¿Qué es la vida? Un frenesí

Empecemos por el principio. ¿Qué es la vida? Es posible que entre sus recuerdos del bachillerato encuentre una especie de definición: “los seres vivos son aquellos que nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Si pensamos un poco, en seguida resulta evidente que esta definición no es satisfactoria. En primer lugar, nacer y morir aluden al paso de la no-vida a la vida, y viceversa, de modo que el concepto de ‘vida’ está incluido en su propia definición. En segundo lugar, si bien es cierto que la mayoría de los seres vivos crece en algún momento, también lo hacen las montañas (muy despacito) y las cuentas bancarias (no la mía). En tercer lugar, no todos los organismos vivos llegan a reproducirse y, en general, no consideramos que aquellos que no lo hacen estén menos vivos. Está claro que la definición del bachillerato no es muy buena y me temo que no puedo ofrecerle otra mejor. El caso es que la Biología no tiene una definición rigurosa del concepto de vida y, sin embargo, esto no ha impedido a los biólogos aprender muchísimas cosas. Por otra parte, usted sabe lo que es un ser vivo y seguramente ésta le parece una discusión bizantina. No obstante, creo que merece la pena insistir un poco más en este tema, cambiando ligeramente nuestro punto de vista. En lugar de buscar una definición precisa, es posible fijarse en un conjunto de características que nos permitan definir por extensión el concepto de vida. Empecemos de nuevo.

Uno. Todos los seres vivos tienen una estructura compleja, tanto si los observamos a simple vista como si (sobre todo) los miramos por el microscopio. Al cabo de trescientos años de observaciones, los microscopistas han descrito con enorme detalle las estructuras organizadas en sistemas, órganos, tejidos y células que componen un organismo. Nos han mostrado que dichas estructuras son estables y reconocibles en cualquier individuo de la misma especie o incluso de otras especies. Para un profano no es fácil distinguir a simple vista un riñón de cerdo de uno humano. A medida que se construían microscopios más potentes, se han ido descubriendo nuevas e igualmente complejas estructuras, cada vez más pequeñas. En el interior de las células, los seres vivos disponemos de máquinas diminutas capaces de las funciones más variadas. Algunas actúan, por ejemplo, como motores, otras como pilas y otras como cerraduras de seguridad, permitiendo el paso al interior de la célula a determinadas sustancias.

Dos. Estas estructuras que componen a los seres vivos son altamente ordenadas. Aunque me estoy refiriendo aquí al concepto termodinámico de ‘orden’ o ‘entropía negativa’, nuestro concepto intuitivo de ‘orden’ es perfectamente aplicable. Los componentes de la células no están colocados al azar sino en lugares precisos y siguiendo ciertas reglas (de ahí que las estructuras sean reconocibles en diferentes individuos o especies). El Segundo Principio de la Termodinámica nos informa que todas los sistemas evolucionan espontáneamente hacia un mayor grado de desorden (como sabe bien cualquiera tenga hijos pequeños). Por lo tanto, las estructuras altamente ordenadas que vemos en las células son también altamente improbables, y el hecho de que existan y se mantengan estables durante largos periodos de tiempo contradice, en apariencia, las leyes de la Física.

Tres. El truco que emplean universalmente los seres vivos para ‘burlar’ a la Física consiste en emplear energía externa para mantener el grado de orden en el interior. Es posible encontrar una relación matemática entre entropía negativa (orden) y energía, pero por ahora nos basta con la idea intuitiva de que hay que gastar mucha más energía para ordenar un armario que para desordenarlo. Lo que en realidad nos dice el Segundo Principio es que la entropía tiende a aumentar en el Universo en conjunto, pero no es imposible que en una región concreta, como es el cuerpo de un ser vivo, esta tendencia se invierta, siempre y cuando sea posible gastar energía en el proceso. Naturalmente, en esto consiste el hecho de comer. La energía contenida en el solomillo que cené ayer se está empleando en mantener el grado de orden de mis estructuras celulares (y para algunas cosas más). Todos los seres vivos nos vemos obligados a ‘comer’, aunque el término signifique una cosa distinta para cada uno. Para una planta significa tomar el sol y el aire mientras absorbe despacito agua y sales minerales. En cambio, hay bacterias capaces de ‘comer y respirar’ rocas, es decir, de obtener energía a partir de reacciones químicas entre elementos minerales que encuentran en el interior de la Tierra. Para un amigo mío, ´comer´ significa acudir a un local con no menos de tres estrellas Michelin. Ya ven que hay gustos para todo.

Cuatro. Al fin y al cabo, no estaban tan descaminados nuestros profesores del colegio: el hecho de reproducirse constituye una característica muy especial de los seres vivos. Tal vez porque nos resulta cotidiano, es difícil apreciar lo asombroso de este proceso. Alejémonos un poco para adquirir perspectiva. Una sola célula (o un pequeño número) es capaz de construir un individuo completo, y para ello sólo necesita un cierto aporte de nutrientes y unas mínimas condiciones ambientales. Por ejemplo, en el caso de un huevo de gallina, todos los nutrientes están contenidos en el propio huevo y la única condición ambiental es que la temperatura se mantenga en torno a 38 grados. Este proceso es tan fantástico como si un Boeing 747 fuera capaz de auto-ensamblarse con la simple aportación de plástico, metal y otros materiales. Conviene recordar que un avión es un objeto menos complejo que un pollo (aunque mucho más caro). Una implicación importante es que la célula germinal contiene todas las ‘instrucciones’ necesarias para el ‘ensamblaje´ del organismo al que dará lugar. Es decir, contiene las instrucciones necesarias para fabricar un hígado, un cerebro, unos pies, etc… en el lugar y momento adecuados. En verdad, una tarea muy complicada de la que todavía no conocemos todos los detalles.

Cinco. Otra característica de los seres vivos es la que el Premio Nobel Jaques Monod (*) denominó ‘teleonomía’. Se trata de un concepto un tanto elusivo y proclive a crear confusión, pero discutirlo resulta esencial para nuestro propósito. El concepto alude al hecho de que los seres vivos parecen estar diseñados conforme a un ‘proyecto’ con objeto de cumplir ciertas funciones. Un ejemplo. Si criamos un pájaro en cautividad, éste desarrollará alas, plumas y otras estructuras que facilitan el vuelo. Tal vez no llegue a hacerlo si no le dejamos salir de la jaula, pero resulta evidente que el plan corporal del pájaro está encaminado al acto de volar. En definitiva, decir que los seres vivos son ‘teleonómicos’ equivale a afirmar que sus estructuras corporales están ‘diseñadas’ para realizar ciertas funciones en su hábitat natural. El concepto no es, en realidad, nuevo. Santo Tomás de Aquino empleó un argumento parecido como prueba de la existencia de Dios, y aun hoy, este argumento es aceptado por muchas personas creyentes. Como veremos, el argumento fue pulverizado a mediados del siglo XIX por Darwin y su teoría de la Selección Natural.

1 comentario

Archivado bajo Animales, Evolución, Filosofía, Genes

Una respuesta a “¿Qué es la vida? Un frenesí

  1. Leo

    Muy ilustrativa tu exposición, me ha encantado la idea de orden y de mantenerlo empleando energía, parece que si no comemos se nos vayan a esparcir las células por el espacio jeje.

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