Archivo diario: 5 julio , 2008

Serotonina y control de las emociones

La revista Science publicó, en su número del 27 de junio, este brevísimo e interesante artículo sobre los efectos de la serotonina en el archiconocido juego del ultimátum (1). Este último ha sido tratado varias veces en este blog, así que no me parece muy correcto volver a contarlo (más info sobre este juego: aquí y aquí ). La serotonina (esa pequeña molécula representada en la imagen) parece jugar un papel importante en diversos aspectos de la conducta humana y de otras especies sociales. Un elemento esencial para estos animales es la capacidad de inhibir la agresión hacia otros miembros del grupo, ya que pelear siempre tiene costes para los combatientes. Por supuesto, la serotonina tiene otras muchas funciones en el cerebro y en otras partes del organismo y su papel está muy lejos de ser simple. De modo, que pido disculpas por adelantado si alguien piensa que estoy tratando el tema de forma demasiado simplista.

A mediados de los años setenta, McGuire y Raleigh (2) comenzaron una fructífera línea de investigación sobre las relaciones entre dominancia y química cerebral. Estos investigadores demostraron que en una especie de macaco, los cambios en el nivel de serotonina estaban relacionados con cambios en el estatus del animal. En una serie de fascinantes experimentos, encontraron que si se separaba un animal de bajo rango y se le trataba con el fármaco Prozac, el cual eleva la serotonina, se observa que el animal tratado subía de rango al reintegrarse al grupo, en algunos casos hasta convertirse en el líder o macho alfa. Este resultado es particularmente interesante porque nos indica que una propiedad bioquímica del cerebro puede ser el resultado de la interacción con el ambiente y, al mismo tiempo, la modificación de esta propiedad por métodos farmacológicos puede cambiar el tipo de interacción entre un individuo y el resto. Ambiente y cerebro son una carretera de doble vía.

En estos experimentos, los macacos dominantes mostraban una conducta ‘mesurada’ y ‘auto-controlada’; en cambio, los individuos subordinadas tendían a sobresaltarse y su conducta parecía estar gobernada por estímulos externos, más que internos. En estos individuos, se observó una conducta impulsiva e incluso una tendencia a la agresión compulsiva contra otros individuos. Los etólogos interpretan que en individuos de bajo rango, los bajos niveles de serotonina resultan beneficiosos ya que inhiben su actividad motora, permitiéndoles ahorrar energía y evitar confrontaciones con individuos de alto rango. La conducta impulsiva observada en estos individuos resulta, a primera vista, paradójica; sin embargo, la relación entre baja serotonina y conducta agresiva e impulsiva ha sido demostrada en muchas especies. Es posible que esta tendencia impulsiva en individuos de bajo rango también tenga un valor adaptativo. Recordemos que encontrarse al fondo de la escala de dominancia es una situación bastante mala desde el punto de vista reproductivo. Cabe pensar que un individuo que se encuentre en esta situación se enfrente a la ‘muerte darwiniana’, esto es a no dejar descendientes. En esas circunstancias, una conducta impetuosa, como arrebatar la comida a un individuo de mayor rango, puede resultar beneficiosa. No olvidemos que la incapacidad crónica para controlar la agresividad puede determinar que un individuo pierda su integración en el grupo. En la mayoría de los casos, esto tiene un coste reproductivo para dicho individuo, pero si éste se encuentra cerca del ‘fondo’ de la escala su salida del grupo puede resultar indiferente, o incluso beneficiosa en términos reproductivos mediante estrategias sociales alternativas (tales como copulaciones clandestinas o la búsqueda de un nuevo grupo). A veces, una situación desesperada requiere una solución desesperada.

Los resultados del artículo de Science están en línea con la idea de que la serotonina ayuda a mantener el control de las emociones. En dicho estudio, los participantes voluntarios (en realidad, estudiantes universitarios que participaron en el experimento a cambio de créditos) jugaron varias rondas del juego del ultimátum mientras ingerían un fármaco que disminuía temporalmente el nivel de serotonina o, alternativamente, placebo. Después de realizar los controles pertinentes, los autores concluyeron que los participantes con menor serotonina reaccionaban de diferente forma frente a ofertas percibidas como “injustas” (alrededor del 30% de la puja) o “muy injustas” (por debajo del 20%). Precisamente, estos individuos tendían a rechazar estas ofertas con mayor frecuencia que el grupo de control (placebo). En este caso, la serotonina alta tenía el efecto de hacer a las personas menos impulsivas y con menor tendencia a convertir la emoción negativa asociada a una oferta injusta en una acción de rechazo, la cual –recordemos- tiene un coste para el individuo que la practica.

La Teoría Económica clásica predecía que los individuos deberían aceptar cualquier oferta, por pequeña que fuese, ya que algo es mejor que nada. Múltiples experimentos han demostrado que los individuos reales no se comportan así. Resulta curioso que el Homo economicus perfecto se parezca a un individuo atiborrado a Prozac.

1. Crockett, M.J. et al. (2008) “Setonin modulates behavioural reaction to unfairness” Science 320:1739

2. Raleigh, M.J. et al. (1991) “Setoninergic mechanisms promote dominance acquisition in adult male vervet monkeys” Brain Res. 559:181-190

42 comentarios

Archivado bajo Animales, Evolución, Genes, Psicología