El hombre que dio de comer al mundo

borlaug

Seguramente, pocas personas saben el nombre de quien más vidas humanas ha salvado a lo largo de la Historia. Su nombre es Norman Ernest Borlaug y murió el pasado mes a la avanzada edad de 95 años ¿Y a cuántos salvó? es difícil decirlo con exactitud, pero sin duda a cientos de millones.

Borlaug procedía de una familia de granjeros de Iowa, de modo que su conocimiento de la agricultura era de primerísima mano. Después de terminar sus estudios de doctorado en Patología Vegetal por la Universidad de Minnesota,  Norman aceptó un puesto de mejorador vegetal en México, financiado por la Fundación Rockefeller. Este viaje marcaría su vida, ya que este país sería su hogar los siguientes 62 años. Allí, en el famoso Centro para el Mejoramiento del Trigo y el Máiz, Norman empleó nuevas y creativas técnicas genéticas para lograr variedades de cereal con mucha mayor capacidad productiva. Estas variedades se extendieron pronto en muchos países (del Primer y tercer Mundo) y las técnicas se aplicaron a otros cultivos importantes como el arroz. Entre 1960 y 1990 la producción mundial de cereales se duplicó (aproximadamente). En consecuencia, los precios de los alimentos bajaron de forma constante desde los años 60s (en 2007 hubo un fuerte repunte de los precios debido a la mayor demanda para biocombustibles y alimentación animal). El éxito de los trabajos de Borlaug fue tan tremendo que este proceso ha recibido la denominación de “Revolución Verde”. Por ello, recibió en 1970 el Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, estos aumentos espectaculares en el rendimiento no salen gratis. Para lograrlos, debe aplicarse mayor cantidad de fertilizantes con el consiguiente riesgo de contaminación (fundamentalmente debido al exceso de nitrógeno). En realidad, lo que hizo Norman y su equipo fue seleccionar variedades de tallo más corto y resistente, de manera que resultaban muy productivas si se les suministraba fertilizante. Las variedades tradicionales, de tallo largo se encaman en si la espiga contiene demasiado grano y pesa demasiado.

Paradójicamente, la figura y el trabajo de Norman Borlaug han sido fuertemente criticados, fundamentalmente desde las filas del ecologismo más radical. Estos críticos  aducen que la Revolución Verde ha sido globalmente perjudicial ya que requiere de mayores insumos económicos, aumenta la contaminación y, en definitiva, ha distorsionado los métodos tradicionales de cultivo. Sin duda, la Revolución Verde fue insuficiente y produjo algunos  efectos no deseados, pero tampoco hay duda de que sin ella las cosas hubieran ido mucho peor. El hambre sigue siendo una lacra impresentable, pero la situación mejoró en casi todos los países, particularmente en Asia, aunque muy poco o nada en el conjunto de Africa. La actual crisis alimentaria se considera ligada a alza de los precios de los cereales (más info aquí).

Tuve la suerte de conocer (brevemente) a Norman Borlaug cuando recibió el doctorado honoris causa en mi Universidad. Me impresionó la sencillez, integridad y entusiasmo que trasmitía a pesar de sus 85 años. La foto, encontrada en internet, nos habla de sus mejores años, trabajando incansablemente en los campos de México con su sombrero y su libreta. Un tipo alto, de anchas espaldas. Un tipo listo capaz de inventar soluciones creativas a problemas viejos. Un buen tipo, Norman. Descanse en paz.

Más información sobre hambre/revolución verde:

Conway, Gordon (1998). The doubly green revolution: food for all in the twenty-first century. Ithaca, N.Y

y aquí

13 comentarios

Archivado bajo Agricultura, Uncategorized

13 Respuestas a “El hombre que dio de comer al mundo

  1. Pingback: El hombre que dio de comer al mundo

  2. Bernita

    Al llegar a la frase “… nuevas y creativas técnicas genéticas para lograr variedades de cereal con mucha mayor capacidad productiva.” recordé la polémica que hubo hace un tiempo con los transgénicos.

    Con estas innovaciones se podría obtener mayor volumen de producción con menos gasto de agua, sin necesidad de fertilizantes o pesticidas contaminantes y con nuevas cualidades nutricionales y antibióticas.

    El obstáculo más importante que debe salvar la ciencia genética es el tabú social y político acerca de la ivestigación en este campo, como ya se está consiguiendo con las células madre.

    Puede que las políticas al respecto lo rechacen de frente, pero en la Ciencia, el progreso es continuo, llegará antes o después, y cerrar las puertas a la invertigación no lo detendrá. Sólo si se invierte y se apoyan estos estudios conseguiremos productos libres de riesgos.

    Personalmente opin que, con toda probabilidad, asistiremos a una nueva Revolución Verde en las próximas décadas.

    Felicidades por el blog🙂

  3. Hola Bernita,
    Una segunda Revolución Verde es condición necesaria, pero no suficiente, para evitar/paliar la crisis alimentaria que se avecina

  4. Elena

    Estaisun pocodesinformados.

    Para comprender el fenómeno hay que volver a situarse a mediados del siglo pasado, volver a la guerra mundial y recordar otra vez la figura de Henry Wallace, el antiguo ministro de agricultura de Roosvelt que, al mismo tiempo, era propietario de una de las empresas comercializadoras de semillas más importantes del mundo, Pioneer Hi-Bred Seed, hoy fusionada con Dupont, la multinacional de los transgénicos. En compañía de Nelson Rockefeller y del embajador estadounidense en México, Daniels, Wallace puso en marcha una misión científica para asesorar en las nuevas técnicas agrícolas capitalistas al sur de Río Grande. Para implementarlas, en 1943 se creó una Oficina de Estudios Especiales dentro del Ministerio de Agricultura mexicano que enlazaba a la Fundación Rockefeller con el gobierno local bajo la dirección de J.George Harrar, un botánico (347) a la sombra de Warren Weaver que llegó a ser presidente de la Fundación Rockefeller cuando Dean Rusk dejó el cargo vacante en 1961 al integrarse en el gobierno de Kennedy. Fueron numerosos los agrónomos estadounidenses que se instalaron entonces en México, divididos por especialidades, pero concentrados en el cultivos de maíz, frijoles y trigo, encargándose Borlaug de esta última área.

    El objetivo de Rockefeller y Borlaug era desarrollar la penetración del capitalismo en el campo, crear una agricultura dependiente de los grandes monopolios internacionales que controlan las semillas, los fertilizantes y los pesticidas, fomentar el monocultivo intensivo e introducir maquinaria para realizar las faenas agrícolas que antes se realizaban manualmente. La productividad aumentó en algunas regiones, sobre todo en Estados Unidos, Europa y en los países abastecedores de trigo para el mercado mundial, como Argentina y otros. Pero los daños colaterales de la nueva política agraria fueron mucho más considerables, tanto de tipo social como ambiental: emigración de los campesinos a la ciudad, endeudamiento de los que permanecieron, concentración de la propiedad de la tierra, desastre ecológico de los pesticidas, derroche de agua… y el hambre.

    Nota de webmaster:
    Este es tipo de razonamiento al que me refería en el post, obviamente copiado y pegado de algún sitio (de ahí que aparezca un “(347)” colgado en el texto, indicando una referencia). El texto ignora hechos comprobables, tales como: 1) que la productividad aumentó en casi todas las regiones del mundo (no así en Africa), 2) que los precios de los alimentos bajaron consistentemente desde los años 60s hasta hace muy poco, 3) que el % de personas que sufren malnutrición ha disminuido en las últimas décadas (aunque no lo suficiente, claro), 4) que en los próximos años la población seguirá aumentando y, por tanto, si no aumenta la productividad el hambre aumentará, 5) que los fertilizantes y pesticidas crean problemas ambientales (que deben mejorarse), pero que sin esas herramientas serían imposible alimentar a una una población de 6.000 millones, 6) que las regiones donde no llegó la Revolución Verde (p.e. Africa) son las que más problemas presentan.
    Afirmar que las variedades de Borlaug son la causa de que haya hambre hoy día es un disparate ideológico de inmenso calibre, como negar el Holocausto o los crímenes de Stalin.
    Esto no significa que yo esté a favor del actual sistema de protección de la propiedad intelectual -no lo estoy- sobre todo si se trata de medicamentos o semillas. Tampoco significa que defienda la situación actual de desigualdad extrema que existe en la actualidad. Pero… por favor, no voy a pasar por una taquilla ideológica.

  5. También me sugiere a mi esta historia el asunto de los transgénicos. De cómo sin mayores evidencias científicas (salvo algún estudio de contaminación de cultivos, … corríjanme si me equivoco) se pretende prohibir de un plumazo este tipo de cultivos que, bien gestionados, serían más que pertinentes.

    Otra cosa, mariposa, sería que estos aavances llegaran a los países en vías de desarrollo a precios “asequibles”, que era una de las virtudes que se aducían de principio para este tipo de cultivos. Pero parece que de esto, nanay.

    Saludos

  6. Evolutionibus,
    Totalmente de acuerdo. El tema se trató aquí:

  7. Es un tema complejo. La revolución verde ha promovido una agricultura altamente demandante de insumos no renovables, entre ellos energía fósil. Los fertilizantes también son escasamente renovables. La palabra sustentabilidad no era necesaria en las primeras épocas de Borlaug. Ahora es urgente y no tengo claro que la revolución verde tenga respuestas para dar en este siglo. Estamos ante un doble reto: aumentar la productividad y amortiguar el impacto ambiental. Vienen tiempos turbulentos. Claro está, es con ciencia y sin preconceptos que deben buscarse las soluciones.
    Eduardo,
    De acuerdo en lo fundamental: examinar la evidencia. Ahora, los fertilizantes nitrogenados son, en principio, renovables y los potásicos poco problemáticos; el fósforo puede dar más problemas. La agricultura convencional tiene mucho que mejorar en cuanto a sostenibilidad. El problema es que la agricultura ecológica está basada fundamentalmente en la ideología y no en la evidencia experimental (hay algunas investigaciones serias, pero pocas). Hoy por hoy, sin fertilizantes, pesticidas ni semillas de calidad no se podría alimentar a la población mundial… y eso haría la situación bastante insostenible.
    Un saludo
    Pablo

  8. PAblo, vigila el enlace que me das … peligro

  9. Desde la posición de una profana en estos temas que sin embargo sigue este blog con el máximo interés, y relacionándolo en cierto modo con esta entrada, me gustaría que tratases la noticia que he leído recientemente, sobre una nevada provocada artificialmente por el Gobierno chino para combatir la sequía que aqueja a aquel país.

    Aunque sé que esta historia (provocación de precipitaciones lanzando determinado producto químico sobre nubes que de otro modo pasarían de largo) viene de largo, creo que hasta ahora los intentos habidos fueron bastante frustrantes.

    Sin embargo, el éxito del Gobierno chino en este caso abre, tal vez, posibilidades insospechadas.

    ¿Podrán fertilizarse regiones yermas? ¿Servirá para combatir la desertificación que afecta a amplias áreas del mundo, entre ellas España?

  10. Hola Emilia,
    No sé nada de los ensayos a los que te refieres; desde luego el tema es enormemente polémico porque ordeñar las nubes en un sitio puede disminuir las precipitaciones en otro. Dudo que pueda servir para combatir la desertificación.
    Un saludo

  11. Te bajo la noticia de http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/01/internacional/1257047045.html.

    Corresponde al pasado día 2 de noviembre.

    La capital de China ha amenecido este domingo cubierta por una gran nevada, la primera de la temporada, que fue provocada de forma artificial para aliviar la aguda sequía que padece el país. La falta de lluvías ha provocado problemas para llenar la inmensa presa de las Tres Gargantas.

    Una manto blanco cubre la mayor parte de la ciudad después de que el Observatorio Meteorológico Municipal de la capital china emitiese una advertencia del fuerte frente de frío para ayer por la noche.

    Esta no es la primera vez que China recurre a métodos artificiales para provocar o aumentar la nieve, ya que el pasado mes de febrero, después de más de 100 días de sequía, se movilizó al Ejército para que un avión de la fuerza aérea liberase 400 litros de nitrógeno líquido.

    Mientras que otros 200 efectivos lanzaron cohetes de yoduro de plata, un catalizador que genera una reacción química al contacto con las nubes que libera hidrógeno, y éste a su vez, al combinarse con el oxígeno de la atmósfera, produce agua o nieve, según la temperatura.

    En abril del 2007, los científicos chinos lograron producir nieve artificial en el distrito tibetano de Nagqu, a más de 4.500 metros de altura, con el objetivo de aliviar la falta de precipitaciones y reverdecer las praderas y pastos de la meseta más alta del mundo.

    Para la nieve de este domingo, la prensa oficial no informa de los métodos utilizados, mientras que los medios de comunicación locales la llaman un “regalo”, aunque se espera que traiga problemas al tráfico de la ciudad.

    SALUDOS

  12. Fue muy importante la revolución verde, pero como todo en esta sociedad, no tomaron en cuenta los daños a la naturaleza y solo se fijaron en mejorar el producto y hoy que ya estamos al borde con el calentamiento global y demás daños, es cuando notan ese daño. Pero supongo que en su tiempo fue un muy importante cambio en la agricultura.

  13. Karen,
    Entre la larga lista de cosas superfluas y contaminates, el cultivo de cereales para alimentación humana no parece estar muy alto.
    El problema del Hambre está lejos de haberse resuelto y las perspectivas no son nada buenas.
    Entre otras muchas cosas, necesitamos una nueva revolución verde.

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