Archivo diario: 2 enero , 2009

Riesgos aceptables (si eres suficientemente viejo)

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¿Recuerdan al personaje del “abuelo” de Little Miss Sunshine, el cual se había hecho (recientemente) adicto a la heroína? En general, este tipo de comportamientos nos resulta chocante, ya que solemos pensar que los jóvenes son más proclives a las actividades de riesgo que las personas mayores. Sin embargo, el razonamiento del “abuelo” era impecable: ¿por qué preocuparse por el largo plazo si no hay largo plazo?

Los biólogos llevan cierto tiempo pensando que esto también podría aplicarse a la conducta de muchos animales. Un individuo joven debe ser cauto porque si muere pierde la posibilidad de reproducirse, en cambio, para uno que esté cerca del fin de su ciclo vital, puede tener sentido el asumir riesgos, ya que no tiene (casi) cada que perder. No quiero decir con esto que los animales vayan a hacer cálculos de ese tipo, sino que esta clase de conducta podría verse favorecida por la selección natural si tuviera un fuerte beneficio reproductivo.

Pero una cosa es que una teoría “suene bien” y otra muy diferente tener datos sólidos que la avalen. Para ello sería necesario obtener datos muy precisos sobre alguna población durante varias generaciones. Un artículo del Journal of Mammalogy nos cuenta que la teoría se cumple, al menos en una especie: el cobo del Nilo (Kobus megaceros). Se trata de una especie de antílope que habita en algunas regiones de Sudán. Dado que está en peligro de extinción, se creó una “reserva” en una especie de Parque Natural para especies salvajes en Escondido (California), que depende del famoso Zoo de San Diego. Sus 36 Ha acogen a diversas especies de ungulados africanos, así como a un buen número de aves.

Durante los últimos 38 años, esta pequeña población de antílopes ha sido minuciosamente estudiada por los zoólogos. Estos animales tienen un sistema de reproducción muy poco igualitario; una manada puede contener hasta 50 hembras y un solo macho (los machos solteros forman a su vez pequeños grupos). Evidentemente, el macho que consiga un harén va a dejar una generosa ración de sus genes para generaciones venideras, sin embargo, sólo un número muy pequeño de machos llegará a reproducirse. Este hecho tiene serias implicaciones para la estrategia evolutiva de las hembras. Para ellas, un descendiente macho supone una inversión de alto riesgo: si llega reproducirse los genes de la madre irán con él pero esto es altamente improbable. En cambio, un descendiente hembra equivale a poner el dinero a plazo fijo: existe una probabilidad razonable de que se reproduzca pero el número de nietos será limitado.

Lo que han observado Fred Bercovich y sus colaboradores es que la probabilidad de que una hembra tenga un hijo macho aumenta notablemente con la edad de la madre (hasta tres veces mayor) ¿Cómo se las arreglan estos animales para manipular el sexo de la descendencia? Todavía no lo sabemos, pero hay muchos casos bien estudiados (en otras especies) en los que ocurre tal cosa.

En definitiva, los datos son congruentes con la hipótesis de mayor riesgo a mayor edad. A mí me parece que esta hipótesis es plausible, pero para tener una evidencia incontestable necesitaría conocer la base genética de esta conducta (y poder estudiar los genes por métodos bioinformáticos), cosa bastante difícil y que tal vez no ocurra nunca. Hoy por hoy no puedo descartar que la causa de este sesgo hacia una mayor frecuencia de machos se deba a alguna particularidad de la fisiología reproductiva de esta especie y no sea, propiamente, una adaptación.

¿El vaso está medio lleno o medio vacío?

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Kobus megaceros

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