Archivo diario: 30 diciembre , 2008

Buller contra Pinker (supuestas falacias de la Psicología Evolucionista)

Acabo de leer en el magnífico blog de Eduardo Robredo una referencia al artículo publicado en Scientific American del filósofo David J. Buller, en el que arremete contra la Psicología Evolucionista, y me ha parecido pertinente escribir un comentario.

El artículo en cuestión: Evolution of the Mind: 4 Fallacies of Psychology.

Es importante señalar que Buller no se opone a la interpretación de la conducta humana en un marco evolutivo, ni siquiera al campo de la Psicología Evolucionista en general, sino que sus críticas tienen una diana mucho más restringida: lo que el denomina Pop EP (Popular Evolutionary Psychology) y señala directamente a David Buss y Steven Pinker. La crítica fundamental no es que el planteamiento general sea erróneo, sino que estos autores llevan sus conclusiones más lejos de los que permite la evidencia experimental (sin duda, una acusación seria para un científico). El tono agresivo de su crítica (el hecho de aplicar el término “Pop”, sin ir más lejos) podría hacer pensar en un desacuerdo profundo. Si leemos con atención, el desacuerdo se refiere al grado de confianza con que se presentan las hipótesis con respecto al grado de evidencia experimental disponible. En esencia, Buller no dice que el marco conceptual sea erróneo, ni que las ideas de la Pop EP no sean plausibles, sino que éstas son indemostrables. Pero vayamos por partes.

Según la falacia 1, la Pop EP afirma que el análisis de los problemas adaptativos durante el Pleistoceno puede arrojar luz sobre la forma en que la mente “está diseñada”. Buller contrapone que no sabemos nada sobre las condiciones prevalentes/presiones selectivas que tuvieron lugar en esa época. Si lo que quiere decir es que no tenemos una máquina del tiempo, estamos de acuerdo. No obstante, creo que aquí es Buller el que va demasiado lejos. La Paleontología proporciona (o puede proporcionar) datos sobre los hábitats que ocuparon nuestros antecesores, qué tamaño tenían los grupos, si existían relaciones comerciales/guerras, cuál eran sus fuentes de alimento etc… Además, el estudio de los cazadores-recolectores modernos proporciona una guía. Es cierto, que estas culturas exhiben una variabilidad considerable, pero no es menos cierto que el modo de vida “cazador-recolector” impone una serie de restricciones y condiciones comunes. En definitiva, nuestro Escenario Evolutivo Ancestral puede ser reconstruido con cierto grado de confianza, aunque desde luego no del 100%.

En la falacia 2, Buller niega que se pueda llegar a saber cómo evolucionaron los rasgos específicamente humanos. El principal argumento en que se basa es que todas las otras especies del género Homo, así como los australopitecinos se han extinguido y “los muertos no cuentan historias sobre su evolución”. De nuevo, creo que el argumento va demasiado lejos. Las especies extinguidas han dejado restos arqueológicos, de los que se puede deducir muchas cosas acerca de su morfología, del ambiente en que se desenvolvían, de sus capacidades como cazadores y constructores de herramientas. El genoma del neanderthal ya puede emplearse en muchos estudios, así como los genomas de nuestros parientes más próximos (Gorilla, Pan, Pongo). No puede descartarse que en un futuro se pueda estudiar el material genético de otras especies, como erectus (aunque tampoco puede darse por hecho). Buller cita el caso de la anemia falciforme y la resistencia a malaria; es posible que estudios parecidos puedan realizarse comparando los genomas del neanderthal y del sapiens moderno en relación a sus respectivos hábitats, aunque naturalmente estas comparaciones tendrán un grado de incertidumbre mayor que en el caso citado.

En la Falacia 3, la Pop EP explicaría la mente humana ciñéndose exclusivamente a nuestro pasado como cazadores recolectores durante el Pleistoceno. Buller está de acuerdo en que algunas de nuestras características psicológicas debieron desarrollarse en esta época, pero aduce que otras son anteriores o posteriores. Sin embargo, no creo que ni Pinker ni Buss estén en desacuerdo con esto. De hecho, Pinker afirma explícitamente que “nuestros órganos mentales, o bien estaban presentes en nuestros antecesores primates o han evolucionado a partir de éstos” (How the Mind Works, p. 40). La segunda parte –que algunas características hayan evolucionado en los últimos 10.000- tampoco supone ningún problema conceptual. Estos casos de “evolución reciente”, tales como la aparición de la tolerancia a la lactosa han sido reportados también muy recientemente. Seguramente serán incorporados en el cuerpo general de la EP, aunque su apoyo empírico tendrá también que ser evaluado. Algunos de estos casos, como la “selección de genes relacionados con la inteligencia” en poblaciones judías durante la Edad Media son bastante controvertidos. Honestamente, creo que la falacia 3 es un invento de Buller.

Finalmente, en la falacia 4 Buller entra en el meollo de la cuestión, esto es, analizar si la evidencia experimental disponible apoya o no (o en qué medida) las afirmaciones de la EP. Para ello tiene que entrar (por primera vez en el artículo) a analizar casos concretos. En particular, analiza la hipótesis de Buss según la cual los “celos” evolucionaron como una “señal de alarma emocional que señaliza las potenciales infidelidades de la pareja y cuya función sería minimizar la pérdidas en la inversión reproductiva realizada”. Según Buss, la infidelidad tiene consecuencias diferentes en los dos sexos; para los hombres el riesgo consiste en invertir recursos en una descendencia que no es suya, para las mujeres el riesgo está en la pérdida de recursos que aporta su pareja. Buss afirma haber encontrado pruebas de que los hombres son más sensibles a la infidelidad sexual mientras que las mujeres lo son más a la infidelidad afectiva. Buller aduce que la metodología empleada no permite llegar a tal conclusión. Aunque creo que llegar hasta el fondo de esta polémica particular sería demasiado largo, encuentro que este tipo de debates sobre cuestiones concretas son absolutamente pertinentes. No sólo Buller, sino cualquier persona interesada tiene derecho a ejercer la crítica de esta forma, aunque para ello no hay necesidad de montar un frente anti-EP. Buss podría estar equivocado en este punto concreto y tal vez no estarlo otros temas que también ha investigado.

Mi principal crítica a la crítica de Buller es que se mueve en un delicado equilibrio entre las cuestiones generales y las particulares. En mi opinión, la Pop EP establece un marco conceptual, una especie de programa de trabajo. Para ir más allá es necesario centrarse en cuestiones concretas y examinar la evidencia disponible (como en el caso mencionado de la infidelidad). En un momento dado se podrá hacer un recuento de la evidencia aportada y de la interpretación de la misma (aunque creo que es demasiado pronto). Sin duda, en el momento actual la evidencia es escurridiza y es posible que algunas cuestiones no puedan aclarase nunca. También hay razones para ser optimista. La genética de la conducta está identificando alelos relacionados con determinadas características psicológicas y los estudios en modelos animales proporcionan frecuentemente un apoyo y una vía de investigación complementaria. La identificación de estos genes “candidatos” abrirá la puerta a nuevos estudios orientados a explicar la variabilidad entre individuos o poblaciones. No es descartable que estas investigaciones puedan ampliarse a especies extinguidas, como el neanderthal (por ejemplo, sabemos que los neanderthales tenían una copia de FOXP2 similar a la de los humanos modernos). Al mismo tiempo, los estudios en cazadores-recolectores y los estudios trans-culturales nos proporcionan una ventana para escudriñar estos fenómenos. Sobre  la existencia de módulos mentales para tareas específicas, será la Neurobiología la que tendrá que pronunciarse (hay investigaciones en marcha). En principio, los módulos mentales son susceptibles de investigación experimental y, si su existencia queda plenamente demostrada, es posible que se pueda relacionar tales módulos con determinados genes y, eventualmente, aplicar los métodos de la Evolución Molecular para investigar si estos genes han sido objeto de selección. El camino será largo e incierto, pero no es un camino cerrado a priori.

Seguramente quedarán preguntas sin contestar, pero creo que Buller no es razonable en su planteamiento de “o evidencia incontrovertible o nada” y también creo que su negación de que pueda aprenderse algo del marco conceptual de la EP es excesiva. El filósofo Auguste Compte negó una vez que se pudiera conocer la composición química de las estrellas… y mira.

Anuncios

19 comentarios

Archivado bajo Psicología Evolucionista