Archivo diario: 17 abril , 2009

Elogio de la roña

manos_sucios

Reconozco que soy un tipo un tanto guarro para los estándares modernos. Entiéndanme, suelo ducharme todos los días, pero podría pasar sin ello sin demasiado sufrimiento. Tampoco soy excesivamente escrupuloso en cosas tales como beber a morro y compartir la botellas con otros humanos (algo inevitable, por otra parte, si sales al campo). Y creo que para hacer (casi) cualquier cosa uno tiene que mancharse las manos.

Estas costumbres no concuerdan bien con los tiempos que vivimos, donde parece que se ha declarado una guerra sin cuartel a la suciedad de todo tipo. Tenga cuidado, señora, las bacterias acechan en su cocina, en el cuarto de baño, en el jardín, en la calle, en los pomos de las puertas, en la ropa…

Aparentemente, nos hemos creído el mensaje y lo estamos aplicando con inusitada eficacia. El otro día mientras hacía la compra en el súper, encontré un producto (Amukina, se llama) para lavar las verduras y eliminar todo tipo de gérmenes. El producto en cuestión era bastante caro, a pesar de que se trata de una solución diluída  de hipoclorito sódico (lejía), que cualquiera puede preparar en su caso por un precio 100 veces menor.

Pero el problema no es el precio de la amukina, sino la obsesión malsana que tenemos con la limpieza. Créanme, acabar con las bacterias no sólo es imposible sino que intentarlo es contraproducente. La falta de suciedad puede perjudicar su salud y la de los demás. Y esto no lo digo sólo porque sea un guarro, sino porque además existen razones muy sólidas que lo apoyan. Veamos dos.

1) El exceso de limpieza puede provocar enfermedades alérgicas. Las alergias han aumentado mucho en los últimos años y la hipótesis más aceptada para explicar este hecho se basa justamente en que nuestros sistemas inmunológicos no están los suficientemente estimulados (por vivir en un ambiente demasiado limpio) y acaban “sobre-reaccionando” frente a proteínas inofensivas, como las que tiene el polen de gramíneas o los ácaros del polvo.

2) El uso excesivo de  desinfectantes domésticos puede estar contribuyendo a la generación de bacterias resistentes a desinfectantes. Cada año tiramos por la pila toneladas de productos desinfectantes domésticos, particularmente compuestos cuaternarios de amonio. Buena parte de estos productos, aunque muy diluídos, acaba en los suelos agrícolas. Justamente ahí está el problema; las concentraciones bajas proporcionan el ambiente óptimo para favorecer la selección de bacterias resistentes a los mismos, las cuales (lógicamente) se multiplican más rápido que los genotipos sensibles. Una vez generada la resistencia, los genes que la provocan pueden pasar de una especie bacteriana a otra, incluyendo a aquellas con son patógenas de humanos. El salto de los suelos agrícolas a la cadena alimentaria no es demasiado difícil.

Las bacterias no son seres primitivos, como solemos pensar, sino seres altamente evolucionados después de miles de millones de años de pelear  contra condiciones adversas y de competir ferozmente con sus congéneres. Por otra parte, la inmensa mayoría de las bacterias no nos causa ningún daño. Tiene sentido que evitemos el contacto con las bacterias peligrosas, pero tratar de evitar el contacto con todas las bacterias es totalmente insensato.

Gaze WH. 2008. Is pollution driving antibiotic resistance? Planet Earth (quarterly magazine of the Natural Environment Research Council), Winter 2008, p14-15.

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