Los Primeros humanos (y 2)

Curiosamente, los dos factores fundamentales de hominización, la posición erguida y el tamaño del cerebro, debieron entrar en conflicto en un momento dado, generando a su vez otros cambios importantes. Recordemos que el bipedalismo requiere una cierta re-organización del cuerpo para funcionar. Notablemente, el paso a la posición erguida requiere cambios en la forma de la pelvis, lo que se traduce en una menor anchura del canal pélvico; una pelvis más estrecha significa un parto más difícil. Esto no debía ser un problema grave entre los australopitecinos, ya que el tamaño del cerebro de las crías era también pequeño. Pero cuando el cerebro empezó a aumentar, debido a la mayor demanda de ‘poder mental’, el problema debió agudizarse. En sentido figurado, podríamos decir que la selección natural se encontró con un problema. Por un lado, resultaba favorable tener un cerebro grande y por otro, resultaba imposible parir a las crías con semejante cabezón. También en sentido figurado, podríamos decir que la selección natural lo ‘resolvió’ de la siguiente forma. Las crías de los primeros humanos nacían con una cabeza tan grande como era posible, dentro de los límites marcados por la abertura de la pelvis. Y el resto del desarrollo del cerebro tenía lugar después del parto. Esto explica dos características peculiares de los humanos actuales: que el parto sea difícil (comparado con otros mamíferos) y que los bebés humanos sean mucho más desvalidos que los de especies relacionadas. Para que un bebé humano fuera equivalente en sus ‘capacidades’ al nacer a uno de chimpancé, tendría que pasar 17 meses en el útero, y habría que practicarle obligatoriamente la cesárea (una opción que no estaba disponible entonces). En definitiva, el conflicto entre el problema del parto y la necesidad de un gran cerebro debió aumentar espectacularmente las necesidades de cuidados parentales, con objeto de que estas (inusitadamente) torpes criaturas tuvieran alguna opción de crecer y reproducirse. Y esto trajo consigo otros cambios.

La prolongada lactancia y la dificultad de criar a la prole explica otra de las características más peculiares de la especie humana, ya comentada, y que no se da entre las especies más próximas a la nuestra: la necesidad de que los machos contribuyan a esta crianza, aportando recursos y protección. De aquí debió surgir la constitución de la ‘pareja’ como elemento característico de nuestra especie. Recordemos que los machos de chimpancé no contribuyen en nada al cuidado de su prole, en buena parte porque los machos individuales no pueden estar seguros si una cría dada es suya o no (sigo hablando en sentido figurado; esto no quiere decir literalmente que un chimpancé macho tenga que tener el concepto de paternidad). Al mismo tiempo, la disminución de la poligamia debió contribuir a equilibrar el tamaño corporal de ambos sexos. Por una parte, a los machos ya no les resultaba tan ventajoso monopolizar a muchas hembras porque no podían generar los suficientes recursos alimenticios para contribuir a su alimentación y las de sus hijos. Por otra parte, para las hembras debía ser ventajoso un tamaño corporal grande para facilitar el parto. Existen buenas razones para creer que el mencionado conflicto ‘cabeza-pelvis’ originó una cascada de cambios esenciales en nuestra evolución como especie y contribuyó a perfilar numerosos aspectos de nuestra psicología, tales como la (relativa) tendencia a la monogamia o las preferencias innatas en la elección de pareja.

La aparición de la ‘pareja’ como ‘institución’ debió producirse en paralelo a otro proceso no menos importante: el aumento del tamaño y cohesión del grupo. El carácter ‘desvalido’ de los primeros humanos en la sabana abierta debió hacer de la vida social un elemento particularmente importante en la supervivencia. Es lógico pensar que nuestros antecesores tuvieran que actuar de forma coordinada para defenderse de animales más grandes y fuertes, así como para llevar a cabo estrategias colectivas de caza o recolección. Muchos etólogos y antropólogos evolutivos han argumentado que la vida social impone a los individuos una fuerte demanda de ‘capacidad mental’ para sacar el máximo partido de un ambiente donde hay una fuerte competencia por alimentos y privilegios reproductivos. Según este argumento, los individuos con gran ‘inteligencia social’ serían capaces de formar alianzas ventajosas (o desertar ventajosamente) y de cooperar o engañar a otros individuos según lo requirieran las circunstancias. Esta ‘inteligencia maquiavélica’ habría conferido una ventaja reproductiva a los que la tuvieran y por eso la hemos acabado heredando nosotros, aunque las ventajas reproductivas que en la actualidad nos pueda ofrecer sean dudosas.

La crianza en parejas es algo relativamente normal; casi todas las aves la practican. Lo que es excepcional en los humanos es la doble necesidad de formar parejas estables dentro de grupos sociales más amplios. Esta situación debía ser particularmente conflictiva para nuestros antecesores; de hecho, sigue siéndolo para nosotros en la actualidad ¿Cómo se resolvió este nuevo conflicto entre el grupo y la pareja? Seguimos sin saberlo, aunque se ha aventurado alguna hipótesis, pero para poder entrar en ello tenemos que regresar a la cuestión del lenguaje.

6 comentarios

Archivado bajo Evolución, Genes, Psicología

6 Respuestas a “Los Primeros humanos (y 2)

  1. Hola, una preguntita que me ronda desde hace muy poco a la luz de la intuición filosófica que es lo mío (je): ¿hay algún estudio científico o hipótesis biológica (o neurológica) que haya apuntado o apunte a que el “salto de conciencia” se debiera a un “choque interno” causado por el grado de “reflexión” alcanzado por los ominidos anteriores al homo (sabemos que hasta las ratas la tienen en alguna medida), algo así como una “explosión de inestabilidad” provocado colateralmente por la acción de esa capacidad que parece tan conflictiva “psicológicamente” hablando (al menos que lo sigue siendo, quizá por heredada, en los homo)? ¿No sería (definiéndola mejor) una buena hipótesis de trabajo que no choca para nada sino todo lo contrario con “lo evolutivo” del proceso en donde lo neurológico debió aparecer para mejorar la sensibilidad y hacerla más eficaz dando así lugar a un proceso simplemente imparable que trajo “consecuencias sucesivas”?

    El cerebro pudo “mutar” o “variar” en alguna medida en un momento dado para “superar” el “trauma” (perdón si uso una terminología poco apropiada, que debe tomarse como alegórica). Esto me parece demasiado vinculable a las investigaciones de Gazzaniga que seguro conoces y en particular en lo que dice en un artículo que he podido leer hace nada y que también vino a cuenta de un post de Sapere Audere. Te paso en todo caso el link a tí también:

    http://www.edge.org/3rd_culture/
    gazzaniga08/
    gazzaniga08_index.html

    (lo he partido por si acaso)

    Me gustaría muchísmo que me dieras tu opinión concienzuda.
    Un saludo y volveré en busca de tus respuestas. Muchas gracias por anticipado.

  2. Hola Carlos,
    Gracias de nuevo por tus comentarios. El caso es que estoy pasando unos meses en la Universidad de Madison, Wi y la verdad es que no tengo mucho tiempo para el blog. Los posts los escribí antes de venir aquí y los voy colgando. Le echaré un vistazo al link y trataré de contestarte, pero llevará algún tiempo (tengo que aprender muchas cosas mientras estoy aquí).
    Un saludo
    Pablo

  3. No te preocupes y gracias por contestar de todos modos. Que te vaya muy bien y a ver qué grandes chismes traes! Un saludo, Carlos.

  4. Salud:

    Modestamente, voy a tratar de contestar al comentario de Carlos Suchowolski.

    Existe un gran problema metodológico respecto al estudio de un pasado tan remoto, y es que no “estamos allí ahora”. Tenemos lo que se llama una parte de la ‘realidad diferida’ (datos arqueológicos, geológicos, registros fósiles, etc), pero no tenemos observaciones directas de lo que ocurrió exactamente. Es decir, se intentan construir hipótesis coherentes con los datos que esa parte de la ‘realidad diferida’ nos va ofreciendo.

    Sobre el asunto que llama “salto de conciencia”, habría que determinar (en términos manejables) a qué llamamos ‘conciencia’ (si a la capacidad de abstracción, si a tener percepción identitaria de sí mismo y de los demás, si a la fabricación de útiles o qué exactamente). Sí podemos entender la evolución, en cambio, no tanto como un continium, sino como ‘saltos’ -grandes o pequeños, que ya no entro-, en analogía con la naturaleza cuántica de los procesos; entrando en la metateoría del asunto que habría que demostrar convincentemente. Dicho de otro modo, habría que demostrar por qué la evolución avanza a ‘saltos’ y no de otro modo (o quizás, la evolución tiene diversos ‘modos’ de devenir, cuestión ésta que también habría que demostrar).

    En la cuestión del “salto de conciencia” me la planteo en un tema que sí tiene la Psicología científica actual: la personalidad. No existe la Psicología de la Conciencia, pero sí la Psicología de la Personalidad. ¿Cuándo aparece la ‘personalidad’ en el homo?

  5. Hola, Neurostar. Lo mío era un tanto especulativo y surgido a raíz del artículo de Gazzaniga así como de un post en Sapere Audere. Esto también me recordó algo dicho por Monod en “Azar y necesidad” que ahora no viene a cuento. Lo de “salto de conciencia” no creo que sea una buena manera de decir lo que quería, que es más bien algo que reflejara el paso de la ausencia o “pobreza” de autoconciencia (la de “uno mismo”) y de la “pobreza” de reflexividad (que ya se sabe hoy con bastante certeza que se da en los animales) a la “mayor riqueza” si se quiere en los humanos primitivos y así sucesivamente (de tomarse grados posibles que creo que son observables incluso HOY entre individuos diferentes y no sólo “antes”). Ese es el “salto” o “saltito” o “diferencia cualitativa” que me pareció interesante a raiz del artículo y sobre lo que me interesaba saber qué otros estudios habían considerado esto. Sapere… me pasó el dato de Julian Jaynis, pero eso no me parece estrictamente lo mismo. Lo de la personalidad también me parece que es un asunto interesante pero diferente. En fin… un poco de especulación que abundaba en la “progresión” que media entrre animales y humanos y en el origen neuropsicológico de la conciencia (el efecto de traumas, de cosas que no se pueden soportar y que encuentran una salida física, un cambio, etc.)
    Un saludo y gracias de todos modos.

  6. Más que un comentario, es mi deseo solicitar publiquen mapas que contengan lugares donde se establecieron las primeras culrturas de la Edad de Piedra: Paleolítico, neolítico y mesolítico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s