Primeras palabras

A pesar de la gran incertidumbre que inevitablemente existe sobre este tema, la mayoría de los expertos considera probable que la evolución del lenguaje arrancase justamente con la aparición de los primeros Homo y coincidiendo con la mencionada expansión en el tamaño del cerebro. Es un hecho cierto que las palabras no dejan fósiles, ni tampoco el cerebro que las pronunció. Lo único que tenemos son fósiles de algunos cráneos, los cuales contuvieron en su día un cerebro que (acaso) fue capaz de utilizar el lenguaje. La evidencia es muy indirecta y deja un inmenso espacio para la interpretación (y el conflicto). Sin embargo, a partir de algunos de estos cráneos los científicos han sido capaces de identificar las huellas correspondientes a las áreas de Broca y Wernicke, esos pequeños ‘bultos’ del cerebro que parecen jugar un papel preponderante para la ejecución del habla. Según Phillip Tobias y Dean Falk, dos de los especialistas más prestigiosos en este campo, un fósil de Homo habilis denominado KNM-ER 1470, presenta signos claros del desarrollo de estas dos áreas del cerebro; y sin embargo, estos signos no aparecen en los cráneos de los australopitecinos.

Es posible que Homo habilis hubiera desarrollado un lenguaje, aunque seguramente era más simple que el de los humanos modernos. Sin embargo, esto no implica necesariamente que habilis hablara con palabras. Puede que se comunicase con gestos. La teoría de que el lenguaje fue inicialmente gestual, o una mezcla de gestos y palabras, para derivar posteriormente en el lenguaje predominantemente oral que nos caracteriza tiene unos cuantos adeptos. En particular, el lingüista Michael Corballis ha hecho una minuciosa exposición de esta teoría en su libro “From Hand to Mouth”.

Los partidarios del origen ‘gestual’ del lenguaje utilizan varios argumentos para justificar su teoría. En primer lugar, los chimpancés no tienen ‘vocalizaciones referenciales’ como las de los macacos verdes, y en cambio utilizan un amplio repertorio de gestos. Otro argumento se basa en las ‘afasias’ provocadas por lesiones en el área de Broca. Curiosamente, los pacientes sordomudos que sufren lesiones en este punto tienen problemas para ‘hablar’ en lenguaje de gestos, lo que indica que esta área está implicada en el procesamiento del lenguaje, independientemente de que éste se realice mediante gestos o palabras. Estos autores señalan que, aunque minoritarios, existen algunos lenguajes ‘naturales’ basados en gestos, como los que empleaban los nativos de Norteamérica; y que son tan ricos y complejos como los que emplean palabras habladas.

Más aun, la teoría del origen gestual del lenguaje resuelve el llamado ‘problema de referencia’, el cual resulta difícil de explicar si las palabras hubieran sido utilizadas en primer lugar. Este ‘problema’ consiste en que las palabras contienen signos arbitrarios, que no se parecen en nada a los objetos a los que hacen referencia. Con pocas excepciones, resulta imposible encontrar un ‘sonido’ que corresponda con un objeto dado y que tal conexión pueda ser entendida, si no existe un acuerdo ‘previo’ sobre la relación entre ambas cosas. Excepto con las onomatopeyas, resulta casi imposible emitir un sonido que ‘represente’ claramente a un objeto. Si los gestos hubieran sido empleados originalmente como signos, este problema de referencia es menor, debido a dos razones. En primer lugar, podemos aludir a los objetos corrientes mediante el procedimiento de señalarlos. Esto proporciona una forma inmediatamente inteligible de ‘nombrar’ objetos (admitiendo que sólo es utilizable para aquellos que se encuentren a la vista). Por otra parte, los verbos son mucho más fáciles de representar mediante gestos, ya que casi siempre es posible realizar un ‘pantomima’ que represente la acción, de forma que sea entendible sin necesidad de que haya un acuerdo previo sobre el significado. Utilizando la terminología de Pierce, diríamos que los gestos permiten hacer representaciones ‘icónicas’ de muchos verbos. Considerando ambos hechos, parece plausible que el gesto constituyera un medio más adecuado para el lenguaje original. Por otra parte, no hay ninguna razón para excluir la posibilidad de que este lenguaje inicial estuviera formado por una mezcla de gestos y vocalizaciones. En alguna etapa posterior los gestos perderían fuerza en favor de las palabras, aunque en la actualidad el habla normal siga empleando ambas. Podríamos decir, en broma, que el lenguaje tuvo que evolucionar de ‘la mano a la boca’ para que los humanos pudiéramos hablar por el móvil.

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Archivado bajo Evolución, Genes, Lenguaje, Psicología

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