Archivo diario: 13 febrero , 2009

Citas rápidas

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…Y nunca beso en los primeros dos segundos.

Uno de los problemas recurrentes al investigar la conducta humana tiene que ver con la fiabilidad de la encuestas. En muchos casos, la metodología experimental se basa en cazar a un grupo de aburridos estudiantes universitarios y (a cambio de dinero o créditos académicos) someterlos a una encuesta; los resultados de la misma son procesados con técnicas estadísticas estándar, redactados y enviados a publicar. No quiero decir que la metodología sea completamente inútil, pero ya he expresado varias veces mis dudas al respecto. A nadie se le escapa que los humanos no decimos siempre la verdad, o de forma más precisa, existen discrepancias entre lo que decimos y los que hacemos ¿Cómo saben los investigadores cuánta es la discrepancia que hay en el caso concreto que investigan? Respuesta: no lo saben.

Afortunadamente, para estudiar la conducta humana existen métodos alternativos (aunque generalmente más fatigosos). Sin ir más lejos, el de observar cómo se comportan las personas reales en situaciones reales. Si el tema de investigación está relacionado con las “estrategias de apareamiento” de nuestra especie la cosa puede ser bastante delicada. Sin embargo, en los últimos años ha surgido una costumbre que podría abrir una ventana en este campo: las citas rápidas.

Suele admitirse que las inventó el rabino Yaacov Deyo en 1988 para ayudar a los judíos solteros de Los Angeles a encontrar a su media naranja (conmovedora la preocupación del rabino por el bienestar de sus fieles). La costumbre se ha extendido por varios continentes y grupos sociales. En un evento típico, un grupo de interesados e interesadas paga una pequeña contribución por participar en una especie de “carrusel del amor”, en el que cada pareja dispone de un tiempo aproximado de ocho minutos para conocerse. Pasado este tiempo: ¡cambio de pareja! Por costumbre, son los chicos los que cambian de lugar. Y vuelta a empezar otros ocho minutos hasta que todas las posibles interacciones tengan lugar. Al final, ellos y ellas manifiestan su interés por volver a ver a un subconjunto de afortunados o afortunadas, escribiendo los nombres en una hojita que entregan al organizador. Sólo cuando hay coincidencia se produce el ritual intercambio de teléfonos.

El método parece estar diseñado por un investigador, aunque no es así. Justamente, la “belleza” del asunto radica en que los participantes están realmente interesados en ligar, pero, al mismo tiempo, el método proporciona una oportunidad inmejorable para estudiar cuáles son de verdad los criterios que hacen a un individuo/individua atractivo/atractiva.

Los psicólogos no han tardado en detectar el “chollo” y últimamente están apareciendo artículos en revistas especializadas. Por ejemplo, Peter Todd y sus colegas de la Universidad de Indiana filmaron vídeos de las citas y luego investigaron si otros observadores (de nuevo, estudiantes aburridos) podían predecir el “resultado” del rápido encuentro. En general, las predicciones no eran malas, pero lo más interesante: las mujeres eran mucho más difíciles de “leer” que los hombres. Si alguien quiere participar en un experimento así, puede ponerse en contacto con los miembros del equipo: https://www.indiana.edu/~abcwest/webexp/

Otra dato curioso es que, en general, las mujeres resultaron ser más selectivas que los hombres; sin embargo, cuando se alteró el protocolo y eran las mujeres las que cambiaban de sitio, esta diferencia desapareció.

Imagino que esto de las citas rápidas va dar bastante juego en este blog

Yo participé una vez en una cita rápida y la cosa fue tan bién que a los cinco minutos ya habíamos cortado

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