Archivo diario: 23 octubre , 2008

Isótopos pesados y domesticación del caballo

Sin duda, la domesticación del caballo cambió la vida de los humanos en muchos aspectos. Curiosamente, este animal fue domesticado en tiempos relativamente recientes (comparado con otras especies). Algunos investigadores creen que los primeros jinetes de la historia pertenecían a la cultura Botai, que habitó en las estepas de Kazakhstan entre el 3700 y el 3200 ac. Sin embargo, la idea es controvertida. Es cierto que existen bastantes indicios de que los Botai tenían mucha relación con los caballos, ya que se han encontrado abundantes huesos y algunos artefactos que parecen haber sido desgastados por dientes de caballo. Pero no todo el mundo está de acuerdo de que sean indicios suficientes de domesticación, ya que podrían explicarse por la caza frecuente de este animal.

Natalie Stear, una estudiante de doctorado de la Universidad de Bristol, UK, ha utilizado una original aproximación al problema. Analizando residuos de cerámica Botai datados hacia el 3500 ac, ha encontrado la signatura isotópica característica de la leche de yegua. Este detalle es crucial. Tal vez los Botai podían haberse alimentado de carne de caballo salvaje, pero si emplearon la leche tenían que haberlo domesticado. No resulta fácil ordeñar a una yegua salvaje.

Stear pudo detectar trazas de grasa de caballo en 50 restos de cerámica Botai, pero la técnica empleada no permitía distinguir la grasa procedente de leche o carne. No obstante, otros investigadores habían formulado anteriormente la hipótesis de que la carne y la leche de caballo contenían diferentes proporciones del isótopo de hidrógeno deuterio. Ello es debido a que en Asia Central, el agua de lluvia durante el verano contiene una mayor proporción de deuterio que en las precipitaciones invernales. Así mismo, las yeguas sólo son ordeñadas en primavera, por lo que la leche debe contener mayor contenido en este isótopo. En cambio, la concentración en la carne refleja la acumulación media durante todo el año. Stear y sus colegas pudieron confirmar esta hipótesis analizando la carne y la leche de los actuales caballos de la región. Las muestras procedentes de cerámica coincidían con la huella molecular de la leche y no de la carne. Una elegante demostración.

Estos resultados fueron presentados en el III Simposio Internacional de Arqueología Biomolecular, York, U.K. 14-16 de septiembre de 2008.

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