Infinitas maneras de ser importante

Ha llegado el momento de plantear la pregunta inevitable ¿somos los humanos una especie jerárquica? La respuesta es ‘probablemente, sí’. Reconozco que esta pregunta puede causar cierto resquemor y resultar, una vez más, políticamente incorrecta. No cabe duda de que la cuestión del estatus en nuestra especie constituye un tabú. Resulta muy sospechosa la escasez de estudios realizados sobre la materia. La mayoría de los textos de Psicología no dicen explícitamente que el deseo de estatus constituya una motivación importante en nuestra especie, a pesar de los muchos indicios que tenemos al respecto. Parece como si hubiéramos decidido tácitamente dejar de lado esta cuestión. Si miramos hacia otro lado, tal vez consigamos creer que la bestia no existe.

Pero la bestia existe. El deseo de estatus es universal. Lo encontramos en todas las sociedades que han sido estudiadas; eso sí, con gran variaciones sobre el tipo de cosas  que confiere estatus a los individuos. De hecho, la Antropología constituye una fuente de información sobre este tema mucho más valiosa que la Psicología. Veamos algunos ejemplos. Entre los kwakiult, un pueblo de la costa Oeste de Norteamérica, hoy desaparecido, los individuos de alto estatus se veían obligados a organizar monstruosas fiestas, llamadas potlatch, si querían mantenerlo. Las fiestas duraban varios días y se organizaban por las razones más diversas, como nacimientos, bodas o el ingreso en sociedades secretas. Otras veces se organizaban por motivos triviales, ya que el verdadero objeto de estas fiestas era mostrar la riqueza de los organizadores, a través del consumo exagerado de todo tipo de comida, así como el reparto de regalos fabulosos entre los invitados. En algunos casos, los anfitriones terminaban la fiesta quemando la casa para mostrar públicamente su generosidad y desprendimiento. Aunque esta costumbre nos pueda parecer chocante, los jefes tribales que la protagonizaban estaban actuando de forma egoísta, ya que cuanto mayor fuera el dispendio realizado mayor sería su prestigio dentro de esta sociedad. Evidentemente, nuestras ‘bodas’, ‘bautizos’ y ‘comuniones’ tienen algún elemento en común con los potlatch.

Para los yanomami, las formas de conseguir prestigio son bien distintas. Esta tribu habita en selvas ecuatoriales en las orillas del río Orinoco, entre Venezuela y Ecuador. En la actualidad se estima que deben quedar menos de 10.000 habitantes y se encuentran continuamente amenazados por las actividades de mineros  –garimpeiros- que penetran ilegalmente en sus tierras. La subsistencia de este pueblo se basa en una agricultura semi-nomádica de ‘corta y quema’. Esta cultura, que se caracteriza por una extrema agresividad, ha sido muy estudiada por los antropólogos[1] [2]. Para un joven yanomami el camino hacia el éxito social pasa por emboscar y matar a muchos hombres de poblados vecinos y violar a muchas mujeres. Dentro de un mismo grupo, las peleas y el maltrato de los hombres hacia las mujeres no son nada infrecuentes. Cabe esperar que incluso los partidarios acérrimos del relativismo cultural califiquen estas prácticas de ‘dudosas’.

Entre los ¡Kung del desierto del Kalahari, los criterios de estatus son bastante más pacíficos. Este pueblo mantiene (o lo hacía hasta hace poco) un modo de vida nómada basado en la recolección y la caza. Los ¡Kung forman pequeños grupos sin líder aparente y, en general, constituyen una sociedad pacífica, sin clases sociales claramente definidas. La desigualdad económica es virtualmente imposible en su modo de vida, ya que no tienen forma de acumular riqueza, y las piezas cobradas son frecuentemente compartidas entre los miembros de la tribu. A pesar de su aparente igualitarismo, los estudios antropológicos revelan la existencia de una jerarquía laxa basada en la experiencia y la habilidad de un individuo como cazador. Al parecer, los individuos de alto ‘rango’ ejercen el liderazgo de forma suave, influyendo sobre las decisiones del grupo pero sin imponer su voluntad. Por otro lado, la sociedad valora la modestia del cazador habilidoso y las normas de educación exigen que éste no alardee de su capacidad como tal.

De acuerdo. Para los cazadores-recolectores el estatus es importante, pero ¿nos afecta eso a nosotros, los occidentales del siglo XXI? Obviamente sí, incluso en mayor medida que a las sociedades antes mencionadas. Después de todo. Los cazadores-recolectores son relativamente igualitarios, ya que resulta casi imposible acumular riqueza en esas condiciones. Resulta evidente que la lucha por el estatus individual constituye uno de los factores esenciales para explicar muchas de las conductas que observamos de forma cotidiana en nuestra sociedad, hasta el punto de que no creo necesario aportar pruebas o argumentar al respecto.


[1] Changnon, N. “Yanomamo: the fierce people” Holt, Rinchart and Winston, Inc. 1997.

[2] Eibe-Eibesfeldt, I. “El Hombre Preprogramado”. Alianza Editorial, Madrid 1977.

14 comentarios

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14 Respuestas a “Infinitas maneras de ser importante

  1. Un aplauso por aportar más evidencias que nos ayuden a bajar del pedestal donde nos hemos puesto y a que dejemos de “mirar para otro lado”. Creo que es lo que “denuncio” (en realidad caracterizo, relevo) erre que erre como instinto de dominación, el cual se expresa “dentro” de un “grupo” (ante/en el que hay que ganar puntos respondiendo a lo “fijado” en el grupo como “válido”: los valores o moral del grupo, con lo que el mecanismo se realimenta o autocataliza hasta que “algo” lo obliga a “cambiar para que nada cambie de fondo”).
    (Nota: para después del 18… “hace” el café?)
    Un saludo.

  2. .-PABLO: Estoy de acuerdo contigo, el estatus jerárquico en las sociedades es inherente a su organización social.

    .-Lo que se me ocurre es que según el tipo de organización social de cada sociedad, ascienden jerárquicamente un determinado tipo de individuos y no otros…No sé si me entiendes…

    .-Nunca te has planteado, según tu forma de ser, que a lo mejor, en otro momento, en otra época, tú hubieras llegado más alto en la escala social…?

    .-Quiero decir que si en una sociedad dada se valora mucho, por ejemplo, “comer mazapanes” y a ti no te gusta nada comer mazapanes; pues seguramente que no vas a promocionarte mucho en esa sociedad…

    .-¿Qué piensas tú al respecto de este planteamiento?

    .-Saludos.

  3. Hombre… yo no creo que sea ningún secreto la búsqueda de status hoy día…

    El consumismo se basa en ellos… La marca de tu coche, la marca de tu ropa, el barrio y la casa en la que vivas, tu oficio… Todo lo que hace el ser humano se conduce a incrementar su estatus y así tener acceso a más hembras…

    ¿Creeis que Tiger Woods tendría ese éxito entre las féminas si trabajara en un McDonalds?

  4. Andrés Juárez Martín

    Es evidente que el reconocimiento de éxito social es uno de los motores que mueve al ser humano, en los más diversos planos que imaginemos desde los mas altruistas a los mas vanáles.

  5. Néstor Mayer

    El tema que abordas en este artículo es muy interesante y coincido contigo que es poco desarrollado si se lo enfoca como una psicología del poder. En cuanto a las motivaciones que llevan a esta necesidad humana, hay muchos trabajos de sistematización, comenzando por Henrry Murray (1938) que dio pie al famoso esquema de Abraham Maslow (1954) y de muchos más.

  6. Me pregunto si hay un instinto jerárquico: un instinto de sumisión que hace que los humanos seamos (en general) sumisos: proclives a someternos a las órdenes de un líder (el cual líder es, por desgracia, muchas veces el más feroz, agresivo o sanguinario).

    ¿Es posible que el proceso evolutivo haya primado a aquellos grupos humanos en que existía la “disciplina” y sumisión a un líder (y que, por tanto, eran más eficaces en sus luchas y enfrentamientos con los grupos rivales)?

    Pensemos en todos los reyes que ha habido a lo largo de la historia de la humanidad (llámense reyes, emperadores, príncipes, mandarines, zares, sultanes, jeques, faraones, califas, emires, dictadores, caudillos…).

    Pensemos en ellos y preguntémonos: ¿habrían sido posibles sin una inclinación, una proclividad, un poderoso instinto, una pulsión innata, una humana tendencia hacia el sometimiento?

  7. Néstor Mayer

    Emilia, creo que el quid de la cuestión está en la fisiología de la motivación. Según referencias bibliográficas, Elliot Stellar (1954) puso énfasis en el hipotálamo como sistema regulador principal de las motivaciones. Y lo que nos dicen los especialistas es que el hipotálamo tiene áreas que controlan la agresión o la huida, así como el placer. Componentes que, me parece, juegan un rol fundamental en el comportamiento de dominio o sumisión. Quiero decir en definitiva, que es un poderoso instinto que puede ser modelado, o no, por la razón.

  8. Pingback: Los enlaces de la semana 8 - Hermenegildo en Dias Extraños.

  9. Emilia, hay una ley natural no sólo en humanos. El egoísmo gana al altruismo dentro del grupo, pero si el grupo se hace demasiado egoísta, pierde frente a los grupos más altruistas. Las especies con más futuro de supervivir son las más “democráticas”.

    El cerebro utiliza esa “regla de democracia”. ¡No hay unas neuronas-rey al mando!

    Saludos

  10. A mí me parece que los grupos que prevalecen son aquéllos que tienen un comportamiento altruista y solidario entre los miembros del grupo, pero hostil y destructivo respecto de quienes no son miembros del grupo o clan.

    Esto ya se ve en los insectos sociales.

    Las hormigas obreras están dispuestas a dar la vida por su patria (el hormiguero).

    Las abejas mueren después de picar: o sea, no pican para salvarse ellas, sino para salvar a la colmena.

    Son (en este sentido y salvando las enormes distancias) como los pilotos kamikaces japoneses durante la II guerra mundial.

    En fin, son muchos los animales que están “dispuestos” -programados- para, llegado el caso, sacrificar su vida por el grupo (por su colmena, por su hormiguero, etc), pero en ningún caso por la especie en su conjunto.

    En mi opinión, el tribalismo (esto es, el instinto tribal) humano proviene probablemente de aquí.

  11. Ma. Fernanda

    El coleccionar número de followers en lugar de amigos en twiteer una forma de sentirse importante en el mundo virtual de la web. Muy buenos razonamientos los tuyos que importante sentirse importante. saludos te sigo en Twitter MaFe.

  12. Creo que es parte de la naturaleza humana buscar la superioridad. Innevitable, pienso yo.

  13. Carla Fabri

    Sobre el comentario de Nestor Meyer, ojalá el sistema regulador de las motivaciones que funciona en el hipotálamo sea modelado por la razón (y el altruísmo) no por la publicidad.

  14. Richard

    Hola, yo creo que el tema debería ser abordado desde el punto de vista del aprendizaje y a nivel individual.

    El motivo creo que es tan simple como que saber el lugar que le corresponde a uno, ya sea yo mando tu obedeces o mas sutilmente, yo estoy por encima de ti y tu por debajo nos ahorra muchos conflictos que en un primer nivel nos crean problemas a nosotros mismos y luego a las metas del grupo.

    Supongo que si, los grupos humanos con individuos que se achantaron ante otros de legándoles poder generaron mas descendencia y por eso hoy se ve eso en tantas las relaciones humanas.

    El tema yo diría que si que ha sido tratado desde el ámbito de la motivación, aunque si nos duele reconocer el tema

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