Archivo diario: 9 diciembre , 2008

La felicidad es contagiosa

happiness

¿Qué nos hace felices? Sin duda, esta es una de las grandes preguntas de la humanidad y darle una respuesta satisfactoria debería tener profundas consecuencias, tanto teóricas como prácticas. Curiosamente, es una pregunta que los filósofos llevan haciéndose miles de años (Epicuro de Samos nació hace 2349 años). Sin embargo, la ciencia experimental no ha intentado abordarla hasta hace relativamente poco, y eso que nada impedía –en principio- un abordaje experimental. Todo lo que necesitamos es una medida cuantitativa del “nivel de felicidad” para buscar luego factores o circunstancias que puedan estar correlacionadas con ésta.

El panorama ha cambiado radicalmente en los últimos años. Investigadores de campos muy diversos, tales como la Economía, la Psicología, la Neurobiología y la Biología Evolutiva se han lanzado a la piscina de la “Ciencia de la Felicidad” ¿O debería llamarse Hedología?(Canli et al., 2005; Clark and Oswald, 2002; Delamothe, 2005; Easterlin, 2003; Kahneman et al., 2006). No resulta nada extraño que estas investigaciones hayan identificado un amplio rango de circunstancias que afectan a nuestra felicidad (para bien o para mal), tales como el hecho de que te toque la lotería, el nivel de sueldo, el divorcio, factores genéticos, la desigualdad social o en hecho de ganar unas elecciones.

Lo que no se habían planteado los científicos era la hipótesis de que la “felicidad fuera contagiosa”, esto es, si el hecho de interaccionar con gente feliz aumente nuestro nivel de felicidad (y viceversa). Probablemente, la idea se les habría ocurrido a bastantes personas. Después de todo, hay muchas cosas que son socialmente contagiosas. Pero han sido dos profesores de Harvard y la Universidad de California los que se han puesto a contrastar experimentalmente esta hipótesis, en un artículo publicado en BMJ (Fowler and Christakis, 2008).

Para ello se han servido de dos valiosas herramientas. Una es el famoso estudio longitudinal de Framingham, iniciado en 1948 con objeto de analizar las relaciones entre salud cardiovascular y múltiples factores. Este trabajo ha estudiado pormenorizadamente la vida y costumbres de una cohorte de unas 5000 personas durante tres generaciones. Cada cierto tiempo, los participantes acudían a un centro para ser encuestados y examinados. La segunda herramienta es una rama de las matemáticas conocida como Teoría de Grafos y que se emplea para resolver problemas en áreas extraordinariamente diversas tales como el diseño de circuitos electrónicos, diseñar una red de distribución de un producto comercial o estudiar la estructura de Internet. En pocas palabras, esta disciplina estudia las relaciones entre distintas “entidades”, lo que permite aplicar técnicas estadísticas no sólo a las entidades sino a las relaciones entre ellas.

Cuando estos investigadores examinaron las redes sociales existentes entre los participantes del estudio, encontraron que los individuos felices o infelices tendían a agruparse en redes separadas, lo que nos dice que el grado de felicidad de un individuo puede afectar al de aquellos con los que interacciona y que este efecto alcanza hasta tres grados de relación: los amigos de los amigos de los amigos. También encontraron que las personas más felices solían situarse en un lugar central de la red social; aunque puntualizan que es probablemente la “centralidad” la que lleva a la felicidad y no a la inversa. Encontraron que cada amigo feliz aumenta nuestro nivel de felicidad en aproximadamente un 9%.

Me apresuro a hacer una matización que reconocen los propios autores del trabajo. No está claro cuál es el sentido de la “causalidad” en este caso. Es posible que la felicidad de una persona “irradie” a las demás y también que las personas felices (y desgraciadas) tiendan a interaccionar socialmente entre ellas. Otro efecto curioso es que el fenómeno de “contagio” es más fuerte entre individuos del mismo sexo. El efecto disminuye con la distancia y es bastante débil entre compañeros de trabajo.

Sin duda, este trabajo constituye una interesante pieza que abrirá las puertas de nuevas y seguramente originales investigaciones. Ya se están empleando las redes sociales de Internet, p.e. Facebook, para seguir explorando el fenómeno.

No man is an island

Canli, T., Cooney, R.E., Goldin, P., Shah, M., Sivers, H., Thomason, M.E., Whitfield-Gabrieli, S., Gabrieli, J.D., and Gotlib, I.H. (2005) Amygdala reactivity to emotional faces predicts improvement in major depression. Neuroreport 16: 1267-1270.

Clark, A.E., and Oswald, A.J. (2002) A simple statistical method for measuring how life events affect happiness. Int J Epidemiol 31: 1139-1144; discussion 1144-1146.

Delamothe, T. (2005) Happiness. Bmj 331: 1489-1490.

Easterlin, R.A. (2003) Explaining happiness. Proc Natl Acad Sci U S A 100: 11176-11183.

Fowler, J.H., and Christakis, N.A. (2008) Dynamic spread of happiness in a large social network: longitudinal analysis over 20 years in the Framingham Heart Study. Bmj 337: a2338.

Kahneman, D., Krueger, A.B., Schkade, D., Schwarz, N., and Stone, A.A. (2006) Would you be happier if you were richer? A focusing illusion. Science 312: 1908-1910.

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