Anfibionte

¿Se acuerdan de los “malos” de las viejas películas del Oeste? Solían tener bigote, su caballo corría poco y su aspecto no dejaba lugar a dudas. Por alguna razón, los humanos somos aficionados a crear categorías perfectamente definidas. Blanco/Negro. En muchas ocasiones nos ayudan a pensar con claridad, pero otras veces nos llevan al huerto. Sencillamente, a veces la realidad no se ajusta a categorías precisas y discretas. Esto es particularmente cierto cuando nos movemos en el mundo de los seres vivos.

Cuando a finales del siglo XIX, Pasteur descubrió que muchas enfermedades estaban provocadas por bacterias, la humanidad adquirió un “malo” de película. No cabía duda de que las bacterias -al menos las que causan enfermedades en humanos- son malas malísimas. Comenzó una cruzada contra ellas. Había que eliminar la mugre y los focos de insalubridad. Sin duda, el progreso en las medidas sanitarias tuvo un efecto enorme en alargar la esperanza de vida.

Aparece el “malo”. Su nombre es Helicobacter pylori y su entrada en el panteón de los microorganismos infecciosos es relativamente reciente. Apenas un par de décadas. No obstante, la relación entre esta bacteria y la úlcera de estómago está bien establecida. Curiosamente, antes se pensaba que la úlcera era una enfermedad de origen psicológico/psicosomático y se debía exclusivamente al estrés (eso no quiere decir que el estrés psicológico no pueda contribuir). Pero el verdadero culpable –el malo- es Helicobacter.

Sin duda, se trata de una bacteria notable. Habita en el estómago de muchos mamíferos, el cual tiene un pH tremendamente ácido. La mayoría de las bacterias son incapaces de sobrevivir largo tiempo en estas condiciones. Esta asociación ha sido extraordinariamente larga en la Evolución. Según la hipótesis más aceptada, los antecesores de los mamíferos –hace unos 150 millones de años- ya eran colonizados por los antecesores de los Helicobacter. H. pylori sólo infecta a Homo sapiens y algunas especies cercanas. Cuando los primeros humanos modernos salieron de África, hace unos 58.000, seguramente llevaban a esta bacteria en su estómago. Cuando dos especies llevan mucho tiempo juntas, es normal que sus relaciones acaben siendo bastante complejas.

Desaparece el “malo”. Hasta hace unas pocas décadas. Prácticamente todo el mundo tenía a esta bacteria en su estómago. Sin embargo, con el uso frecuente de antibióticos y las extremas medidas de asepsia que suelen darse en las casas de los habitantes de los países ricos, esta situación ha cambiado por completo. En Estados Unidos se estima que menos del 10% de los niños menores de 10 años tienen Helicobacter (menos aun si son urbanitas) ¡Nuestra bacteria está en peligro de extinción! ¿Y qué? Pensarán. No vamos a preocuparnos por un microbio productor de úlceras de estómago.

Sin embargo, tal vez no sea una buena idea exterminarla. Al menos esta es la opinión de Martin Blaser y su equipo de la New York University of Medicine. Al hacerse cada vez más rara, los investigadores han podido cuantificar la frecuencia de diversas enfermedades en las sub-poblaciones con y sin Helicobacter. Y el panorama que emerge, después de analizar aproximadamente una docena de estudios independientes, nos muestra fuertes asociaciones inversas entre esta bacteria y otras enfermedades. En concreto con cáncer de esófago, asma, alergias y obesidad. Y estas correlaciones inversas parecen ser tan consistentes como la correlación directa con la úlcera de estómago.

Es cierto que las correlaciones pueden ser engañosas. Sin embargo, los científicos están empezando a formular hipótesis para explicarlas. En primer lugar, la presencia de H. pylori afecta a la regulación del pH del estómago, la cual es bastante compleja. El estómago en sí es un órgano con múltiples funciones. Por ejemplo, secreta las hormonas leptina y ghrelina, esenciales en el control del apetito y el peso corporal. Además, esta bacteria modula la respuesta inmunológica en los tejidos circundantes. Parece claro que existen múltiples y significativas diferencias entre los estómagos positivos o negativos para Helicobacter y que estas diferencias pueden tener consecuencias en muchos procesos fisiológicos.

Aunque todavía no sabemos mucho sobre las complejas relaciones entre esta bacteria y nuestro estómago, es posible que los efectos globales no sean negativos. Es posible incluso que sean positivos. Se emplea el término “anfibionte” para designar una relación patógeno-hospedador que puede ser positiva o negativa para este último dependiendo de las circunstancias. Tal vez, desde la perspectiva del siglo XXI, no deberíamos ver a H. pylori como un enemigo natural, sino como un amigo algo pesado y a veces malintencionado. En un futuro próximo, los médicos quizá no traten de eliminarlo, sino de sustituirlo por cepas de la bacteria adecuadas para cada individuo.

Para ello tendremos que conocer bastante mejor a nuestro viejo amigo/enemigo.

6 comentarios

Archivado bajo Animales, Evolución, Salud

6 Respuestas a “Anfibionte

  1. Hola:
    ¡Interesante artículo, de verdad! y también “inquietante”.
    Supongo que te has dado cuenta que este tipo de argumentos nos llevan a la absoluta inmovilidad en medicina ¿verdad?.
    Si eliminamos el colera o el tifus o el sarampión o la gripe ¿estremos crando o potenciando nuevas enfermedades?
    Es más, si como tu comentas, sustituimos la “helicobacter” por otra bacteria benigna ¿como sabemos si es realmente benigna o provocará cambios indeterminados en nuestros organismo?
    No estoy seguro de la respuesta pero creo que la medicina es como una “escalera” que hay que subir paso a paso y hay que luchar contra lo que conocemos “hoy” a riesgo de tener que comenzar otra lucha mañana.
    Un abrazo,
    Esteban

    http://champanporlastetas.soy.es

  2. Hola Esteban,
    Estoy de acuerdo. Es muy difícil obtener pruebas fiables sobre cuestiones así, donde intervienen muchas variables y es imposible hacer “experimentos”. Muy bueno el ejemplo de la “escalera”.
    Un saludo

  3. Ignacio R. Alemparte

    Hola a todos, quisiera que me aclarasen una duda. Por unos síntoma estomacales que sugieren gastritis, me acaban de hacer la prueba del aliento, ofreciendo un resultado de 0,7 U/mil. El análisis indica que los márgenes de referencia son de [0-2,5]. Si interpreto bien esto, ¿quiere decir que lo “normal” es que un ser humano tenga la H.pylori en ese margen? Porque no encuentro bibliografía al respecto y el médico (como siempre apurado), calificó el resultado simplemente como “negativo”. Bueno, de hecho no saben qué porras tengo…mi pregunta sería, ¿debo o no considerarme infectado por H. pylori? ¿Ese margen del que habla el análisis quiere decir que es normal tener la bacteria en esas proporciones? ¿O expresa un margen de error del resultado del test? ¿Puedo descartar definitivamente la bacteria como causante de mis síntomas? Y si tengo un 0,7 ¿cómo sé que no va a aumentar mi población bacteriana de H.pylori hasta superar ese margen? Muchas gracias.

  4. Ignacio,
    Evidentemente, en un blog sobre biología no puedo (ni debo) hacer recomendaciones médicas. Yo buscaría una sagunda opinión médica.
    Un saludo

  5. Pingback: Nuestra bacteria interior | La lógica del titiritero

  6. victor

    IGNACIO
    Yo tuve helicobacter el año pasado y fue horrible. Sintomas como acidez, dolor estomacal y meteorismo. Tuve que tomar un fuerte tratamiento de antibioticos que finalmente me permitió matar a la bacteria y recuperar mi vida normal.
    La bacteria debe ser diagnosticada a traves de una biopsia, de acuerdo a lo que dice http://www.helico.com/, que es la mejor fuente de informacion disponible al publico (ahi veras por que). Para esto es necesario una endoscopia.
    Mis padres tambien tenian la bacteria y su vida cambio cuando tomaron el tratamientom especialmente la de mi mama.
    Te recomiendo que investigues bien y consultes otro medico. Saludos

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