Archivo diario: 12 marzo , 2009

El origen oral de la moral

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La palabra “repugnante” puede aludir tanto a un estímulo literalmente vomitivo como a una conducta percibida como injusta y “moralmente repugnante”. Aparentemente, esta conexión entre la repugnancia estomacal y la moral podría tratarse simplemente de una metáfora, pero para Chapman y sus colaboradores de la Universidad de Toronto la cosa va mucho más allá. La hipótesis de estos investigadores es que la respuesta emocional frente a estímulos estomacal y moralmente repugnantes es similar y probablemente tiene un origen evolutivo común. Así, un tipo de respuesta destinado evitar comidas tóxicas (p.e. sensaciones de asco frente a determinados olores) pudo ser transferida a otros estímulos o determinadas conductas.

De acuerdo, la idea es bonita y coincide con el principio de la pre-adaptación: un carácter existente y que cumple cierta función en una especie puede ser “reclutado” por la evolución para realizar una función diferente. Originalmente, el sistema de “repugnancia” verdadera consistiría en un “sistema de evaluación” destinado a evitar alimentos tóxicos; en una primera fase dependería de ciertos olores o sabores, pero podría ampliarse para rechazar alimentos en función de su origen percibido. Posteriormente, mediante una evolución cultural y biológica podría transferirse a determinados símbolos; p.e. un individuo devoto podría sentir verdadero rechazo ante alimentos prohibidos por su religión. Finalmente, el sistema se habría extendido al rechazo de determinadas conductas, como el incesto o la injusticia flagrante. Durante este proceso, el sistema de rechazo habría seguido teniendo valor adaptativo, ya que permitiría comunicar la “negatividad” de determinadas cosas o acciones.

La cuestión es ¿cómo contrastar esta hipótesis? Los autores del trabajo descubrieron que se activan los mismos músculos ante situaciones de repugnancia “gustativa” (sabores desagradables), repugnancia “básica” (fotografías de cosas desagradables) y repugnancia “moral” (percepción de injusticia en un juego de ultimátum). En los tres casos se produjo una elevación del músculo levator labii, lo cual es consistente con la hipótesis. El siguiente paso (supongo) será examinar los cerebros de los sujetos experimentales mientras “sufren” los estímulos mencionados, empleando las modernas técnicas no invasivas, como la tomografía por emisión de positrones, y ver si en todos los casos se activan los mismos circuitos cerebrales.

A un nivel mucho más primario, intuyo que la hipótesis debe ser cierta porque cuando oigo hablar a algunos políticos me dan arcadas secas.

Chapman et al. (2009) Science, 323:1222-1226

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