Tesoro enterrado

FUENTE | madri+d

2008 ha sido declarado por la ONU Año Internacional de la Patata. A primera vista, esto resulta un poco raro. ¿Por qué no un Año Internacional de la Berenjena o del Brécol?. Bien, no es lo mismo. La patata es algo mucho más importante en la alimentación humana y su importancia se deriva, no sólo del hecho de ser un cultivo milenario, sino también de su potencial para aliviar el problema del hambre en un futuro próximo.

Lo cierto es que nos encontramos en una situación muy delicada, en lo que se refiere a la seguridad alimentaria a nivel mundial. En las últimas décadas, se ha producido un relativo éxito en la lucha contra el hambre, ya que el porcentaje de la población mundial que sufre malnutrición ha disminuido de manera constante (aunque es cierto que esto no ha ocurrido en todos los países ni en la medida que sería deseable).

Sin embargo, en los últimos meses ha comenzado una crisis alimentaria mundial que amenaza con comerse estos magros avances. Los precios de los cereales básicos (trigo, arroz, maíz) prácticamente se han duplicado en el último año, provocando protestas e inestabilidad en numerosos países de África, Asia y América.


Fuente: CNICE

Aunque este tipo de problemas son siempre complejos, el núcleo de la crisis parece estar en el aumento de la demanda mundial de cereales (por un mayor uso en alimentación animal y bioenergía).

Si algo de positivo pudiera tener este hecho, sería el llamar la atención de la opinión pública sobre los retos que se presentan a la agricultura mundial en los próximos años y la necesidad imperiosa de afrontar estos retos con los mejores recursos disponibles.

En las próximas décadas, la población mundial seguirá aumentando en unos 100 millones de personas anuales, la mayor parte en países en desarrollo.

Ya no puede decirse que el problema fundamental de la agricultura sean los excedentes crónicos.

Lo que hace especial a la patata es que, además de ser un cultivo comercial de primera importancia, puede cultivarse eficientemente en huertos familiares, proporcionando alimento a los que más lo necesitan

Lo que hace especial a la patata es que, además de ser un cultivo comercial de primera importancia, puede cultivarse eficientemente en huertos familiares, proporcionando alimento a los que más lo necesitan. Sin duda merece el sobrenombre de “tesoro enterrado” que constituye el lema de este Año Internacional.

La patata pertenece a la familia botánica de las solanáceas. Una familia peculiar ya que contiene especies utilizadas por sus características nutritivas, como el tomate, pimiento y berenjena, así como especies muy venenosas, aunque empleadas tradicionalmente en farmacia, como la atropa, la datura, el beleño y la mandrágora. La propia patata produce un alcaloide tóxico, la solanina, aunque éste no se encuentra normalmente presente en el tubérculo.

Los incas las domesticaron allá por el siglo V a.c. y construyeron un imperio basado en este cultivo. La palabra domesticar suena un poco rara aplicada a una planta, pero el proceso es el mismo que en la domesticación de animales: un proceso de selección genética promovido por los humanos que modifica ciertas características de un ser vivo haciéndolo apto para su utilización. Los incas no sólo se las comían, también las adoraban y dependían de ellas. Ellos le dieron el nombre de ‘papa’.

Los españoles entendieron pronto la importancia de esta planta; Gonzalo Jiménez de Quesada la llevó a España como compensación por el oro que no pudo encontrar. En el siglo XVI, las patatas eran una comida corriente en los barcos españoles y pronto se vio que los marineros que las consumían no caían víctimas del escorbuto.

Según una leyenda, las patatas llegaron a Irlanda desde un barco español hundido de la Armada Invencible.

No obstante, el crédito por haber introducido este cultivo en Europa suele atribuirse a Antoine-Agustin Parmentier, un militar francés aficionado a la botánica.

Fuente: CNICE

Al parecer, empleó una estratagema para popularizar su uso: hizo que una guardia custodiase permanentemente su huerto de las afueras de París, aunque los soldados tenían órdenes de permitir el “robo” de los tubérculos. En efecto, las patatas fueron rápidamente robadas y sembradas en otros muchos huertos. En realidad, Parmentier introdujo este cultivo en Francia.

La patata es el cultivo que más se ha expandido en las últimas décadas en países en desarrollo

En el siglo XIX, la patata se había convertido en cultivo esencial en toda Europa, particularmente para los campesinos y clases desfavorecidas. En los años 1845-49, las cosechas de patatas en Irlanda fueron destruidas prácticamente es su totalidad por sucesivas plagas del ‘tizón tardío de la patata’ (Phytophthora infestans), provocando la famosa “Gran Hambruna Irlandesa“. A decir verdad, el tizón fue una condición necesaria pero no suficiente para provocar la hambruna, ya que Irlanda siguió exportando alimentos a Inglaterra (bajo escolta militar) durante esos años. Podría decirse que el fracaso de las cosechas, en las duras condiciones impuestas por el colonialismo británico, provocó el desastre.


Grabado español del s. XVI
mostrando la recolección
de patatas

Antoine-Agustin Parmentier
(1737-1813)

En la actualidad, la patata se cultiva en prácticamente todo el mundo. En zonas frías, como el N de Europa o Canadá, se cultiva como cosecha de verano, mientras que en regiones subtropicales se emplea como cosecha de invierno. Se trata de la cuarta cosecha mundial, con una producción de aproximadamente 300 millones de Tm.

Desde el punto de vista nutritivo, la patata es una excelente fuente de almidón, vitaminas y minerales

Es el cultivo que más se ha expandido en las últimas décadas en países en desarrollo. El rendimiento medio es de 16 Tm por Ha, pero esta cifra oculta enormes variaciones. En las mejores condiciones agronómicas, el rendimiento alcanza las 100 Tm por Ha, mientras que en condiciones no-comerciales no suele alcanzarse las 10 Tm (no obstante, el impacto de la patata en condiciones de auto-consumo es considerable). La patata tiene un índice de cosecha del 75-85%, lo que quiere decir que sólo un cuarto de la biomasa producida por la planta no es aprovechable. Comparado con otros cultivos, este índice es extraordinariamente alto.


Planta de patata infectada

Pero este alto rendimiento tiene un precio. El cultivo de la patata requiere agua, abono y suelos bien drenados.

Las plagas y enfermedades constituyen un serio problema, mermando considerablemente la cosecha. Afortunadamente, las perspectivas para la mejora genética de esta especie son buenas.

Desde el punto de vista nutritivo, la patata es una excelente fuente de almidón, vitaminas y minerales. Su contenido en proteínas es relativamente bajo, alrededor del 2%, aunque éstas son de buena calidad.

Si se complementa con una fuente de proteínas, es posible lograr una dieta “nutricionalmente correcta” basada en este cultivo.

A principios del siglo XX, el gran científico ruso Nikolai Vavilov (que moriría en 1943 en una de las cárceles de Stalin), organizó la primera expedición mundial para la recolección de germoplasma vegetal, así como los primeros bancos de semillas. En la actualidad existen diversas colecciones de semillas de patata, entre las que debe destacarse al Centro Internacional de la Papa de Lima (Perú). Estas colecciones abarcan miles de especies silvestres del género Solanum, así como variedades cultivadas de patata. Esta gran diversidad genética tiene un enorme potencial para el desarrollo de nuevas variedades resistentes a enfermedades o adaptadas a diferentes condiciones de cultivo.

La patata no debe verse solamente como un cultivo de subsistencia, ya que tiene un enorme potencial de mejora tecnológica y usos alternativos

Pero la patata no debe verse solamente como un cultivo de subsistencia, ya que tiene un enorme potencial de mejora tecnológica y usos alternativos. Por ejemplo, es una de las especies más empleadas en investigación para la fabricación de vacunas comestibles. Al introducir los genes correspondientes al antígeno deseado, se han creado variedades de patata que confieren resistencia a enfermedades a los individuos que las consumen. Estas vacunas comestibles reducen la necesidad de organizar costosas campañas de vacunación con personal especializado.


Fuente: CIP

El otro gran horizonte de la patata estriba en su utilización como cultivo industrial. El almidón del tubérculo no es útil sólo como alimento, sino que existen numerosas utilizaciones en la industria. Aparte de las aplicaciones alimentarias del almidón, tales como la fabricación de caramelos o espesantes, esta molécula tiene una importante aplicación en la fabricación de papel, pinturas, adhesivos, así como en la industria farmacéutica.

En las últimas décadas, se han producido considerables avances en la transformación química del almidón para adaptarlo a los usos mencionados. Sin embargo, muchos aspectos bioquímicos de la producción de almidón dentro de la planta son todavía poco conocidos. Sería imprescindible mejorar este conocimiento para poder desarrollar nuevas variedades con mayor producción/calidad de almidón.

Finalmente, debe mencionarse que los tubérculos de patata pueden emplearse para la fabricación de etanol, por lo que sería posible emplear este cultivo como fuente de energía.

Autor: Pablo Rodríguez Palenzuela (Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas/
ETSI Agrónomos, Universidad Politécnica de Madrid)

Enlaces de interés
Weblog madri+d: Biología y Sociedad
Weblog madri+d: Seguridad Alimentaria y Alimentación

3 comentarios

Archivado bajo Evolución, Genes, Salud

3 Respuestas a “Tesoro enterrado

  1. Completo artículo.
    Un saludo.

  2. Yo había leído que Parmentier intentó que se promulgara una ley obligando a los agricultores franceses a cultivar patatas, pero que hubo una gran oposición. A raíz de aquello (y nunca mejor dicho), ideó una estrategia mucho más efectiva: se promulgó un decreto por el que sólo estaban autorizados a cultivar patatas los huertos experimentales del Estado. A partir de ahí, los agricultores franceses (que ya entonces eran de armas tomar) se rebelaron y exigieron su derecho a plantar los tubérculos ellos también.

  3. El rano verde

    Muy buen artículo Pablo.
    Me ha gustado bastante, pero se te ha colado una errata… ¿Incas en el s.V a.c.? Ooops

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