburrir. Otro aspecto negativo es el momento de la publicación. El Proyecto Genographics se encontraba a mitad de camino en el momento de escribir “Deep Ancestry” y el propio Wells no deja de recordarnos el carácter preliminar de los resultados ¿no hubiera sido mejor publicar el libro un poco más adelante? Con todo, ambos tienen un considerable valor para el lector interesado por este tema, siendo bastante  más compacto el primero que el segundo. De este último encuentro particularmente interesante los apéndices y figuras, que constituyen un resumen excelente y actualizado.

Cro-Magnon, de Brian Fagan es un libro mucho más logrado desde el punto de vista de la divulgación científica. Se centra un tema más concreto: los origenes de los europeos modernos ( o sea, lo Cro-Magnon), aunque de paso trata con bastante profundidad a los neandertales. Integra muy bien las diferentes fuentes de datos en las que se basa la paleonotología moderna, con particular énfasis en la paleo-climatología. También cuenta los avances en marcadores de DNA, de forma más sucinta y más eficaz que en los libros de Wells. Brian Fagan es, por otra parte un conocidísimo escritor en este campo que ha publicado varias obras de enorme éxito.

Cro-Magnon es un libro de divulgación que mantiene en todo momento el interés pero que muestra una vocación de libro de texto. El inconveniente es que el “tempo” resulta algo premioso, en su afán de ser didáctico. El autor no duda en repetir, resumir y volver a aclarar las cosas. Sin embargo, al final, el lector se queda con una clara imagen de Prehistoria europea, lo cual es más complicado de lo que parece ya que para ello tiene que manejar una cantidad notable de datos de fuentes diversas. En este sentido, las  figuras y esquemas ayudan mucho a retener y organizar la información. Sin duda, Cro-Magnon merece estar en la lista de best sellers del Los Angeles Times. La pregunta es: ¿cómo no se ha traducido todavía al español?

Si tuviera que elegir entre los tres me quedaría con este último, aunque (por supuesto) no son mutuamente incompatibles.

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La mujer sin miedo

Podemos llamarla Sara Martin. Es unamujer de mediana edad y por su aspecto diríamos que es una persona completamente normal. Excepto por un importante detalle: Sara es incapaz de tener miedo.

Sara padece el (rarísimo) síndrome de Urbach-Wiethe. Durante su adolescencia esta enfermedad destruyó dos estructuras simétricas del cerebro del tamaño de una nuez, denominadas amígdalas. Debido a este daño cerebral,es incapaz de asociar determinadas memorias con emociones negativas, de ahí que estímulos que deberían resultarle negativos (porque son peligrosos) le resulten irresistiblemente atractivos; p.e. insiste en tocar a la mamba del zoo.

El caso de Sara ha sido estudiado por un equipo de neurobiólogos y los resultados se publicaron en el número de enero de Current Biology. En estudios anteriores se había visto que este tipo de pacientes era incapaaz de reconocer emociones negativas en las expresiones faciales de otras personas (p.e. tus invitados están a punto de vomitar y tú crees que les ha encantado la cena). En el caso de Sara, los autores han podido hacer pruebas mucho más variadas e inusuales.

Por ejemplo, Sara declaró que no tenía miedo a hablar en público, de la muerte, de la taquicardia o de ser juzgado negativamente por otras personas. En otro experimento, se llevaron a Sara al parque de atracciones y se partió de risa en la “La Casa Encantada”; asímismo, “visionó” varias películas de terror, con interés pero sin el menor atisbo de miedo.

Estarán de acuerdo conmigo en que el conjunto de cosas que le asustan a uno es algo muy personal. Coincidiría con Sara en cuanto a la mayoría de estas cosas: “La Casa Encantada”, las películas de terror, elmiedo a hablar en público, a la taquicardia y a que te juzguen mal. Por supuesto, tengo mi lista personal de terrores, pero obviamente no estoy dispuesto a revelarla.

¿La ausencia de miedo es una bendición o un castigo? Yo diría que, en general, más bien lo último. Algo parecido ocurre con las personas que no pueden sentir dolor y pueden fácilmente freírse la mano en aceite hirviendo sin darse cuenta o sacarse un ojo porque se les ha metido un mosquito. Análogamente, la capacidad de clasificar algunas memorias como emocionalmente negativas nos ayuda o construir un mapa del mundo en el que sabemos lo que tenemos que evitar y a quiénes tenemos que evitar. Es casi seguro, que esta capacidad es adaptativa y que los portadores del gen defectuoso no dejarían muchos descendientes en las sociedades de cazadores recolectores de las que procedemos.

Feinstein J.S et al. (2011) Current Biology 21:34-38

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Premio Nobel afirma que es posible teletransportar DNA

¡Menuda ha armado el Premio Nobel Luc Montagnier con el asunto del teletransporte de DNA! Y no es para menos. Aunque los detalles del trabajo  no son conocidos (todavía no ha sido aceptado para su publicación en una revista), lo que dicen Luc y sus colaboradores, en esencia, es que es posible transportar una mólecula a través de las ondas electromagnéticas y reconstruirla físicamente en otro lugar. De confirmarse, se trataría de un descubrimiento importantísmo y con grandes aplicaciones prácticas (en potencia). Sin embargo, a casi todos los científicos les parece imposible que lo sea. Personalmente, me sumo a la ola de escepticismo.

El experimento de Montagnier es, en principio, bastante simple. Requiere dos tubos, adyacentes pero físicamente separados; el primero contiene una solución diluida de una molécula de DNA de unos 100 pares de bases, mientras que el segundo sólo contiene agua. Los tubos son sometidos a un campo electromagnético de muy baja intensidad durante varias horas. Después, muestras de ambos tubos son sometidas a una reacción en cadena de la polimerasa (PCR) con objeto de amplificar el DNA. En el segundo tubo, que sólo contenía agua, no debía amplificarse nada. Y sin embargo, se obtienen moléculas de DNA del mismo tipo que las del primer tubo. La explicación, según Montagnier y colaboradores, es que la radiación electromagnética forma una “huella” en el agua del segundo tubo, dando lugar a una estructura “fantasma” que refleja exactamente la forma de la molécula de DNA original. En la amplificación posterior,  la Taq polimerasa “confunde” dicha huella con la molécula verdadera y realiza una copia de la misma. A partir de ahí, el proceso de PCR transcurriría normalmente.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los químicos argumenta que la dinámica de las moléculas del agua impide que tal cosa pueda ocurrir; la molécula “fantasma”, de existir, tendría una existencia efímera en el agua, del orden de picosegundos. Tampoco es fácil explicar cómo la polimerasa sería capaz de confundir al “fantasma” por una molécula real. No obstante, hay que reconocer que el experimento tiene una ventaja: es, en principio, fácil de replicar. Si otros grupos son capaces de obtener el mismo resultado, habrá que admitir que el fenómeno es real, aunque resulte muy difícil de explicar. Como ocurrió con el asunto de la “fusión fría”, habrá que esperar algunos meses desde que se publique el artículo para saber a qué atenerse.

Naturalmente, buena parte de este tinglado descansa en la “autoridad científica” de Luc Montagnier, co-descubridor del virus del SIDA y Premio Nobel de Medicina. Pero una de las caracterísiticas de la ciencia es la falta de respeto hacia la “autoridad”  de las personas, tengan el premio Nobel o no. Por otro lado,  no sería la primera vez que un “laureado” sostiene un disparate. Recordemos la “cagada” de Linus Pauling sobre la vitamina C y el resfriado. Si los resultados no se confirman, Montagnier puede haberse fumado su prestigio.

En cualquier caso, habría que esperar a que otros laboratorios repliquen este resultado para empezar a pensar que hay algo serio detrás de todo esto. Como dice un refrán, conviene tener la cabeza abierta, pero no tanto como para que se te salgan los sesos.

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Efectos negativos de la lactancia materna (exclusiva y prolongada)

No hay duda de que ser padre primerizo es un periodo de constante zozobra. De repente, te encuentras con una pequeña gran responsabilidad para la cual obviamente no estás cualificado. No importa que te hayas preparado concienzudamente y que hayas leído algún libro al respecto (puede ser peor, incluso). Al final, las cosas no son como dicen los libros y siempre te encuentras en la necesidad imperiosa de tomar decisiones en tiempo real sin tener el conocimento adecuado para ello.

Buena parte del problema son los demás. Particularmente, amigos y parientes. Mientras tú te debates en tu ignorancia, parece que a todo el mundo le sobra información y todo el mundo sabe lo que hay que hacer al respecto. Por supuesto, no lo saben. Las opiniones cualificadas suelen venir respaldadas por frases como “Mi abuela lo hacía así” o “Me lo dijo una amiga”. Recuerdo que esta proliferación de consejos no pedidos me resultaba particularmente irritante, hasta llevarme al sarcasmo. ¿Y tú en qué Universidad has estudiado pediatría?

Naturalmente, la crianza de los niños está lejos de ser una ciencia exacta y muchos de los consejos y recomendaciones, incluso los procedentes de fuentes cualificadas, no están basadas en la evidencia experimental sino más bien en la experiencia profesional del médico, aunque en la mayoría de los casos no resultan obviamente perjudiciales.  Esto se debe, en buena parte, a que realizar experimentos con humanos de poca edad resulta muy difícil por imperativos éticos y legales. De manera que la evidencia suele ser particularmente escurridiza en estas cuestiones. Y si los padres preguntan al pediatra, éste tiene que contestar con un cierto aire de seguridad (por el bien de todos). Con esto no estoy criticando particularmente a los pediatras, que generalmente lo hacen lo mejor que pueden. Me limito a afirmar sinplemente que un buen número de consejos médicos (en pediatría y otras especialidades) no están basados en evidencia experimental.

Justamente, lo que han hecho los autores de un artículo publicado recientemente en el British Medical Journal ha sido revisar los estudios disponibles acerca de un tema objeto de largas controversias en el pasado: la convenciencia de la lactancia materna (el artículo de BMJ aquí). Me apresuro a comentar que el artículo no pone en cuestión los beneficios de esta práctica en sí. Todo los contrario, los autores insisten que dichos beneficios están bien documentados y no constituyen el tema de su investigación. Lo que sí ponen en duda son los beneficios de la lactancia materna exclusiva y prolongada hasta los 6 meses, frente a la alternativa de introducir otros alimentos de forma paulatina a partir del cuarto mes. Esta segunda opción, en opinión de los autores del artículo, es más favorable.

La cuestión es que la OMS recomienda oficialmente la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y esta es también la recomendación oficial en Reino Unido, aunque el 65% por de los países occidentales (incluido Estados Unidos) decidió no sumarse, al parecer con buen criterio. Después de revisar los estudios disponibles, los autores señalan que los niños en lactancia exclusiva tienen un mayor riesgo de anemia debido a que el hierro es un elemento relativamente escaso en la leche;  y la falta de hierro tiene efectos adversos en el desarrollo del infante. También señalan un mayor riesgo en el desarrollo de alergias y de enfermedad celiaca. Al parecer, existe una ventana en el desarrollo (4-6 meses) en la que la exposición paulatina a alergenos disminuye la posibilidad de padecer alergias en el futuro.

Más frecuente (pero también generalmente menos grave ) es el hecho de que generalmente la madre no produce suficiente leche para satisfacer las necesidades calóricas del bebé durante tanto tiempo. Típicamente, los bebés protestan enérgicamente por esta situación y los padres suelen llegar a la conclusión de que necesitan más comida.

Los autores proponen, por tanto, la introducción paulatina de otros alimentos a partir del cuarto mes, aunque reconocen que las circunstancias pueden ser muy diferentes en distintos países. Por ejemplo, puede ocurrir que los alimentos disponibles para los bebés no resulten seguros desde el punto de visto microbiológico o nutritivo. Si el agua puede provocar disentería en adultos, quizá sea mejor que el bebé siga con lactancia materna el mayor tiempo posible.

Si algún padre primerizo y acongojado lee esto lamento no poder darle más información que la del propio artículo. Para bien o para mal no soy pediatra y mis hijos dejaron de tomar biberones hace bastantes años. Entiendo su zozobra y me solidarizo con  su “típico estado de confusión”, pero por desgracia no puedo ayudarles. Léanlo y apliquen su criterio.

 

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Descubierta una nueva “especie” afín al Neanderthal

Denisovianos (o denisovanos). Ese es el nombre que se ha asignado a esta nueva especie? descubierta en la cueva de Denisova (en la foto), en las montañas Altai, al sur de Siberia. El hallazgo ha sido publicado en la revista Nature por el archiconocido equipo de Svante Pääbo (y otros colaboradores) del Instituto Max-Planck. Según este trabajo, los denisovianos fueron una especie cercana al Nenderthal que habitó en zonas del centro y este de Eurasia hasta una fecha tan cercana como 30.000 años.

Muy pocos restos han sido encontrados hasta la fecha; tan sólo un molar (de un adulto) y un meñique (de una niña), así que de momento es imposible ponerle cara a este nuevo miembro de nuestra familia. Sin embargo, se ha podido purificar DNA a partir del dedo y se ha obtenido una secuencia del genoma completo, que tiene una calidad bastante buena. Los análisis genéticosindican que la poseedora del meñique tenía una cercanía genética con el neaderthal mayor que la nuestra. El árbol filogenético de la figura adjunta nos muestra a los denisovianos como una especia hermana del Neanderthal

Sin embargo, el descubrimiento más sorprendente se produjo al comparar cuidadosamente las secuencias comunes entre el genoma denisoviano y los humanos modernos. Los datos indican sin lugar a dudas que se produjo un intercambio de material genético entre éstos y algunas poblaciones de humanos modernos, cuyos descendientes habitan en la actualidad en Nueva Guinea. Esta situación es paralela a la que ocurrió con los neanderthales, los cuales también tuvieron intercambiaron material genético con los humanos modernos en Europa Occidental. Se calcula que una pequela parte del genoma de los europeos (1-4%) proviene del neanderthal.

En definitiva, la hipótesis out of Africa, según la cual se produjo un desplazamiento de las especies humanas que habitaban Eurasia por los humanos modernos procedentes de Africa, parece que es un poquito más complicada. Al menos en dos ocasiones, los humanos modernos pillaron genes de dos especies pre-establecidas en Eurasia. No puede descartarse que haya otros parientes en nuestro álbum de familia por descubrir.

Los autores del trabajo prefieren no entrar en la polémica de si se trata de una especie diferente del neanderthal o no, amparándose en que ya hay bastante discusión sobre si los neanderthales constituyen una especie diferente a la nuestra.

¡Démos la bienvenida a nuestros primos denisovianos!

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