Chimpancés belicosos

La existencia de las “guerras de chimpancés” supusieron un “schock “para la comunidad científica, más tarde llevado a la literatura por William Boyd en su famosa novela “Brazzaville beach“. Desde entonces, las pruebas sobre esta conducta han ido acumulándose y ya nadie en su sano juicio podría negarla (negacionista hay siempre, claro).  Lo más terrorífico es la “actitud deliberada” de los chimpancés cuando inician un raid: caminando en fila india, en silencio, deteniéndose de vez en cuando. Resulta muy difícil pensar que los chimpancés no sepan a lo que van, aunque lo hagan a su manera no verbal. La idea de intencionalidad me parece irrestible aquí.

El estilo de lucha suele ser bastante cobarde y, característicamente, esta actividad está limitada casi exclusivamente a los machos. Un vez iniciado el raid, los asaltantes atacan preferentemente a individuos aislados, sobre todo si son jóvenes, o a grupos muy inferiores numéricamente. Cuando las cosas están equilibradas, es frecuente que el ataque se aborte. Este estilo también es característico de las guerras entre cazadores-recolectores, donde las “batallas” son algo bastante más infrecuente que las simples emboscadas. Lo que no estaba demasiado claro hasta ahora era la motivación de estos ataques ¿Qué pretenden conseguir los atacantes, hembras o territorio?

Un artículo reciente publicado en Current Biology parece inclinar la cuestión hacia esto último. Los investigadores realizaron un meticuloso seguimiento de un grupo de chimpancés en el  Parque Nacional Kibale (Uganda) durante casi 10 años. Comprobaron, que los machos atacaban ferozmente a las hembras que se encontraban en su camino y que las supervivientes nunca se integraron en el grupo vencedor ni se aparearon con ellos. Además, la mayoría de los incidentes se produjeron en una zona “fronteriza” entre dos grupos. De manera que la motivación parece más inmobiliaria que sexual. Sin embargo, al aumentar su territorio y sus recursos alimenticios, es esperable que los machos vencedores atraigan más hembras y se reproduzcan más.

Los datos también indican que los chimpancés son incluso más belicosos que las tribus humanas más belicosas, a juzgar por la frecuencia de asesinatos. El equipo de Mitani encontró una frecuencia de homicidios un 50% superior a la encontrada en sociedades agrícolas pre-estatales, y unas 17 veces superior que las típicas de los cazadores-recolectores. Aunque no conviene generalizar. Es posible que el grupo de Kibale sean equivalentes a los jíbaros entre los chimpancés.

Está claro que la guerra en los humanos tiene profundas raíces biológicas. Eso no quiere decir que sea algo aceptable ni inevitable, pero sí que el condicionamiento de la conducta tiene que trabajarse a tope para mantenernos en un estado de relativo pacifismo.

El artículo: mitani_2010

Más info en este blog

Un vídeo de una partida de guerra

6 comentarios

Archivado bajo Animales, Chimpancé, Evolución, Violencia

6 Respuestas a “Chimpancés belicosos

  1. Muy interesante… hasta la raíz.

  2. Yo he llegado a la conclusión, en base a evidencias documentadas entre la pre-humanidad y el comienzo (impreciso e irregular, es obvio) de la “civilización” (sendentarismo y domesticación) y entre este comienzo y el presente, que lo único que ha detenido la violencia dominadora y temporalmente (sea poco o mucho tiempo) ha sido el propio estado de equilibrio (o la disuación) y no ningún “trabajo a tope” (¿moral?, ¿por qué medios, cuál?, ¿educando, reedicando, inculcando, con sangre… como “entra”, aplicando castigos bíblicos…?). En base a evidencias y… a un riguroso desprecio por “enfoques morales” y por los “buenos deseos” en mitad del análisis o como parte del mismo (lo que no significa que yo no tenga “una” moral entre otras para la vida cotidiana; aclaro por las dudas). Y creo que es posible prescindir de ello y que se debe para no tener falsas expectativas y, a la vez, abrazar la supocisión de que se tiene una “buena conciencia”. Es más, los datos de los últimos tiempos de “racionalismo” dominante en el campo intelectual (que es DESDE donde se extiende su dominio general… pero mentiroso), me dicen que todo intento de “trabajar a tope (el “racionalismo”)” sólo puede tener un correlato práctico en… alguna forma sutil de violencia que… acaba tendiendo sino siendo violencia física, moral, psicológica, etc. (por cierto, vale la pena tomar algunas consideraciones de lo estudiado por Foucault al respecto). Conocernos más tal vez, de todos modos, tampoco ayudará porque esto sólo podríamos hacerlo los que reflexionamos por costumbre, ya que es algo que por idiosincrasia sociológica no todos pueden o les interese (las masas, sus “líderes” de hecho…) Y los que se conocen a sí mismos o tienden a ello… nunca serán capaces de instaurar su “república de sabios” idílica.
    Más vueltas le doy y menos veo una salida (que no sea meramente pasajera).

  3. Hola Carlos,
    Tienes razón, por supuesto. La relativa ausencia de violencia en la que vivimos (en comparación con casi cualquier otra época o sociedad) tiene algo que ver con el aparato del estado y la coacción; aunque entiendo que para la mayoría de nosotros las desventajas de la coacción son menores que la (relativa) protección frente a los violentos. Por supuesto, Hobbes rules
    Un abrazo.

  4. Creo que la violencia entre chimpancés no tiene nada de particular si la comparamos con la de otras especies para la defensa de su territorio. La única especialidad se contrae a que los chimpancés llegan a dar muerte a otros individuos de su misma especie, lo que en el caso de otros animales es raro o insólito -pues suelen limitarse a conseguir la huida del oponente-; pero esto puede ser porque los chimpancés, al ser más inteligentes, tal vez entiendan que el animal al que se mata “no vuelve más” (lo que es una evidente ventaja para conservar el territorio).

    En todo caso la violencia, entre especies y también intraespecífica entre individuos, es inherente al fenómeno vida, desde el momento en que la Tierra tiende a generar toda la vida posible, sin ninguna limitación y sin tener en cuenta que los recursos alimenticios sí son limitados.

    Así funciona la vida: produciendo toda la vida posible, “ad infinitum” (y después, que los seres vivos se maten unos a otros para procurarse el sustento).

    Si el fenómeno vida fuera el resultado de una mente creadora, se trataría sin duda de una mente malvada y perversa. Pero al parecer no es así.

    En todo caso, los humanos hemos desarrollado un cerebro que, afortunadamente, posee también un componente ético. Y una combinación de ética e inteligencia debería llevarnos a limitar la natalidad (al menos hasta que encontremos otro planeta colonizable), evitar el crecimiento demográfico, y repartirnos racionalmente los recursos alimenticios y naturales de que dispone el planeta.

    Hay otra alternativa, sí, pero ya sabemos cuál es: la guerra a gran escala (como esos chimpancés pero con armas nucleares) y, en definitiva, la autodestrucción.

  5. Daré otra vuelta al destornillador si me lo permites (je… hay que aprovechar cuando se llega a coincidencias tan importantes!): no es sólo por la existencia del Estado y “su” coacción, es más, creo que esto es una consecuencia de la victoria ancestral de unos grupos sobre los demás y de la posterior heredabilidad de la situación de dominio. Aunque cambien los gobernantes, todos son más o menos herederos de los que Veblen llama “depredadores” (esta división es algo simple, pero viene bien simplificar en este punto y sé que lo hago al citar a Veblen). Pero no quiero extenderme: sólo re-comentaba -hilando más fino si cabe- para señalar que mi mención al “estado de equilibrio” tiene su espacio de significación casi exclusivamente DENTRO de la esfera de los grupos dominantes, como expresión de la fuerza que exhiben en un momento dado y que no permite a ninguno DE ELLOS hacer uso de la violencia o fuerza bruta directa sobre los demás (el papel de las masas y de los intelectuales es meramente secundario y sus daños… meramente colaterales en el curso de esa lucha “interna”.
    Gracias y un abrazo.

  6. Pingback: Chimpancés belicosos

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