Efectos similares de la cocaína en abejas y humanos

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La Biología Evolutiva suele entrar en conflicto con un punto de vista muy arraigado de entender a los seres vivos, denominado esencialismo. Esta idea, cuyo origen se encuentra en Aristóteles y Platón, consideraba que los seres vivos poseen algunas características esenciales que no pueden ser cambiadas. Veamos un ejemplo. Si pintamos a una cebra de color gris se puede parecer a un burro; sin embargo, no se convierte en burro, ya que ‘por dentro’ es una cebra, de la misma manera que no podemos convertir un pedazo de cobre en oro, simplemente bañándolo en oro. El problema de esta doctrina filosófica es su falta de definición ¿cuáles son las características esenciales que hacen que una cebra sea una cebra? Ni Aristóteles ni Platón podían contestar a esta pregunta

Actualmente sustituimos este punto de vista por otro de tipo poblacional. Lo que en realidad existe son poblaciones de cebras, las cuales poseen características que nos permiten distinguirlas de otras especies, como los burros. Pero al mismo tiempo, las cebras individuales también tienen ciertas características que nos permiten distinguirlas entre ellas. Donde Platón y Aristóteles veían categorías disjuntas y bien delimitadas la Biología actual ve variaciones graduales. Si pudiéramos retroceder en el tiempo, estas diferencias se harían más y más borrosas hasta desaparecer.

Si comparamos a los insectos con los humanos, las diferencias morfológicas y cognitivas son más que evidentes. Sin embargo, una de las sorpresas que nos ha deparado la Biología en los últimos años ha sido comprobar que también tenemos muchos elementos comunes. La mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) y nosotros tenemos aproximadamente un 60% de los genes en común (no son idénticos, pero están claramente relacionados con los nuestros). Muchos genes “maestros” que controlan diferenciación de las células en el desarrollo del embrión están conservados y tienen funciones “equivalentes” en insectos y mamíferos. Las principales rutas bioquímicas son, asimismo, idénticas y, por supuesto, compartimos el mismo código genético. Todas estas semejanzas son fácilmente explicables admitiendo que los insectos y los humanos tuvimos un antecesor común (hará unos 500 millones de años) y son muy difíciles de explicar de otro modo (aparte del consabido deus ex machina).

A pesar de todo esto, reconozco que me ha dejado impresionado el artículo publicado en el Journal of Experimental Biology, según el cual las abejas bajo la influencia de la cocaína tienen cambios en la conducta increíblemente parecidos a los que se observan en humanos cuando consumen esta droga.

En este trabajo, los científicos de la Universidad de Macquarie en Sydney (Australia) se dedicaron a aplicar pequeñas cantidades de cocaína en la espalda de las abejas mientras se encontraban recolectando néctar. Normalmente, estos animales ejecutan una especie de “danza” que informa a sus congéneres sobre la calidad y ubicación del alimento. Observaron que las abejas colocadas se mostraban mucho más comunicativas: sus danzas eran mucho más frecuentes e intensas que las de las abejas en estado normal.

Cuando los científicos interrumpieron el suministro de cocaína, las abejas mostraron síntomas de estar pasando el mono. Por ejemplo, comprobaron que los animales podían aprender a distinguir entre dos estímulos olfativos siempre que tuvieran su dosis. Cuando les faltaba la droga, su capacidad de aprender caía en picado.

Naturalmente, la adicción a esta sustancia es mucho más compleja en humanos, pero no deja de sorprendernos las similitudes encontradas. De hecho, los insectos ya están siendo empleados como animales modelo para estudiar los efectos de las drogas, en particular para entender qué genes son activados o desactivados por efecto de estas sustancias y durante el síndrome de abstinencia.

Nuestro sistema nervioso es muy distinto del de las abejas pero estos resultados nos hablan de un origen común y de importantes similitudes en su funcionamiento básico.

“Los invertebrados como modelos para estudiar la adicción a drogas”

“Las abejas sucumben a la tentación de la cocaína”

6 comentarios

Archivado bajo Animales, Genes, Neurobiología, Psicología

6 Respuestas a “Efectos similares de la cocaína en abejas y humanos

  1. .-PABLO: Efectivamente y en resumen: todo es lo mismo y todo es diferente.

    .-Curioso descubrimiento sobre las abejas. Está claro que la carrera evolutiva de las especies en la Tierra fue diversificándose en función de las diferentes adaptaciones a los distintos medios; pero queda claro que el origen de la vida fue común.

    .-Tú, con tu artículo de hoy, vuelves a corroborar esta afirmación mía.

    .-Saludos y hasta la siguiente.

  2. Despues de todo Pablo, no debe ser un accidente los efectos de la cocaina en el ser humano, si otros sistemas nerviosos de menos de 2 cm (cubicos) padecen los mismos efectos narcoticos.
    Un saludo.

  3. Hola Aníbal,
    Sí, es la hipótesis más probable. La posible función “ecológica” de las muchísimimas moléculas que producen las plantas se ha discutido mucho y es muy difícil demostrar (fuera de toda duda).
    Un saludo

  4. Hola Andybel,
    Totalmente de acuerdo

  5. Pingback: http://www.mundo.es/1386/noticia-efectos-similares-de-la-cocaina-en-abejas-y-humanos

  6. newells

    yo ando re sarpado
    LA QUIERO DEJAR
    PERO ES LO MEJOR

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