Imagine que se encuentra totalmente paralizado, pero sus facultades mentales siguen intactas. Es lo más parecido a estar muerto sin estarlo ¿no? Siga imaginando. Podría decirse que su «calidad de vida» no es muy alta ¿verdad? Su vida social sería, lógicamente, muy reducida. Nada de gimnasio ni spa. Sexo sólo con la imaginación. Nada de restaurantes ni de vacaciones en el Caribe. En esas condiciones, es lógico pensar que usted sería tremenda infeliz ¿correcto?
Pues no. O al menos esa es la conclusión a la que llega un estudio reciente sobre pacientes que sufren el denominado «síndrome de enclaustramiento» (locked-in syndrome). Estos pacientes han perdido el control de los músculos voluntarios debido a una lesión en el tálamo cerebral, y sólo puede comunicarse utilizando los músculos oculares, es decir, guiñando un ojo o señalando con la mirada en una determinada dirección. Podríamos pensar que este colectivo debería sentirse bastante desgraciado, y sin embargo,en la encuesta realizada sobre 168 de ellos, casi el 80% se declaró razonablemente feliz.
Sólo un 7% de los pacientes declararon desear la eutanasia y, en general, éstos llevaban relativamente poco tiempo sufriendo esta condición. Los autores concluyen que el paciente debería tener tiempo para establizarse psicológicamente antes de considerar esta opción (en los países donde la eutanasia el legal).
Lógicamente, algunos pacientes expresaron su deseo de tener una mejor vida social y mejores opciones de entretenimiento. En este punto, la tecnología puede cambiar radicalmente la vida de los lis ante el desarrollo de tecnologías de acceso a internet para pesrsonas con discapacidad. La posibilidad de leer un libro o navegar por intenet debe suponer una gran diferencia en estos casos.
El resultado de esta encuesta me parece una muestra sorprendente de la capacidad de adaptación de la mente humana a circunctancias desfavorables. Sin embargo, los resultados requieren cierta cautela. No todos los encuestados respondieron a la encuesta y puede pensarse que esto introduce un sesgo: seguramente los que se tomaron el (considerable) trabajo de responder tenían una actitud más positiva. Más aun, un porcentaje elevado de los que sufre lis muere en los primeros meses de la enfermedad. de nuevo, puede pensarse que los supervivientes están hechos de «una pasta diferente» a la de la población normal. Otro fuente posible de sesgo.
Me pregunto si este grupo de optimistas impenitentes tendrá algo en sus genes que les facilite adaptarse a su destino.
El artículo aquí
Como dice mi madre, «a quien le toca le toca», y aunque una parte de los casos es causada por alguna enfermedad, también es posible llegar al síndrome por daño cerebral o sobredosis.
Muy interesante la reseña, pero el «aquí» del artículo quedó demasiado «allá» para mi gusto (Léase, no está la liga del artículo original y quise sonar interesante).
«Es una suerte que hoy no sople el viento. Es extraño, de alguna manera se tiene siempre la impresión de tener suerte, de que cualquier circunstancia, tal vez infinitesimal, nos sujeta junto al abismo de la desesperación y nos permite vivir. Llueve, pero no sopla el viento…» Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz.
Se te olvida otra posibilidad: que mintieran. En todo caso, yo estoy vivo y no me voy de vacaciones al Caribe… xD.
Pero sí, si fuera mi caso, esperaría ansioso la muerte.
Un saludo.
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