Archivo diario: 23 noviembre , 2008

Ambiente degradado, conducta degradada

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En los años 80, George Kelling, de la Universidad de Rutgers, lanzó la idea denominada (más tarde) el “efecto ventana rota”. La idea es bien simple: el hecho de ver una ventana rota u otro signo de vandalismo nos predispone a cometer otros actos incivilizados. Dicho y hecho; el entonces alcalde de Nueva York Rudi Giuliani inició una vigorosa política de tolerancia cero con respecto a los delitos menores o actos vandálicos con la esperanza de disminuir el número de delitos (grandes o pequeños).

La idea aparentemente funcionó. Al menos, los niveles de delincuencia en Nueva York disminuyeron notablemente en esos años y otras muchas ciudades han tratado de seguir este ejemplo. Sin embargo, no todo el mundo está convencido de que exista una relación causa-efecto entre un ambiente degradado y una conducta degradada. Otras causas son posibles y se han propuesto varias: mejor situación económica, nuevas leyes, incluso la eliminación del plomo en la gasolina; todos estos factores también concurrieron al mismo tiempo que la disminución de la delincuencia en esta ciudad.

Personalmente, estaba convencido de que el efecto ventana rota funciona, desde que empecé a trabajar en el laboratorio para mi tesis doctoral. Descubrí que si una poyata estaba inmaculadamente limpia tendía a permanecer así; mientras que si estaba desordenada y sucia los usuarios siguientes solían aumentar la suciedad y el desorden. Naturalmente, no se me ocurrió ponerle un nombre ni generalizarlo a la conducta anti-social en las calles, así que no puedo clamar ningún crédito por ello.

No obstante, una cosa es “estar personalmente convencido” de algo y otra es tener evidencia experimental al respecto. Análogamente, la policía no sólo tiene que estar convencida de la culpabilidad del acusado, tiene que presentar pruebas ante un tribunal. Y esto es justamente lo que ha hecho un equipo de la Universidad de Groningen (Holanda), en una interesante publicación aparecida el pasado viernes en la revista Science (Keizer et al., 2008).

Los investigadores idearon una serie de ingeniosos experimentos, en cierto modo parecidos a las situaciones de “cámara oculta”, en las que incitaban a los transeúntes a cometer delitos menores, mientras observaban su comportamiento. Lo más importante es que la situación podía transcurrir en un ambiente “normal” o “degradado”, según lo preparasen los científicos. En un experimento colocaban panfletos de propaganda en las bicicletas aparcadas en un callejón. Como no había papeleras, los infortunados ciclistas sólo tenían dos opciones: o tirar el panfleto o llevárselo. En condiciones normales, un 33% lo tiraron al suelo (nunca hubiera pensado una cosa así de los civilizados holandeses); pero cuando el callejón estaba cubierto de graffitis el porcentaje ascendió al 69%.

En otro experimento colocaron un billete de 5 euros asomando claramente en el buzón de una casa. En condiciones ordenadas, el 13% se llevó el billete. Cuando el buzón estaba cubierto de graffitis, lo hizo el 27%. Incluso si el buzón estaba limpio pero había basura alrededor, el porcentaje de ladrones llegó al 25%.

Una golondrina no hace verano y un paper no suele zanjar una cuestión, pero se diría que las decisiones morales pueden estar muy influidas por el entorno.

Al menos en Holanda.

Keizer, K., Lindenberg, S., and Steg, L. (2008) The Spreading of Disorder. Science.

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