Estatus

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El deseo de estatus es universal. Lo encontramos en todas las sociedades que han sido estudiadas; eso sí, con gran variaciones sobre el tipo de cosas que confiere estatus a los individuos. De hecho, la Antropología constituye una fuente de información sobre este tema mucho más valiosa que la Psicología. Veamos algunos ejemplos. Entre los kwakiult, un pueblo de la costa Oeste de Norteamérica, hoy desaparecido, los individuos de alto estatus se veían obligados a organizar monstruosas fiestas, llamadas potlatch (en la imagen), si querían mantenerlo. Las fiestas duraban varios días y se organizaban por las razones más diversas, como nacimientos, bodas o el ingreso en sociedades secretas. Otras veces se organizaban por motivos triviales, ya que el verdadero objeto de estas fiestas era mostrar la riqueza de los organizadores, a través del consumo exagerado de todo tipo de comida, así como el reparto de regalos fabulosos entre los invitados. En algunos casos, los anfitriones terminaban la fiesta quemando la casa para mostrar públicamente su generosidad y desprendimiento. Aunque esta costumbre nos pueda parecer chocante, los jefes tribales que la protagonizaban estaban actuando de forma egoísta, ya que cuanto mayor fuera el dispendio realizado mayor sería su prestigio dentro de esta sociedad. Evidentemente, nuestras ‘bodas’, ‘bautizos’ y ‘comuniones’ tienen algún elemento en común con los potlatch.

Para los yanomami, las formas de conseguir prestigio son bien distintas. Esta tribu habita en selvas ecuatoriales en las orillas del río Orinoco, entre Venezuela y Ecuador. En la actualidad se estima que deben quedar menos de 10.000 habitantes y se encuentran continuamente amenazados por las actividades de mineros –garimpeiros- que penetran ilegalmente en sus tierras. La subsistencia de este pueblo se basa en una agricultura semi-nomádica de ‘corta y quema’. Esta cultura, que se caracteriza por una extrema agresividad, ha sido muy estudiada por los antropólogos[1] [2]. Para un joven yanomami el camino hacia el éxito social pasa por emboscar y matar a muchos hombres de poblados vecinos y violar a muchas mujeres. Dentro de un mismo grupo, las peleas y el maltrato de los hombres hacia las mujeres no son nada infrecuentes. Cabe esperar que incluso los partidarios acérrimos del relativismo cultural califiquen estas prácticas de ‘dudosas’.

Entre los ¡Kung del desierto del Kalahari, los criterios de estatus son bastante más pacíficos. Este pueblo mantiene (o lo hacía hasta hace poco) un modo de vida nómada basado en la recolección y la caza. Los ¡Kung forman pequeños grupos sin líder aparente y, en general, constituyen una sociedad pacífica, sin clases sociales claramente definidas. La desigualdad económica es virtualmente imposible en su modo de vida, ya que no tienen forma de acumular riqueza, y las piezas cobradas son frecuentemente compartidas entre los miembros de la tribu. A pesar de su aparente igualitarismo, los estudios antropológicos revelan la existencia de una jerarquía laxa basada en la experiencia y la habilidad de un individuo como cazador. Al parecer, los individuos de alto ‘rango’ ejercen el liderazgo de forma suave, influyendo sobre las decisiones del grupo pero sin imponer su voluntad. Por otro lado, la sociedad valora la modestia del cazador habilidoso y las normas de educación exigen que éste no alardee de su capacidad como tal.

De acuerdo. Para los cazadores-recolectores el estatus es importante, pero ¿nos afecta eso a nosotros, los occidentales del siglo XXI?

Más en el próximo post


[1] Changnon, N. “Yanomamo: the fierce people” Holt, Rinchart and Winston, Inc. 1997.

[2] Eibe-Eibesfeldt, I. “El Hombre Preprogramado”. Alianza Editorial, Madrid 1977.


9 comentarios

Archivado bajo Evolución, Genes, Psicología, Sexo

9 Respuestas a “Estatus

  1. Tay

    Quizá quede mas patente en los grupos de tradición nómada como pueda ser la etnia gitana, que el hecho de andar cambiando de lugar continuamente les obligaba a llevar sus pertenencias en forma de joyas o abalorios sobre el cuerpo, determinando al tiempo el estatus de la persona, algo que hoy en día ha perdurado de alguna forma.
    Pero en lo que tradicionalmente llamamos occidentales del siglo XXI, que son aquellos de tradición sedentaria, también es evidente la “necesidad” del personal de manifestar su estatus de diversísimas formas… así que mi respuesta es sí.

  2. Me he quedado sorprendido por la información sobre los Yanomamis pues nunca había leído nada al respecto; si se han mostrado siempre hostiles a las incursiones de los “blancos” y misioneros y cuando dos grupos optan por un mismo recurso es frecuente que guerreen, pero también colaboran entre grupos e intercambian individuos o eso tenía entendido.

    Un saludo.

  3. Hola Miski,
    Ha habido voces políticamente correctas pidiendo la cabeza de Napoleon Chagnon por atreverse a decir que el nivel de violencia entre los yanomamis es alto. A mi me parece más bien un “linchamiento” por parte de la “correctness”, pero siempre estoy dispuesto a examinar la evidencia

  4. Hel

    Marvin Harris describe varias tribus de Nueva Guinea con un comportamiento muy similar al que describes sobre los yanomamis, también se trata de tribus enfrentadas constantemente a tribus vecinas. Por otro lado, pensaba que lo del relativismo cultural había pasado de moda.

  5. Pingback: Estatus y naturaleza humana

  6. Sí nos afecta: el estatus elevado, mal que nos pese, es altamente erotizante.
    Ahora bien, las chicas listas siglo XXI nos calentemos cada vez más con tipos al estilo “modestos cazadores habilidosos”… ¿o no?

  7. Buena analogía respecto a nuestras festejos y ofrendas actuales, el status tiene muy diversas consecuencias, pero creo que el poder es el principal motivo para que los grupos inviertan en una lucha interna de privilegios y clases sociales. La faceta dominante sí que es erotizante como dice susana, ahora ese estatus está siendo disputado, en contra de la naturaleza, con las mujeres, creando una situación endogámica y confusa para todos.

    un abrazo.

  8. Hel

    “La faceta dominante sí que es erotizante como dice susana, ahora ese estatus está siendo disputado, en contra de la naturaleza, con las mujeres, creando una situación endogámica y confusa para todos.”

    Desde luego en tu caso sí que veo mucha confusión, aunque no sé si debido a la endogamia.

  9. El niño

    Mi respuesta a tú pregunta es No. Radicalmente no. Pero todavía nos queda tiempo para asimilarlo, aunque ya se vaya gestando o adivinando. En la sociedad del conocimiento, el estatus pasa de lo externo o aparente a otros valores. El concepto de autoridad cambia y cambian muchas cosas. El sentido de lo común, la fuerza del grupo, la comunidad, el todo es más que la suma de las partes, la autoridad no está en las partes sino en el todo. Las organizaciones se hacen horizontales, adiós las tradicionales jerarquías. Cada persona, cada capacidad, cada talento cuenta dentro del grupo. La diversidad es riqueza, la homogeneidad pobreza. Desaparece la homogeneidad que ensalza pensamientos únicos y patrones de estatus únicos y va surgiendo la diversidad que enriquece el todo a partir de sus partes.

    Pero queda mucho para que llegue todo esto. Todavía somos demasiados materialistas y, por ejemplo, tener un cochazo sigue siendo la principal aspiración de mucha gente, incluso de muchos “geeks”.

    Pero todo llegará, el camino ya está trazado.

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