Bacteria feminista contra mosquito transmisor

mosquito

Supongo que todos odiamos a los mosquitos, no sólo por las molestas picaduras sino también por su “aterrador” zumbido en las noches de verano. Sin embargo, para los habitantes de los países mediterráneos, estos animales son solamente una molestia.  Una situación muy distinta de la de numerosas países más cálidos, donde los mosquitos, además de picar, transmiten enfermedades como la malaria o el dengue.

Por tanto, la lucha contra estos insectos es algo bastante serio. Recordemos que la malaria es una de las enfermedades infecciosas más importantes a nivel planetario. En el pasado, las campañas de erradicación se basaban en uso masivo de insecticidas; un método que aunque pueda ser localmente eficaz tiene considerables inconvenientes para el medio ambiente.

Otras estrategias han sido consideradas -aunque ninguna se ha llevado a la práctica- tales como el suelta masiva de mosquitos transgénicos que no pueden ser portadores de malaria. En un artículo aparecido este mes en la revista Science, describen otro sistema que puede resultar muy prometedor.

El método se basa en una curiosa bacteria del género Wolbachia, que infecta  numerosas especies de artrópodos. Wolbachia es un endoparásito, esto es, habita normalmente en el interior de las células del insecto y se transmite exclusivamente por vía materna, como la mitocondrias. No es extraño que esta bacteria haya desarrollado diversos mecanismos para distorsionar el ratio entre machos y hembras, de manera que éstas últimas estén super-representadas en la población, lo que favorece enormemente la dispersión de la bacteria. Uno de estos mecanismos  es la incompatibilidad citoplásmica, en la cual las hembras no-infectadas que se aparean con machos infectados no producen descendencia. En otros casos se produce el aborto selectivo de los embriones machos. Si añadimos la circunstancia de que la infección bacteriana no produce efectos graves en el insecto, tenemos al perfecto patógeno feminista: mantiene en mínimos el número de macho sin causar demasiado daño a las hembras.

La pena es que Wolbachia no es un patógeno natural de los mosquitos que transmiten la malaria o el dengue en humanos. La buena noticia es que las infecciones artificiales que se han realizado en laboratorio parecen funcionar bastante bien, lo que abre la posibilidad de emplear esta estrategia en la lucha contra las mencionadas enfermedades.

Bien. Supongamos que podemos introducir Wolbachia en el mosquito ¿qué hacemos ahora? La idea de los investigadores es bastante sutil. En vez de tratar de matar al hospedador, el objetivo ha sido buscar una cepa de la bacteria que acorta la vida del mosquito, porque este factor el clave para la transmisión de las enfermedades en humanos. Se necesita un tiempo relativamente largo para que el virus (dengue) o el Plasmodium se desarrollen dentro del insecto, lo que significa que sólo los mosquitos de “avanzada edad” (unas dos semanas aproximadamente) son potencialmente infectivos.

En resumen, la infección de Wolbachia podría extenderse en las poblaciones de mosquito gracias a la incompatbilidad citoplásmica y esto no acabaría con los insectos; pero al acortar su periodo de vida serían incapaces de trasmitir las enfermedades. De modo que esta estrategia no libraría a los humanos de las molestas picaduras ni del aterrador zumbido, sino solamente de las consecuencias realmente graves: malaria y dengue Por otro lado, las poblaciones de mosquitos no desaparecerían, para regocijo de aves insectívoras, murciélagos y otros seres vivientes.

No puede descartarse que este método genere presiones selectivas en los patógenos para desarrollarse en un tiempo menor. Pero se ha señalado que dichas presiones ya deben existir en las actualidad, por lo que los patógenos de desarrollo precoz deben tener también menor fitness. De modo que si los patógenos lograran saltarse esta barrera, al menos serían (probablemente) menor virulentos.

Supongo que los puristas se opondrán a que se utilice un método de este tipo, invocando la posibilidad de efectos imprevistos. Por otro lado, muchas personas mueren todos los años (en países pobres) por causa de estas enfermedades (de forma absolutamente previsible). Tampoco puede garantizarse que vaya a funcionar. La cosa es: ¿debe intentarse?

El trabajo aquí

8 comentarios

Archivado bajo Animales, Biología, Genes, Microbiología, Salud

8 Respuestas a “Bacteria feminista contra mosquito transmisor

  1. Como respuesta, te dejo este enlace de un artículo de Sonicando: http://sonicando.com/2008/08/06/la-paradoja-del-mosquito/

  2. Distorsionar la ratio entre machos y hembras… mmm…
    Si yo fuera mosquita, por muy feminista que fuera, me opondría a esta técnica… salvo que fuese gay.
    Desconozco si hay mosquitas lesvianas, claro que sé de mucha “mosquita muerta” que tanto le da rubio que morena…

  3. Pues la idea parece buena, aunque el artículo que menciona Sophie da que pensar. Claro que en un caso se habla de la malaria y en otro del dengue, por lo que la estrategia de la bacteria podría ser buena para combatir la malaria.

  4. para ganar hay que arriesgar no?? …

  5. Tay

    Es muy difícil predecir lo que puede pasar, lo peor de estas medidas es que no tienen marcha atrás, una vez realizadas, cualquier intento de arreglo termina siendo un estropicio aun mayor.

  6. Aloe

    Los antibióticos generan resistencias en las poblaciones bacterianas. Las vacunas dan reacciones peligrosas, incluso mortales, a algunas personas. Los desinfectantes también generan resistencias, y en los hospitales, contribuyen a que se creen focos de enfermedad infecciosa que son verdaderos quebraderos de cabeza y convierten los hospitales en sitios peligrosos donde es más probable coger una infección que en tu casa. De los insecticidas a granel y sus efectos no hay más que decir. Los antibióticos dan cancha a los hongos, mientras los antimicóticos dan cancha a las bacterias. La higiene escrupulosa está causando problemas de todo tipo en el sistema inmunológico, como aumento de las alergias y de enfermedades relacionadas con la maduración problemática de las propiedades de la mucosa intestinal. Y así sucesivamente.

    En resumen, que no hay nada gratis, y ninguna forma de defendernos de las enfermedades infecciosas está exenta de efectos no deseados.

    En el pasado estos efectos no se conocían, y nos embarcamos alegremente en más higiene, maś insecticidas, más antibióticos y más de todo. Ahora sabemos que hay que tener más cuidado, pero no estamos dispuestos a que nuestros hijos puedan morir de infección para que su sistema inmunológico sea excelente (si sobrevive) y no se generen nuevas resistencias a los antibióticos.
    Creo que el planteamiento correcto es: si el paludismo y el dengue nos atacaran aquí, en los países templados desarrollados y amenazaran a nuestros hijos ¿correríamos el riesgo de generar efectos secundarios no deseables y no previstos en el medio?
    La respuesta es que ese riesgo ya lo hemos asumido varias veces, y hemos contestado “sí” en todas las ocasiones.
    Así que la respuesta ética es indudablemente “Sí, debemos intentarlo”.

  7. tay

    Yo no estaría tan seguro Aloe, pues esos “efectos secundarios no deseables y no previstos en el medio” pueden revertirnos rápidamente y dar “la vuelta a la tortilla”… si no hemos estudiado concienzudamente los posibles resultados de nuestra acción…

  8. Aloe

    tay, seguro que tienes razón. Habría que estar razonablemente seguro de que no se va a a producir un efecto no reversible que empeore la situación para la población afectada, del tipo que se describe en el artículo enlazado por Sophie.
    Pero si no se confirma ese efecto como probable y de mucha envergadura, creo que debe intentarse.
    E incluso ese caso, si se llegara a producir, pienso que sería reversible o se podría paliar de alguna manera.

    Por otro lado, el paludismo (el dengue no lo sé) es peligroso sobre todo para los niños pequeños. Hacer más rara la posibilidad de infección para estos quiza bien valdría cierto empeoramiento de la reacción inmunitaria en los adultos, que en general la resisten mucho mejor.
    No deja de ser el mismo comportamiento que tenemos con las infecciones frecuentes (que pueden ser peligrosas también, aunque no tanto) en nuestros países.
    No me extrañaría nada que resultara que nuestra resistencia natural (de adultos) a las infecciones respiratorias e intestinales es menor desde que evitamos por todos los medios (sobre todo a los niños) estas infecciones y/o las tratamos con toda la artillería disponible, sin dejar que el sistema inmunitario cargue con todo el trabajo (y se fortalezca de paso).
    Lo digo porque la explicación que se da en ese artículo es probablemente extrapolable (si resulta cierta) a otras infecciones.
    Por supuesto, tener una vacuna eficaz y segura es tener lo mejor de los dos mundos (control de la enfermedad y sistema inmunitario eficiente) pero mientras no la hay…

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