Archivo diario: 3 octubre , 2010

Lo siento chicos, os inoculamos la sífilis

Imagino que todo el que haya leído la noticia publicada por el país (y los demás periódicos), acerca del siniestro experimento “Tuskegee” se habrá sentido indignado y repugnado. La noticia parte de un artículo reciente de Susan Reverby, profesora del Wesselley College de Massachusetts. Por si alguien no la ha leído, hace referencia a unos experimentos realizados en los años 30-40 del siglo XX por las autoridades sanitarias norteamericanas. Dichos experimentos tenían como fin probar tratamientos preventivos/curativos contra la sífilis y otras enfermedades venéreas, como la gonorrea. Una parte de los experimentos fue realizada sobre ciudadanos estadounidenses negros y pobres; en este caso (la doctora Reverby es tajante al respecto) NO se inoculó a los “pacientes” de forma intencionada. Los médicos se limitaron a estudiar el curso de la enfermedad SIN administrar tratamiento alguno (eso hubiera estropeado el experimento). La otra parte se realizó en una prisión y un hospital psiquiátrico de Guatemala. En este caso, SÍ se realizaron oculaciones intencionadas  pero, en cambio, SÍ se trató a los “pacientes” con antibióticos. Dichos “pacientes” eran, en primera instancia, presos a los que se permitió mantener relaciones sexuales con prostitutas infectadas de sífilis. Los médicos americanos encontraron que este método de inoculación no era demasiado eficiente y, en segunda instancia, procedieron a inyectar directamente el inóculo en enfermos mentales. Conviene recordar que la bacteria responsable de la sífilis Treponema pallidum es muy difícil de cultivar en el laboratorio, ya que no crece en medio artificiales. En todos los casos, las autoridades guatemaltecas tenían plena (o al menos, alguna) información sobre los que estaba pasando, cosa que no les ocurrió a los sujetos directamente implicados (en Guatemala o USA). A cambio de permitir los experimentos, el gobierno de Guatemala demandó tratamiento médico para los soldados de su ejército y otros pagos en especie (de acuerdo con el artículo de la doctora Reverby).

Aunque a mí me parece evidente la falta de ética del experimento, imagino que los responsables del mismo lo justificarían aludiendo a los supuestos “beneficios para la humanidad” que se derivarían de encontrar una cura efectiva para la enfermedad. Ante lo cual, el hecho de infectar a unso cuantos presos guatemaltecos, lo verían como una fruslería. Lo cual nos lleva directamente al dilema del tranvía, propuesto por la filósofa británica Phillipa Foot.

El dilema del tranvía es un experimento imaginario que consiste básicamente en los siguiente:

Un tren circula sin control a gran velocidad y se dirige a una parte de la vía donde hay 5 personas atadas. La buena noticia es que es posible cambiar la aguja y desviar el tren; la mala noticia es que en la vía alternativa hay una persona atada ¿Es éticamente aceptable darle a la palanca? La mayoría de la gente contesta afirmativamente, ya que en el primer caso mueren 5 y en el segundo sólo 1.

Ahora pensemos una situación ligeramente distinta.  La única forma de salvar a los 5 infortunados consiste en arrojar a un pasajero cualquiera (alguien que pasaba por ahí)  a las vías para hacer que se detenga el tren ¿Es lo correcto? El cálculo parece similar: muere 1 para salvar a 5. Sin embargo, en este caso nuestra intuición moral parece ser diferente. La mayoría no cree que sea correcto empujar a un transeúnte para salvar a 5 personas atadas a la vía.

Volviendo al tema del experimento Tuskegee, me gustaría plantearlo como un dilema moral:

1) ¿Es aceptable infectar/tratar intencionadamente a algunas personas para salvar a muchas?

2) ¿Qué es éticamente peor: no tratar (a los americanos negros y pobres) o infectar y tratar a los guatemaltecos?

3) La situación se agrava por el hecho de emplear a personas de etnias/clases desfavorecidas/ de otros países como sujetos de experimentación? ¿Sería más aceptable si se hubiera empleado, digamos, norteamericanos ricos, blancos y protestantes?

4) Quién ha actuado peor aquí (podríamos calificar a cada uno entre 1 (muy bueno) y 10 (muy malo))

a) El doctor John Cutler, responsable de los experimentos y que murió en 2003 siendo considerado un benefactor de la humanidad.

b) El director del asilo psiquiátrico que consintió el experimento, pero obtuvo medicinas y otras ventajas para sus otros pacientes.

c) Obama, que pide disculpas pero no ofrece resarcir a las víctimas (o más bien a sus descendientes). Lo siento, chicos, os inoculamos la sífilis.

d) El presidente de Guatemala, que se rasga las vestiduras, pero no reconoce ni pide disculpas por la actuación de la administración guatemalteca.

e) La Dra. Susan Reverby, que al desvelar el caso está minando el prestigio de los médicos, lo cual puede hacer que algunas personas no soliciten tratamiento médico pese a necesitarlo (particularmente si son norteamericanos pobres y negros).

f) El responsable de la admisnistración de USA que ordenó en su día la investigación

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El artículo original: Reverby Normal Exposure

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