Archivo diario: 2 abril , 2008

La piedra de la locura

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Todo empezó en Amsterdam, aunque algunos dicen que ya habían notado algo raro en París. En la sala de espera del hospital, Mercedes intenta reorganizar los hechos en su cabeza, en la certeza de que tendrá dar explicaciones a la dirección y, peor aun, a los padres. No es que se sienta culpable; repasando los hechos minuciosamente, no encuentra absolutamente ninguna razón por lo que deba culparse. Más bien puede decirse que ha manejado la situación con serenidad y profesionalidad y que el asunto está ahora en manos de los médicos. Y sin embargo, ¿por qué le entra un sudor frío cuando piensa en la entrevista con la directora? Veamos, estaba programado que los chicos tuvieran la tarde libre en Amsterdam. Mercedes se fue a visitar el Museo de Arte con tres alumnos fanáticos de la pintura; los demás formaron grupitos y se esparcieron por la ciudad. De acuerdo, es posible que fumaran hashis, pero eso el legal en esta ciudad y lo venden en los bares. Tienen 16 años y resulta impensable impedirles que salgan a su antojo. También es bastante probable que visitaran el distrito ‘rojo’ y las sex-shop que proliferan a su alrededor; bueno, se trata de uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. En todo caso, eso no tiene nada que ver con lo de Ana. El primer indicio de que estaba sucediendo algo raro ocurrió en

la Plaza del Ayuntamiento; al parecer Ana salió corriendo al ver a un quietista disfrazado de extraterrestre; al principio, sus compañeros creyeron que era una broma o que se estaba haciendo la interesante, pero tuvieron que perseguirla casi media hora. Estaba verdaderamente aterrada. Creía que los extraterrestres la estaban persiguiendo. Entre todos consiguieron convencerla para que volviera al hotel. Allí las cosas no mejoraron demasiado. Ana seguía muy nerviosa y aseguraba que oía voces dentro de su cabeza; las voces le advertían –de nuevo- de la llegada inminente de naves alienígenas. Su conversación resultaba incoherente y difícil de entender. Con todo, sus compañeros no se decidieron a hablar con Mercedes hasta la mañana siguiente. Para entonces, la situación era verdaderamente alarmante. Ana estaba sentada en la cama de su habitación. No hablaba, ni parecía entender lo que le decían. Estaba tan inmóvil como el quietista que, al parecer, había desencadenado el ataque. Pocas horas después, los médicos creen que Ana padece un brote agudo de esquizofrenia. Es posible que se trate de un episodio ocasional, pero lo más probable es que se convierta en una enfermedad crónica. En tal caso, va a necesitar muchos cuidados en el futuro: medicación, terapia y apoyo. Todas estas cosas pueden ayudar, pero lo más probable es que a Ana le espere una lucha constante con su enfermedad.

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Archivado bajo Genes, Psicología, Salud