Archivo diario: 2 noviembre , 2009

El hombre que dio de comer al mundo

borlaug

Seguramente, pocas personas saben el nombre de quien más vidas humanas ha salvado a lo largo de la Historia. Su nombre es Norman Ernest Borlaug y murió el pasado mes a la avanzada edad de 95 años ¿Y a cuántos salvó? es difícil decirlo con exactitud, pero sin duda a cientos de millones.

Borlaug procedía de una familia de granjeros de Iowa, de modo que su conocimiento de la agricultura era de primerísima mano. Después de terminar sus estudios de doctorado en Patología Vegetal por la Universidad de Minnesota,  Norman aceptó un puesto de mejorador vegetal en México, financiado por la Fundación Rockefeller. Este viaje marcaría su vida, ya que este país sería su hogar los siguientes 62 años. Allí, en el famoso Centro para el Mejoramiento del Trigo y el Máiz, Norman empleó nuevas y creativas técnicas genéticas para lograr variedades de cereal con mucha mayor capacidad productiva. Estas variedades se extendieron pronto en muchos países (del Primer y tercer Mundo) y las técnicas se aplicaron a otros cultivos importantes como el arroz. Entre 1960 y 1990 la producción mundial de cereales se duplicó (aproximadamente). En consecuencia, los precios de los alimentos bajaron de forma constante desde los años 60s (en 2007 hubo un fuerte repunte de los precios debido a la mayor demanda para biocombustibles y alimentación animal). El éxito de los trabajos de Borlaug fue tan tremendo que este proceso ha recibido la denominación de “Revolución Verde”. Por ello, recibió en 1970 el Premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, estos aumentos espectaculares en el rendimiento no salen gratis. Para lograrlos, debe aplicarse mayor cantidad de fertilizantes con el consiguiente riesgo de contaminación (fundamentalmente debido al exceso de nitrógeno). En realidad, lo que hizo Norman y su equipo fue seleccionar variedades de tallo más corto y resistente, de manera que resultaban muy productivas si se les suministraba fertilizante. Las variedades tradicionales, de tallo largo se encaman en si la espiga contiene demasiado grano y pesa demasiado.

Paradójicamente, la figura y el trabajo de Norman Borlaug han sido fuertemente criticados, fundamentalmente desde las filas del ecologismo más radical. Estos críticos  aducen que la Revolución Verde ha sido globalmente perjudicial ya que requiere de mayores insumos económicos, aumenta la contaminación y, en definitiva, ha distorsionado los métodos tradicionales de cultivo. Sin duda, la Revolución Verde fue insuficiente y produjo algunos  efectos no deseados, pero tampoco hay duda de que sin ella las cosas hubieran ido mucho peor. El hambre sigue siendo una lacra impresentable, pero la situación mejoró en casi todos los países, particularmente en Asia, aunque muy poco o nada en el conjunto de Africa. La actual crisis alimentaria se considera ligada a alza de los precios de los cereales (más info aquí).

Tuve la suerte de conocer (brevemente) a Norman Borlaug cuando recibió el doctorado honoris causa en mi Universidad. Me impresionó la sencillez, integridad y entusiasmo que trasmitía a pesar de sus 85 años. La foto, encontrada en internet, nos habla de sus mejores años, trabajando incansablemente en los campos de México con su sombrero y su libreta. Un tipo alto, de anchas espaldas. Un tipo listo capaz de inventar soluciones creativas a problemas viejos. Un buen tipo, Norman. Descanse en paz.

Más información sobre hambre/revolución verde:

Conway, Gordon (1998). The doubly green revolution: food for all in the twenty-first century. Ithaca, N.Y

y aquí

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