Archivo diario: 12 noviembre , 2008

Sexo libre en Samoa

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De todos los mitos de los años sesenta, uno de los más queridos (y que conste que sentí mucho su derrumbe) es el de la supuesta sexualidad libre en la isla de Samoa, con la bonita implicación de los tabúes sexuales son simples construcciones sociales. Me apresuro a asegurar que cualquier cosa que ocurra entre adultos que consienten me parece bien. No obstante, la frecuencia y universalidad de tabúes sexuales sugiere que éstos derivan de una compleja interacción entre biología y cultura. Así que no es fácil que vayan a desaparecer de un plumazo, ni estoy seguro de que su desaparición indiscriminada suponga un beneficio para todas las personas. Reconozco también que las diferentes culturas difieren mucho en este punto. Sin duda , la Naturaleza Humana es maleable. Pero no infinitamente maleable.

Samoa constituyó el gran ‘patinazo’ de Margaret Mead, una de una de más distinguidas discípulas de Franz Boas y uno de los principales baluartes del ‘ambientalismo’ antropológico. Buena parte de la fama de esta antropóloga se debió al libro “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa (Coming of Age in Samoa)[1]” escrito en 1928 y que se convirtió más tarde en un auténtico best-seller. En él describía las costumbres sexuales entre los nativos de esta isla y destacaba la aparente falta de tabúes y la libertad que tenían las mujeres en esta materia. El libro parecía validar completamente las ideas ‘relativistas’ y ‘ambientalistas’ de la escuela de Boas. Seguramente influyó sobre la revolución sexual de los sesenta. Sin embargo, había un inconveniente; digamos, un pequeño inconveniente: la mayor parte lo que decía Mead sobre las costumbres sexuales de las samoanas resultó ser falso.

El trabajo se basaba en las entrevistas realizadas a dos chicas adolescentes (no mucho más jóvenes que la propia Mead, que entonces tenía 23 años). Probablemente, lo que ocurrió es que Fa’apua’a Fa’amu y Fofoa, que así se llamaban, acabaron escandalizadas y ‘agobiadas’ por la insistencia de la investigadora en asuntos sexuales, los cuales constituyen un tabú en Samoa, como en otras partes del mundo. Al parecer, su reacción fue ‘contarle’ un montón de embustes, ya que eso era lo que quería oir. Seguramente, Mead no pretendía cometer un fraude y fue genuinamente burlada por las dos jóvenes. No obstante, es evidente que sus conclusiones fueron muy, muy precipitadas. Sólo pasó unos meses en la isla, no aprendió el idioma local y al parecer, no se le ocurrió la conveniencia de cotejar las historias que le contaron. Sin embargo, este ‘borrón’ no debería impedirnos reconocer que Mead realizó una contribución importante a la Antropología y que muchos de sus trabajos fueron realizados con rigor.

Cuando en 1983 (después de la muerte de Mead) el antropólogo australiano Derek Freeman reveló esta historia en su libro “Margaret Mead and Samoa: The Making and Unmaking of an Anthropological Myth” tuvo que sufrir la ‘persecución’ de muchos de sus colegas de la Asociación Americana de Antropología, los cuales denunciaron su libro como ‘anti-científico’, aunque hoy no cabe la menor duda de que la venerable antropóloga metió la pata hasta el fondo (una de las entrevistadas ‘confesó’ su engaño).

En Samoa todavía se están riendo.

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[1] Mead, M. “Adolescencia, sexo y cultura en Samoa” Editorial Paidos, Barcelona, 1995

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