Archivo diario: 21 septiembre , 2008

Anfibionte

¿Se acuerdan de los “malos” de las viejas películas del Oeste? Solían tener bigote, su caballo corría poco y su aspecto no dejaba lugar a dudas. Por alguna razón, los humanos somos aficionados a crear categorías perfectamente definidas. Blanco/Negro. En muchas ocasiones nos ayudan a pensar con claridad, pero otras veces nos llevan al huerto. Sencillamente, a veces la realidad no se ajusta a categorías precisas y discretas. Esto es particularmente cierto cuando nos movemos en el mundo de los seres vivos.

Cuando a finales del siglo XIX, Pasteur descubrió que muchas enfermedades estaban provocadas por bacterias, la humanidad adquirió un “malo” de película. No cabía duda de que las bacterias -al menos las que causan enfermedades en humanos- son malas malísimas. Comenzó una cruzada contra ellas. Había que eliminar la mugre y los focos de insalubridad. Sin duda, el progreso en las medidas sanitarias tuvo un efecto enorme en alargar la esperanza de vida.

Aparece el “malo”. Su nombre es Helicobacter pylori y su entrada en el panteón de los microorganismos infecciosos es relativamente reciente. Apenas un par de décadas. No obstante, la relación entre esta bacteria y la úlcera de estómago está bien establecida. Curiosamente, antes se pensaba que la úlcera era una enfermedad de origen psicológico/psicosomático y se debía exclusivamente al estrés (eso no quiere decir que el estrés psicológico no pueda contribuir). Pero el verdadero culpable –el malo- es Helicobacter.

Sin duda, se trata de una bacteria notable. Habita en el estómago de muchos mamíferos, el cual tiene un pH tremendamente ácido. La mayoría de las bacterias son incapaces de sobrevivir largo tiempo en estas condiciones. Esta asociación ha sido extraordinariamente larga en la Evolución. Según la hipótesis más aceptada, los antecesores de los mamíferos –hace unos 150 millones de años- ya eran colonizados por los antecesores de los Helicobacter. H. pylori sólo infecta a Homo sapiens y algunas especies cercanas. Cuando los primeros humanos modernos salieron de África, hace unos 58.000, seguramente llevaban a esta bacteria en su estómago. Cuando dos especies llevan mucho tiempo juntas, es normal que sus relaciones acaben siendo bastante complejas.

Desaparece el “malo”. Hasta hace unas pocas décadas. Prácticamente todo el mundo tenía a esta bacteria en su estómago. Sin embargo, con el uso frecuente de antibióticos y las extremas medidas de asepsia que suelen darse en las casas de los habitantes de los países ricos, esta situación ha cambiado por completo. En Estados Unidos se estima que menos del 10% de los niños menores de 10 años tienen Helicobacter (menos aun si son urbanitas) ¡Nuestra bacteria está en peligro de extinción! ¿Y qué? Pensarán. No vamos a preocuparnos por un microbio productor de úlceras de estómago.

Sin embargo, tal vez no sea una buena idea exterminarla. Al menos esta es la opinión de Martin Blaser y su equipo de la New York University of Medicine. Al hacerse cada vez más rara, los investigadores han podido cuantificar la frecuencia de diversas enfermedades en las sub-poblaciones con y sin Helicobacter. Y el panorama que emerge, después de analizar aproximadamente una docena de estudios independientes, nos muestra fuertes asociaciones inversas entre esta bacteria y otras enfermedades. En concreto con cáncer de esófago, asma, alergias y obesidad. Y estas correlaciones inversas parecen ser tan consistentes como la correlación directa con la úlcera de estómago.

Es cierto que las correlaciones pueden ser engañosas. Sin embargo, los científicos están empezando a formular hipótesis para explicarlas. En primer lugar, la presencia de H. pylori afecta a la regulación del pH del estómago, la cual es bastante compleja. El estómago en sí es un órgano con múltiples funciones. Por ejemplo, secreta las hormonas leptina y ghrelina, esenciales en el control del apetito y el peso corporal. Además, esta bacteria modula la respuesta inmunológica en los tejidos circundantes. Parece claro que existen múltiples y significativas diferencias entre los estómagos positivos o negativos para Helicobacter y que estas diferencias pueden tener consecuencias en muchos procesos fisiológicos.

Aunque todavía no sabemos mucho sobre las complejas relaciones entre esta bacteria y nuestro estómago, es posible que los efectos globales no sean negativos. Es posible incluso que sean positivos. Se emplea el término “anfibionte” para designar una relación patógeno-hospedador que puede ser positiva o negativa para este último dependiendo de las circunstancias. Tal vez, desde la perspectiva del siglo XXI, no deberíamos ver a H. pylori como un enemigo natural, sino como un amigo algo pesado y a veces malintencionado. En un futuro próximo, los médicos quizá no traten de eliminarlo, sino de sustituirlo por cepas de la bacteria adecuadas para cada individuo.

Para ello tendremos que conocer bastante mejor a nuestro viejo amigo/enemigo.

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