Apartad del poder a los adictos al poder

En 1997, una repentina (aunque no demasiado virulenta) epidemia de meningitis en la Comunidad de Madrid causó considerable alarma entre los padres con hijos en edad escolar. La autoridades sanitarias no eran en aquel momento partidarias de la vacunación masiva de toda la población escolar, aunque más tarde cambiaron de opinión (estas decisiones son difíciles de tomar y la información en el momento de tomarlas nunca es completa). El caso es que, en medio de este revuelo, los ciudadanos de a pie nos enteramos de que el entonces Presidente del Congreso de los Diputados (Federico Trillo) había utilizado el coche oficial y el médico oficial del Congreso para vacunar a sus hijos.

Supongo que no debería escandalizarme por algo así. Evidentemente, la anécdota refleja la catadura moral del personaje, pero cosas peores hemos visto en ese mismo personaje y en otros (del mismo y de otros partidos). La infatigable doble moral de muchos políticos es un tema recurrente en las cabeceras de los periódicos. Más allá del rechazo, me asalta la curiosidad por el mecanismo psicológico subyacente ¿Es una cuestión de simple cara dura o realmente creen que sus actos se rigen por un rasero diferente al del resto de la población? Me alegra ver que esta cuestión haya atraído la atención de los científicos profesionales…y la respuesta (a juzgar por un número limitado de estudios) es que, efectivamente, el poder corrompe, pero sólo a aquellos que creen merecerlo.

El estudio (aquí), publicado por Joris Lammers (Universidad de Tillburg) y colaboradores, explora esta cuestión por el método de inducir (priming) una sensación de poder en los sujetos del estudio, por ejemplo pidiéndoles que recuerden una situación así, para después evaluar su comportamiento moral en determinadas situaciones. Por ejemplo, en un estudio se realizó el “priming” en dos grupos aleatorios, uno de alto poder y otro de bajo. Después cada uno de los grupos se dividió en otros dos. A uno de ellos se le pasó un cuestionario en el que evaluaban hasta qué punto consideraban inmoral “inflar” los gastos en un viaje de trabajo; el otro grupo participó en un juego de dados, en el que la puntuación que sacaban podía convertirse en un pequeño premio en metálico (los dados se tiraben en un cubículo privado y el sujeto comunicaba el resultado al experimentador).

En el caso del cuestionario, el grupo de los poderosos valoró peor que el de los desvalidos el hacer trampas en las cuentas, pero -y esto es lo interesante- las mismas personas hicieron más trampa que el otro grupo al reportar (a su favor) el resultado de los dados. En otras palabras, la mera alusión a una situación de poder hacía a las personas más proclives a hacer trampas y a censurar las trampas ajenas.

Otro estudio similar, sin embargo, sugiere que esta tendencia a comportarse de forma hipócrita no ocurre en todos los casos , sino en aquellos individuos que piensan que han adquirido “legítimamente” tal poder. Curiosamente, los individuos que pensaban que “no se lo merecían”, tendían a ser más exigentes consigo mismo que con otras personas. En vez de de actuar hipócritamente lo hacían hipércritamente (el palabro es de los autores).

Me consta que tal cosa es imposible, pero ¿habría alguna forma de lograr que accedieran a puestos de poder personas que realmente no quieren ejercerlo y se avienen por puro sentido del deber?

13 comentarios

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13 Respuestas a “Apartad del poder a los adictos al poder

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  2. Esto me ha recordado al libro de Philip K. Dick “Loteria Solar”.
    El argumento se centra en que al líder del mundo se lo escoge mediante una lotería completamente aleatoria que le puede tocar a cualquier persona. Como una forma de volver el poder lo más “justo” posible y mantener a la población controlada y contenta.

    Por otro lado recuerdo cierta anécdota sobre Alejandro Magno que también refleja esta circunstancia (aquí está el fragmento del libro de Valerio Massimo Manfredi donde lo leí originalmente)
    http://webspace.webring.com/people/cl/lddweb/Relato/cuentos/Sidon.htm

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  4. Grey

    Bastaría con que se escogiera a los políticos por sorteo entre todas las personas con derecho a voto, como si fuera un jurado.

  5. Otro ejemplo conocido es el de Cincinato, que fue por 2 veces dictador en Roma, renunciando luego al poder.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Cincinato

  6. Lo de la casta política es lamentable, por no hablar de las pensiones que tienen de por vida… gente que está en el puesto para SERVIR A los ciudadanos y no para SERVIRSE DE los ciudadanos.
    Cuando veo coches oficiales en la puerta de un restaurante me pongo de los nervios. un día entraré y la liaré. Avisados estáis en este blog.

  7. .-Bueno, ya antiguamente, Platón, en su “La República o el Estado”, afirmaba que para elegir a aquel individuo que debiera regir los designios del pueblo al que pertenecía, había que seleccionarlo precisamente entre aquellos que no quisieran ostentar dicho cargo porque precisamente no lo deseaban o creían no merecerlo.

    .-Tú, Pablo, no has hecho otra cosa, hoy con tu post, que pensar actualmente como Platón. ¡Enhorabuena amigo!

    .-Hay que retirar del poder a los adictos al poder y que efectivamente creen que se lo merecen y lo ostentan legítimamente.

    .-Saludos.

  8. Lord Zero

    Vaya, es realmente algo muy interesante… pero poner tal conocimiento en uso seria lo complicado.

    Yo diria que una estricta meritocracia seria
    lo mas cercano al ideal. Una democracia donde no pudieses ser candidato a un puesto si es que no estuvieses entre los mas capacitados.

    Seria un tanto inconveniente eso si, para los “afectados”. Es decir si te destacases en tu campo, entrarias a la loteria de los cargos publicos lo quieras o no.

    Sin embargo tal estatus de “capacidad” seguiria danado por la estigma del orgullo.

    No deja de ser una muy sugerente investigacion.

  9. Néstor Mayer

    Te lo he comentado antes que me parece interesantísimo este tema. Fundamentalmente porque cualquier mortal que alcanza una posición de poder, se siente tentado a gozar de dicho poder y no siente el peso de la responsabilidad que este poder implica. Mi conjetura es que a solo un pequeñísimo porcentaje de los seres humanos le duele el poder. Por eso es que las instituciones consolidadas, por encima de los individuos, es lo único que nos podrá salvar de esta irrefrenable tendencia.

  10. Las evidencias del “problema” (o del “fenómeno”) vienen desde todas partes. La cuestión está no sólo (que también) en comprender (científicamente) qué hace a unos más proclive que a otro para “gobernar” (es decir, para encontrar la manera de no-trabajar físicamente; lo que “impone” el uso de la mentira de por sí… ¡qué remedio!) sino qué conduce a la formación, consolidación y defensa (por parte de “todos”) de las sociedades sucesivas donde sólo “ellos” pueden gobernar. Porque, al margen de los buenos deseos (que corresponde a otra idiosincrasia a investigar en lo individual y en lo social) habrá que reconocer que… nunca se han podido cumplir, y que eso se deberá a algo…
    En fin, digo yo…
    Un saludo.

  11. En mi pueblo hay un refrán que dice “Si quieres conocer a Juanillo, dale un carguillo”.

    De todos modos, opino que todas las personas tenemos una cierta propensión (mayor o menor) a abusar del poder que nos es dado. Y si en las democracias hay menos abusos y arbitrariedades, no es porque los líderes democráticos sean “de otra pasta”, sino sólo porque tienen miedo a los controles (de los otros poderes, de los medios de comunicación y, en última instancia, de los electores, que pueden revalidarles en el poder o retirarles de él).

    Esto explica que los políticos se afanen en controlar los medios de comunicación, para minorar el control de que son objeto. (Repárese en las televisiones autonómicas -Telemadrid, etc-, en la manipulación televisiva bajo el aznarismo, y otros casos).

    En este sentido, la “democratización” de la información que favorece Internet es un factor que juega en contra de las arbitrariedades, abusos y despotismos. Lógicamente las dictaduras -China, Cuba, etc- tratan de limitarlo en esos países.

    Bienvenido sea por eso Internet, gran esperanza de la humanidad.

  12. El mayor de la Juanita

    En todos sitios cuecen habas. Pero aquí quizás tengamos un plus. Cito un pasaje de la novela “La desbandá”, de Luis Melero, que me resultó significativo:
    (En el contexto de la Guerra Civil, habla el Omar, el Chafarino, un ciego que vive en la playa de Málaga)
    “-Los españoles somos un pueblo raro, Mani. Al menos desde la Pepa de Cádiz, legislamos bien, porque elaboramos leyes que muchas veces son las más avanzadas del mundo. Pero luego nos pierde el temperamento; a la hora de aplicarnos las leyes, encontramos tantas justificaciones para el pretexto, para la excepción, que llega el día en que todos nos creemos exentos de la obligación de cumplir esas leyes tan bonitas y tan modernas. Así, resulta que cada uno se comporta en todas las circunstancias como si tuviese bula y las normas sólo debieran cumplirlas los demás, y da la casualidad que los malagueños agrandamos hasta el absurdo esa convicción de estar por encima de las leyes. De ese modo no hay manera de que un país pueda ir adelante”.
    Y encima, algunos, con poder. Para reflexionar.

  13. Pingback: Los Enlaces de la Semana 9 - Hermenegildo en Dias Extraños.

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