Gastar dinero en los demás nos hace más felices

 

Gastar dinero en otras personas contribuye poderosamente a nuestra felicidad; por el contrario, gastar dinero en nosotros mismos tiene un efecto ridículamente pequeño. Esta es la (sorprendente) conclusión a la que ha llegado Elisabeth Dunn y colaboradores en un artículo muy reciente publicado en Science (Dunn et al. (2008) Science 319:1687-1688).

 

Este artículo es una pieza más en lo que se ha denominado la “moderna ciencia de la felicidad”, cuyo propósito es –obviamente- investigar experimentalmente cuáles son los factores causales de la felicidad de la personas. Hay que decir que el tema sí ha sido objeto de exploración filosófica desde hace mucho tiempo. La novedad radica, precisamente, en el enfoque empírico. Para ello, han aparcado el debate sobre el significado exacto del término, empleándolo como “un estado de bienestar auto-reportado”. Esta acepción resulta más fácil de manejar. Si la persona encuestada dice que su nivel de bienestar es de 7 sobre 10, se apunta la cifra y se emplea en la correspondiente estadística. La desventaja radica en el concepto tradicional de “felicidad” ponía énfasis en el largo plazo. Imagino que muchos filósofos no estarán de acuerdo con la definición “funcional” que utilizan los científicos. Pero, aparquemos también nosotros el debate para más adelante.

 

Los investigadores de este trabajo se proponen contestar a la pregunta: qué nos hace más felices, gastar en nosotros mismos o en los demás. Y para lograrlo buscan evidencias por tres métodos distintos: 1) buscando correlaciones; 2) mediante un análisis longitudinal; y 3) mediante una especie de experimento.

 

En el primer caso, hicieron una encuesta (en USA) y preguntaron a la gente cuánto dinero ganaba, cuánto gastaba en asuntos “pro-sociales” (regalos para conocidos y donaciones a asociaciones de tipo benéfico) y en asuntos “egoístas” (regalos para ellos mismos); asimismo, les pidieron que evaluaran su nivel general de felicidad. El análisis de regresión dejó bien claro que el gasto “pro-social” tenía un efecto positivo y el gasto “egoísta” no. Curiosamente, el nivel de renta sí se correlacionaba con la felicidad, por lo que podría pensarse que son los beneficios no materiales de la renta (léase, estatus) son los que de verdad cuentan. Los autores admiten que este resultado está basado en correlaciones, por lo que no se puede asegurar un efecto causal. Es posible que la gente más generosa también resulte ser la más feliz.

 

Por esta razón, los autores se embarcan en el segundo método: el estudio longitudinal. En este caso estudiaron a un grupo de 16 empleados, antes y después de recibir un “sobre” de su empresa de unos 5.000 $ (de media). Al cabo de 6-8 semanas les preguntaron en qué habían gastado el dinero y cómo había variado su nivel de felicidad. Y ¡Bingo! El análisis de regresión volvió a decir que sólo el gasto pro-social era un buen predictor de la felicidad. Lo más interesante es la propia cuantía del sobre-sueldo resultó tener poca importancia. La cosa se empieza a poner interesante, pero el argumento de que “correlación no implica causa-efecto” sigue vigente.

 

De modo que los investigadores arremetieron con un tercer método: el experimental. Ahora, buscaron un grupo de 46 individuos a los que dieron una cierta cantidad de dinero, con la instrucción de dedicarlo a: 1) pagar una factura; 2) comprar algo para ellos; y 3) comprar algo para otras personas. La asignación a uno de los tres grupos se realizó al azar. El dinero fue entregado por la mañana y a las 5 pm del mismo día se preguntó a los sujetos por su grado de bienestar psicológico ¡Otra vez Bingo! Los individuos del grupo 3 dijeron sentirse significativamente mejor que los de los otros grupos.

 

A pesar de que tal vez detecten un tono irónico en este post, no es mi intención desprestigiar un campo de investigación que me parece sumamente interesante. No obstante, tengo dos preguntas “difíciles”:

 

1) Si gastar dinero en otras personas está directamente relacionado con la felicidad ¿por qué se practica tan poco?

 

2) Si estamos en este mundo para hacer felices a los demás ¿para qué están los demás?

Anuncios

9 comentarios

Archivado bajo Felicidad, Filosofía, Psicología

9 Respuestas a “Gastar dinero en los demás nos hace más felices

  1. A (1): yo diría que está vinculado al instinto que nos permite trasmitir lo acumulado a los hijos, esto es, como parte de los mecanismos de supervivencia de la especie. También, en el fondo, enlaza con las interpretaciones superficiales freudianas sobre el carácter simbólico-psicológico del dinero. En todo caso, tal vez tienda a distribuirse en paralelo con la herencia: cuantos más cantidad de herencia genética tendría el sujeto debería ser más fácil o compulsivo regalar dinero y regalar en general (¡más al hijo, algo menos al nieto, pero sobretodo a uno mismo!)
    Es una hipótesis.
    (2) no sé para qué (claro que científicamente es inevitable y como en todo no hay un “para qué”)

    Por cierto, aprovecho para pedir tu opinión experta por si la tienes con respecto a la autopoiesis (la pregunta quedó sepultaba en un comentario que te dejé en otro post). Obviamente me interesa porque el concepto, como tiendo por costumbre (je…), me parece extrapolable.

    Mis gracias por anticipado y un saludo.

  2. Hola Carlos,
    Lo cierto es que no había leído nada de Maturana y Varela. A raíz de tu comentario he conseguido algún pdf en internet. Mi opinión (bastante superficial en este caso) es que su análisis es interesante y “está en una buena línea”; sin embargo, no me ha parecido que vaya mucho más allá de las ideas de Monod. En este sentido, me parece más fructífera la aproximación que ha tomado la Biología de Sistemas, en la cual se pretende la descripción de sistemas vivos complejos empleando modelos matemáticos. Repito que se trata de una opinión muy rápida, basada en la lectura de una conferencia de Maturana.
    Saludos

  3. PS,
    Obviamente, la segunda pregunta era una broma

  4. Obviamente, mi respuesta también. Y gracias, yo también leeré algo más sobre el tema. Si ves algo digno de destacar, imagino que meterás algún post. Por cierto, me encontré con Brainy y me comentó que estarías en algún evento en breve. Me encantaría aprovechar para conocerte. Mi email es público a través del blog.
    Un saludo.

  5. Aloe

    Me parece muy interesante este post. Ya va siendo hora (o igual ya es hora hace tiempo, hace años que no estoy muy al tanto) de que la cosa de la ciencia económica vaya mejorando (y sobre todo haciendo más empíricas) sus hipótesis tradicionales sobre “la función de utilidad”, esa desconocida, o especie de cajón de sastre decimonónico tan poco elaborado y contrastado.
    Lo que sí parece claro hace tiempo es que la satisfacción (o felicidad) que produce la renta varía según su nivel. Eso se suele simplificar diciendo que “la utilidad marginal de la renta es decreciente” pero está claro que vale la pena afinar mucho más que eso. Y contrastarlo empíricamente todo lo posible.
    O sea, hasta un cierto nivel de renta, la renta proporciona mucha más felicidad (por unidad) que la que proporciona a partir de ese nivel. Eso es muy perogrullesco, claro, porque ese nivel es el que satisface las necesidades, no solo las de comida, techo y demás, pero no solo tampoco las simbólicas, como el estatus o el poder. La seguridad es también muy importante, o sea, la perspectiva de poder satisfacer no solo las necesidades de hoy, sino las del futuro, ciertas o contingentes.
    A mi no me parece muy sorprendente el resultado de ese estudio. Pero sería diferente (creo yo) si el dinero de que se trata fuera importante para su poseedor en cuanto a satisfacer compras de primera necesidad, o también si su cuantía fuera tanta que permitiera satisfacer por sí misma un nuevo nivel de “utilidad” antes inasequible (como el legendario “dejar de trabajar” 🙂 ).

    O sea, que regalar es algo que ocupa su lugar en la jerarquía de cosas que nos procuran felicidad o satisfacción, y por tanto que lo hagamos o no en un momento dado dependerá en parte de los usos alternativos de ese dinero: seguramente por debajo de pagar el plazo de la hipoteca que nos ahoga, pero por encima de darnos un capricho desacostumbrado que no va cambiar nuestra vida (por ejemplo).
    Seguro que hay más cosas que influyen: de donde viene el dinero (el dinero inesperado que a su vez viene de un regalo debe ser mucho más proclive a emplearse en regalos, por ejemplo), a quien se lo regalamos (a alguien que queremos o a un desconocido, a alguien que lo necesita o que no sabemos si es así o no…)

    Lo bonito y significativo del asunto es que, con todas las limitaciones que sea, regalar sea en sí mismo algo que nos procura felicidad y está en nuestra jerarquía de necesidades o de “utilidad”, sea más arriba o más abajo. No es que la hipótesis sea nueva, pero contrastarla debidamente es otra cosa.

    En cuanto a por qué en ese caso no damos más, es una buena pregunta. A ver si hacen mas estudios al respecto…
    Sin embargo, yo no diría que demos tan poco: casi todos los adultos contribuimos a mantener a otras personas. Vale que son nuestros hijos, o al menos de nuestra familia, pero son otras personas, y les damos -si podemos- mucho más que simplemente mantenerlos con vida para que perpetúen nuestros genes (que será supongo la explicación “egoista” reglamentaria). Que nos lo digan a los compradores de PlayStation y otras caras chorradas varias… 😉
    También, si bien se piensa, la gente pone menos pegas de las que podríamos esperar a cosas como pagar impuestos, sobre todo cuando no los percibe como enormemente injustos. Vale que la evasión fiscal es grande y hay un gran incentivo para hacerla, pero si todo el mundo se resistiera con todas sus fuerzas, sería mucho mayor. Es curioso constatar que mucha gente que tiene fácil la evasión del impuesto sobre la renta, evade considerablemente, pero paga también una parte, que se convierte así casi en “voluntaria”. Según parece, el punto de equlibrio que produce mayor satisfacción a bastantes personas no está en pagar religiosamente, pero tampoco en no pagar nada, sino en algún punto intermedio. Siento no tener a mano enlaces sobre esto, no recuerdo la fuente.

    Saludos

  6. ¿Y si visitas mi blog y opinas sobre “la verdad” y “la razón” y esas cosas a las que me dedico como en mi último post? Si te parece interesante, hasta podrías añadirme a ti blogroll… (este coment puedes eliminarlo tras leerlo por su absoluta intrascendencia y su función de mensaje). Gracias y un saludo cordial.

  7. Harajuku girl

    Qué curioso. En este blog
    también hablan de que gastar dinero en los demás nos hace más felices. Parece ser que han sacado los datos de una encuesta. Saludos.

  8. Pingback: Gastar dinero en los demás nos hace más felices

  9. psikoeduca

    Muy interesante el post, he caído por casualidad en este blog, y la verdad es que resulta interesante, a mí también me resulta extraño que el gastar dinero en los demás tenga un efecto directo sobre el nivel de felicidad.

    Yo hipotetizo que como el ser humano es un ser social, quizá al dedicarse a los otros se vea a su vez recompensado y por ello en la interacción con el otro se produzca el aumento de la felicidad, o sino teniendo en cuenta que el ser humano tambien actúa para conseguir sus intereses, crea que los pueda conseguir invirtiendo en los demás,

    saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s