Archivo mensual: enero 2009

Bio-humor

cartoon_larson

“Bien, bien -otro cabello rubio… ¿Qué, has estado haciendo “experimentos” con esa fresca de Jane Goodall?”

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Bacteria feminista contra mosquito transmisor

mosquito

Supongo que todos odiamos a los mosquitos, no sólo por las molestas picaduras sino también por su “aterrador” zumbido en las noches de verano. Sin embargo, para los habitantes de los países mediterráneos, estos animales son solamente una molestia.  Una situación muy distinta de la de numerosas países más cálidos, donde los mosquitos, además de picar, transmiten enfermedades como la malaria o el dengue.

Por tanto, la lucha contra estos insectos es algo bastante serio. Recordemos que la malaria es una de las enfermedades infecciosas más importantes a nivel planetario. En el pasado, las campañas de erradicación se basaban en uso masivo de insecticidas; un método que aunque pueda ser localmente eficaz tiene considerables inconvenientes para el medio ambiente.

Otras estrategias han sido consideradas -aunque ninguna se ha llevado a la práctica- tales como el suelta masiva de mosquitos transgénicos que no pueden ser portadores de malaria. En un artículo aparecido este mes en la revista Science, describen otro sistema que puede resultar muy prometedor.

El método se basa en una curiosa bacteria del género Wolbachia, que infecta  numerosas especies de artrópodos. Wolbachia es un endoparásito, esto es, habita normalmente en el interior de las células del insecto y se transmite exclusivamente por vía materna, como la mitocondrias. No es extraño que esta bacteria haya desarrollado diversos mecanismos para distorsionar el ratio entre machos y hembras, de manera que éstas últimas estén super-representadas en la población, lo que favorece enormemente la dispersión de la bacteria. Uno de estos mecanismos  es la incompatibilidad citoplásmica, en la cual las hembras no-infectadas que se aparean con machos infectados no producen descendencia. En otros casos se produce el aborto selectivo de los embriones machos. Si añadimos la circunstancia de que la infección bacteriana no produce efectos graves en el insecto, tenemos al perfecto patógeno feminista: mantiene en mínimos el número de macho sin causar demasiado daño a las hembras.

La pena es que Wolbachia no es un patógeno natural de los mosquitos que transmiten la malaria o el dengue en humanos. La buena noticia es que las infecciones artificiales que se han realizado en laboratorio parecen funcionar bastante bien, lo que abre la posibilidad de emplear esta estrategia en la lucha contra las mencionadas enfermedades.

Bien. Supongamos que podemos introducir Wolbachia en el mosquito ¿qué hacemos ahora? La idea de los investigadores es bastante sutil. En vez de tratar de matar al hospedador, el objetivo ha sido buscar una cepa de la bacteria que acorta la vida del mosquito, porque este factor el clave para la transmisión de las enfermedades en humanos. Se necesita un tiempo relativamente largo para que el virus (dengue) o el Plasmodium se desarrollen dentro del insecto, lo que significa que sólo los mosquitos de “avanzada edad” (unas dos semanas aproximadamente) son potencialmente infectivos.

En resumen, la infección de Wolbachia podría extenderse en las poblaciones de mosquito gracias a la incompatbilidad citoplásmica y esto no acabaría con los insectos; pero al acortar su periodo de vida serían incapaces de trasmitir las enfermedades. De modo que esta estrategia no libraría a los humanos de las molestas picaduras ni del aterrador zumbido, sino solamente de las consecuencias realmente graves: malaria y dengue Por otro lado, las poblaciones de mosquitos no desaparecerían, para regocijo de aves insectívoras, murciélagos y otros seres vivientes.

No puede descartarse que este método genere presiones selectivas en los patógenos para desarrollarse en un tiempo menor. Pero se ha señalado que dichas presiones ya deben existir en las actualidad, por lo que los patógenos de desarrollo precoz deben tener también menor fitness. De modo que si los patógenos lograran saltarse esta barrera, al menos serían (probablemente) menor virulentos.

Supongo que los puristas se opondrán a que se utilice un método de este tipo, invocando la posibilidad de efectos imprevistos. Por otro lado, muchas personas mueren todos los años (en países pobres) por causa de estas enfermedades (de forma absolutamente previsible). Tampoco puede garantizarse que vaya a funcionar. La cosa es: ¿debe intentarse?

El trabajo aquí

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Bio-humor

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“Primero tienes que encontrar dos esquimales…”

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Autobuses ateos

La historia de los autobuses ateos de Barcelona y (pronto) otras ciudades lleva ya varias semanas rodando por la blogosfera (incluso ya se han enterado los periódicos), así que tal vez es un poco tarde para comentarla. Supongo que debo hacerlo, no obstante, ya que el ateísmo (no militante) es parte de la filosofía fundacional de este blog.

En primer lugar, no puedo estar en contra de que haya autobuses con una afirmación tan poco arriesgada como “Dios posiblemente no existe…”. Los mensajes de contenido religioso no son infrecuentes (aunque normalmente no en los autobuses). Recuerdo una campaña en el Metro hace unos meses con el chocante eslogan “ningún cristiano usa preservativo…”. Es evidente que los ateos tienen el mismo de derecho a expresar sus (no) creencias que los creyentes las suyas.

En segundo lugar, algunas de las reacciones a esta campaña han sido bastante “casposas”. El Vaticano la ha calificado de “idea ridícula y estúpida”. En cambio, la Iglesia anglicana ha reaccionado con mucha más deportividad (como buenos ingleses).

Así que, sin estar en contra de la campaña, no puedo dejar de hacer un par de observaciones. La primera, no entiendo muy bien lo de “deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Yo no veo que los creyentes se preocupen más o disfruten menos (evidencia anecdótica, es cierto). Es posible que el lema tenga más sentido en un contexto “protestante”.

Pero el punto crucial, para mí, es otro. El ateísmo no es una religión y no se debe comportar como tal. Personalmente no tengo ningún interés en ganar “adeptos” y mantengo excelentes relaciones con muchos creyentes (como casi todo el mundo) sin que la cuestión religiosa haya sido un problema hasta ahora. En mi opinión, discutir sobre la existencia de Dios tiene poco sentido. Si uno es creyente, no necesita pruebas y si no lo es, la hipótesis de Dios se cae en el acto. En cuanto elegimos unas reglas del juego (evidencia empírica o revelación) el juego se acaba instantáneamente ¿para qué discutir?

Para mí, la cuestión clave es el “laicismo”, esto es,  la convivencia pacífica de creyentes diversos y no creyentes en la misma sociedad. Para ello, los creyentes tienen que asumir que la religión tiene que ser algo estrictamente personal y esto obliga a admitir una versión “light” del concepto tradicional de religión. No olvidemos que las religiones son algo más que un sistema de conocimiento; constituyen un kit completo: valores, código ético, rituales, sentido de la vida, consuelo espiritual frente a la muerte y otras desgracias, cohesión social e incluso una vía de relacionarse con los demás. No es extraño que este kit haya tenido tanto éxito en el pasado. Y lo sigue teniendo, aunque el fenómeno religioso tiende a languidecer en Europa Occidental, eso no ocurre en el resto del planeta.

Para avanzar hacia una sociedad civil y tolerante hay que convencer a los creyentes de que las creencias religiosas constituyen una forma “especial” de conocimiento. Normalmente no creemos en cosas a través de un acto de fe, sino que exigimos algún tipo de evidencia. Por tanto, es totalmente razonable pedir que las creencias se queden en el ámbito privado y no se utilicen en debates que atañen a todo el mundo.

Me explico. Los creyentes tienen derecho a creer que el alma existe pero no a argumentar que la investigación con células madre o embriones debe prohibirse porque equivale a asesinar a seres humanos. Si alguien creyera (literalmente) en Santa Claus podría exigir que los aviones no volaran el 24 de diciembre, no vayan a chocar con su trineo ¿no? Evidentemente, la existencia del alma no se apoya en bases más firmes que la de Santa Claus.

La cosa es que ateos y creyentes de religiones diversas disfruten de sus vidas en paz ¿va a contribuir a ello la campaña de los autobuses?

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Martirio chino

He visto en Natura medio ambiental este espeluznante video.

Las palabras sobran

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Vegetarianismo y sostenibilidad ambiental

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La mayoría de los vegetarianos evita comer carne por razones éticas. Según ellos no es aceptable quitarle la vida a un animal para alimentarse existiendo otras alternativas. Personalmente, no acabo de compartir este punto de vista (pese a mi admiración por Peter Singer). Los animales domésticos son muy diferentes de sus antecesores salvajes y, en general, no pueden sobrevivir fuera de su asociación con los humanos. Tampoco tendría sentido criarlos como mascotas. Y la extinción no me parece un destino demasiado bueno. Otra cosa es la forma en que éstos sean tratados. En este sentido, creo que los animales importan y que hay muchas cosas que mejorar. No obstante, el hecho de “cambiar” los recursos del animal (incluso su vida) por alimento, cuidado y un trato aceptable me parece un buen “deal”, aunque imagino que puede ser difícil ponerse de acuerdo en definir “trato aceptable”.

Pero no son razones éticas las que me llevan a revisar este tema sino de otro tipo. El hecho es que una retirada “juiciosa” en la producción y consumo de carne podría tener efectos beneficiosos (y de gran magnitud) en el medio ambiente, en el problema del Hambre y en la salud de los humanos. Por el contrario, el mantener las cosas como están acabará incrementando estos problemas. Vayamos a los hechos.

El primer punto de mi razonamiento se basa enteramente en un informe publicado por la FAO, “La larga sombra de la ganadería: cuestiones medioambientales y opciones”. Supongo que la mayoría de ustedes no querrá leerse sus más de 500 páginas, pero no cuesta demasiado echarle un vistazo a las conclusiones. En todo caso, considero a la FAO una institución seria y una fuente de información fiable (aunque lamentablemente no ha conseguido acabar con el Hambre en el mundo).

Las conclusiones del informe son demoledoras. La ganadería extensiva es responsable de un 18% de los gases implicados en el calentamiento global y una de las causas principales de erosión, eutrofización y contaminación microbiológica. Más aun, también es una de las principales amenazas a la bio-diversidad ya que requiere alrededor del 30% de las tierras cultivables para la producción de alimentos para el ganado. La ganadería intensiva no le va a la zaga (aunque su impacto en el calentamiento global es menor), aun así, los productos agrícolas empleados en la producción de piensos (cereales y leguminosas, principalmente) compiten con las calorías y proteínas necesarias para la alimentación humana. No olvidemos que es muchísimo más eficaz el empleo directo de alimentos vegetales que dárselos de comer al ganado. En definitiva, la ganadería es uno de los grandes problemas ambientales y como la población sigue creciendo y la tendencia a consumir productos cárnicos también sigue en aumento, lo más probable es que el problema empeore.

La segunda parte de mi razonamiento se basa en los libros de texto de nutrición (p.e.). En los países ricos el consumo de productos animales es nutricionalmente incorrecto y una de las causas principales de enfermedades no-transmisibles (obesidad, diabetes, enfermedades cardio-vasculares, gota, ciertos tipos de cáncer). Contrariamente a lo que se suele pensar, una dieta vegetariana (si está bien pensada) puede suministrar todos los nutrientes y vitaminas necesarios, sin grasas saturadas ni colesterol. Así mismo, existen fuentes de proteína vegetal que pueden sustituir sin problemas a las de origen animal. No quiero decir con esto que cualquier dieta vegetariana sea beneficiosa y, de hecho el vegetarianismo estricto se enfrenta a algunos problemas (subsanables) como la dificultad de obtener vitamina B12.

Sin embargo, no estoy propugnando una eliminación completa e inmediata de la ganadería. Medidas de este tipo también ocasionarían graves problemas. Para empezar, muchas personas en los países pobres se beneficiarían si tuvieran mayor acceso a algunos productos animales (especialmente, muchos niños tendrían que beber más leche). Además, la ganadería constituye el sustento de un numero altísimo de ganaderos pobres (unos 1000 millones, nada menos) y ciertas formas de ganadería están tan imbricadas en la cultura que su abandono podría tener consecuencias catastróficas.

Por el contrario, un abandono (paulatino y parcial) de los productos cárnicos en países ricos tendría un efecto positivo sobre la salud de la población, sobre el medio ambiente y sobre la demanda de cereales y leguminosas, lo que ayudaría a bajar los precios de los alimentos básicos. Sin duda, también se generarían problemas en el ajuste.

Como muchas otras personas, estoy convencido de que vivimos en un mundo insostenible. La solución es –desde luego- difícil pero pasa por evaluar con cuidado los efectos de nuestro modo de vida y pensar alternativas que tengan sentido.

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La verdad sobre Cenicienta

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Es un hecho conocido y bastante generalizado que los padres se preocupan por el bienestar de sus hijos y que están normalmente dispuestos a hacer grandes sacrificios en este sentido. Es un hecho también que se trata de una relación asimétrica donde, en general los padres dan y los hijos reciben. No quiero decir que los hijos no quieran a los padres, sobre todo cuando son pequeños, sino que las acciones beneficiosas se producen predominantemente en una dirección. A los padres les cuesta poco ser generosos y comprensivos con su descendencia.

Es posible que esto le parezca simplemente algo natural y que no requiere de más explicación. Por supuesto que se trata de algo natural, pero este término no nos proporciona una explicación suficiente. Ya hemos visto que los cuidados parentales son corrientes en aves y mamíferos, pero bastante raros en el resto de los animales. Por ejemplo, la mayoría de los reptiles se limita a poner sus huevos en un lugar a apropiado y ‘desearle suerte’ a su descendencia ¿Por qué nos resulta tan fácil querer a nuestros hijos?

La hipótesis más plausible es que esta conducta está pre-programada en el cerebro humano. El hecho de que el cariño y la preocupación por los hijos sea un hecho universal y ocurra en todas las culturas conocidas sugiere que tiene una fuerte base biológica. Tal vez si nuestro antecesor directo fuese una especie de reptil pensáramos de otra manera.

En todo caso, una predicción razonable a partir de la Biología Evolutiva es que los padres se preocupan más por sus hijos biológicos que por los hijos de su pareja. Esta hipótesis puede contrastarse empíricamente y eso es lo que han intentado los psicólogos canadienses Martin Daly y Margo Wilson. Estos investigadores razonaron que si existía un mecanismo innato de preferencia hacia los hijos biológicos, los casos de maltrato se darían con menor frecuencia en esta circunstancia, por tanto su hipótesis podía contrastarse empleando las estadísticas existentes sobre maltrato infantil. Sus resultados fueron concluyentes.

El maltrato infantil en las sociedades estudiadas (USA y Canadá) es un fenómeno poco frecuente, pero cuando el niño convive con sus padres biológicos es aun más infrecuente. Y no se trata de una diferencia pequeña o poco significativa. El hecho de que un niño conviva con un adulto que no es su padre biológico aumenta entre 70 y 100 veces la probabilidad de que sufra maltrato con consecuencias mortales. En cierto modo, el estudio de Daly y Wilson constituye una confirmación del cuento de Cenicienta (de hecho, estos autores escribieron un libro sobre este tema titulado “The Truth about Cinderella”). Y no hace falta decir que la palabra ‘padrastro’ o ‘madrasta’ tiene una fuerte connotación negativa en castellano. Una vez más, los psicólogos evolucionistas se afanan por probar lo que es de dominio público.

Los resultados de estos investigadores han sido repetidos en países y contextos sociales muy diferentes con resultados similares: los padrastros siempre son mucho más peligrosos para los niños que sus padres biológicos. Por ejemplo, el antropólogo alemán Eckart Voland descubrió que la mortalidad infantil en este país durante la Edad Media aumentaba si el niño era criado por sólo uno de sus progenitores, pero la mortalidad aumentaba aun más, y esto es realmente significativo, si este progenitor volvía a casarse. Entre los cazadores-recolectores Ache de Paraguay, el 19 % de los niños criados por sus padres biológicos muere antes de cumplir los 15 años; sin embargo, este porcentaje se eleva al 43% cuando son criados por su madre y un padrastro. Otro estudio realizado en Finlandia puso de manifiesto que un 3.7% de las niñas que habían convivido con un padre no-biológico manifestaron haber sufrido abusos sexuales de éste, frente al 0.2% en el caso del padre biológico.

El mensaje claro y simple que arrojan estos estudios es que criar a los hijos supone una carga muy importante para cualquier adulto. Por lo tanto, tiene sentido que la selección natural haya perfilado nuestras motivaciones psicológicas de manera que los cuidados parentales no sean asignados arbitrariamente a cualquier niño, sino de forma discriminada, de manera que se maximice el beneficio reproductivo de quien realiza la inversión. Estos mecanismos constituirían la base biológica del amor de los padres hacia sus hijos, un fenómeno que se observa en prácticamente todas las sociedades.

Margo, D, and Wilson, M. “The Truth about Cinderella” Yale University Press, 1999

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