Archivo diario: 30 junio , 2008

Café para todos

¿Hay vida antes del café? En mi caso, la respuesta sería “no”, el problema es que ni siquiera estoy lo suficientemente consciente por las mañanas para hacerme esta pregunta. La cosa es que la mínima coordinación necesaria para preparar un café parece estar por encima de mis posibilidades. Necesitaría un café para hacerme un café.

El café siempre ha sido considerado como una especie de “vicio menor”. No es que sea un asunto serio, como puede llegar a serlo el alcohol, pero definitivamente un vicio. Es muy posible que conozca a alguien a quien “se lo haya prohibido el médico”. Pero ¿de verdad el café perjudica la salud? ¿Cómo saberlo? ¿Cómo lo sabe el médico?

Afortunadamente, la Medicina moderna está basada (cada vez en mayor medida) en la evidencia disponible. Eso no quita que algún médico particular decida confiar más en su “instinto” que en la Epidemiología, aunque –personalmente- yo no confiaría en un médico que pensase así. Algunos médicos no llevan demasiado bien el perder su papel de “hechicero de la tribu”. Un proverbio chino dice: la información es cara, la opinión es gratis.

En cualquier caso, los adictos al café estamos de enhorabuena con el artículo que se ha publicado hace pocos días en la revista Annals of Internal Medicine y cuya autora principal es Esther López-García, de la Universidad Autónoma de Madrid. Si alguien quiere pedir una copia del artículo, su dirección es: Esther Lopez-Garcia, PhD, Department of Preventive Medicine and Public Health, School of Medicine, Universidad Autónoma de Madrid, Avenida Arzobispo Morcillo 4, 28029 Madrid, Spain; e-mail, esther.lopez@uam.es

Según este artículo, no hay ninguna evidencia de que el consumo de café tenga efectos perjudiciales, al menos en mujeres; y sí parece que hay un efecto beneficioso, en particular para la salud cardiovascular.

Esto puede sorprender un poco. Estudios publicados anteriormente encontraban una correlación entre el consumo de café y una menor esperanza de vida. El problema, al parecer, es que las personas que consumen más café tienden a fumar más, hacer menos ejercicio y, en general, a llevar un estilo de vida menos saludable. Pero cuando se tiene en cuenta el efecto de estos factores, las personas que consumían una o dos tazas al día tuvieron (en este estudio) una tasa de mortalidad un 25% menor. Una cifra nada despreciable.

El estudio ha sido realizado a lo largo de 20 años sobre una muestra de miles de voluntarios/as (la muestra de mujeres era mayor). No se encontraron diferencias significativas entre el consumo moderado (1-2 tazas) y niveles más altos. Tampoco aparecieron diferencias (o fueron muy pequeñas) entre el café descafeinado o el normal. Lo que sugiere que la cafeína no es responsable de los efectos beneficiosos (pero tampoco parece ser perjudicial).

Los efectos beneficiosos no se encontraron en el grupo de hombres, tal vez porque la muestra era menor.

El siguiente paso sería identificar qué sustancias del café son responsables del efecto beneficioso. El café contiene muchas sustancias, entre ellas varios fenoles. No es demasiado extraño que alguna de éstas pudiera tener efectos saludables.

No dudo de que las estadísticas estén bien hechas, pero se me ocurren dos “objeciones” (aunque leves y probablemente erróneas). La primera, es que si el café está asociado a un mayor consumo de tabaco y otros factores, esto podría no ser una correlación espúrea. Es posible que el café tenga un efecto beneficioso, pero “predisponga” al consumo de otras cosas no tan saludables. Siendo ex-fumador recuerdo perfectamente mi adicción al café-tabaco como un cóctel. Una cosa me llevaba a la otra. En este sentido, el café puede tener un efecto negativo si nos induce a fumar o a hacer menos ejercicio.

La otra cuestión es que tal vez el grupo que consume menos café también tenga en mayor medida otros efectos negativos no identificados. Reconozco que la navaja de Ockam va en contra de este argumento; pero es simplemente el reverso del argumento del que parten estos investigadores: la asociación anterior de café con mayor mortalidad se debe a “confounding effects”. Podría ocurrir lo mismo con la asociación observada aquí entre no-consumo de café y mayor mortalidad, sólo que estos factores no serían conocidos.

En cualquier caso, los datos parecen bastante sólidos para que podamos disfrutar de nuestro café sin sentirnos culpables. Si alguna vez su médico se lo prohíbe, pregúntele si se ha leído el artículo.

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