Archivo diario: 14 diciembre , 2008

Otra vez a vueltas con los transgénicos

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Acabo de volver de un Congreso en Tenerife, donde he tenido una “agarrada” con un investigador del CSIC bastante conocido por su condena sin paliativos a los cultivos transgénicos. Naturalmente respondí y la cosa acabó siendo bastante desagradable, aunque anecdótica. En el mundo de la agricultura orgánica, el discrepar sobre este tema te puede convertir instantáneamente en un “fascista defensor de las multinacionales”, lo que no es el caso. Me defino como vagamente de izquierdas y no estoy en la nómina de nadie (excepto de mi Universidad) ¿Alguna vez se han enfrentado a un auditorio hostil (al menos así lo percibía yo)? Es algo más duro de lo que parece.

La cosa es en realidad bastante sencilla. El hecho de introducir un fragmento de DNA en un planta no es, en principio, ni bueno ni malo. Las consecuencias dependen del gen introducido y eso hay que estudiarlo caso por caso. En el caso de las plantas transgénicas, el registro es muchísimo más riguroso que las variedades convencionales, las cuales también pueden tener uno o muchos genes procedentes de otras variedades o especies.

Estoy de acuerdo, no obstante, que el mercado mundial de semillas está dominado por un pequeño número de grandes empresas y esta situación puede provocar problemas. Estaría 100% de acuerdo en exigir cambios en este sentido y, posiblemente, también en las leyes internacionales que permiten patentar genes. Lo que no entiendo es lo de “disparar” contra esta tecnología. Me parece un error grave por 3 razones:

La primera es que se renuncia a una tecnología necesaria para seguir mejorando las plantas cultivadas más allá de las técnicas convencionales (que están dando muestras de agotamiento). La población mundial todavía va a aumentar bastante en los próximos años y las buenas tierras de cultivos son limitadas (si no queremos cargarnos todo vestigio dse vida silvestre). Por cierto, los precios de los cereales han subido mucho en los últimos 2 años (aunque esta tendencia parece que está cambiando con la crisis), comiéndose los avances de los años anteriores en las lucha contra el hambre.

La segunda es que no estoy seguro de que la oposición frontal a los transgénicos perjudique realmente a las grandes compañías. Los enormes costes y dificultades que conlleva el registro de estas variedades (en buena parte exageradas) impiden a las compañías pequeñas entrar en este mercado. Es posible que los ecologistas le estén regalando la tecnología a Monsanto.

La tercera y principal razón es que la campaña mediática contra los cultivos transgénicos está plagada de mentiras y medias verdades. A pesar de su mala fama, esta tecnología es extraordinariamente segura y los riesgos son en gran medida inventados o exagerados. Ninguna persona ha muerto o su salud se ha visto perjudicada por este motivo. Tampoco se ha podido detectar un daño ecológico real, excepto la tautológica “contaminación por transgénicos”.

Personalmente, no acepto que me mientan o me intenten manipular, ni siquiera por una buena causa.

Dicho esto, me apresuro a añadir que los ecologistas tienen razón en el punto esencial de que los problemas medioambientales tienen una importancia extraordinaria.

Seguimos necesitando un ecologismo basado en la evidencia

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