Archivo diario: 7 diciembre , 2008

Cuanto más dinero, más sexo

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De los muchos temas que trata la Psicología Evolucionista, uno de los más interesantes -en mi opinión- es la conexión entre estatus y éxito reproductivo en nuestro linaje evolutivo. Y lo es porque nos explica (o al menos, comienza a explicar) algunas conductas tan generalizadas que tendemos a pensar que no necesitan explicación ¿Por qué se esfuerzan los millonarios a tener más dinero? ¿por qué es tan difícil que un dictador deje voluntariamente el poder? ¿por qué es tan importante para las personas su carrera?

La mayoría de los humanos deseamos tener un estatus alto por razones similares a las que no llevan a desear el sexo o la comida. Esto no es incompatible con que existan variaciones individuales en cuanto al deseo personal de estatus (solemos calificar a estos individuos de ‘ambiciosos’). Y la ambición se debe, seguramente a la suma de factores genéticos y ambientales. Es cierto que quedan bastantes cosas por descubrir y demostrar, pero puede decirse que el esquema aquí indicado descansa en una sólida evidencia experimental. Según esto, podemos considerar que el ejecutivo que descuida su vida personal en interminables jornadas de trabajo es, en realidad, un adicto a sustancias que fabrica su propio cerebro, en el sentido literal de la expresión. Lo mismo podemos decir del político que se dedica en cuerpo y alma a la ‘causa’. Sus motivaciones internas son, en realidad, muy parecidas a las del ‘yonqui’ que necesita su dosis. Me gustaría añadir que no considero que esto sea malo en sí. Personalmente, creo que lo que se debe exigir a los políticos es que hagan una gestión honrada y eficaz y, en este sentido, las motivaciones internas me parecen del todo irrelevantes. A un político (y en general, a cualquier persona ambiciosa) la adicción a la serotonina ‘se le supone’.

Por otra parte, es muy frecuente que los políticos o los ejecutivos (o los ambiciosos en general) no sean en absoluto conscientes de los mecanismos que están operando en su cabeza y les llevan a desear determinadas cosas. Por el contrario, todos los indicios apuntan a que somos notoriamente inconscientes de todo esto. Parece como si los humanos tuviéramos ‘antenas sociales’ que nos permiten percibir cuáles de nuestras acciones reciben mayor reconocimiento y ello nos permitiera adaptar nuestra conducta en este sentido. Así, el colegial empieza a notar que la posesión de determinados objetos o características personales causa un efecto entre sus colegas (o sea que ‘mola’) y no necesita detenerse a analizar las razones profundas de este fenómeno para saber lo que quiere. La misma filosofía implícita puede aplicarse en la empresa, el partido político o el mundo académico. Según la hipótesis discutida aquí, el fenómeno subyacente a esta dedicación ‘en cuerpo y alma’ a los más variados fines profesionales es, esencialmente, la búsqueda de estatus; a su vez, esta motivación sería una consecuencia evolutiva de las ventajas que se derivaron en el pasado para los individuos que exhibían estas tendencias. Evidentemente, el hecho de que una determinada conducta fuera adaptativa durante el Paleolítico no quiere decir que lo sea ahora. Y en cualquier caso, no estamos afirmando nada sobre la aceptabilidad de tal conducta. Sólo estamos tratando de explicar sus causas últimas.

Naturalmente, en muchas sociedades actuales, el estatus está completamente desconectado de la reproducción. No obstante, sigue existiendo una conexión entre el dinero y el sexo, según un artículo reciente en la revista Evolutionary Psychology. En este trabajo, los investigadores realizaron una entrevista telefónica a una muestra aleatoria de personas entre 18 y 45 años. Sospecho que en la encuesta se camuflaban las verdaderas intenciones de la misma, haciéndose pasar por un “cuestionario sobre salud”. El caso es que, de una forma u otra los investigadores sonsacaban a los encuestados sobre sus hábitos de consumo, en particular sobre el consumo compulsivo, así como sobre sus hábitos sexuales. Se encontró una correlación positiva entre “el consumo de recursos” y el número de compañeras sexuales, así como entre consumo e “intenciones de apareamiento”, o sea, que los hombres que más dinero gastaban eran los que más deseaban tener muchos ligues, y a menudo lo conseguían.

En la muestra de mujeres no se detectó ese efecto.

El trabajo aquí

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