Archivo diario: 27 febrero , 2008

Parentesco entre esposos y crecimiento demográfico

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Es un hecho indiscutible que la “fertilidad” (número de hijos por mujer), ha disminuido en prácticamente todos los países durante las últimas décadas. Para explicar este hecho se han propuesto varias teorías, todas ellas basadas en cambios en las condiciones sociales. Una posibilidad (que parece evidente) es que la disminución del número de hijos sea consecuencia directa de las mayores facilidades de control que ofrecen los métodos anticonceptivos modernos. Otras explicaciones se basan en la necesidad de tener hijos para que éstos se ocupen de los padres en sociedades donde no existe un sistema de pensiones ni seguridad social. Sin embargo nunca había oído de ninguna teoría que explicase el declive de la fertilidad en función de causas biológicas, y más concretamente genéticas, pero esto es justo lo que hace un provocador artículo publicado recientemente en Science (Helgason et al., 2008).

 

Los autores se han basado en DeCode, la base de datos que contiene datos médicos, genealógicos y genéticos de los habitantes de Islandia (véase: https://pablorpalenzuela.wordpress.com/2008/02/06/gripe-espanola-en-islandia-no-fueron-los-genes/). Esta colección de datos es absolutamente excepcional porque es enormemente completa y porque la sociedad islandesa está considerada como una de las más homogéneas del planeta, tanto desde el punto de vista genético como social. De modo que constituye una especie de “experimento nacional en genética humana”, ya que permite buscar correlaciones entre variaciones genéticas y otros factores, como susceptibilidad a enfermedades. En este caso, lo que han encontrado los investigadores es una asociación estadística entre el grado de parentesco entre los esposos y la fertilidad del matrimonio. Esta asociación –inesperada- resulta ser enormemente “fuerte”, desde el punto de vista estadístico, lo que lleva a los autores a afirmar que este fenómeno puede explicar (en buena parte) la observada disminución de fertilidad en todo el planeta.

 

La conclusión es algo “contra-intuitiva”. Es bien sabido que la excesiva consanguinidad tiene efectos negativos, ya que aumenta las posibilidades de que mutaciones deletéreas presentes en ambos progenitores produzcan enfermedades genéticas en la descendencia (más sobre esto en:https://pablorpalenzuela.wordpress.com/2007/11/09/las-malhadadas-novias-taiwanesas/). Sin embargo, también es posible que la excesiva exogamia tenga consecuencias negativas, en el sentido de que disminuyan el nivel de fertilidad. Los autores sugieren que esto se debe a la rotura de complejos génicos que se han adaptado mediante co-evolución (aunque expresan esta idea de forma bastante vaga, puede suponerse que algunos alelos tienen interacciones negativas y que por ello se han seleccionado “conjuntos” de alelos entre los cuales no se producen tales interacciones). Estos conjuntos de alelos se romperían en los cruzamientos entre progenitores muy alejados genéticamente, pero no lo harían si el grado de parentesco entre los mismos fuese mayor. En definitiva, según esta hipótesis existe un grado de parentesco entre esposos óptimo, para el cual la fertilidad es máxima. En concreto, los resultados del trabajo sugieren que este nivel óptimo se produce entre primos en tercer o cuarto grado. Si el nivel de parentesco es menor, la fertilidad disminuye.

 

Y esto es justamente lo que ha sucedido en casi todo el planeta en la transición de las típicas sociedades rurales a las sociedades modernas. En las primeras, las posibilidades de elección de pareja eran más reducidas y los matrimonios solían realizarse entre localidades geográficamente cercanas, lo que también supone un alto grado de parentesco genético. En las sociedades urbanas, dicho “patrón” se rompe. En las ciudades las posibilidades de emparejamiento con personas más lejanas (genéticamente) aumenta enormemente y este factor sería fundamental, según los autores del artículo, para explicar el fenómeno.

 

Es posible que los partidarios de las explicaciones culturales frente a las biológicas protesten. Desde luego, mi opinión es que aun es pronto para aceptar la hipótesis de este trabajo y se impone mantener una mentalidad abierta al respecto. Los autores argumentan que la correlación entre fertilidad y parentesco es robusta y detectable a lo largo de toda la serie temporal examinada (1800-1965),  la cual precede al uso generalizado de la píldora anticonceptiva.

 

Los datos islandeses permiten estudiar la relación entre parentesco genético y fertilidad durante varias generaciones. Seguramente, el dato más contundente es el que aparece en el gráfico adjunto, sacado del trabajo, y que representa en el eje vertical el número de “nietos por pareja” y en el eje horizontal el grado de parentesco. El primer nivel (a la izquierda) corresponde a los primos en segundo grado, y así sucesivamente (tercer, cuarto, quinto grado…) hasta el último nivel (a la derecha) que corresponde a un grado de parentesco equivalente a primos en octavo grado o menor. Los datos son bastante elocuentes.

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Naturalmente, los islandeses han experimentados los cambios asociados a la modernización como muchos otros países. Entonces ¿cómo afirman los autores que el cambio en la fertilidad no es consecuencia de dichos cambios sociales y culturales? El argumento clave es que la asociación es clara tanto al principio como al final del periodo de estudio. Esto es, lo que han visto es que tanto en las condiciones sociales de 1800 como en las de 1965, la fertilidad varía con el parentesco de forma parecida a la de la figura. Es un argumento poderoso, pero ¿definitivo? Más bien, serán necesarios otros estudios para determinar hasta qué punto la disminución del parentesco genético es responsable de la bajada en fertilidad.

 

Conviene decir que las explicaciones “sociales” se han basado siempre en correlaciones menos controladas que las de este trabajo. Por ejemplo, la siguiente figura muestra una relación negativa entre el nivel de estudios de la madre y el número de hijos en algunos países ((Roodman, 1999) página 345). No niego que pueda existir una relación causa efecto entre ambas (y es posible que así sea), pero existen multitud de factores sociales y genéticos operando a la vez. En todo caso, estos datos no son incompatibles con la hipótesis formulada por Helgason y colaboradores. Con la modernización se producen numerosos cambios sociales en paralelo con la modificación del patrón de parentesco entre esposos; de modo que encontraríamos correlaciones entre baja fertilidad y diversos factores. Correlación no implica causa-efecto.

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Helgason, A., Palsson, S., Guöbjartsson, D.F., Kristjansson, P., and Stefansson, K. (2008) An association between the kinship and fertility of human couples. Science 319: 813-816.

Roodman, D.M. (1999) La construcción de una sociedad sostenible: Icaria editorial.

 

 

 

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