Archivo diario: 11 septiembre , 2008

Generación espontánea (1)

Nuestra historia comienza en la bella ciudad de Pisa, a mediados del siglo XVII y su protagonista es Francesco Redi, físico, poeta y miembro de la prestigiosa ‘Academia del Cimento’, que había sido fundada en Florencia para continuar la obra de Galileo. Por aquel entonces la idea de la ‘generación espontánea’ era ampliamente aceptada; según ésta, la vida podía surgir espontáneamente a partir de materia en descomposición. La idea tenía su origen (cómo no) en Aristóteles y, hasta entonces, a nadie se le había ocurrido cuestionarla. Es preciso matizar que en aquella época no se pensaba que animales ‘superiores’, digamos un perro o un gato, podían surgir espontáneamente del ‘lodo’. El tipo de vida que podía generarse era de ‘naturaleza inferior’, por ejemplo, gusanos o larvas de insecto. Insisto en que no se sabía prácticamente nada sobre el funcionamiento interno de los seres vivos; de ahí es fácil suponer que seres ‘simples’ en apariencia fueran también ‘simples’ por dentro, por lo que no es tan difícil pensar que pudieran surgir espontáneamente.

Podemos imaginar al bueno de Francesco paseando por el ‘Campo del Miracoli’, junto a la famosa torre de Pisa, enfrascado en sus pensamientos. Lo cierto es que no tenemos ni idea de qué le llevó a cuestionar una visión aristotélica que parecía cuadrar bien con la intuición. Fuera lo que fuera, Redi intuyó que había algo erróneo en la idea y para comprobarlo se le ocurrió un experimento. Los gusanos se desarrollan sobre la materia en descomposición –pensó Redi- pero yo sé que tales gusanos son las larvas de las moscas, las cuales visitan con fruición estos lugares ¿no será que las moscas ponen huevos y de los huevos salen los gusanos? Redi preparó en su cocina cuatro pares de frascos iguales. En el primero puso serpientes muertas, en el segundo pescado, en el tercero anguilas y en el cuarto carne de ternera. Luego tapó uno de los frascos de cada pareja con una muselina, que impedía el paso a los insectos, y dejó los otros al aire. Era verano y las moscas empezaron a llegar, con gran satisfacción de Redi, pero no tanta de su cocinera. Tal como esperaba, los gusanos aparecieron exclusivamente en los frascos al aire. También observó que las moscas se sentían atraídas hacia los frascos tapados y que con frecuencia se posaban en la muselina. Hoy día, esta forma de proceder nos parece elemental, pero para un físico y poeta del siglo XVII debió ser algo completamente original. Lo más importante es que Redi se dio cuenta de que en un experimento de estas características podían influir muchas variables y que la única forma de llegar a alguna conclusión residía en utilizar pares de frascos que sólo difirieran en un factor: el hecho de estar o no tapados. Acaba de inventar la idea de experimento control que sigue siendo esencial para la experimentación biológica.

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