Archivo diario: 30 abril , 2009

rabietas infantiles y presión social

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A cualquiera que haya tenido hijos le habrá pasado más de una vez.  Estamos en un restaurante, en un avión o en cualquier otro lugar público y, de pronto, el “angelito” o “angelita” se coge una rabieta de mil demonios por cualquier tontería. En seguida empiezan las miradas de reproche de los que están alrededor. Si los llantos se prolongan, las miradas se tornan cada vez más feroces, hasta que la presión social resulta insoportable para el sufrido progenitor. En esas circunstancias, las probabilidades de que los padres cedan al  deseo de la criatura son altas y proporcionales al número de personas que se encuentren alrededor. En cambio, en casa las cosas son diferentes. Aquí nadie puede oírte. Grita cuanto quieras, condenado.

Lo curioso es que este tipo de problemas no son exclusivos de nuestra especie. A las madres macacas les ocurre exactamente igual, y ellas también suelen acabar “derrotadas” por las rabietas en lugares públicos, de acuerdo con un interesante artículo aparecido el mes pasado en los Proceedings of the Royal Society B.

Entre una hembra de macaco y su cría, el motivo de discordia suele ser el acceso a un recurso escaso: la leche materna. Si el pequeño quiere ser amamantado y la madre no le deja, la bronca está garantizada. Por desgracia para la madre, los pequeños tienen un aullido agudo francamente molesto para cualquiera que se encuentre cerca. No es extraño que tanto la infortunada madre como el pequeño tengan una probabilidad de ser atacados por otros individuos 30 veces mayor durante una bronca que en momentos de calma.

Semple y sus colaboradores estudiaron durante largo tiempo a una colonia de macacos en la Isla de Cayo Santiago (Puerto Rico). Observaron que cuando la “bronca” se producía en ausencia de otros animales, la madre cedía a las pretensiones de la cría en un 39% de los casos. Esta frecuencia subía al 54% en presencia de otros individuos; pero si además se trataba de individuos de alto rango que no fueran parientes de la madre (lo que implica una mayor probabilidad de que reaccionen agresivamente a los chillidos), la probabilidad llegaba al 82%.

La mayoría de los primates vivimos en sociedad y es difícil sustraerse a su influjo.

Semple et al (2009)

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