Archivo diario: 29 diciembre , 2008

A mala idea duele más

mala-leche

Supongamos que alguien le pisa un pie en el Metro, con tan mala suerte que le “lamina” un juanete. El dolor es insoportable y a éste se añade una sospecha ¿lo habrá hecho a propósito el muy cabrito? La cuestión filosófico-psicológica es si el mismo pisotón duele más cuando percibimos una clara intención de hacernos daño. En teoría no debería ser así. La presión sobre nuestro desgraciado juanete es la misma. Sin embargo, hay datos que sugieren que el cerebro no procesa de la misma manera el mismo estímulo, dependiendo de la percepción de intencionalidad.

Esta pregunta está relacionada con la de un post anterior “Ojos que no ven…” acerca de si los alimentos saben mejor cuando “creemos” que son de buena calidad. En el caso que estamos considerando hoy se trataría, de alguna forma, de lo contrario. Podríamos hablar de “efecto nocebo”.

El sentido común no tiene muy difícil aceptar la idea de que “a mala idea duela más”, sin embargo, para poder abordar la cuestión empíricamente necesitamos realizar experimentos en condiciones controladas. Hay que estar seguros de que administramos exactamente el mismo pisotón en condiciones neutras e intencionales, y esto requiere un cierto dispositivo experimental.

Kurt Gray y Daniel Wegner, de la prestigiosa Universidad de Harvard, han ideado un método y no los cuentan en un artículo publicado en Psychological Science. Para ello emplearon a un grupo de voluntarios y les pidieron que evaluaran el grado de dolor que les producía un shock eléctrico, equivalente al pisotón con la diferencia de que podía reproducirse de forma exacta. El punto crucial estaba en que el mismo estímulo era evaluado en dos situaciones distintas: en la primera se decía al sujeto que el hecho de recibir el shock había sido decidido por uno de sus “compañeros” que se encontraba en una habituación contigua. En la segunda, la descarga se presentaba como accidental.

Cuando se percibía intencionalidad, el mismo estímulo fue calificado de 3.6 en una escala arbitraria (cuanto más alto el número, más doloroso), mientras que en condiciones de no-intencionalidad la evaluación fue de 3.0. La diferencia resultó significativa estadísticamente, pero la magnitud de la diferencia es de alrededor del 20%. Estos resultados sugieren que el efecto existe, pero no la diferencia no es enorme.

Imagino que los sujetos habrían experimentado una sensación bastante agradable si hubieran podido darle una bofetada al causante de la descarga.


“Intentional Pain” K. Gray and D. Wegner


6 comentarios

Archivado bajo Filosofía, Psicología