Genes y Memes

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Aunque pueda parecer lo contrario, una de las motivaciones principales de este blog es refutar la dicotomía Naturaleza vs Crianza. En el momento en el que nos tragamos este cuento y empezamos a argumentar a favor o en contra de alguna de las dos posturas la hemos fastidiado irremediablemente. Es cierto que me han acusado de biologicista algunas veces y ninguna de ambientalista; pero también es cierto que nadie entre los primeros niega la influencia de la educación y bastantes entre los segundos niegan la influencia genética (afortunadamente, cada vez son menos).

Pero el objetivo no es llegar a un conciliador “empate y todos contentos”, sino identificar los genes implicados, los mecanismos bioquímicos y neurológicos que están detrás de esos genes y (más importante) qué cosas pueden cambiarse y cuáles son las estrategias óptimas de aprendizaje. El primer paso consiste en abandonar para siempre el maniqueísmo genes/educación. Los siguientes pasos requieren ir a los detalles…

La imagen adjunta es un mapa de la “calidad del cableado” de un cerebro, esto es, una medida de la cantidad de conexiones en distintas partes del mismo (1, lóbulo parietal; 2, cuerpos callosos, 3, lóbulo frontal; 4, lóbulo temporal; y 5, corteza visual) empleando una técnica denominada HARDI. Se trata de una variante de la Resonancia Magnética, capaz de mostrar la cantidad de agua que difunde a través de la materia blanca; esta medida está relacionada con la integridad de las vainas de mielina y esto a su vez con la rapidez del impulso nervioso. La imagen puede considerarse, pues, como un mapa de la velocidad mental.

Cuando Paul Thomson y sus colegas de la Universidad de California aplicaron esta técnica a un conjunto de gemelos idénticos y no-idénticos pudieron comprobar que esta característica tenía un importante componente genético (el trabajo aquí).


Estos investigadores estimaron la importancia del componente genético en el 85,100,65,45 y 76% respectivamente para las áreas 1-5. Por otro lado, la integridad de la mielina en esas áreas está correlacionada con las puntuaciones en los test de inteligencia.

Pero el que esta característica se herede genéticamente no significa que no pueda cambiarse; de hecho, los científicos creen que la integridad de la mielina es una diana susceptible de manipulación, al contrario que otras, como la cantidad de materia gris. El identificar los genes responsables y estudiarlos a nivel bioquímico tal vez permita desarrollar nuevas terapias frente a enfermedades como el autismo o la esclerosis múltiple, o simplemente, mejorar la capacidad cognitiva de las personas (podemos preguntarnos si esto último es o no deseable). En todo caso, todavía estamos bastante lejos de cualquier aplicación práctica de este tipo.

En otro trabajo parecido, publicado esta semana en Science, un grupo de la Universidad de Aachen (Alemania) empleó la resonancia magnética funcional (fMRI) para estudiar cómo diferentes individuos emplean distintas estrategias mentales cuando son confrontados con tareas complejas. De nuevo, al estudiar gemelos idénticos y fraternos observaron que la tendencia a emplear una estrategia determinada tenía una heredabilidad el 60-90%.


En el otro lado de la (falsa) polémica, tenemos este artículo publicado en el Journal of Neuroscience.


Para este trabajo se seleccionó (aleatoriamente) a un grupo de 15 colegiales de 6 años de edad y se los “sometió” a un entrenamiento musical moderado (consistente en lecciones semanales de teclado). Al cabo de tan sólo 15 meses, los investigadores comprobaron mediante escáner que se habían producido cambios estructurales en el cerebro de los chicos musicalmente entrenados, y no en el grupo de control. Adicionalmente, este entrenamiento estaba correlacionado con mejoras cognitivas en tareas relacionadas (capacidad de recocer melodías y coordinación manual) pero no en actividades no relacionadas, como la aritmética.

No todo el mundo puede ser un Mozart, pero incluso los genios tienen que practicar.

6 comentarios

Archivado bajo Biología, Evolución, Filosofía, Genes, Inteligencia, Neurobiología, Psicología

6 Respuestas a “Genes y Memes

  1. ¿No se han hecho estudios sobre si funcionan diferente los cerebros cuyos “portadores” tienen diferentes lenguas?, es decir, el lenguaje configura el pensamiento y no piensa “de la misma manera” un español que un alemán…¿estas diferencias se reflejan también en la forma de funcionar el cerebro?

  2. Hola Miski,
    La idea de que el lenguaje “condiciona” el pensamiento lleva tiempo rondando y también tiene muchos detractores. Que yo sepa no hay demasiadas pruebas en este sentido.

  3. Aloe

    Si no recuerdo mal, había una vieja discusión entre defensores y detractores de la medida del CI que tenía que ver con lo siguiente:
    Para defender que el CI (que es al fin y al cabo una magnitud unidimensional, como si dijéramos la estatura) tiene un significado sustantivo, y mide algo más allá de las convenciones acordadas para su cálculo, se ha solido hacer mucho hincapié en el factor g, que vendría a ser lo que mide el CI y sería un factor general de mejor o peor inteligencia.
    En sentido contrario, se ha solido hacer hincapié en que el CI se calcula mediante test que miden capacidades distintas para tareas distintas, las cuales pueden o no correlacionar entre sí, o pueden hacerlo mucho o poco. Desde este punto de vista, la elección de los test y la ponderación que se les atribuya tienen mucha importancia para la medida del CI.

    En terminos matemáticos se trataría de si los vectores de las distintas habilidades son ortogonales o correlacionan mucho (o poco), y de si por lo tanto, el vector g, como resultante de todos los demás, los representa bien o no (si son casi ortogonales los representará de pena, si son bastante colineales los representará bastante bien).

    Desconozco el estado actual de la cuestión. Sospecho que el descubrimiento de que los varones puntúan algo menos en promedio en los test más clásicos o más “escolares” (comprensión y pensamiento verbal) y algo más en promedio en los test de “visión espacial” ha contribuido a acercar las posiciones de los defensores de g, que solían ser más innatistas y más entusiastas del CI, a las posiciones de “inteligencia distinta para distintas tareas”.
    Una vez tomada la decisión de que los distintos test ponderen “a propósito” para que la media en ambos sexos sea 100, el principio de que “los test dan igual mientras estén bien diseñados, porque todos miden lo mismo” ya se ha ido al carajo.
    También puede haber contribuido a eso que el conocimiento sobre el cerebro y su funcionamiento, aunque sea todavía escaso, ha ido avanzando.

    A lo que voy es que a mi, en esa vieja controversia, siempre me pareció que g podía explicar precisamente cosas como “calidad del cableado” general del cerebro, que tiene mucho sentido que tenga un componente genético claro y hasta simple (que unos pocos genes influyan mucho en ella) y afectar por tanto de modo más o menos universal al desempeño en todos los test. Por lo que representaría algo que existe de verdad.

    Sin que eso quite razón a los que defienden que no hay una inteligencia, sino inteligencias distintas para tareas distintas (aunque a veces se ayuden unas a otras), o sea, que la inteligencia es algo así como “modular”. Por lo que aunque g existiera, no explicaria más que una parte de lo que llamamos inteligencia, ni el CI dejaría de tener un gran componente convencional, según el peso de cada tipo de test.

    En la controversia clásica, los defensores de g y de la existencia real y sustantiva de lo que mide el CI tendían a ser innatistas, mientras los que defendían “varias inteligencias para varias tareas” tendían a defender también el papel del contexto social y la educación.

    Me alegra que por un lado mi suposición mira por donde igual acertó, y por otro, que la oposición entre innatistas y ambientalistas pase a otra dimensión, una vez que admitimos que la “calidad del cableado” es por un lado un componente importante y, por lógica, muy “biológico”, pero sorprendentemente también susceptible de modificación por el entrenamiento.

    En cuanto al CI, nunca me he creído que sirva para afinar mucho, ni que mida una variable real y neurológicamente existente con independencia de los test y la ponderación elegidos. Tampoco hay que hacer sangre con ello, es una medida tosca y que dice lo que dice, pero tiene alguna utilidad, siempre que no se convierta en dogma.

    Saludos y disculpas por la extensión.
    Un día de estos voy a tener que tener un blog propio, porque esto empieza a parecerse a los que “no necesitan conducir ni tener coche” porque ya les llevamos siempre los amigos.
    Un abrazo

  4. Hola Aloe,
    Los defensores de g argumentan que hay una buena correlación entre las puntuaciones en distintas pruebas; esto se mantiene aunque los “pesos” relativos se hayan alterado (para que la media del IQ sea igual en hombres y mujeres). Por otro lado, el IQ es un buen “predictor” de éxito académico.
    Estoy de acuerdo en que es una medida bastante cruda; En mi opinión (no tengo datos), las personas con IQ muy por debajo de la media tienen problemas para realizar algunas tareas complejas; en cambio, un IQ alto es un estimador pobre de “excelencia intelectual”.

  5. Aloe

    Bien, lo que dices iría en consonancia con que una serie de cualidades generales, como “calidad del cableado” y quizá eficiencia energética o de determinadas rutas metabólicas dependieran de unos pocos genes, los cuales al fin y al cabo serían “normales” en la mayoría de las personas, es decir, que como dices, determinarían un desempeño anormalmente bajo, o en los percentiles más bajos dentro de lo normal, pero no darían ninguna excelencia para percentiles altos. Quiero decir, si la inyección de combustible de un coche va regular, el coche irá regular, pero si va bien, va simplemente normal como tiene que ir, no lo mejoras metíendole más combustible.

  6. Oscar

    Hola a todos.

    El estudio que mencionas en la última parte del post me ha hecho recordar aquel chiste del Perich:

    “El ajedrez es un juego que desarrolla la inteligencia…para jugar al ajedrez”.

    Por cierto, el chiste del Perich es unos treinta años anterior al estudio citado…

    Saludos.

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