Archivo diario: 1 febrero , 2009

La influencia de la influencia

dilema

En los años 40 del siglo XX, el matemático John von Neuman y el economista Oskar Morgenstern desarrollaron una teoría matemática denominada ‘teoría de juegos’, con la intención de construir modelos que ‘predigan’ la conducta de los individuos en situaciones de competencia, tal como ocurre en muchos juegos de ‘mesa’. La teoría de juegos asume que los individuos se comportan de manera absolutamente racional y toman las decisiones que sean precisas para optimizar su beneficio. Esta teoría analiza situaciones hipotéticas, donde los individuos tienen que tomar decisiones que afectan a su bienestar y al de otras personas. Sin duda, una de estas situaciones que ha adquirido mucha relevancia es el llamado ‘dilema del prisionero’.

Este juego fue descrito por Robert Axelrod y William Hamilton en 1981 y plantea una situación en que la cooperación entre dos individuos puede resultar beneficiosa, pero puede resultar aun más beneficioso para los jugadores individuales el hecho de no cooperar. El dilema del prisionero puede describirse brevemente así: supongamos que dos personas han cometido un crimen y están siendo interrogadas en celdas aparte, sin que hayan podido ponerse de acuerdo con antelación. Claramente, lo que más les interesa a ambos es mantener la boca cerrada, porque la policía no tiene muchas pruebas y ambos podrían salir con una sentencia leve. Sin embargo, el fiscal le ofrece a cada uno la posibilidad de que no se presenten cargos si culpa a la otra persona. Los modelos matemáticos que se han construido para resolver este caso indican con gran consistencia que la mejor estrategia consiste en delatar al compañero, siempre que –y esta es una condición crucial- el juego se realice una única vez o en un número pequeño de ocasiones.

En la realidad las cosas son más complicadas y las personas, como los arrieros, pueden encontrarse varias veces en el camino. Si tratásemos de analizar el caso de una forma más realista, aunque tal vez menos rigurosa, tendríamos que considerar un buen número de factores. Por ejemplo, un prisionero real tendría que valorar el tipo de relación que tiene con su compañero de crimen, cuál es la probabilidad de que éste le delate y cuáles serían las consecuencias de delatarle a él. Es posible que el compañero tenga buenos amigos y pueda vengarse a pesar de estar en prisión. Asimismo, el prisionero tendrá que considerar las desventajas de convertirse en un ‘traidor’, circunstancia que acabará siendo conocida por todos. Cuando se analizan todos estos factores, no es evidente que la mejor estrategia sea la deserción.

Justamente, los científicos están esforzándose por crear nuevas versiones del juego más realistas (no se trata de juegos reales, sino de simulaciones realizadas con modelos matemáticos). En ellas, el juego se realiza con “repeticiones” de manera que los jugadores se “conocen” y pueden ejercer “influencia” sobre otros. En un trabajo reciente publicado por Matjaz Perc, de la Universidad de Maribor en Eslovenia, el modelo estudiaba la evolución de estas “redes sociales”. Curiosamente, las estrategias cooperativas se imponían a las estrategias egoístas cuando el número de “jugadores” se aproximaba a 50. Si el número era menor o mayor, acababa ganando la estrategia clásica. Aparte del número de jugadores, para que una estrategia cooperativa pueda ganar, es necesario que se forme una red de “cooperativistas”; en otros casos, los egoístas ganan.

Puede argumentarse que estas simulaciones no prueban nada… pero dan que pensar.

Making new connections towards cooperation in the prisoner’s dilemma game

A. Szolnoki et al 2008 EPL 84

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