Archivo diario: 14 noviembre , 2008

Genes y conducta social

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Este blog no podía dejar de comentar el hecho de que la revista Science haya dedicado un número especial a la “Genética de la Conducta” (aquí), sin duda uno de “nuestros temas favoritos”. Espero que a estas alturas el tema pueda ser tratado con cierta tranquilidad ¿hemos superado ya el determinismo genético y la terriblemente errónea dicotomía Naturaleza-Crianza?

Para empezar, no cabe duda de que los genes tienen una poderosa influencia sobre nuestras vidas, nuestra personalidad, nuestras capacidades y nuestra predisposición a padecer ciertas enfermedades. Multitud de estudios de gemelos idénticos y estudios de adopción, repetidos muchas veces, en muchos países lo atestiguan. Sin embargo, en muy pocos casos la determinación genética pasa del 50% (al menos en los que se refiere a características relacionadas con la conducta social), lo que deja un amplio margen para la influencia del ambiente.

Sin embargo, un descubrimiento inesperado es que la influencia del llamado “ambiente compartido” (lo que solemos llamar influencia familiar) resulta ser muy baja o despreciable en la determinación de muchas características psicológicas. Esto entra en conflicto con las “teorías de socialización” desarrolladas a partir de Freud y que siguen siendo influyentes, sobre todo en determinadas disciplinas. Esto significa que las influencias ambientales operan de forma que los hermanos pueden acabar siendo tan distintos como los miembros de otra familia. Contrariamente a lo que pueda parecer, de aquí no se deduce que la educación no sea importante (es clave) ni que los padres no tengan influencia sobre los hijos (pero tal vez no de la forma que solíamos pensar).

Tampoco se debe olvidar que los genes no determinan directamente la conducta. Los genes fabrican proteínas (en general) que pueden determinar la existencia y propiedades de circuitos cerebrales, los cuales sí intervienen en la conducta. En la mayoría de los casos, un rasgo psicológico parece estar mediado por varios genes y, análogamente, los genes que intervienen en la conducta suelen afectar a numerosos aspectos de la misma. Así que no existe propiamente un “gen del divorcio” o un gen de las “matemáticas”, aunque a veces resulte conveniente ( o simplemente cómodo) utilizar este tipo de etiquetas.

Otra idea importante (repetida muchas veces en este blog) es que genes, cerebro
y ambiente constituyen una carretera de doble vía, particularmente en lo que se refiere a la conducta social. Algunos genes pueden influir inicialmente en la personalidad del individuo, pero al mismo tiempo, la información procedente del ambiente social modifica al propio cerebro, cambiando los niveles de neurotransmisores, conexiones sinápticas, etc. lo cual puede cambiar a su vez la expresión de ciertos genes. Esto determina cambios en la conducta del individuo, lo cual -de nuevo-puede modificar su ambiente social. Y así sucesivamente.

Superada la absurda polémica Naturaleza-Crianza, ahora lo que importa son los detalles: ¿cuáles son los genes? ¿cómo funcionan? ¿cómo interaccionan con el ambiente?

Como individuos tenemos que aprender a vivir con los genes que hemos recibido (así como con la educación que hemos recibido) y tratar de sacar el máximo partido a ambos. Eso también significa aceptar nuestras limitaciones. En este sentido, la Genética puede ayudarnos a conocernos mejor.

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