Archivo diario: 8 octubre , 2008

Niveles de organización

Aunque el mecanicismo sea aceptado por la mayoría de los biólogos hoy día, esta doctrina ha recibido una crítica que no podemos pasar por alto. Para explicar este argumento necesitamos recurrir primero a un concepto esencial en Biología, la idea de que los seres vivos poseen una estructura jerárquica organizada en niveles de organización. Yendo de lo grande a lo pequeño, observamos todas las formas de vida de la Tierra coexisten dentro de hábitats definidos, denominados ecosistemas, dentro de los cuales hay poblaciones de distintas especies. Cada población está formada por individuos y dentro de éstos podemos distinguir una estructura corporal a simple vista. Con mayor nivel de amplificación, distinguimos aparatos, órganos, tejidos y células. La célula constituye claramente la unidad funcional de los seres vivos, pero en su interior podemos distinguir varias estructuras sub-celulares, que están compuestas por moléculas. Las moléculas por átomos, los átomos por partículas sub-atómicas como electrones y neutrones y éstas por quarks. Lo que hay en el interior de los quarks no lo sabemos, pero según una teoría física no contrastada (y muy difícil de entender) la última división de la materia está constituida por cuerdas diminutas, las cuales vibran a ciertas frecuencias y estas vibraciones explican las propiedades de la materia y la energía. Según este esquema, la vida se asimila a una gran muñeca rusa.

Esta digresión viene a cuento porque los niveles de organización mencionados constituyen a su vez disciplinas de estudio. Por ejemplo, el biólogo molecular se ocupa preferentemente de los cambios que se producen en las moléculas en el interior de la célula, mientras que un ecólogo podría interesarse por los cambios que se producen en la población de una determinada especie. En cierto modo, esta distinción se hace por conveniencia. Resulta muy difícil abordar problemas científicos si no elegimos a priori el ámbito en el que se van a mover nuestras observaciones. Idealmente, la explicación completa de un fenómeno requeriría unir cadenas de explicaciones realizadas a diferentes niveles. Por ejemplo, si estamos interesados en estudiar un virus que afecta a las focas en el mar del Norte, podemos mirar los cambios que se producen en el interior de la célula infectada, los daños que se perciben en determinados tejidos, la alteración de órganos vitales de la foca, y también cuánto ha disminuido la población de focas a causa del virus y cómo ha afectado esto, por ejemplo, a las poblaciones de peces que constituyen sus presas. En principio, querríamos saberlo todo y para ello necesitaríamos un equipo de expertos eficaces y dispuestos a intercambiar información (no es tarea fácil, créanme).

El argumento contra el mecanicismo se basa en que las propiedades de un sistema en un nivel de organización no pueden ser enteramente explicadas en términos del nivel de organización inferior, ya que requieren esquemas conceptuales propios. Reconozco que la frase anterior es algo oscura y me apresuro a poner algunos ejemplos. Si queremos describir inteligentemente una catedral gótica no podremos hacerlo exclusivamente en función de las propiedades de las rocas que la componen. Estas propiedades pueden ayudarnos a entender algunas de las características de la catedral, tal vez el color, o tal vez el grosor de algunos muros pueda explicarse por la resistencia mecánica de la piedra. En todo caso, una explicación satisfactoria necesitará tener en cuenta factores históricos, como el desarrollo de los estilos artísticos y de la tecnología de la época.

Otro ejemplo; por lo que sabemos las neuronas son esenciales para el pensamiento consciente de los humanos; no es extraño que se esté dedicando tanto esfuerzo para entender su funcionamiento. Sin embargo, algunas de estas células pueden cultivarse en una placa de Petri; parece claro que las neuronas aisladas en una placa no son capaces de pensar; el pensamiento surge después de la integración de las neuronas en el nivel de organización superior. Por lo tanto, los procesos mentales no pueden explicarse exclusivamente en términos de neuronas. Tendremos que conocer también cómo éstas se ensamblan en estructuras cerebrales, las cuales serán capaces de interactuar y podemos suponer que el conjunto sea responsable del acto de pensar. En definitiva, entender los procesos mentales requiere desarrollar esquemas conceptuales que se apoyan, pero son diferentes, a aquellos que explican el comportamiento de las neuronas individuales.

En Biología, es frecuente que cuando pasamos a un nivel superior de organización, aparezcan propiedades que no son predecibles por el nivel de organización que se encuentra más abajo. A esta propiedad se le ha denominado emergencia y (cómo no) también ha sido objeto de una enconada polémica. A algunos mecanicistas, la idea les parece una forma semioculta de vitalismo y, recíprocamente, muchos vitalistas la consideran toscamente mecanicista. Polémicas aparte, es preciso reconocer que para explicar un fenómeno a determinado nivel tendremos que resolver problemas intrínsecos de nuestro nivel de organización, así como (idealmente) encontrar conexiones con los niveles superior e inferior. Que esto merezca o no el nombre de emergencia es, tal vez, una cuestión de nomenclatura. En todo caso, la idea resulta útil.

Anuncios

17 comentarios

Archivado bajo Animales, Evolución, Filosofía