¡Al fin libres!

vainilla_chocolate

Me parece evidente que los humanos tomamos decisiones a diario y, de vez en cuando, tomamos decisiones realmente importantes para nuestra vida (y esas decisiones son, al menos en parte, conscientes) ¿Debería comprar un piso ahora? ¿Me cambio de trabajo? Con frecuencia este proceso es bastante penoso y torturado. Simulamos una y otra vez las posibles consecuencias de cada posible modo de acción. Sin duda, nuestro pasado, nuestro carácter, y la opinión de personas cercanas constituyen condicionantes fuertes, pero también es evidente que decidimos y ¡ay de aquel que no tome decisiones!

Curiosamente, los filósofos nos han dado la vara con el “problema del libre albedrío” durante siglos ¿existe?¿no existe?¿somos libres? Lo del libre albedrío puedo entenderlo en un contexto cristiano. Si Dios nos ha creado y es infinitamente sabio, Él sabe que (algunos) vamos a pecar y a condenarnos; dado que es  moralmente discutible crear criaturas para que vayan directamente al infierno ¿cómo puede ser Él al mismo tiempo infinitamente bondadoso? Entiendo que Tomás de Aquino se comiera el tarro ante una contradicción así. Los no-creyentes no tenemos ese problema.

Pero en los últimos 30 años han surgido unos extraños defensores del determinismo, que no son filósofos cristianos sino ¡neurobiólogos ateos! La cosa tiene su origen en un experimento realizado por Benjamin  Libet en 1983. El experimento transcurrió más o menos así: a un sujeto experimental (típicamente (¡ay!) un estudiante universitario) lo sentaron en una silla con el cráneo repleto de electrodos y le dijeron que moviera el dedo en el momento que él quisiera. El punto clave es que unas décimas antes de que el movimiento se produjera, los aparatos detectaban una señal. Puesto que la señal precedía a la decisión, Libet y sus colaboradores concluyeron que la propia decisión de mover el dedo no podía tomarla la consciencia, sino alguna parte del inconsciente.

Sin duda, el experimento es interesante ya que sabemos muy poco del proceso neurológico subyacente a la toma de decisiones. Pero lo que ha generado mucha controversia, y con razón, es su conclusión: la libertad no existe. Para empezar, no hay ninguna evidencia de que la señal que  precedía al movimiento (denominada RP) representara la decisión propiamente dicha. Podría ser una simple pre-alerta; para que mi cerebro tome una decisión tiene que “encenderse” alguna parte del mismo y al “encenderse” emite una señal, que es la que captaba Libet y colaboradores.

Sin embargo, disponemos ahora de nueva evidencia experimental que parece contradecir la interpretación de Libet. Jeff Miller y Judy Trevena, de la Universidad de Otago (Dunedin, Nueva Zelanda) decidieron repetir el experimento, pero añadiendo un pequeño matiz. Colocaron los electrodos en el cráneo del sujeto de experimentación y le pidieron que moviera un dedo; pero esta vez le dijeron que no tomara la decisión hasta oir un pitido. Si la interpretación de Libet era correcta, la señal debería ser mayor cuando se produjera la decisión del movimiento. En cambio, estos investigadores, encontraron que la RP era exactamente igual, independientemente de que hubiera movimiento o no. Miller y Trevena interpretan esta RP como una mera señal de que el cerebro está poniendo atención y no como un reflejo del acto mismo de tomar una decisión (Consciousness and Cognition, DOI:10.1016/j concog.2009.08.006).

Naturalmente, no todo el mundo está de acuerdo con esta nueva interpretación.Y hay bastantes más experimentos cuyos datos señalan en una u otra dirección, dependiendo de quién los interprete. Me temo que habrá polémica para rato.

Debo señalar que la cuestión que aquí se comenta no es exactamente una discusión puramente científica, desde el momento en que junta un experimento en neurobiología (Brain, vol 106. p623) con un concepto filosófico (libertad/libre albedrí0), el cual requeriría una definición más precisa para poderlo contrastar experimentalmente. Desde mi punto de vista, el hecho de que un agente (cualquiera de nosotros) sea capaz de anunciar a priori que va a realizar una acción (mover un dedo) y sea posible comprobar a posteriori que la acción se realiza (efectivamente, he movido el dedo), debería ser suficiente para garantizar el libre albedrío. Para mí esta es, de hecho, una buena definición de “libertad”.

Mi certeza de que podemos decidir algunas cosas (aunque la mayoría sean triviales) no quita que estudiar el fenómeno neurológico de toma de decisiones sea enormemente interesante. No sería raro que dicho proceso fuera en parte inconsciente; cuando uno toma una decisión no tiene ni idea de lo que ocurre dentro de su cabeza, pero de ahí no se deduce que la libertad no exista.Y para demostrarlo, me voy  a tomar ahora mismo un helado de chocolate (que no de vainilla) porque me da la gana.

Más info

PS Agradezco al profesor Francisco Rubia y a Alvaro Cortina y demás miembros de la tertulia Unamuno-Prim por las interesantes discusiones generadas sobre este tema los dos últimos martes

17 comentarios

Archivado bajo Biología, Filosofía, Neurobiología, Uncategorized

17 Respuestas a “¡Al fin libres!

  1. Joder, que interesante el tema… Me gustó mucho.
    Un saludo.

  2. En realidad, el concepto de libre albedrío es inconsistente con el hecho de que las moléculas de que estamos compuestos obedecen las leyes físicas: si las leyes son deterministas, entonces, dado el estado de nuestro organismo (y todo lo demás) en el momento t, su estado en el momento t’ no puede ser más que uno (y esto es válido para cualquier cosa que hayamos hecho entre t y t’: jugar al ajedrez, digerir un helado, comprar un coche, etc.).
    .
    Si las leyes son indeterministas, entonces el estado de nuestro organismo (y todo lo demás) en t, determina sólo una cierta distribución de probabilidad de nuestro estado en t’, pero eso quiere decir que cuál de esas posibilidades alcancemos es fruto de la CASUALIDAD determinada por esa distribución de probabilidades.
    .
    Al fin y al cabo, el ACTO de la decisión, sea lo que sea, es una operación realizada por un circuito eléctrico.
    .
    He hablado abundantamente del tema en una serie de entradas de mi blog:
    http://abordodelottoneurath.blogspot.com/2007/12/como-el-sol-cuando-amanece-la-ilusin.html
    .
    Saludos

  3. ¿Y si la decisión de tomar ese helado estuviera simplemente motivada por la necesidad (inconsciente) de glucosa que tu cuerpo experimenta en ese preciso momento?¿Y si en realidad la preferencia de chocolate en lugar de vainilla tenga su origen en alguna sustancia propia del chocolate que tu inconsciente pide a gritos? ¿Has elegido libremente?

    Que conste que yo creo que sí somos libres de elegir, al menos una parte de nuestras acciones, el problema es, como tu bien dices, determinar cuáles, sin que ello conlleve por supuesto que no exista la libertad. No me creo que seamos un simple soporte vital para nuestros genes…

  4. José Manuel

    Nuestro libre albedrío está restringido -y condicionado- por la suma de mis genes + mi mapa final de red neural + mis experiencias en la infancia y adolescencia + instintos + mi memoria acumulada + cierta aletoriedad + …

    Hacer o no hacer, he ahí el dilema y, posiblemente, nuestra pequeña libertad.

  5. nemo

    Buen artículo, excepto la conclusión.

    Un agente (un ordenador) puede anunciar a priori que va a realizar una acción (formatear el disco) y realmente hacerlo (si no desenchufamos la corriente a tiempo).

    Eso no implica que tenga libre albedrío (ni que no lo tenga, claro).

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  8. Nemo,Tienes razón pero el ordenador ha sido programado previamente por un humano. Cuando los ordenadores se programen solos…

  9. José Manuel

    Jesús:

    que nuestro soporte material esté, el última instancia, compuesto de partículas, no quiere decir, ni mucho menos, que la consciencia, la razón o el libre albedrío (?) se genere en los átomos del cerebro. Son interacciones de la mente albergadas en las redes neuronales. O sea, podemos hablar de redes, neuronas, sinapsis, neurotrasmisores, ondas, etcétera, pero no creo que haya que profundizar en las partículas más pequeñas que componen la materia orgánica e inorgánica, ni el nivel cuántico de la materia.

    Experimentadamente es casi imposible que efectos cuánticos jueguen un papel determinante en los procesos de la mente.

    Por el tamaño (número de partículas) y temperatura a la que se encuentra el cerebro es casi imposible que dichos efectos cuánticos se mantengan y, por lo tanto, que permitan explicar la conciencia, el libre albedrío o la razón. La conciencia se genera en las redes neuronales (en el bucle tálamo-cortical, concretamente), no en las partículas del cerebro.

  10. José Manuel:
    Si la consciencia no se genera en los átomos, no sé dónde se va a generar. Claro que no se genera en los átomos “individualmente”, sino en la red neuronal que, a su vez, es la que es debido a las fuerzas eléctricas que ligan unos átomos a otros.
    Que los fenómenos cuánticos tengan poco que ver al nivel de las neuronas es un argumento más a favor del libre albedrío (al menos, elimina el refugio -que yo creo que no es tal- de quienes quieren buscar algo parecido a la libertad en la indeterminación cuántica): eso significa que el cerebro es un sistema determinista, y la libertad (o sea, la existencia de POSIBILIDADES ALTERNATIVAS) es una ilusión: al decidir, nos IMAGINAMOS que tenemos la posibilidad de decidir algo distinto a lo que decidimos, pero es sólo algo que nos imaginamos, no es verdad, no existe esa POSIBILIDAD, pues las neuronas obedecen ciegamente las leyes físicas, las cuales las determinan a comportarse SÓLO de una manera en cada circunstancia.

  11. Lo interesante, desde el punto de vista biológico, es entender cómo y por qué hemos llegado a tener la SENSACIÓN (o la capacidad de sentir la sensación) de que tenemos varias opciones. Pero la existencia misma de opciones es incompatible con la física.

  12. José Manuel

    Jesús:

    El determinismo -que subrayas- es una conclusión a posteriori (siempre existe una medida que dará un resultado totalmente determinista). Pero ¿por qué no medimos en el milisegundo antes de la decisión, como experimento mental?

    A nivel computacional, las ecuaciones que rigen estos procesos bioquímicos atienden a ecuaciones clásicas estocásticas…

  13. Néstor Mayer

    En – http://www.terceracultura.net/tc/?p=1276 – se habla de este tema y ante la pregunta de un comentarista sobre donde está la conciencia no me he resistido a meter un bocadillo que estaría en armonía con lo que dice José. El comentario dice: “….la conjetura de un neófito (yo). Recientemente se ha difundido que el proceso básico de almacenaje de experiencias en el cerebro estaría en la conformación de distintas moléculas proteicas en las sinapsis, al responder a los impulsos eléctricos. Ante la pregunta ¿por qué y de dónde surge la consciencia? podríamos especular que ante una situación externa A los sentidos producen señales que configuran en las redes neuronales determinados caminos y sinapsis. Luego al revivir esta situación producimos internamente un flujo de impulsos que al pasar nuevamente por las sinapsis configuradas por la situación A, proveen la misma sensación que cuando se conformaron por las señales externas. Este sería un ´bit´ de conciencia.
    El esquema es el mismo que una cámara de video que toma imágenes y las reproduce. Las moléculas proteicas equivaldrían a los bits almacenados en la cámara.
    Saludos

  14. Néstor Mayer

    Perdóm, Jesús y no José.

  15. Jesús,
    Leí tus comentarios sobre el “libre albedrío” y siguen sin convencerme.
    1. Todos los seres vivos tienen una “conducta”, lo que significa que obtienen información del medio toman decisiones, generalmente encaminadas a aumentar su “fitness”.
    2. En el caso de los humanos estas decisiones están acompañadas de una “sensación subjetiva” de existir a la que solemos llamar “consciencia”. Cabe pensar que seres filogenéticamente cercanos tengan también una “sensación subjetiva de existir”, la cual será seguramente distinta de la nuestra y difícil de entender por nuestra parte (lo de la mente del murciélago…).
    3. La conducta humana (y de otros seres vivos) es, en parte, impredecible para un observador externo.
    4. La capacidad de tomar decisiones, reportadas como “conscientes” e impredecibles para un observador externo es lo que comúnmente se conoce como “libre albedrío”.
    5. No sé qué leyes de la física son violadas por el hecho de que un humano tome una decisión. Hay muchos fenómenos en la naturaleza que son aleatorios (el movimiento de una molécula de gas, el momento en que se desintegra un isótopo radiactivo…)
    6. Decir que el universo está determinado sólo tiene sentido si es posible predecir todos los fenómenos. En caso contrario, el término es irrelevante.
    7. Que el libre albedrío sea un “constructo” de la mente es obvio, como lo es nuestra capacidad para resolver ciertos problemas o tener sentimientos.

  16. Bueno, Pablo, se trata de un detalle, una sutileza filosófica: cuando dices La capacidad de tomar decisiones, reportadas como “conscientes” e impredecibles para un observador externo es lo que comúnmente se conoce como “libre albedrío”., es cierto que es lo que “comúnmente” se llama así, pero en la discusión filosófica sobre el tema se distingue:
    a) el proceso de toma de decisión (en el que el sujeto “SIENTE” que tiene varias opciones abiertas),
    b) la REALIDAD de esas opciones; puedo imaginar que el agua que cae por una catarata piensa que tiene la opción de pararse y empezar a subir, pero REALMENTE no tiene esa opción. Las opciones que NO elegimos, no era REALMENTE posible que las hubiéramos elegido, porque eso implicraía que el proceso FÍSICO que consistió en nuestra decisión hubiera ocurrido de un modo distinto al que ocurrió, o sea, que algunos iones, en vez de ir hacia el axón que tiraba de ellos con un campo eléctrico mayor, se fueron hacia otro, o sea, que violaron las leyes de la física.

  17. bollenko

    Hola, antes que nada mi enhorabuena por este excelente blog.
    En mi opinión habría que contemplar la idea de que absolutamente cualquier cosa que podamos considerar, sentir o experimentar está constituida por variaciones de un mismo material básico: el significado, es decir, la consciencia.

    El calor, el amor, el número, el círculo, lo que sea…, se manifiestan y significan algo, y eso determina la acción.

    Los significados son variables según el contexto.
    Hablar de átomos es situarse en un determinado contexto y hablar de la libertad experimentada nos sitúa en otro contexto. Al mezclar contextos de esta manera suelen surgir extrañezas y paradojas.

    Puede verse por ejemplo si hablamos del altruismo. Desde el punto de vista de la experiencia subjetiva del fenómeno, el altruismo existe, claro que sí, uno puede dar una limosna con verdadera intención y experimentar esa sensación. Pero en otro contexto alguien puede venir y contarte que el altruismo desde el punto de vista genético y evolutivo constituye una acción egoista que acaba beneficiándote a tí. Diferentes contextos, diferentes significados. Ambos resultan útiles aplicados en su propio ámbito.

    Si esto fuera así, que el significado en cualquiera de sus formas fuera un producto de la evolución, una “herramienta de supervivencia”, podría darse el caso de que ante ciertas disyuntivas podríamos optar por reconocer el valor útil de cada significado en su propio ámbito sin caer en la tentación de hacerlos absolutos.

    El determinismo es un concepto ciertamente útil, el diseño de cualquier máquina se basa en esa idea. Sin embargo no veo la necesidad de elevarlo a la categoría de absoluto, como algo independiente de nuestra propia consciencia, de lo que significa esa idea para nosotros .

    Cuando el cuerpo fallece, desaparece todo significado.

    Saludos

    P.D. A Pablo Palenzuela, querría aprovechar este post para pedirte que me recomendaras un buen libro de antropología, de algún autor de renombre, te lo agradecería. He intentado escribirte un correo pero no he localizado tu dirección.

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