De ‘Cheetah’ a ‘Lucy’ (y 3)

Es posible simplificar evolución de los primates hasta el hombre en cinco etapas. La primera, acaecida entre 4 y 8 millones de años, podría denominarse la ‘etapa de la selva tropical’ y su protagonista fue un animal seguramente parecido al actual chimpancé. En la segunda etapa, hace unos 4 millones de años, este animal se adaptó a un habitat de ‘sabana arbolada’, algo más seco, y dio lugar a los diferentes australopitecinos. En la tercera etapa (2,4 millones de años A.D.) una de estas especies debió adaptarse a un habitat aun más árido, la ‘sabana sin árboles’, dando lugar a las primeras especies del género Homo, posiblemente las primeras criaturas que fabricaron herramientas de piedra. En la cuarta (hace 1.8 millones de años), surgió una nueva especie, Homo erectus, que salió por primera vez del continente africano y se extendió por Asia y Europa. La quinta etapa (hace 200.000-100.000 años) corresponde a la aparición de individuos anatómicamente indistinguibles a nosotros mismos. Veamos este proceso con cierto detalle.

Los humanos pertenecemos a la familia de los homínidos, junto con el chimpancé, gorila y orangután, cuyas características y vida social ya hemos visitado. La fecha de separación con el chimpancé se estima en 5-8 millones de años. La separación con el gorila debió producirse hace 7-9 millones de años y con el orangután, alrededor de 12. Sabemos muy poco (por no decir nada) sobre el antecesor que tenemos en común con el chimpancé. El principal problema es que no se ha encontrado ningún fósil correspondiente a este periodo, así que lo que podamos pensar de esta criatura ancestral es esencialmente especulativo. La ausencia de fósiles sugiere que dicho animal debió habitar selvas tropicales, un medio muy poco favorable para la conservación de huesos. De hecho, no se ha encontrado ningún fósil de los antecesores del chimpancé. Por tanto, es razonable suponer que este animal, a diferencia de nosotros, ha permanecido siempre asociado a bosques tropicales, por lo que sigue siendo razonable suponer que ha cambiado poco en todo este tiempo. De manera que la hipótesis más creíble de la que disponemos sobre nuestro antecesor común es que era un animal bastante parecido al chimpancé actual.

Siguiendo esta línea de razonamiento, este animal debió vivir en África, pues no cabe duda que este continente sea la cuna de Humanidad. Probablemente era vegetariano, y no debía usar herramientas de manera extensiva, dado que los chimpancés las utilizan de forma muy limitada. Seguramente, nuestro antecesor era un animal social y posiblemente y se distinguía de los humanos modernos por la ausencia de cuidados ‘paternos’ hacia la prole.

El primer paso hacia la hominización dio lugar a un grupo de criaturas a las que podemos aplicar la denominación general de australopitecinos, ya que el género más característico es Australopithecus. Aunque se han descrito varios géneros y un buen número de especies, podemos omitir los detalles y referirnos a ellos en conjunto. Los australopitecinos aparecieron hace aproximadamente 4 millones de años y se extendieron por el Sur y el Este de África. A juzgar por los fósiles, su aspecto debió ser bastante similar al de los actuales simios, excepto en un detalle importante: caminaban relativamente erguidos. En cambio, su capacidad craneal no era mucho mayor que la del actual chimpancé y no se han conservado restos de herramientas de piedra.

El hecho de que animales básicamente simiescos, caminasen erguidos resultó una sorpresa para muchos paleontólogos. La hipótesis prevalente, antes de que se encontrasen estos fósiles, era que la posición erecta había sido el cambio determinante en la formación de la Humanidad. Sin embargo, transcurrieron unos dos millones de años antes de la aparición de las primeras especies del género Homo. Durante todo este tiempo, los australopitecinos continuaron caminando erguidos y comportándose –probablemente- como simios. Los australopitecinos se escindieron en dos ramas evolutivas; una de mayor tamaño y grandes mandíbulas, denominada ‘robusta’ y otra similar pero de menor tamaño, denominada ‘grácil’. A partir de esta última evolucionaron los primeros humanos.

La idea más aceptada en la actualidad para explicar este cambio se basa en que una población de simios consiguió adaptarse a un habitat de sabana arbolada. Visto en retrospectiva, este cambio no era tan difícil. La anatomía de los brazos y piernas sugiere que estas especies seguían dependiendo en buena medida de los árboles para refugiarse de los depredadores, pero parte de su actividad debió transcurrir en el suelo. El chimpancé actual utiliza un modo de desplazamiento que se denomina ‘cuadrúmano’, durante el cual emplea los nudillos para apoyarse en el suelo; esta forma de andar le permite ir bastante deprisa durante un tiempo corto, pero no es muy eficaz para cubrir largas distancias. Está claro que al convertirse al bipedalismo, los australopitecinos obtuvieron una mayor movilidad en campo abierto.

El segundo cambio importante que tuvo que sufrir este grupo atañe a la dentadura. La sabana arbolada les obligó con seguridad a adaptarse a una dieta más fibrosa y posiblemente más variada, que debía incluir raíces y tubérculos. La dentadura de los fósiles indica que eran mayoritariamente vegetarianos y sus molares eran considerablemente más grandes que los de los chimpancés, presumiblemente adaptados a una dieta más dura y difícil de masticar.

En 1974 fue encontrado en Etiopía el esqueleto de una hembra, sorprendentemente bien conservado, a la que se le puso el apodo de ‘Lucy’ porque cuando se descubrieron los restos estaba sonando en el campamento la canción de los Beatles ‘Lucy in the Sky with diamonds’. Este fósil pertenece a una especie de Australophitecus de la rama ‘grácil’ y se ha datado entre 3.5 y 2.8 millones de años. Con seguridad, Lucy es una de nuestras antecesoras. Además se descubrieron en la misma zona los esqueletos de un grupo de individuos de la misma especie, lo que nos ha proporcionado información sobre toda una ‘familia’. Los esqueletos muestran una considerable diferencia de tamaño entre machos y hembras. Este dimorfismo sexual indica que estos animales eran polígamos y que los machos competían por el acceso a las hembras, tal como ocurre en los actuales gorilas.

En resumen, los australopitecinos caminaban erguidos, aunque seguían estando asociados a los árboles; eran vegetarianos, polígamos y probablemente no muy distintos, en su capacidad mental a los simios actuales. Por lo que parece, estos ‘simios de la sabana’ tuvieron un considerable éxito evolutivo, ya que se diversificaron en muchas especies y estuvieron pululando por el planeta unos tres millones de años.

2 comentarios

Archivado bajo Animales, Evolución, Genes, Psicología

2 Respuestas a “De ‘Cheetah’ a ‘Lucy’ (y 3)

  1. Hola! La Cancion Lucy In the Sky with Diamonds fue escrita por John Lennon y es interpretada por los Beatles.
    Excelente post.

  2. Gracias, Sergio. Ya lo he corregido.

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