La verdad sobre Cenicienta

cinderella

Es un hecho conocido y bastante generalizado que los padres se preocupan por el bienestar de sus hijos y que están normalmente dispuestos a hacer grandes sacrificios en este sentido. Es un hecho también que se trata de una relación asimétrica donde, en general los padres dan y los hijos reciben. No quiero decir que los hijos no quieran a los padres, sobre todo cuando son pequeños, sino que las acciones beneficiosas se producen predominantemente en una dirección. A los padres les cuesta poco ser generosos y comprensivos con su descendencia.

Es posible que esto le parezca simplemente algo natural y que no requiere de más explicación. Por supuesto que se trata de algo natural, pero este término no nos proporciona una explicación suficiente. Ya hemos visto que los cuidados parentales son corrientes en aves y mamíferos, pero bastante raros en el resto de los animales. Por ejemplo, la mayoría de los reptiles se limita a poner sus huevos en un lugar a apropiado y ‘desearle suerte’ a su descendencia ¿Por qué nos resulta tan fácil querer a nuestros hijos?

La hipótesis más plausible es que esta conducta está pre-programada en el cerebro humano. El hecho de que el cariño y la preocupación por los hijos sea un hecho universal y ocurra en todas las culturas conocidas sugiere que tiene una fuerte base biológica. Tal vez si nuestro antecesor directo fuese una especie de reptil pensáramos de otra manera.

En todo caso, una predicción razonable a partir de la Biología Evolutiva es que los padres se preocupan más por sus hijos biológicos que por los hijos de su pareja. Esta hipótesis puede contrastarse empíricamente y eso es lo que han intentado los psicólogos canadienses Martin Daly y Margo Wilson. Estos investigadores razonaron que si existía un mecanismo innato de preferencia hacia los hijos biológicos, los casos de maltrato se darían con menor frecuencia en esta circunstancia, por tanto su hipótesis podía contrastarse empleando las estadísticas existentes sobre maltrato infantil. Sus resultados fueron concluyentes.

El maltrato infantil en las sociedades estudiadas (USA y Canadá) es un fenómeno poco frecuente, pero cuando el niño convive con sus padres biológicos es aun más infrecuente. Y no se trata de una diferencia pequeña o poco significativa. El hecho de que un niño conviva con un adulto que no es su padre biológico aumenta entre 70 y 100 veces la probabilidad de que sufra maltrato con consecuencias mortales. En cierto modo, el estudio de Daly y Wilson constituye una confirmación del cuento de Cenicienta (de hecho, estos autores escribieron un libro sobre este tema titulado “The Truth about Cinderella”). Y no hace falta decir que la palabra ‘padrastro’ o ‘madrasta’ tiene una fuerte connotación negativa en castellano. Una vez más, los psicólogos evolucionistas se afanan por probar lo que es de dominio público.

Los resultados de estos investigadores han sido repetidos en países y contextos sociales muy diferentes con resultados similares: los padrastros siempre son mucho más peligrosos para los niños que sus padres biológicos. Por ejemplo, el antropólogo alemán Eckart Voland descubrió que la mortalidad infantil en este país durante la Edad Media aumentaba si el niño era criado por sólo uno de sus progenitores, pero la mortalidad aumentaba aun más, y esto es realmente significativo, si este progenitor volvía a casarse. Entre los cazadores-recolectores Ache de Paraguay, el 19 % de los niños criados por sus padres biológicos muere antes de cumplir los 15 años; sin embargo, este porcentaje se eleva al 43% cuando son criados por su madre y un padrastro. Otro estudio realizado en Finlandia puso de manifiesto que un 3.7% de las niñas que habían convivido con un padre no-biológico manifestaron haber sufrido abusos sexuales de éste, frente al 0.2% en el caso del padre biológico.

El mensaje claro y simple que arrojan estos estudios es que criar a los hijos supone una carga muy importante para cualquier adulto. Por lo tanto, tiene sentido que la selección natural haya perfilado nuestras motivaciones psicológicas de manera que los cuidados parentales no sean asignados arbitrariamente a cualquier niño, sino de forma discriminada, de manera que se maximice el beneficio reproductivo de quien realiza la inversión. Estos mecanismos constituirían la base biológica del amor de los padres hacia sus hijos, un fenómeno que se observa en prácticamente todas las sociedades.

Margo, D, and Wilson, M. “The Truth about Cinderella” Yale University Press, 1999

28 comentarios

Archivado bajo Evolución, Genes, Psicología, Sexo, Violencia

28 Respuestas a “La verdad sobre Cenicienta

  1. Muy buen artículo (como siempre) sólo me pregunto ¿no te produce cierta inquietud ilustrarlo con una imagen que tiene copyright?

  2. Muy interesante el caso del maltrato con consecuencia de muerte…

    Parece que no somos el único simio que se carga la descendencia de su pareja en cuanto puede…

    :-S

  3. .-PABLO: Muy interesante el artículo de hoy.

    .-Estoy de acuerdo en que es una relación unidireccional e injusta; pero como tú dices, es biológico.

    .-Quiero añadir que quizás, biológica y evolutivamente se deba esta conducta tan arraigada, a que precisamente aves y mamíferos tienen un periodo de crianza al iniciar sus vidas mucho más largo y en el que están expuestos a más peligros por su falta de maduración para enfrentarse al mundo exterior. El paradigma de esto es el caso de la raza humana.

    .-Saludos y nos leemos.

  4. Encuentro curioso que las estadísticas sean tan claras en lo que respecta a los padres biológicos o no, ya que en ambos casos es sólo la madre la que puede estar completamente segura que el hijo es suyo.
    Esperaría que la inversión paternal fuera menor…no?

  5. Pablo, ¿Te planteas para el 2009 poner la tilde en “La logica del titiritero”? Genial tu blog

    Un abrazo

  6. Pingback: La verdad sobre Cenicienta

  7. Aloe

    Yo no veo por ninguna parte pruebas de que el abandono y/o peor trato de los hijos de la pareja sea un asunto determinado biológicamente.
    De hecho, para muchas culturas, los hijos de los hombres siempre eran los hijos de su pareja, pues no tenían otra idea de paternidad biológica, ni de la diferencia entre “sangre de mi sangre” e hijastros.

    Por otra parte, sabemos de muchos hombres (y algunas veces mujeres) que pasaban de sus hijos biológicos porque culturalmente no se defínían como asunto suyo, ni responsabilidad suya. Por ejemplo, los abundantes hijos de los dueños de esclavos con sus esclavas, o de relaciones esporádicas, o socialmente no creadoras de obligaciones.

    No veo por ninguna parte nada que no se pueda achacar a razones culturales, sobre todo por parte de los hombres, cuya relación con sus hijos (o con los hijos que cría su pareja) nunca se ha podido basar en un vínculo de base biológica inequívoco, ni instintivo, ni nada parecido, fuera precisamente de los vínculos que crea la crianza de los niños.
    Que esos vínculos se establezcan o no, es muy porobable que dependa de la actitud socialmente condicionada de los padres (“hijo de una esclava –> no es nadie más que un esclavo, no es hijo mío”, o “hijo de mi honorable esposa –> es mi heredero”), pero no puede depender de la relación biológica, que po definición es insegura o desconocida, respecto a los hijos que sea han criado desde su nacimiento. Es una cuestión de fe, y la fe, por mucho que los creyentes digan que es una gracia de dios, es una gracia de nuestro condicionamiento cultural.
    Para las madres puede ser algo distinto en algún grado, porque la maternidad es algo eminentemente seguro y eminentemente carnal. La oxitocina no existe por nada. Y aún así…

  8. Hola McCourtain,
    He recibido algunas críticas por lo de la tilde. La verdad es que lo estuve pensando un rato, ya que las tildes y la informática no se llevan muy bien. En general, intento poner las tildes aunque no soy ningún obseso por la ortografía. Lo consideraré.
    Salu2

  9. Hola José,
    La verdad es que no me inquieta especialmente. En todo caso, hago propaganda a la película (que me encantó) así que no creo que reciba una queja de la productora. Por otro lado, lo de la propiedad intelectual me parece harto discutible, aunque sea la legalidad vigente.
    Un saludo

  10. wfosbery

    Algo más que discutible sí que es… y si no piensa en la patentabilidad del genoma… pobres biólogos evolucionistas como os pille Monsanto… Sólo te lo decía para saber qué pensabas al respecto. De todas formas reitero, el artículo magnífico y, ahora que ya has desvelado las bases biológicas de lo malas que son las madrastras, lo natural sería que justificases debidamente por qué son tan malas las suegras. Igual empiezo a entender a la mía.

  11. Carlos Moreno

    Salud y prosperidad:

    En primer lugar, respecto a la ‘exageración’ del abuso de la propiedad intelectual por parte del presente blog, diré en su defensa que se trata de una especie de “cita”, donde no se da a entender con ello nada negativo o peyorativo respecto a los contenidos (que ni llegan al 2%) de donde han podido ser sacados. Asímismo, la ausencia de lucro y la abundancia en la imagen pro-científica del tema que, en definitiva, redunda en el bien de la humanidad, no legitima pedir medidas más allá que retirar ese dibujo; y por mucho que la SGAE dé la brasa, cualquier juez con dos dedos de frente, se escacharrará de la risa y les mandará a hacer puñetas, por ser replicantes de ADN de sus padres (por copiarles genéticamente, vamos).

    Respecto a la temática del artículo, quieres y/o odias a lo que tienes más cerca. Los genes, en teoría, están más cerca; pero también lo suele estar la convivencia de padres e hijos. Lo raro es que a un niño lo críe un fulano que se lo encuentre por la calle y, los padres del vástago, se tomen un café a su salud.

    Los intereses de la convivencia no-genéticos son distintos a una convivencia genética. Ésta es básicamente una competencia por los recursos existentes (fueran emocionales o económicos) y en una cooperación defensiva contra los extragénicos. Los intereses de la convivencia no-genética, la cooperación puede verse frustrada. precisamente por la aparición de una relación nueva, de carácter asimétrico y con influencia sobre el grupo (en aportación de recursos, en estabilidad emocional a la pareja sexual…). Es entonces cuando los intereses de los individuos se vuelven más competitivos.

  12. Hel

    ¿Ese estudio no dice nada de los padres adoptivos?.

  13. Pablo, Pseudòpodo ya hizo referencia en su blog al efecto Cinderella, y hice allí algunos comentarios que reproduzco aquí:
    La evidencia empírica acerca del efecto cenicienta que plantearon Daly y Wilson es más bien escasa. Adler-Baeder (2006) revisó los estudios que analizan los malos tratos físicos en familias reconstituidas, encontrando tan sólo un apoyo muy escaso a dicha idea y denunciando la existencia de muchos problemas metodológicos que impiden sacar unas conclusiones claras con respecto a los malos tratos causados por padrastros. Aunque es una idea muy llamativa y que vende mucho.
    En el artículo de Adler-Baeder se indican cosas como esta:
    “Selection theory asserts that the relationship between “stepfamilies and cases of child abuse is spurious; there are common antecedent conditions to both” (Giles-Sims & Finkelhor, 1984, p. 411). It may be that the individual characteristics of low self-esteem, aggression, and tendency toward violence may be overrepresented among stepparents. These individuals may be more likely to be in conflictual relationships and may be more likely to be divorced. These characteristics may be disproportionately
    carried into remarriages, putting stepchildren at greater risk.

    Yo leí el libro de Daly y Wilson que publicó Crítica en su colección “Darwinismo Hoy” (La verdad sobre Cenicienta: Una aproximación darwiniana al amor parental). Estoy de acuerdo en que sus argumentos son convincentes, pero otra cosa diferente es que haya evidencia empírica al respecto. Por otra parte, más allá de la evidencia, es una hipótesis demasiado sensacionalista, que transmite mucho pesimismo con respecto a las posibilidades que tienen los padres no biológicos de establecer una buena relación con sus nuevos hijos, algo que no es fácil. Las familias reconstituidas atraviesan muchas dificultades, pero no creo que las razones de que la reconstitución familiar sea tan complicada se deba exclusivamente al efecto cinderella, hay más factores de peso: la actitud de rechazo de los hijastros, la falta de una historia familiar previa, la complejidad de las relaciones con la nueva familia extensa, las expectativas demasiado optimistas con respecto a la reconstitución (pensar que los hijos van a querer de inmediato al nuevo padre o a los nuevos hermanos: el efecto Los Serrano lo he llamado en mi blog), los conflcitos de lealtades en el menor, la influencia del padre no custodio, etc. Creo que centrarlo todo en la falta de vinculación genética transmite una imagen demasiado fatalista que no ayuda nada, ya que puede interpretarse por parte de los profanos como algo más que un mero factor de riesgo.
    Por otra parte ¿por qué entre padres adoptivos, que tampoco tienen vinculación genética con sus hijos no se dan estos problemas de maltrato?

    A veces, las profecías terminan cumpliéndose, y los padres que esperan lo peor terminan encontrándolo.

    Un saludo

  14. Pablo, creo que olvidé incluir la referencia del artículo que cito.

    Adler-Baeder, F. (2006). What Do We Know About
    the Physical Abuse of Stepchildren? A Review of the Literature. Journal of Divorce & Remarriage, Vol. 44(3/4)

    Un saludo

  15. Arturo

    Felicidades por el blog, Pablo.

    No he leído el libro, por lo que quizá mi crítica sea gratuita, pero encuentro errores metodológicos en casi todos los estudios de PE. Para hallar causalidad no es suficiente la correlación, es imprescindible encontrar todas las variables y separarlas para detectar la importancia relativa de cada una de ellas.
    A bote pronto se me ocurren los siguientes aspectos que deberían ser tenidos en cuenta en el estudio:
    * Los hijos biológicos son del hombre o de la mujer
    * Edad del hijo biológico en el momento de la constitución de la nueva familia
    * Edad de los progenitores
    * Fertilidad de la mujer
    * Presencia de hermanos/hermanastros y posición relativa
    * Estatus social y económico

    Además, se me ocurre relacionarlo con otros estudios de PE en los que se establece una cierta estrategia reproductiva de la mujer que favorece tener hijos de varones seductores diferentes de su pareja porque esos hijos, si son varones, heredarán las cualidades “donjuanescas” de su padre y le darán más nietos a la madre. En este caso el padre “legal” no sabe que el hijo no es suyo: ¿existe correlación en este caso? Es importante subrayar que la conexión consciente entre sexualidad y reproducción se hizo, probablemente, hace muy poco tiempo, evolutivamente hablando, por lo que el comportamiento instintivo no puede tenerla en cuenta.

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  17. Hola a todos,
    En primer lugar, gracias por vuestros comentarios y críticas. Evidentemente, en este tipo de asuntos la evidencia siempre es escurridiza. Trataré de acceder a los artículos que citáis y revisaré el tema a la luz de nuevos datos.
    Saludos cordiales

  18. Lord Zero

    Bueno, esta bastante claro que cuando se trata
    de conducta humana es muy dificil el hacer estudios.
    Sin embargo, somos animales como cualquiera. Esta respuesta de comportamiento parece bastante factible.
    Por otro lado, el que exista una tendencia biologica, no implica que se de en todos los casos observados tampoco.
    Es lo mismo que la obesidad, el tener propension a engordar, no significa que no todos puedan ser delgados, sino que a algunos les costara mas.

    No se aplica aqui “Si somos marionetas, la mejor opción para dejar de serlo es tratar de entender la lógica del titiritero” ?

  19. ¡Pero Pablo hombre! Que estamos escribiendo en castellano…¡Y hay unas reglas!
    Puestos así escribe “la lojica del titiritero”. Te lo digo porque te estoy difundiendo mucho el blog y más de uno me lo ha comentado. Rectificar es de sabios… y el motor de la ciencia.
    Ayer estuve cviendo con mis sobrinitos “Cenicienta”. Qué arte y qué imaginación. Genial

  20. Aloe

    En mi opinión, este estudio es una muestra del aspecto menos riguroso y de lo peorcito a que da lugar este tipo de estudios con sus hipótesis (o prejuicios) biologistas de partida.
    Añado a lo que decía en mi comentario anterior lo siguiente: ¿si sumamos los casos de abandono (desde el principio o más tarde) por parte de los padres biológicos a los de malos tratos físicos, cuantos nos salen en total? ¿En cuanto se nos queda la diferencia con los padrastros/madrastras?
    Porque para la finalidad de que se trata, ambos casos son perfectamente asimilables: la negación (o no formación) del vínculo de afecto y protección, con resultado de perjuicio o daño para los niños.
    Otra cosa que habría que controlar es la edad de los niños en el momento del comienzo de la convivencia, que lo normal es que haya sido desde el nacimiento en el caso de los padres biológicos y desde más tarde en el caso de padrastros: porque si hay algo biológico aquí que sea pertinente no es el parentesco genético entre el niño y el adulto (que puede ser desconocido, diferente del que se cree, o vete a saber) sino las bases biológicas del establecimiento del vínculo afectivo y protector paterno/filial: y éste se ve seguramente facilitado cuando el contacto se produce desde el nacimiento o poco después.
    Seguramente también se ve facilitado o dificultado por las creencias del adulto respecto al parentesco con el niño (no al que exista de verdad) y a su condicionamiento social y cultural respecto a lo que se supone que debe ser y representar tal parentesco.

    Pero eso es lo importante, y creo que salta a los ojos: que el establecimiento y la fuerza del vínculo afectivo y protector es la variable que importa, y no la (muchas veces incierta) relación de descendencia genética.

  21. McCourtain,
    Ya tienes “tu” tilde.
    Un saludo

  22. Qué grande eres! jajajaja

  23. Aloe

    Además, se me ocurre relacionarlo con otros estudios de PE en los que se establece una cierta estrategia reproductiva de la mujer que favorece tener hijos de varones seductores diferentes de su pareja porque esos hijos, si son varones, heredarán las cualidades “donjuanescas” de su padre y le darán más nietos a la madre
    ¿Soy yo la única persona que ve semejante razonamiento como absurdo y tautológico?
    En términos generales, tiene lógica que la estrategia reproductiva de las mujeres pase por diversificar los padres de sus hijos, por mantener la incertidumbre o el secreto respecto la paternidad, por garantizarse en lo posible la ayuda de una pareja aunque no sea el padre biológico de sus hijos (o de todos)… etc.
    Pero el razonamiento “las parejas seductoras interesan porque mis posibles nueras tendrán los mismos intereses reproductivos y a su vez les interesará mi hijo seductor porque bla, bla, bla,…” es eminentemente circular.
    Las parejas seductoras interesan porque en eso consiste que sean seductoras. Si no interesaran gracias a sus cualidades personales, no serían seductoras, por definición.
    Si el ser más seductor coincide necesariamente con ser peor padre (lo que está por demostrar), entonces tienen una desventaja, porque tendrán menos hijos viables. Si esa desventaja se compensa porque sus hijos heredan esa capacidad de seducción (cosa tremendamente dudosa y poco basada en nada) eso explicaría que los genes seductores (si tal cosa existe) no desaparezcan. Nada más.

    Las razones, si hay alguna de carácter genético, que permiten que los genes de los “malos padres” existan y prosperen hasta cierto punto, son seguramente bastante variadas y complejas. Entre otras cosas, porque eso seguro seguro que no es herencia mendeliana simple.

  24. Hola Aloe,
    Yo creo que el razonamiento tiene sentido en una especie polígama, sobre todo si la hembra tiene alguna capacidad de controlar el sexo de la descendencia.
    Tienes razón en que mientras no se identifiquen los genes todo el asunto es altamente especulativo.

  25. Arturo

    Hola, Aloe: “Las parejas seductoras interesan porque en eso consiste que sean seductoras. Si no interesaran gracias a sus cualidades personales, no serían seductoras, por definición.”
    La selección sexual se basa en que las características “seductoras” son apreciadas como positivas por la posible pareja. Llave y cerradura, vamos. Ambas, la característica seductora en sí y la capacidad de apreciarlo como positiva, serían caracteres determinados por los genes y, por lo tanto, heredables. No se han identificado los genes responsables, por lo que todo el proceso es especulativo, como resalta Pablo, pero no me parece absurdo.
    Cuando se produce descendencia de un macho, que porta una característica A, con una hembra, que la aprecia como positiva gracias a su propia característica Z, este hijo heredará ambas características con una probabilidad determinada por las leyes genéticas. Si es macho expresará de adulto la característica A de su padre; si es hembra la característica Z de su madre. Por eso no es necesario, en principio, que las hembras tengan control sobre el sexo de su descendencia: la ventaja reproductiva relativa se transmite en ambos casos.
    También entiendo que el término “polígamo” que utiliza Pablo se debe tomar en un sentido amplio: también abarca las sociedades en las que las parejas estables que dedican mucho esfuerzo y recursos a atender a sus crías tienen relaciones sexuales esporádicas con individuos que no son su pareja.

  26. Aloe

    Ambas, la característica seductora en sí y la capacidad de apreciarlo como positiva, serían caracteres determinados por los genes y, por lo tanto, heredables. No se han identificado los genes responsables, por lo que todo el proceso es especulativo, como resalta Pablo, pero no me parece absurdo.
    Hay muchas hipótesis alternativas no absurdas, e incluso más simples y por tanto, preferibles a priori. De forma que, mientras no haya indicios serios que apoyen esta hipótesis en particular, que no es ni la más simple ni la más probable, no veo interés en esa especulación, con franqueza.
    La herencia de A y Z, como la describes, es herencia mendeliana simple de dos alelos particualres de dos genes. En sí mismo eso es enormemente improbable, porque la conducta humana no es como la de C. elegans, digamos.

    Por otra parte, las relaciones esporádicas con individuos diferentes de la pareja estable son precisamente propias de las especies monógamas, y las especies polígamas no tienen cuidado parental del padre. La especie humana no se acomoda estrictamente a ninguna de ambas alternativas, pero cualquier característica que involucre precisamente al cuidado parental del padre no veo cómo se puede postular invocando características que se asocian a la poligamia.

    Una cosa más, que es más una pregunta: tal como lo explicas, el modelo de las características A y Z “llave y cerradura” no hay nada que las defina como favorables o positivas. Me sigue pareciendo tautológico, pero debe ser que me he perdido algo.
    O sea: A es favorable porque las que son Z lo elegirán. Z es favorable porque tenderá a tener hijos A, que a su vez etc. No se ve claramente cómo se establece en primer lugar la ventaja de cualquiera de los dos. Entiendo que la selección sexual funciona porque se retroalimenta como tú explicas, pero parte de algo: de alguna característica del macho que funciona como un handicap que muestra un buen fitness, o como una señal visible de lo mismo (la viveza de los colores como señal de buena alimentación y buena salud, por ejemplo). La llave de la cerradura sería la tendencia por parte de la hembra a apreciar cada vez más esa característica externa en particular, pero tendrá que partir de alguna ventaja “real”.

    En definitiva, pienso que toda la hipótesis, además de improbable por simplista, es innecesaria. Hay una ventaja, en general, en diversificar los padres, si hay varios candidatos con un buen fitness, o si aparece alguno mejor, y en procurarse el apoyo de una pareja estable para la crianza, o de varias si se puede. Esto no necesita hipótesis adicionales a esa observación de orden general.

    Por otra parte, los motivos humanos para el emparejamiento y las relaciones sexuales, o paterno-filiales, son complejas, entre otras razones porque están mediatizadas enormemente por la cultura.
    Lo muestras tu mismo, cuando crees necesario buscar un imperativo especial para justificar excepciones a la presunta monogamia de las mujeres, que si te parece sobreentendida ha de ser por razones culturales. No hay razones biologicas a priori para suponer que la pareja clandestina de una mujer (clandestina respecto a la pareja estable al menos en principio) tenga que ser especialmente “seductor” en comparación con la generalidad, al menos “seductor” en cualidades exclusivamente valoradas en términos de selección sexual modelo “llave y cerradura”. Lo mismo puede ser atractivo en términos de cualquier otro conjunto de cualidades.

    Y si buscamos cual puede ser el “disparador” del modelo de selección sexual “llave y cerradura”, la cualidad inicial por la que empezó el proceso, igual de probable (o más) será que ese sea la exhibición de cualidades externas que pueden indicar “buen padre”, como supongo que pasa en la selección sexual (mutua en este caso) que se produce en las especies monógamas con crianza conjunta de los hijos.

    Estoy de acuerdo por otra parte en lo que dices de que la paternidad biológica, algo no conocido en general durante casi toda nuestra historia, y que en muchas sociedades no se incluía como parte del sistema de parentesco culturalmente establecido, no puede ser tenido en cuenta como una motivación consciente durante miles de años como sería necesario para que fuera objeto de selección de esa manera.

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