Archivo diario: 1 diciembre , 2008

Inteligencia animal

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La cuestión de la inteligencia de los animales conlleva un problema filosófico difícil ¿Cómo podemos saber si otras especies son inteligentes? El filósofo Wittgenstein decía que si un león hablara no podríamos entenderle. Personalmente no estoy muy de acuerdo. Si un león hablara sería difícil de entender, pero probablemente menos difícil que entender a una cobra o un escarabajo. Presumo de entender bastante bien a mi perro, y un perro es tan diferente de un humano como un león. El problema estriba justamente en que resulta casi imposible evitar un sesgo antropomórfico a la hora de juzgar las capacidades mentales de otras especies.

Veamos un ejemplo. El ‘cascanueces’ (Nucifraga caryocactes) es un ave que vive en bosques de coníferas de la Europa Central. Esta especie entierra con frecuencia piñones en lugares determinados con objeto de consumirlos posteriormente. Experimentos cuidadosos han demostrado que no es que los entierre de forma masiva y luego los encuentre por azar (como ocurre con las ardillas). Si se eliminan elementos característicos del paisaje que le sirven de referencia, como piedras o árboles, la eficacia de recuperación de los piñones baja enormemente. El cascanueces tiene una capacidad impresionante para recordar los lugares donde guarda el botín. Alrededor de 30.000 sitios diferentes puede almacenar en su cerebro, del tamaño aproximado de una nuez. A mí me resulta difícil encontrar mi cartera en muchas ocasiones, por lo que debo ser un completo estúpido a ojos de un cascanueces.

Tradicionalmente, el concepto de inteligencia ha puesto el énfasis en la adaptación al medio, pero eso no resulta demasiado satisfactorio si no precisamos un poco más. Los mejillones están bien adaptados a su medio y no solemos considerarlos muy inteligentes. Esto nos lleva a una idea interesante: los animales han desarrollado diferentes tipos de inteligencia para resolver problemas específicos de su hábitat. Por otra parte, algunos especialistas en Inteligencia Artificial han propuesto la siguiente definición. La inteligencia consiste en: i) especificar un conjunto de fines; ii) evaluar la situación presente y estimar cómo se desvía de los fines propuestos; y iii) aplicar un conjunto de operaciones destinadas a disminuir esta diferencia. Una consecuencia que se deduce de esta definición es que el mero concepto de inteligencia carece de sentido sin una especificación precisa de los fines. Por lo tanto, para evaluar la inteligencia de otras especies, sería necesario conocer cuáles son éstos. Esto puede parecer una postura antropomórfica, pero no lo es. Es imposible entender la conducta de un animal sin asumir que éste tiene ‘objetivos’.

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